Ilergetes SOCIOL.
Categoria:
Sociología
Según se deduce de las citas más antiguas, parece ser que en el Nordeste de la Península había dos grandes unidades: la de los i. con centro en la región del bajo Urgel y la de los indiketes o indigetes en los alrededores de Ampurias. Hecateo (s. vi-V a. C.) hace referencia a los i. indicando que llegaban hasta el mar, lo que ha originado la teoría del parentesco de los i. y los ilercavones de Tortosa. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este geógrafo jonio menciona generalmente sólo a los pueblos litorales y que sus noticias, por tanto, no son muy precisas.Los i. tuvieron siempre, como suyo, el territorio comprendido al N de los edetanos (v.), o sea, parte de Aragón, pasada la línea del Ebro, y la zona de Urgel en Cataluña, mientras que en el litoral de dicha región se registraron, al parecer, varios movimientos de pueblos. En el s. III a. C., los i. formaban el pueblo más importante del Norte del Ebro. La llegada de los romanos cortó la ascendente carrera política de este pueblo, que tendía a una fuerte individualización con intento inclusive de dominio sobre otras tribus. Quizá bajo la influencia de los cartagineses, los i. intentaron formar una confederación de pueblos. Dos caudillos destacados de su independencia son Indíbil y Mandonio, que se opusieron al avance de Roma. En este tiempo, los i. dominaban la zona del bajo Urgel, desde el Ebro, abarcando grandes extensiones de Aragón hasta más allá de Huesca y dominando hasta el Montsec por Lérida. Por el E, hacia el litoral catalán, limitaban con los cosetanos y lacetanos. Estrabón (s. i) refiere que los i. ocupaban las tierras comprendidas entre los Pirineos y el Ebro al N y S respectivamente, y los ríos Segre y Cinca. Son varios los yacimientos arqueológicos excavados correspondientes a los i., como los poblados de Sidamunt, Tossal d’ en Mor, Tossal Rodó, el poblado y necrópolis de la Pedrera de Vallfogona, con raíces de tipo céltico, y varios más de la cuenca del Segre. Iltirda, su capital, debió hallarse en el lugar de la actual ciudad de Lérida. Los i. tuvieron cecas en Bolscan, Celse, Iltirda, etc.BIRL.: P. BoscH GIMPERA, Etnología de la Península Ibérica, Barcelona 1932; J. CARO BAROJA, Los pueblos de España, Barcelona 1946; J. MALUQUER DE MOTES, Pueblos ibéricos, en HE 1,3; R. PITA, Los ilergetes, Lérida 1948.M. PELLICER CATALÁN.ILIRIAI. Historia. II. Lengua: v. INDOEUROPEOS II.I. HISTORIA. Propiamente, 1. designa el territorio habitado por los antiguos ¡lirios, que en líneas generales coincide con la actual Dalmacia (v.), o zona costera de Yugoslavia. Sin embargo, se entiende generalmente por 1. el Illyricum romano e incluso las provincias comprendidas bajo la designación de prefectura de I. durante el Bajo Imperio romano, diócesis de Macedonia (v.) y Dacia (v.). Esta prefectura comprendía la casi totalidad de la península Balcánica al S del Danubio, con la excepción de Acaya y Tracia, y también Dalmacia.En época histórica, 1. aparece poblada por un grupo de indoeuropeos: los ¡lirios. En los últimos años, se ha insistido en su participación en la caída del mundo micénico y en la formación del complejo helénico. Asimismo, se han advertido elementos ¡líricos en las lenguas célticas de la España prerromana. Ya en el s. iii a. C., los ¡lirios se habían mezclado con indígenas tracios y más tarde con celtas. La diferencia entre el territorio de los ¡lirios propiamente dichos, Dalmacia, Panonia (v.) y parte de la Moesia Superior, y la zona de Istria, es evidente aunque pueda reconocerse el factor común de una temprana colonización helénica del Alto Adriático que se remonta a las etapas florecientes del mercantilismo micénico. La helenización de varias tribus ilirias, al N los liburnos, dálmatas, ¡apudios y meceos, al S los enqueleos, ardieos, etcétera, es ya evidente con el ajuar de la rica tumba de Trebenice, en la actual Macedonia yugoslava fechable en el s. v a. C. y comparable a la tumba gala de Vix (Francia).Antes de la conquista romana, los ¡lirios mantenían su régimen tribal, de federaciones ocasionales, y un complejo sistema monárquico. Su organización política y cultural es comprable, como señaló Rostovzeff, a la de los pueblos hispánicos antes de la conquista romana. Los lugares de habitación tenían su asiento en colinas fácilmente defendibles; las principales bases económicas eran la agricultura y la ganadería. Entre algunas tribus, se procedía a una redistribución de las tierras cada ocho años, por lo cual se ha hablado de un colectivismo agrario de los ¡lirios. La primera intervención romana en 1. tuvo lugar el 226 a. C. para apoyar las colonias griegas y reprimir la actividad pirática de algunas tribus. En el s. II a. C., la intervención romana en el mundo griego tuvo por consecuencia una alianza con los colonias griegas y su protección ante las tribus ilirias. Algunas de éstas se aliaron a su vez con Roma, conservando su independencia, mientras que otras requirieron varias operaciones militares antes de someterse. Paralelamente a esta labor militar, numerosos comerciantes romanos se establecieron en las antiguas ciudades griegas. Bajo Augusto, I. fue incorporada al Imperio romano. Las antiguas ciudades griegas, Jader, hoy Zara, Salona, Narona, etcétera, pasaron a ser colonias romanas. Los colonos, procedentes en parte de los ejércitos de la guerra civil, recibieron tierras que subarrendaron a los indígenas. La capacidad marinera de los ¡lirios fue adecuadamente explotada. Fueron muchos los liburnos adscritos a la escuadra romana del Adriático, con base en Rávena, la cual adoptó un tipo de nave iliria, la llamada liburna.La romanización significó un cambio en la estructura económica. En Dalmacia, se desarrolló el cultivo del olivo y de la vid; extensas zonas fueron dedicadas a cereales, y en otras se explotaron los poblados bosques. El carácter militar de la provincia, aunque gobernada por un legado senatorial, se mantuvo bajo Vespasiano, durante cuyo reinado las legiones fueron trasladadas a las fronteras de Panonia. Esto no excluye la existencia de diferencias en la romanización de I. En contraste con las ciudades costeras de Dalmacia, el interior continuó con su organización tribal bajo el gobierno de oficiales del ejército romano o, como en el s. ti d. C., por los miembros romanizados de la aristocracia tribal. Esta política produjo una división de la sociedad ¡lírica; de una parte, los pertenecientes, o integrados, en la sociedad romana, y con ellos cuantos ocupaban cargos públicos; de otra, los poco romanizados, que eran al mismo tiempo los representantes del sector económicamente débil. Esta disparidad llegó a atenuarse, pese al progreso de la romanización de las zonas campesinas e interiores, debido al retorno de los indígenas licenciados del ejército romano. Aunque estos veteranos constituyeron en cierto modo un grupo intermedio entre los romanizados y los no integrados en la cultura romana, y atendiendo a su origen, más próximo al segundo que al primero, el disfrute de la ciudadanía romana significaba para ellos un ascenso social que les acercaba al primero hasta entrar a formar parte del mismo. A partir de Vespasiano, la burguesía urbana de 1. estaba constituida por veteranos o sus descendientes.La formación de nuevos municipios bajo el reinado de Vespasiano significó el reconocimiento de la romanización de las ciudades indígenas; los campesinos quedaron sujetos a las ciudades como incolae (habitantes) y, en lo económico, como aparceros de los propietarios absentistas residentes en aquéllas. este fue el caso de Doclea, en el antiguo Montenegro; de Asseria, junto a Zara; y de los municipios fundados por Adriano. Es un tanto discutible si, con la fundación de los municipios y la política de urbanización, Roma pretendía la romanización de I. o, como supuso Rostovzeff, jamás se pensó en una romanización absoluta que alternara una estructuración de la sociedad perfectamente válida para los intereses romanos. Como contrapartida de esta romanización, pueden señalarse ciertas magistraturas, los príncipes, en las ciudades, y el mantenimiento de la fragmentación tribal. Que esta política de diferenciación social concluía en una oposición de clases se advierte en parte en el fenómeno del bandidaje. Se dispone de una documentación abundante sobre el mismo, puesto que en numerosas ocasiones obligó a la intervención de las tropas, pero no es tan fácil distinguir si este bandidaje era consecuencia de la lucha de clases o manifestación de la actividad de ciertas tribus semisometidas. En realidad, no puede hablarse de áreas exclusivas de bandidaje, pues las noticias se refieren tanto al territorio de la romanizada Salona como a Macedonia.Es significativo que en las guerras contra los marcomanos, durante el reinado de Marco Aurelio, desde el 166 al 180, a los saqueos de los bárbaros se unió una revuelta de campesinos, pastores y leñadores de I. Las destrucciones provocadas por unos y otros debieron ser notables. La zona fue despoblada; en el 175, los bárbaros devolvieron 100.000 prisioneros en su mayoría civiles, hasta el extremo que el propio Marco Aurelio concedió tierras en I. a diversos grupos de bárbaros para repoblar el territorio. Esto no impidió que 1. se recuperara de aquellas destrucciones durante el periodo comprendido bajo Commodo y Septimio Severo; las ciudades fueron reconstruidas. Entre las causas determinantes de esta reconstrucción se encuentran el desarrollo del eje comercial Rin-Danubio que unía las provincias romanas de Occidente con las de Oriente, y el incremento del reclutamiento de ¡lirios en el ejército romano.Si, aparte de Dalmacia, apenas puede hablarse de senadores o procuradores ecuestres originarios de I., desde el reinado de Septimio Severo los reclutas originarios de este territorio pudieron escalar los altos puestos del estado mayor romano. Este fenómeno se manifiesta en su plenitud durante la segunda mitad del s. in. El estado mayor romano aparece compuesto por una mayoría de ¡lirios y panonios que, procedentes de las clases de tropa, alcanzaron el generalato. En consecuencia, a partir de Galieno los Emperadores y usurpadores, los llamados "Emperadores-soldados", fueron en su casi totalidad ¡lirios, soldados o hijos de soldados, aunque sólo uno, Constancio Cloro, consiguiera fundar una dinastía que se mantuviera en el poder durante largo tiempo (v. FLAVIA, DINASTÍA). Nuevas operaciones militares afectaron a I. durante el s. ni, como consecuencia de ataques de sármatas (v.) y godos, con particular intensidad en el reinado de Aureliano (v.).La dicotomía entre ciudad y campo, entre zona costera e interior, explica probablemente la tardía penetración del cristianismo. Hasta el 284 no se tienen otras noticias que las referentes a Salona, la ciudad más importante de I. en aquellos momentos, como atestiguan su esplendor en el s. Iv y que un emperador ¡lirio, Diocleciano, construyera en sus inmediaciones, Spalato (Split), el palacio en el que, tras abdicar, transcurrieron sus últimos años. La historia de l., en cuanto prefectura, en el s. iv, es altamente compleja en lo político. Como centro de reclutamiento, 1. se convierte en territorio disputado por los Emperadores de Oriente y Occidente, en campo de batalla entre Emperadores y usurpadores -así Magencio, Máximo y Joviano- y en tierra de incursiones de bárbaros. El aspecto político en este último caso se manifiesta en lo social; las rebeliones de campesinos y mineros aprovechan la presencia de bárbaros; los godos bajo Valente, los ostrogodos en tiempo de Alarico (v.) y después de Teodorico. La política de Estilicón (v.) se centró en aprovechar la presencia de los bárbaros para reincorporar a Occidente la prefectura de 1. que Teodosio (v.) traspasara al Imperio de Oriente. En realidad, la romanidad de I. resistió a tales embates. Julio Nepote estableció un señorío propio en Dalmacia, en el cual se mantuvo teóricamente como Emperador de Occidente mucho después de que Ricimero destituyera, en el 476 d. C., a Rómulo Augústulo como Emperador y trasmitiera el señorío de Occidente al Emperador de Constantinopla. Las relaciones entre ambas orillas del Adriático, favorecidas por los obispos y los exarcas de Rávena, se mantuvieron constantes incluso durante el dominio lombardo de Italia. La vinculación de I. al Imperio se mantuvo hasta la Edad Media, en parte favorecida por la política danubiana de Carlomagno, y sólo sucumbió a los embates eslavos.ALBERTO BALIL.
BIBL.: M. RoSTOVZEFF, Historia social y económica del Imperio romano, II, Madrid 1937; F. MILLAR, L’impero romano e il popoli limitrofi, Turín 1968; L. MUSSET, Las invasiones, Barcelona 1967; G. ALFÓLDY, Bevólkerung una Gesellschaft der rómischen Provinz Dalmatien, Budapest 1965; M. PARVAN, Ricerche sulla provincia romana di Dalmazia, Roma 1960; S. FERRI, Arte romana sul Danubio, Roma 1937.
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