Humboldt, Alexander Von
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Biografía GER
Naturalista y geógrafo, la personalidad de H. matiza una época, fruto de la Ilustración (v.). H. encarna los ideales y cualidades del s. xviit. No importa que su vida rebase la primera mitad del s. xix; es una vida que se arraiga y nutre de la savia de la anterior. Verdad es que H. no es de esa época, de saberes acantonados y perfilados; pero aun en la suya, en la que abundan casos de universalismo dieciochesco, fue objeto de admiración, no sólo entre las medianías, sino también entre las grandes personalidades. He aquí el conocido testimonio epistolar de Goethe referido a H.: " ¡Qué hombre! Lo conozco hace mucho tiempo y siempre vuelve a asombrarme. Sus conocimientos y saber viviente no tienen igual. ¡Y son de una variedad como no la he visto nunca! Cualquier punto que se le toque le es familiar, y nos arrolla con sus tesoros espirituales".Vida y viajes. H. nace en Berlín, el 14 sept. 1769. En Tegel, hacienda situada a 12 Km. de la entonces capital prusiana, discurren su infancia y adolescencia. La enseñanza universitaria y superior la recibe en Francfort del Oder, Berlín, Gotinga y Hamburgo. Los estudios en la Escuela de Minas de Friburgo (Sajonia) le ponen en condiciones para el cargo estatal de inspector de Minas de Franconia. Cuando por muerte de su madre (1796) entra en posesión de su patrimonio, abandona el servicio del Estado prusiano y no piensa en otra cosa que en viajes, para ponerse en contacto con la naturaleza y vida, en todos los aspectos, de los mundos exóticos. La suerte no le acompaña en un principio; varios proyectos viajeros se le frustran. En 1799, llega a España acompañado de Bonpland; pensaba embarcar en Cartagena o Cádiz, con rumbo al Próximo Oriente, pero España le ofrece sorpresas de toda clase, su proyectado viaje se transforma en otro de mayor envergadura por la América española, que el Gobierno de España le abre de par en par.Cuatro años dura el "gran viaje" de H.; discurre por las actuales Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, México y Cuba. En el Puerto de Filadelfia, emprende su regreso a Europa; rinde viaje el 1 ag. 1804, en Royan, próximo a Burdeos. Tras una breve estancia en París, de poco más de un año, vuelve a su ciudad natal. En Berlín, presenta a la Acad. de Ciencias, después de su discurso-de ingreso, las primicias de sus impresiones viajeras y otros estudios; su conjunto forma el hermoso libro que se titula en español Cuadros de la naturaleza; la primera edición en alemán se publica en Tubinga en 1808 (Naturbilder). Aparte del valor científico y literario de sus siete monografías tiene otra de emotiva signinificación. A H. se le acusó en Alemania de demasiado españolizado, y hasta de haber perdido el hábito de escribir con facilidad en su propio idioma. A este injustificado ataque contesta con la publicación de Ansichten der Natur mit wissenschaftlichen Erlauterungen (Vistas de la Naturaleza con explicaciones científicas), escrito en un alemán de primoroso estilo y de gran riqueza de léxico. Por eso Günther, comentando la forma y estilo de Ansichten, dice que demuestra que ya había progresado mucho la desespañolización de su autor.A H. no le era grata la estancia en su país; siente la nostalgia de París, donde tan a gusto había vivido los meses siguientes a su regreso de América. Así, con el pretexto de preparar y publicar el relato y los resultados de su "gran viaje", se asienta en la capital francesa desde 1808 a 1826. Vuelve a Berlín, intelectualmente "desertizado", al calor de los ingresos que le aseguraban los cargos palatinos en las cortes de Federico Guillermo III y Federico Guillermo IV. Con sus obligaciones cortesanas armoniza las tareas científicas, publicitarias, sus viajes a París y, sobre todo, su viaje a Asia, que sólo dura nueve meses y que es en todos los aspectos el reverso del viaje a América; por eso, puede decir a su hermano Wilhelm y en sentido peyorativo para él mismo: "Viajar por Rusia es menos agradable que hacerlo por esos países que fueron colonias españolas". Próximo a los 80 años de edad, abandona parte de sus ocupaciones palaciegas. Otras circunstancias también contribuyen a ello: los acontecimientos de 1848 y la enfermedad del rey. No cejó en su labor constante y recoleta de lecturas, trabajo y estudio, hasta la víspera de su óbito, pues H. no conoció esa muerte anticipada que es la vida ociosa.Se autocalifica de naturalista; mejor le cuadra lo de "viajero sabio por excelencia", como le llama Babinet con ocasión de comentar el tercer volumen del Cosmos ("Rev. des Deux Mondes", noviembre 1855). El "gran viaje" es la empresa andariega más importante de H., la de mayor significado y la que pesa más en su vida; la publicación de la Serie americana, que lo recoge, es lo mejor, más vivo y singular de su labor científicas. Viaje y Serie es lo que más claramente nos muestra su valiosa personalidad. El conjunto de 30 volúmenes que forman la Serie americana comienza a publicarse en 1805, año de la edición de Essai sur la géographie des plantes (Geografía de las plantas), y termina en 1834, en que aparece Examen critique de 1’histoire de la géographie du nouveau continent et des progrés de Pastronomie nautique aux XV et XVI siécles. La casi totalidad de la colección se ofrece al público en francés, durante la larga etapa de residencia de H. en París. De unos volúmenes, H. es director o colaborador; de otros, en fin, autor. De estos últimos vamos a ocuparnos.La "Serie americana". 1) Atlas pintoresco. Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América (París 1810). El primer volumen es de texto; el segundo lo forman 69 láminas, la mayor parte dibujos de Gmelin, a base de esbozos de H. o proporcionados a él, y grabados. El contenido del Atlas pintoresco presenta dos vertientes distintas. Afecta, por una parte, a la arqueología y arte precolombino; por otra, a paisajes y lugares concretos del mundo andino recorridos por el autor. Entre las láminas, como excepción, aparece la del interior del cráter del Teide, y la que representa el drago de Orotava.2) Atlas geográfico y físico del Nuevo Continente (París 1814). Es una ordenada ilustración del Viaje. Forma un conjunto de 32 láminas precedidas de su correspondiente texto. Al Orinoco y circunstancias de su cuenca se dedica especial atención en el Atlas. Hay un recuerdo elogioso en el mismo al mapa de América del español Juan de la Cruz.3) Atlas geográfico y físico del reino de la Nueva España (París 1811). Es complemento inseparable del Ensayo sobre México. Comprende 20 grandes láminas, precedidas de amplio texto explicativo, estudio de fuentes, comentario y análisis. Tanto esta literatura como-la parte gráfica correspondiente se distribuye en mapas, perfiles, itinerarios, vistas y gráficos.4) Ensayo sobre la geografía de las plantas (París 1805). En este libro, se inicia el estudio de la vegetación en función del medio, como elemento del paisaje, según la impresión que a la vista producen los vegetales aislados o en asociación. H., genialmente, inicia el estudio de la vegetación, no desde una perspectiva botánica sino geográfica; es, pues, el creador de la Fitogeografía.5) Relación histórica del viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente (París 1818-25). De ella contamos con la magnífica versión castellana de Lisardo Alvarado. Termina al final de 1800; es en esta fecha cuando H. abandona Nueva Barcelona (Venezuela) con rumbo a Cuba. Se inicia con unos datos autobiográficos; todo lo demás de su contenido es consecuencia de la estancia de H. y Bonpland en la España peninsular, canaria y en lo que es hoy día Venezuela. Es tan instructiva y atrayente la Relación histórica que su lectura basta para darnos cuenta del genio y extensa cultura de H., para admirar los diversísimos matices de su curiosidad científico-histórica. El mismo H. desglosó, en 1826, de la Relación histórica el Ensayo político sobre la isla de Cuba.6) Ensayo político sobre el reino de la Nueva España (París 1811). Ha sido el libro más difundido de la Serie, el más conocido y leído en el mundo americanista, el más favorecido por ediciones y versiones. La magnífica edición de Vito Alessio Robles (México 1941) es la sexta entre las españolas. Es el estudio de México, de un México mucho mayor que el actual, en los aspectos de población y económico. Está dedicado a Carlos IV de España; de la dedicatoria son estas líneas: "En mi obra se reflejan los sentimientos de gratitud que yo debo al gobierno que me ha protegido y a esta nación, noble y leal, que me ha recibido no como a un viajero, sino como a un conciudadano".7) Examen crítico de la geografía del Nuevo Continente (París 1814-34). La traducción española de Luis Navarro Calvo (t. 163 y 165 de la Biblioteca clásica) es sólo de una parte del Examen, la que se ofreció al público con el título de Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. Tres partes principales pueden distinguirse en el contenido del Examen crítico: la relativa a las causas y antecedentes que preparan el descubrimiento del Nuevo Mundo; el estudio de la empresa colombina, y lo referente a la personalidad y obra de Américo Vespucio. El examen es un libro complejo; Arago, a quien se lo dedica, dice: "Humboldt, no sabes cómo se hace un libro; escribes sin fin; esto no es un libro, sino un retrato sin marco".El "Cosmos". Antes de emprender su viaje a Asia anuncia H., en uso del derecho que como académico le correspondía, un curso sobre descripción física del mundo en la Univ. de Berlín. Le interesaba el contacto con la juventud y ofrendar a la misma su experiencia; todos los fenómenos físicos y biológicos por otra parte, le importaban. En toda Alemania los periódicos hablaron del acontecimiento como de algo extraordinario; llamó la atención también en el extranjero. Arago preguntó a su amigo si pensaba imprimir las lecciones para, en caso afirmativo, aprender el alemán. El curso se desarrolla, en 61 lecciones, de noviembre de 1827 a abril de 1828. El público culto de Berlín y los adictos al maestro comprometieron, más tarde, el gran salón de la Acad. de Canto para que allí repitiera H., resumidas y con carácter popular, las conferencias universitarias; lo hizo en 16 audiciones. En recuerdo de las dos series de lecciones se entrega a H. una medalla conmemorativa, con la imagen del sol y esta leyenda: Illustrans totum radiis splendentibus.El germen del Cosmos y el estímulo para su publicación fueron las series de lecciones y conferencias dichas, y el éxito de las mismas. En 1845, se publica la primera parte o tomo; los tres siguientes salen en 1847, 1850 y 1859. Al año de la muerte de H., que tuvo lugar el 6 mayo 1859 en Berlín, se publica un tomo que no es sino un extenso registro de materias redactado por el Dr. Buschmann. La traducción española del Kosmos, debida a Giner-Fuentes, se publica en 1874. Pretende el Cosmos la descripción de todos los fenómenos del Universo en cuanto relacionados entre sí, al objeto de descubrir la unidad y armonía de todo lo creado. El primer tomo abarca, como contenido y sistema, la totalidad de la obra. A una extensa introducción literaria sigue una descripción que abarca desde los más remotos espacios siderales hasta los más profundos abismos de la tierra. En el segundo cristaliza todo el saber histórico, literario y artístico de H., al tratar de la historia del conocimiento de la naturaleza y de los antiguos horizontes terrestres. El t. III trata de Uranografía, o sea, de la descripción de espacios celestes y cuerpos que los ocupan. El t. I V es la ampliación de la segunda parte del cuadro general de la Naturaleza de que trata el t. I. Se extiende al tratar del magnetismo terrestre; pero la mayor originalidad del último tomo del Cosmos es la geografía de los volcanes; el cinturón de fuego del Pacífico es señalado por primera vez.La colaboración de H. en revistas especializadas fue abundantísima; igualmente su gestión y trabajos en sociedades científicas; entre éstos es digno de recordarse el referido a las líneas isotermas, publicado en las Memorias de la Soc. de Arcueil (1917).AMANDO MELÓN.
BIBL.: H. BECK, Alexander von Humboldt, Wiesbaden 1959; A. MELÓN, Alejandro de Humboldt. Vida y Obra, Madrid 1960.
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