Humanitarismo SOCIOL.
Categoria:
Sociología
1. Humanitarismo en sentido general. a. Concepto. Del castellano humanitario y éste del latino humanitas. En sentido lato, expresa un sentimiento de compasión para con todos los hombres, sin distinguir credo o raza. Lo humanitario mira o se refiere al bien del género humano y, en segunda acepción, se usa como sinónimo de benigno, caritativo o benéfico. De manera más específica se habla de h. para referirse a la doctrina o actividad encaminada a proteger a los miembros más desvalidos de la sociedad, yendo para ello, si así hace falta, más allá de lo estrictamente debido.Es ese trascender la estricta medida de lo debido, propia de la justicia (v.) en su sentido formal, lo que define a la actitud humanitaria, que se explica así no por un sentido del deber, sino más bien por una compasión por el hombre, en el que se ve no a un sujeto de eventuales derechos, cuanto a un semejante, a un común participante en la humanitas, en la naturaleza humana. El contenido del h. resulta así especificado e integrado por una serie de las que pudiéramos llamar virtudes sociales, como distintas a la justicia estricta o complementarias de ella. Estas virtudes son las siguientes:1) La compasión, como sentimiento básico, rectamente entendida la paradoja de su sentido etimológico, como acción de padecer en compañía, participando del dolor de las gentes que viven en torno.2) La beneficencia (v.), en cuanto que el sentido humanitario ha de traducirse en obras efectivas, constituyendo una compasión activa y no puramente contemplativa o platónica. Ha de ser objeto del h. el remedio de las necesidades de todo orden,’ desde el perdón al transgresor de normas y la regeneración del vicioso, hasta la alimentación del hambriento, bien entendido que debe comenzarse por cubrir las necesidades materiales, para acceder después al remedio de las necesidades de orden espiritual.3) La mutua tolerancia (v.), para la convivencia pacífica de los individuos y de los grupos. Frente a la actitud fría de sequedad o de intransigencia para las ideas de los demás, es imperativo oponer una amplia y flexible comprensión. Los ideales religiosos, si son bien aplicados por sus seguidores, jamás se opondrán a la realización de un clima de comprensión y respeto mutuos, como parte de un ambiente de h.4) La libertad (v.), puesto que no basta un sentido idealista de comprensión, sino que es necesario pasar de la potencia al acto, convirtiendo los sentimientos en realizaciones que tiendan a una sucesiva elevación del nivel de vida de las clases menesterosas. El h. se impone, pues, la tarea de llevar la mejora material a los individuos, a las clases y a los pueblos necesitados.b. Raíces y fundamentación. El h., entendido en el sentido general que venimos mencionando, es expresión de dimensiones muy profundas del hombre, al que le es propio no sólo sentir espontáneamente compasión ante el sufrimiento ajeno, sino, más hondamente, saberse unido con vínculos profundos al resto de los hombres. De ahí que se advierta que el hombre no puede limitarse a establecer unas estructuras de justicia, sino que debe atender a sus semejantes considerándolos en su singularidad personal. El h. como complejo de virtudes cuyo objeto es el trato debido al prójimo por encima de las exigencias de la justicia, es por eso tan antiguo como el hombre: la historia nos testifica no sólo innumerables actitudes individuales humanitarias, sino instituciones y movimientos inspirados en esa visión de fondo; todas las religiones, de un modo u otro, la recogen. El cristianismo, afirmando no sólo la unidad de naturaleza humana, sino la común llamada de todos los hombres, a la filiación divina (v.), sin distinción de razas, culturas, etc., da a la actitud humanitaria un impulso decisivo a la vez que un sentido nuevo. Si alguna virtud aparece ensalzada en el Evangelio, ésa es la caridad (v.), con lo que implica de amor al hombre entero, tanto en sus dimensiones espirituales como corporales. Así lo manifiestan las diversas obras caritativas y benéficas promovidas por los cristianos a lo largo de los siglos, la existencia de órdenes y congregaciones religiosas surgidas con esa finalidad específica, la doctrina social cristiana (v.) desarrollada frente a las duras condiciones de vida creadas con el de la industrialización, etc.Desde una perspectiva de fondo, el h. -como ya hemos apuntado- se basa en la realidad fundamental de la trascendencia del hombre sobre las estructuras sociales, que, aun en el caso de que sean perfectas (y con gran frecuencia no lo son), no consiguen alcanzar hasta los aspectos más profundos de la intimidad personal. De ahí que el derecho (v.) sea insuficiente para resolver todos los problemas humanos y la necesidad de múltiples virtudes que auxilien a la justicia, que sin ellas sería seca en demasía. Verdad ésta que resume Van Gestel citando unos términos de la Pastoral de cuaresma de 1949 del episcopado holandés: "la caridad es el alma de la justicia social, no para reemplazarla o suplantarla, sino para realizarla plenamente y completarla con actos voluntarios". (La Doctrina Social de la Iglesia, Barcelona 1959, 138). En tal sentido, el pensamiento católico hace referencia al h. con un valor universalista: por encima de las fronteras y de las ideologías políticas o religiosas. el catolicismo _considera al hombre digno de respeto y exigente de ayuda en sus dolencias físicas y morales.2. Humanitarismo como movimiento histórico concreto. a. Concepto. Se conoce con este nombre a un movimiento surgido en Europa en la segunda mitad del s. xviii y encaminado a mejorar las condiciones de vida de las personas más necesitadas, poniendo especial énfasis en el mundo laboral (estamos en los años de la primera industrialización) y en el sistema penitenciario. John Howard (1726-90) fue uno de los primeros que estudiaron esa situación y se esforzaron por proponer soluciones. En el mismo plano se debe citar también a Jeremy Bentham (1748-1832; v.) y Samuel Rommilly (1757-1818), ambos relacionados con diversos proyectos y reformas legales en ese sentido. Este h. entronca, en diversos de sus representantes, con el espíritu cristiano, naciendo así de una asunción de las exigencias evangélicas. En otros se vincula, en cambio, con el deísmo de la Ilustración (v.), o con el panteísmo de Spinoza (v.), y la difusa conciencia de unidad de la humanidad que de ahí derivan.b. Reflejos en la literatura. El movimiento h. tuvo amplio eco, dando origen tanto a proyectos y realizaciones concretas- como a actitudes emocionales. Alcanzó también a la literatura. Si bien fue Charles Dickens (v.) quien dio expresión literaria acabada al ideario humanitario, ya antes de él había comenzado en toda Europa una literatura dedicada a tratar de la situación miserable de los trabajadores y de otros temas análogos. Entre 1845 y 1846 encontramos descripciones impresionantes sobre el hambre de la población obrera. A. Blanqui nos habla de los niños desvalidos, no desarrollados, contrahechos, casi desnudos, en la zona industrial de Rouen. Otros relatos mencionan los momentos de desesperación que impulsan a la masa hambrienta a desenterrar animales muertos y a disputarse animales domésticos. (R. Schnerb, Histoire Générale des civilisations, VI, París 1957, 67 ss.). Todo esto ocurrió principalmente en la década de 1840, llamada por esa razón, la "década del hambre".Duveau nos habla del hambre de pan en la Francia de ese tiempo como símbolo de la escasez más absoluta: en 1864, un obrero francés consumía el 36% del salario en comprar una ración normal de pan. En 1870, los cardadores de lana trabajaban en Francia 15 horas diarias y 18 los sábados: jornadas "de luna a luna". Invocar ante los tribunales las leyes de 1848 equivalía a pedir insolentemente el despido y arriesgarse a un paro indigente. (Duveau La vie ouvriére en France sous le second Empire, París 1946, 238 ss.). La tónica literaria con carácter de denuncia o testimonio se reflejó también con creciente fuerza en la novelística, tanto a través de obras mediocres e ínfimas como de plumas maestras en los géneros narrativos, hasta el punto de que la casi totalidad de autores de hace un siglo acá se hacen eco de esta tónica en todas o en buena parte de sus obras de ambiente realista.c. Influencia en las reformas legales. Las sociedades modernas tienden a que todos los riesgos posibles resulten cubiertos por instituciones según la justicia social, lo que no impide que siempre quede un campo para la beneficencia, que debe movilizar el sentimiento humanitario y el sentido cristiano de la vida. Entre los efectos más notorios del movimiento humanitarista, citaremos la eliminación progresiva del trabajo servil, la reducción de la jornada de trabajo, la elevación del tope superior de la edad escolar obligatoria, el crecimiento de la duración media de la vida humana.En Gran Bretaña, a comienzos del s. xviii, las primeras tentativas se encaminaron a ganar simpatías para las víctimas de las despiadadas leyes penales entonces imperantes. La lista de delitos castigados con la pena de muerte, cadena perpetua o deportación resultaba interminable. La miserable vida de los presos estaba sujeta a los caprichos y crueldades de los carceleros. La deportación a Australia llegó a ser un castigo frecuente en la segunda mitad del s. xix; la vida de los presos en los barcos de deportación y en las colonias penitenciarias se hundía en abismos de degradación y miseria. Los esfuerzos de J. Howard consiguieron que el parlamento aprobase ciertas reformas que terminaron con los abscesos peores de la situación. J. Bentham atacó el sistema de castigos penales desde otros ángulos, en su obra Rationate of Punishmenis and Reivards, en tal forma que influyó para que el parlamento británico diese fuerza de ley, a partir de 1832, a varias disposiciones que restringían los delitos castigados con pena capital. Durante los s. xix y xx se exigieron y aprobaron, en nombre de la humanidad, reformas que aliviaban la suerte de los convictos en todos los países civilizados. Las reformas de las leyes criminales redujeron aún más el número de crímenes castigados con la última pena y algunos Estados llegaron a abolirla. Francia, último país de Europa occidental en cerrar sus colonias penitenciarias, clausuró en 1946 las de las Guayanas.El influjo humanitarista se ha manifestado también en la restricción del empleo de menores y mujeres y en la provisión de cuidados y educación del niño. Marcó la pauta Inglaterra, cuando hace siglo y medio Robert Owen (v.) atacó con dureza el trabajo excesivo de los muchachos
. y la incuria en su formación, a la par que acometía una serie de reformas en las fábricas en que tenía intereses financieros. Fue el tiempo en que nacía el sistema de educación gratuita y obligatoria, característico de la civilización occidental.En Francia, el 22 mar. 1841, el gobierno de Napoleón III prohibió la admisión de menores de ocho años al trabajo en las fábricas; desde los ocho a los 12 años. podían solamente trabajar ocho horas; desde los 12 a los 16, la jornada laboral podía ser de 12 horas. El salto a la actualidad nos muestra, a escala prácticamente universal, una situación en que el trabajo de menores está legalmente limitado a edades claramente superiores a la pubertad, salvo excepciones atentas a una aceptable flexibilidad o reflejas de aislados casos de patología social.El movimiento humanitarista, en el sentido histórico ahora considerado, tiene ciertamente sus límites (tanto desde una perspectiva filosófica de fondo, en la que -sobre todo con respecto a quienes estuvieron influidos por ideas deístas- se le puede acusar de quedarse en una filantropía algo vaga; como desde una perspectiva práctica -en la que se le ha tachado de limitarse a aliviar los sufrimientos existentes sin intentar a la vez corregir sus causas-), pero su influjo positivo en diversos aspectos de la legislación occidental es innegable.V. t.:BENEFICENCIA; ASISTENCIA SOCIAL; HOSPITALIDAD.JESÚS M.ARÍA VÁZQUEZ.
BIBL.: La mencionada en el texto y la citada en las voces a las que se acaba de remitir.
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