Honduras Británica (belize). Historia. HIST.
Categoria:
Historia
El actual territorio de Belize es una faja de tierra situada en la parte oriental de la península de Yucatán. Limita con Guatemala por El Petén y con México por las provincias de Quintana Roo, Campeche y Champotón. Sus costas están bañadas por el mar Caribe y las aguas del golfo de Honduras. El idioma oficial es el inglés, pero está muy extendido el español. Comprende dos zonas perfectamente diferenciadas. La septentrional va desde el río Hondo hasta el Sibun o laguna Manate. Perteneció a la gobernación de Yucatán en el virreinato de Nueva España, y fue concedida a Inglaterra como establecimiento para el corte de palo de tinte por el tratado de Versalles de 1783 y la convención de Londres de 1786. La zona meridional, que amplió la ocupación inglesa hacia el sur, hasta el río Sarstún, se formó a expensas del territorio perteneciente a la audiencia de Guatemala, en los comienzos del s. xx, y durante los años que siguieron inmediatamente a la emancipación americana.El corte de palo de tinte. El vocablo Belize tiene su origen en la defectuosa pronunciación que los españoles, y probablemente los indígenas, daban al nombre del bucanero escocés Peter Wallace (Walliz, Wallis, Walix, Walis, Waliz, Balix, Balis, Bellese, Bellise, Belize), que se estableció hacia 1663 en las márgenes del río Viejo, hoy río Belize, para el corte de palo de tinte. Fue éste uno de tantos actos de corsarismo que piratas y filibusteros llevaron a cabo en los territorios e islas españolas del Nuevo Mundo durante los s. xvi y xvii. La permanencia de los cortadores de palo de tinte en el río Viejo fue una contravención constante del art. 3 del tratado de Madrid de 1670. Desde los tratados de Utrecht de 1713, se sucedieron operaciones de castigo por parte de las autoridades españolas de Yucatán contra los cortadores de palo de tinte, destacando entre ellas las del mariscal Antonio Figueroa, gobernador de la península, culminadas en la batalla de Bacalar en 1733.El marqués de la Ensenada fue el primer político español que prestó verdadero interés al problema del corte de palo de tinte, estableciendo al mismo tiempo que una enérgica política de corsos y castigos, un sistema de competencia por parte española en el corte y comercio de dicha madera. Pero su salida del ministerio y la entrada de Wall como ministro de Estado, dieron un giro probritánico a la política española, que había de favorecer a los ingleses de Belize, y que se debió a la gestión del embajador británico Keene. Consiguió éste que se suspendieran las operaciones de desalojo y exterminio de los británicos en aquellas tierras. Ello fue rectificado por Arriaga, sustituto de Ensenada en la Secretaría de Indias y que mantuvo una enérgica y acertada política en lo referente a Belize.Establecimiento británico. La política realista de Carlos 111, en cuanto a Belize, experimentó, sin embargo, un grave error al admitir el art. 17 del tratado de París de 1763, primera concesión y reconocimiento jurídico de los cortadores de palo de tinte, que hasta entonces se mantenían en una situación ilegal y clandestina. No obstante, los ingleses, que ampliaron sus cortes al río Hondo, desde el río Walix, fueron expulsados por la eficaz acción del gobernador Ramírez de Estenoz, fiel cumplidor de la Real Cédula de 29 abr. 1763. El tratado de París había autorizado el corte de palo a los ingleses en los parajes de la bahía de Honduras, lo cual demostraba el absoluto desconocimiento de Grimaldi, y la astucia de William Pitt, al propio tiempo que con una gran imprecisión topográfica se daba lugar a la inadecuada denominación que desde entonces tuvieron esos territorios, hasta llegar en la actualidad a la capciosa titulación de H. B. El tratado de Versalles de 1783 fue un nuevo reconocimiento de lo que se había conseguido en el terreno militar, y al propio tiempo puede ser considerado como la carta fundacional del establecimiento británico, pues en él se fijaban ya unos límites al mismo.Hubo posteriores propuestas inglesas para ampliar la variedad de las maderas objetos del corte y el territorio, que comprendería no sólo los ríos Hondo, Nuevo y Walix, sino que se extendería por el sur hasta el río Sibun o laguna Manate. Las vicisitudes políticas reafirmaron esta situación, y los ingleses se consideraron consolidados por el derecho de conquista. Los años de la independencia americana sirvieron para afianzar dicho status, ampliándose la zona del establecimiento inglés por el sur hasta el río Sarstún, y penetrando hacia el O hasta El Petén. Posteriormente, la situación quedó fijada en la convención de Límites de Guatemala de 1859, y el tratado Spencer-Mariscal de 1893.Reivindicaciones guatemaltecas. México había seguido una política abandonista, culminada por dicho tratado, en la que el ministro mexicano renunció al derecho de soberanía de su país sobre aquellas tierras. Guatemala ha mantenido constantemente sus reivindicaciones sobre este territorio, primero en lo que a la porción meridional se refiere, ampliándola luego a la totalidad, ante la pasividad mexicana manifestada por el tratado de México de 1826. La convención de Límites de Guatemala de 1859 no puede ser tampoco la fundamentación jurídica de la actual colonia inglesa. Si se considera extinguida por incumplimiento británico, la situación de Inglaterra carece de título jurídico, ya que la colonia no tendría reconocimiento oficial por parte de España, a la cual pertenecían los territorios a que renunció México por el tratado de 1893, ni tampoco por parte de Guatemala en los correspondientes a la zona meridional. Únicamente cabría alegarse el reconocimiento de EE. UU. por el tratado Dallas-Clarendon de Londres de 1856, carente de virtualidad por las circunstancias y condiciones en que tuvo lugar. Si se considera vigente la Convención de 1859, está pendiente de perfeccionamiento al no haber dado cumplimiento Inglaterra a lo estipulado en el art. 7.En los últimos 40 años, las reivindicaciones de Guatemala han sido frecuentes y reiteradas, habiéndose publicado un Libro Blanco (1938-40) sobre sus derechos en aquel territorio. Mientras tanto, la política mexicana, con un equivocado sentido de la fraternidad con el país hermano y vecino, ha mantenido su postura inhibicionista sobre Belize. Ello le llevó a no ser invitada a la conferencia celebrada entre Guatemala e Inglaterra en 1962, en San Juan de Puerto Rico, que originó una nota de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, en defensa del principio de autodeterminación. Posteriormente, el presidente mexicano Díaz Ordaz insistió (1966) en la renuncia de los derechos de México en aras a la amistad con Guatemala. Desde entonces, este país ha reiterado constantemente en la Asamblea General de las Naciones Unidas sus derechos y reivindicaciones.El asunto, planteado ante las Naciones Unidas, no ha sido decidido. Inglaterra mantiene su permanencia, Guatemala insiste en las razones de su reivindicación, y México reitera su actitud expectante y su falta de interés oficial en el asunto. En estas circunstancias, y dentro del plan de integración en la Federación Británica del Caribe, existe una importante corriente de opinión en favor de la independencia y de la nueva nacionalidad, al igual que ha ocurrido con otros territorios británicos. Pero esto parece que deberá ser decidido por su propia población, alma de la nueva nacionalidad. (v. I).V. t.: 1. Para la historia de la Iglesia, v. AMÉRICA CENTRAL 111.J. A. CALDERÓN QUIJANO.
BIBL.: J. A. CALDERÓN QUIJANO, Belice 1663-1821, Sevilla 1944; íD, Belice: ¿una nueva nacionalidad?, "Rev. de Estudios Americanos", Sevilla 1960, 159-166; F. J. CASTELLANOS, La intendencia de Yucatán y Belice, México 1962; W. M. GLEGERN, British Honduras. Colonial dead end, 1859-1900, Luisiana 1967; C. A. ECHANOVE TRUJILLO, Una tierra en disputa. (Belice ante la Historia), pról. L. ROSADO VEGA, Mérida (Yucatán) 1951; G. A. PÉREz TREJo, Documentos sobre Belice o Balice, México 1958; G. SANTIso GALVEz, El caso de Belice a la luz de la historia y el Derecho internacional, Guatemala 1941; D. A. G. WADDELL, British Honduras. A historical and contemporary survey, Londres 1961; M. A. WOOLRicH, Bibliografía sobre Belice, México 1957.
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