Holanda (nederland) Historia Moderna y Contemporánea. HIST.
Categoria:
Historia
1. Comienzos de la Edad Moderna. Hasta la Unión de Utrecht (29 en. 1579), por la cual declararon su independencia las provincias del Norte, los territorios que integran la actual H. vinieron formando una unidad con el resto de las provincias que formaban los Países Bajos. A la muerte de Carlos el Temerario (1477), el casamiento de su hija María con Maximiliano de Austria colocó a estos territorios bajo la influencia de la casa de Habsburgo.Durante el reinado de Felipe II comenzaron a manifestarse las inquietudes revolucionarias de los Países Bajos contra la dominación española, primero, en 1567, en forma de revolución nobiliaria y del pueblo calvinista, y después, en 1572, con el alzamiento general en la parte septentrional del territorio. En esta última insurrección se comenzó a dibujar de una manera definida la futura nación holandesa. El gobernador Alejandro Farnesio, nombrado por Felipe II en 1578 para que administrase directamente a los Países Bajos, puso las bases de lo que luego serían dos nacionalidades distintas: Bélgica y H. Efectivamente, dándose perfecta cuenta de la dualidad de cultura, religión, estructura social, que existía en el archiducado, decidió apoyarse en los católicos, valones, terratenientes del sur, contra los protestantes, flamencos, negociantes de las provincias del norte. En la convención de Arras (enero de 1579) supo ganarse a los Estados de Artois, Hainaut y Douai, en la parte sur de los Países Bajos; pero frente a éstos, las provincias del N formalizaron la Unión de Utrecht, declarando su autonomía. En este momento comienza realmente la historia de H. como nación independiente. Sin embargo, la lucha de la corona española para conservar el control de las Provincias Unidas continuaría durante bastantes años.Guillermo de Orange (v. ORANGE, DINASTíA), estatúder de H., se dio cuenta de que sin la ayuda extranjera sería imposible mantener la independencia. Para ganarse el apoyo de Francia ofreció la soberanía de las provincias del Norte al hermano de Enrique III, Francisco, duque de Anjou, quien la aceptó por el tratado de Plessislés-Tours, en septiembre de 1580. Sin embargo, las provincias de Holanda y Zelanda no lo aceptaron por su condición de católico, y nombraron soberano al mismo Guillermo. La guerra era tan desfavorable para las provincias del Norte, que el duque de Anjou hubo de volver a Francia sin haber podido hacer nada por sus nuevos súbditos. Mientras tanto, Guillermo, que continuaba organizando y dirigiendo la defensa contra los españoles, fue asesinado por un católico fanático el 10 jul. 1584. La muerte del líder de la rebelión no produjo ningún cambio en la actitud de las provincias del Norte. Ante la imposibilidad de nombrar sucesor a su primogénito, que se hallaba en manos de los españoles, se recurrió a su segundo hijo, Mauricio de Nassau, de 17 años. Hasta 1618 se encargaron del gobierno Paul Buys y Johan van Olderbarneveldt, sucesivamente.El avance de los españoles, mandados por el excelente militar Alejandro Farnesio, que cortó la conexión con Francia por el Sur y con Inglaterra ocupando los puertos, culminó con la conquista de Amberes (1585). Cuando todo parecía perdido para la causa holandesa, Isabel I de Inglaterra se decidió a ayudar a los rebeldes y envió a los Países Bajos un cuerpo de ejército al mando del conde de Leicester. Aunque era manifiesta la incapacidad de éste, la intervención inglesa obligó a los españoles a aumentar el escenario del conflicto, disminuyendo por consiguiente su presión sobre H. Mauricio de Nassau aprovechó esta circunstancia y demostrando su estimable condición de militar, inició a partir de 1590, la acción ofensiva consiguiendo en el término de dos años expulsar a todos los españoles de las provincias del Norte. En 1596 se formó una triple alianza entre Inglaterra, Francia y H., y aunque la ayuda de aquéllas no fue muy importante, sirvió al menos para reconocer y prestigiar a la nueva república.Antes de morir Felipe II había legado el archiducado de los Países Bajos a su hija Isabel Clara Eugenia, casada con el archiduque Alberto; pero este cambio no produjo ninguna novedad con respecto a la política hacia H. La guerra continuó con alternativas para uno y otro contendiente. A la victoria de Mauricio en Nieupoort (julio de 1600), respondió Ambrosio Spínola con la conquista de Ostende (enero de 1604) y, más tarde, la de Rhinberg. Pero tanto los españoles como los holandeses corimenzahan a cansarse de la guerra, por lo que se iniciaron las conversaciones de paz con la mediación de Francia. Éstas no resultaron fáciles, puesto que los últimos pretendían lograr el libre comercio con las Indias, por medio de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, fundada en 1602, mientras que Felipe III de España imponía como condición el reconocimiento de la religión católica. Aunque no llegó a firmarse una paz definitiva, el 9 abr. 1609 se acordó concertar una tregua de 12 años, que ponía fin de momento a las hostilidades. Durante este espacio de tiempo, a pesar de que aumentó la prosperidad económica del país, surgieron ciertas discrepancias religiosas con implicaciones políticas, que amenazaron con dividirlo. La enérgica intervención de Mauricio contra los disidentes, seguidores de las teorías de Jacobus Arminius (V. ARMINIO Y ARMINIANOS), quien criticaba la doctrina calvinista de la predestinación, fue decisiva. Los arminianos fueron silenciados y el mismo Oldenbarneveldt, que había apoyado el movimiento, fue ejecutado en mayo de 1619.2. Reanudación de la guerra con España. Al terminar la tregua de los Doce Años (1621) volvió a plantearse la guerra contra España. Ambrosio Spínola derrotó a Fleurus y la escuadra española venció a la holandesa, primero en el golfo de Cádiz y más tarde en las Antillas. En 1625, Ambrosio Spínola logró conquistar la plaza de Breda. Ese mismo año falleció Mauricio de Nassau, sucediéndole como estatúder su hermano menor Federico Enrique, quien conoció una época de prosperidad para la República holandesa durante más de un cuarto de siglo. En 1635 firmó un tratado de alianza con Francia con el propósito de repartirse con este país la parte meridional de los Países Bajos. En 1637 se reconquistó Breda. Sin embargo, el hecho de que en 1640 Portugal volviese a independizarse de España produjo un cambio de actitud en la postura de ésta, ya que la rivalidad colonial producida por los establecimientos holandeses en las islas portuguesas y en el Brasil terminó con la separación de los países ibéricos. Por otra parte, la derrota de los españoles en Rocroi (1643) podía representar para H., no la eliminación de un enemigo, sino su cambio por otro, el francés, quizá más peligroso aún por su proximidad. Por ello, los deseos de paz eran manifiestos. La paz de Westfalia (1648; v.) firmada un año después de la muerte de Federico Enrique, reconoció al fin la independencia de H. otorgándole, además, las provincias al norte del Escalda, Brabante y Limburgo que permanecían en manos de España.Con la vuelta a la tranquilidad se renovó en H. la lucha entre la tendencia hacia la unidad constitucional de las provincias y la política descentralizadora de las oligarquías de éstas, a cuya cabeza estaba la ciudad de Amberes, la más floreciente de Europa en aquel momento. El poder de la familia Orange fue disminuyendo y después de la muerte del estatúder Guillermo II en 1650, el papel principal quedó en manos de Juan de Witt, representante de la burguesía liberal de las ciudades.3. La guerra con Francia. En junio de 1672, Luis XIV de Francia invadió las Provincias Unidas, y el hecho de que los burgueses y comerciantes, preocupados de sus negocios, hubiesen rechazado los créditos para el ejército y vendido municiones a la misma Francia, produjo una revuelta popular que hizo caer a Witt, nombrándose capitán general de la Unión a Guillermo 111 de Orange. Durante los 40 años siguientes, la historia de H. se vio marcada por el signo de la guerra con Francia. Al negarse Luis XIV a aceptar las ventajosas condiciones de paz ofrecidas por los holandeses, se despertaron los recelos de toda Europa. El Imperio y Brandeburgo firmaron con H. una alianza ofensiva a la que más tarde se unieron España y diversos Estados alemanes. Pero al entrar Inglaterra en esta alianza antifrancesa, Luis XIV creyó llegado el momento de firmar la paz, lo cual se hizo en Nimega (agosto de 1678) y en la que H. no tuvo nada que perder. El año anterior, Guillermo III había contraído matrimonio con la princesa María, hija mayor de Jacobo II de Inglaterra, y ello le permitió acceder al trono de este país después de la revolución inglesa de 1688. Sin embargo, no por eso dejó de ejercer sus funciones de estatúder de H. sino que, por el contrario, actuó allí con más autoridad que en la misma Inglaterra. Esta circunstancia sirvió para suavizar en gran medida las rivalidades comerciales entre ambos países y sus imperios coloniales. La participación de H. en la guerra de la Liga de Augsburgo estaba subordinada a la de Inglaterra, y aunque registró algunas pérdidas tanto de la mar como en tierra, ganó por medio del tratado de Ryswick (1697) la concesión por parte de Francia de un tratado de comercio favorable y la autorización para constituir una barrera defensiva en la frontera de los Países Bajos españoles, contra las agresiones de Francia.Al morir Guillermo 111 sin hijos en 1702, se hizo cargo del poder el gran pensionario Antonio Hensius. Aunque la situación económica de H. era difícil y su potencia como nación había disminuido, su posición geográfica, entre Inglaterra y Francia, le obligó a continuar participando en los acontecimientos internacionales. Sin embargo, trató de apartarse en lo posible de ellas, siguiendo una política de abstención en los problemas europeos. No obstante, en 1723-31 salió de este aislamiento para oponerse a la intención del emperador Carlos VI de Austria de crear una Compañía de Indias en Ostende, a cambio de lo cual reconoció los derechos de sucesión de su hija María Teresa (v. SUCESIóty DE AUSTRIA, GUERRA DE), no pudiendo evitar el verse complicada en la guerra de Sucesión austriaca, al lado de Inglaterra y Austria, contra Francia, aunque limitó su participación al envío de ayuda de poca importancia. En 1647 fue nombrado estatúder Guillermo IV de Orange, de excelentes propósitos, pero carente de las cualidades de un hombre de acción, como lo demuestra su escasa influencia en la firma del tratado de Aquisgrán de 1748 que ponía fin a la guerra. A la muerte de Guillermo IV en 1751, le sucedió su hijo Guillermo V, que no fue declarado mayor de edad hasta 1766. Su desastrosa participación en la guerra de la independencia norteamericana formando parte de la "neutralidad armada", liga promovida por Catalina II de Rusia, acarreó a H. la pérdida de Negapatam, en la India, y la concesión del derecho de navegación a través de las Molucas a los ingleses (tratado de París de 1784). Esta humillación provocó una revuelta de los patriotas en la que estaba implicada principalmente la burguesía, inspirada por las ideas francesas, que destituyó al estatúder en septiembre de 1786 y nombró a una comisión de cinco miembros para que restaurasen las instituciones republicanas. Sin embargo, Guillermo V pidió ayuda a Federico Guillermo II de Prusia, hermano de su esposa Guillermina, quien envió un pequeño ejército que ocupó La Haya y restauró al estatúder (septiembre de 1787). Aunque no llegó a alcanzar el éxito esta revolución holandesa, mostraba indudablemente los síntomas de las agitaciones políticas que iban a sacudir en años sucesivos a los países europeos como consecuencia de las nuevas ideas que habían cuajado a lo largo del s. XVIII.El estallido de la Revolución francesa y el afán proselitista de los girondinos (v.) acarrearon importantes consecuencias para H. El ejército revolucionario francés, al mando del general Pichegru, invadió el país durante el invierno de 1794-95. Guillermo V y su familia se vieron obligados a huir a Inglaterra y los franceses organizaron, junto con los revolucionarios holandeses, la República de Batavia, según el modelo de la que se había establecido en Francia. Inglaterra aprovechó estos acontecimientos para apoderarse de las colonias holandesas y destruir su flota. En 1805 Napoleón estableció una nueva Constitución en el país, y después de un año en el que ocupó el poder el pensionario Rutger Jan Schimmelpenninck, el emperador francés nombró rey de H. a su hermano Luis, quien se vio obligado a abdicar en 1810 a causa de prestar más atención a los intereses de sus súbditos que a los de su hermano. Desde entonces, H. quedó incorporada al Imperio francés, viéndose obligada a contribuir a sus empresas con hombres y dinero.4. La monarquía. Después de la derrota de Napoleón en Leipzig (1813), H. volvió a recobrar su propia soberanía. El hijo de Guillermo V (éste había muerto en el exilio), volvió a su país, donde fue recibido con enorme entusiasmo y aclamado con el título de príncipe soberano. Con el fin de dirigir un Estado fuerte que ciñese a Francia por el norte, las potencias europeas conservadoras unieron a los Países Bajos austriacos con los Estados holandeses del Norte bajo la soberanía de Guillermo VI de Orange, que tomó el nombre de Guillermo I. Sin embargo, los dos siglos y medio de separación política habían acrecentado las diferencias religiosas, económicas e idiomáticas de ambos territorios. Aunque se redactó una Constitución por una comisión belga-holandesa, que garantizaba las libertades civiles, de culto y de prensa, Guillermo 1 las restringió de tal manera en detrimento de los belgas que aumentó el descontento de éstos. A pesar de acceder más tarde a las peticiones de los liberales católicos para que limitase sus propios poderes, concediendo una mayor libertad en la prensa y en la enseñanza, no pudo evitar la separación de los dos países. La revolución de 1830 (v.) en Francia provocó un levantamiento en Bruselas, que fue seguido por las restantes ciudades belgas. Guillermo I nada pudo hacer por impedirlo, ante la firme actitud de Francia para evitar cualquier intervención extranjera. Aunque el 4 oct. 1831 Bélgica proclamó su independencia, Guillermo I no aceptó hasta marzo de 1839 el definitivo tratado de separación, llamado de los Veinticuatro Artículos, que habían redactado las potencias de la conferencia de Londres en 1831. Las transacciones financieras llevadas a cabo por la Compañía de Comercio Holandesa (1824), en la que el rey tenía grandes intereses, motivaron buen número de protestas y demandas para que se revisase la Constitución. Así se hizo en 1840, quedando bajo la competencia de las cámaras la administración de las finanzas coloniales. Poco después, Guillermo I abdicaba en su hijo Guillermo 11.Durante el reinado de éste tuvo lugar la revolución de 1848 (v.) en gran parte de Europa, y aunque no alcanzó de lleno a H., los liberales, dirigidos por jan Rudolf Thorbecke, consiguieron hacer aprobar una nueva constitución en la que se establecía la responsabilidad ministerial, el control de las finanzas y la administración colonial por los Estados Generales y, por último, las elecciones directas y la libertad de reunión. A la muerte de Guillermo I I (17 mar. 1849), le sucedió su hijo Guillermo 17I, con quien verdaderamente comenzó- el régimen parlamentario en H. Las principales controversias de su reinado se refirieron al campo de la instrucción pública. Por una parte, los liberales preconizaban un sistema de escuelas gratuitas y seculares, donde no se impartiera ninguna clase de enseñanza religiosa. Por otra, los conservadores, entre los que había tanto católicos como protestantes, que defendían un sistema de escuelas públicas dirigidas por las respectivas Iglesias y sostenidas por el Estado. Durante algún tiempo parecieron ganar los liberales, al implantar el Estado el sistema de escuelas seculares, pero más tarde, en 1889, los conservadores lograron que el Gobierno contribuyese económicamente al sostenimiento de las escuelas católicas y protestantes. El desarrollo económico que experimentó el país durante el largo reinado (cerca de medio siglo) de Guillermo III, se debió, en primer lugar, al crecimiento en importancia de los puertos de Amsterdam y Rotterdam, por donde tenían fácil salida los productos de la cuenca industrial del Rin. La industria textil y la naval también experimentaron un considerable auge. Todo ello contribuyó a despertar los sentimientos socialistas y democráticos de los holandeses, pero aunque se aumentó notablemente el número de votantes, no se llegó aún a establecer el sistema del sufragio universal.En 1890 sucedió a Guillermo III en el trono de H. su hija Guillermina, que sólo contada entonces con diez años de edad, no siendo declarada su mayoría hasta 1898. Al no existir una clara superioridad de ningún partido político, hubo de formarse un gabinete extraparlamentario que emprendió una revisión de la Constitución, llegándose, finalmente, a la adopción del sufragio universal. El casamiento de la reina con el príncipe alemán Enrique de Mecklemburgo y las estrechas relaciones culturales y comerciales con Alemania despertaron los sentimientos nacionalistas de los patriotas holandeses, quienes presionaron ante el Gobierno para que se adoptasen medidas encaminadas a la defensa nacional. Se reorganizó el ejército sobre la base del servicio obligatorio y se emplearon fuertes sumas en fortificaciones.5. La I Guerra mundial. En 1889 y en 1907 tuvieron lugar en La Haya sendas conferencias internacionales de paz, en las que intervinieron las principales naciones del mundo. No se llegó a ningún acuerdo importante, perose trató de establecer una verdadera comunidad internacional con sede en aquella capital. El Tribunal Internacional creado en estas reuniones zanjó por la vía pacífica diversas disputas internacionales entre 1901 y 1914. Sin embargo, antes de que se celebrase la tercera de estas conferencias, proyectada para 1915, estalló la I Guera mundial que acabó con estos ingenuos intentos pacifistas. El Gobierno holandés se apresuró a manifestar su estricta neutralidad, aunque durante el curso de la guerra, unos y otros beligerantes creyeron que ésta favorecía a sus enemigos. No obstante, las eficientes fuerzas de defensa holandesa contribuyeron de una manera decisiva a que se respetara su neutralidad. Las mayores dificultades por las que atravesó H. fueron las económicas. El comercio marítimo se redujo considerablemente y los aliados restringieron el tráfico con los países colindantes con Alemania con el objeto de impedir que pudiesen facilitar productos a este país, garantizando así su bloqueo. Poco a poco, los aliados pasaron a controlar por completo la vida económica de H. Dado que este país dependía de Alemania para obtener algunos productos indispensables, como el carbón, se vio ahora obligado a exportar alimentos para conseguirlos de los aliados a cambio. Esta circunstancia produjo no sólo la casi total paralización de la industria holandesa, sino una angustiosa escasez de alimentos, que aún se vio más agravada con el gran número de refugiados belgas que encontraron asilo en suelo holandés y que llegó a sobrepasar el número de un millón.Una vez terminada la guerra en 1918, el pueblo holandés emprendió con ánimo la difícil tarea de la reconstrucción. Este arduo camino para alcanzar el mismo ritmo de prosperidad que se había logrado antes de la guerra se vio acompañado ahora de importantes reformas sociales. Sin embargo, esta tarea se vio pronto cortada por una época de depresión, que afectó principalmente al comercio marítimo y a la industria naval. La ciudad de Rotterdam sufrió las consecuencias de la ocupación de la cuenca del Ruhr y de la preferencia garantizada por Francia a su propio comercio y al de Bélgica. El desempleo llegó a ser el principal problema del país. Las primeras elecciones llevadas a cabo después de la revisión de la Constitución, que tuvieron lugar durante el conflicto mundial, resultaron un fracaso para el partido liberal. Desde entonces vinieron ocupando el poder gobiernos de coalición entre calvinistas y católicos. Con el transcurso del tiempo fueron tomando fuerzas los socialistas, quienes consiguieron colocar a dos de sus líderes en el Gabinete formado por De Geer, en agosto de 1939.6. La II Guerra mundial. Al estallar la II Guerra mundial y al igual que había hecho en la 1, el Gobierno declaró que H. mantendría su neutralidad. Sin embargo, las posibilidades de mantener este propósito eran ahora mucho menores. No se descuidaron, pues, los preparativos para sostener la defensa contra cualquier ataque que pudiese venir de uno u otro beligerante. Sin embargo, poco se pudo hacer cuando el 10 mayo 1940, las tropas alemanas cruzaron la frontera holandesa con el pretexto de defender al país contra un posible ataque de los aliados. H. rompió su pasividad y declaró la guerra a Alemania. La reina Guillermina huyó a Inglaterra y este hecho, junto con el bombardeo de la ciudad de Rotterdam el 14 de mayo, desmoralizó tanto a la población civil como al ejército. El país entero quedaba en manos de los alemanes. Aunque en los primeros momentos trataron de demostrar cierta moderación, sus intereses quedaron reflejados en algunas medidas, como la censura de prensa, la persecución de los judíos, la supresión del partido social-demócrata y la reducción al mínimo de la vida política e intelectual del país. En el primer año de ocupación ya empezaron a aparecer algunos movimientos clandestinos de resistencia; pero las medidas alemanas fueron haciéndose cada vez más duras, sobre todo después del fracaso nazi en Stalingrado y en el norte de África. Numerosos holandeses fueron deportados a Alemania, no sólo para trabajar, sino para apartarlos de su país ante la posibilidad de una invasión aliada. Esto contribuyó, no obstante, a generalizar el descontento de la población de H. y a reforzar el movimiento de resistencia. El Gobierno holandés, que se había refugiado en Londres, prohibió toda clase de colaboración con los alemanes, así como el cumplimiento de sus disposiciones. La guerra también afectó a las colonias de H. en Oriente. El Japón invadió las Indias holandesas, y destruyó la escuadra holandesa en la batalla del mar de Java (27-28 feb. 1942). Después del desembarco de Normandía, a principios de septiembre de 1944, el ejército británico del general Montgomery entró en H. y ocupó Limburgo y Brabante del Norte, pero fue rechazado por los alemanes en Arnhem. La estabilización del frente en H. hacía prever para el país el peor invierno de la guerra. El bombardeo aliado para provocar la inundación de la isla de Walcheren, y con ella el paso al puerto de Amberes, causó serios daños en la población civil. La situación era catastrófica. La población sufría por la extrema escasez de alimentos. No había agua ni electricidad, ni combustible. Incluso el racionamiento alimenticio se hizo imposible y para poder comer había que acudir necesariamente al mercado negro. La última gran ofensiva de los aliados contra el III Reich en 1945 consiguió liberar las partes norte y este del país, aunque en el oeste los alemanes amenazaron con provocar inundaciones y destruyeron los puertos de Amsterdam y Rotterdam. Por fin, el 5 mayo 1945, el ejército alemán en H. se rindió a las fuerzas canadienses del general Charles Foulkes, y todo el país quedó liberado.7. La posguerra. Inmediatamente se formó un gobierno provisional dirigido por W. Schermerhorn, líder del movimiento progresista, y por W. Drees, jefe del partido socialista. La política de esta coalición decepcionó al electorado, que esperaba mayor celeridad en la reconstrucción del país. El partido laborista (PVDA) fue tomando incremento, y después de las elecciones de 1948 ocupó el poder en coalición con los democristianos (CDA). Los laboristas fueron perdiendo votos, y en las décadas de 1980 y 1990 el partido cristianodemócrata es el más votado, gobernando generalmente en coalición con el partido popular liberal (VVD) (gobiernos presididos por el democristiano Ruud Lubbers).Los problemas con los que se enfrentó H. después de la II Guerra mundial fueron semejantes a los de los demás países de Europa occidental; pero en diez años la prosperidad del país alcanzó un alto nivel. En política internacional, H. entró en la ONU y, ante el fracaso que fue su política de neutralidad, ingresó también en 1949 en la OTAN (v.). La organización del Benelux (v.), el 15 sept. 1944 en Londres, formado entre H., Bélgica y Luxemburgo, abriría camino para una mayor integración en Europa occidental. En efecto, el 25 mar. 1957 entró a formar parte de la Comunidad Económica Europea (v.).La reina Guillermina, que volvió a H. con las tropas aliadas en 1945, dejó como regente a su hija Juliana en 1947 y 1948 por razones de salud; y el 4 sept. 1948 abdicó finalmente en su sucesora. La reina Juliana, coronada el 6 nov. 1948, abdicó en 1980 en su hija Beatriz que fue coronada el 30 abr. de ese año.8. Las colonias. El imperio colonial de H. comprendía las Indias Orientales y las Occidentales. Aquéllas estabanformadas por Sumatra, Java, gran parte de Borneo, las islas Célebes, Nueva Guinea Occidental y una serie de pequeñas islas, todas ellas bajo su dominio desde principios del s. xviii. Después de la II Guerra mundial, estos territorios reclamaron su independencia para formar los Estados Unidos de la República de Indonesia. Tras algunos años de lucha se les concedió la autonomía (diciembre de 1949), excepto a Nueva Guinea. La unión voluntaria entre Indonesia y la corona holandesa se deshizo en 1954. Las Indias Occidentales (Antillas holandesas y Surinam) pertenecían a H. desde 1667. En 1954 se les concede total autonomía en sus asuntos internos y, en 1975, Surinam llega a la independencia.V. t.. PAÍSI?s BAJOS, GLISRRA DE LOS; ORANGE. DINASTIA.R. SÁNCHEZ MANIERO.
BIBL.: G. ErmniNOsoN. Histarv of Hollanc/, Cambridge 1922; A. J. BARNOI:W, The Pcr,;ectrrt of Netherlancls Hislorv, Nueva York, 1952; D. OGRIzrK, Tlrr Nc?Nre?rlurrcl.r. Nueva York 1951: B. LAND11EER, Thc? Netlrc?rlanc(s. Berke1ey 1943: J. I_. MarEEV, Revolt qÍ Me Nethcrlancls A ains1 Shain, 1555-1609, Londres 1932; A. J. BARNOIAV, Breve historia ele llolancla, Madrid 1975.
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