Hititas. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
Pueblo conocido primeramente por la Biblia. En el s. xix se identificaron en los textos egipcios y sarios, pero el nacimiento de la hititología como rama independente de la orientalística no se produjo hasta el primer cuarto del s. xx, con el descubrimiento y excavación de Boghazkói (en la actual Turquía), en 1906, por H. Winokler. En 1915, B. Hrozny publicaba su primera gramática de la lengua h.Los h., creadores del imperio del segundo milenio, reciben su nombre de la capital Hattusa (Boghazkói), que previamente perteneció a la población pre-h. Los invasores recibían el nombre de nesitas, de su primer punto de apoyo en el país, Nesa. Parece que este pueblo penetró en Anatolia por el Cáucaso. Tenemos pocos datos sobre su marcha, pero un texto de Boghazkói nos habla de Anitta de Kussar y de su padre, Pithana, que conquistó la ciudad de Nesa haciendo prisionero a su rey. Anitta se precia de haber conquistado Hattusa, capital de Hatti; también es conquistada Purushanda, que pasa a poder de Anitta, ahora proclamado gran rey. Aunque no se han localizado estos lugares, probablemente se encuentran en el arco del Halys, y podemos suponer que desde aquí se realizó la expansión h.La tradición h. hace empezar la historia con el rey Labarna, "quien destruyó y debeló países, llevando sus fronteras hasta la orilla del mar... Hupisna, Tuwanuwa, Nenassa, Landa, Zallava, Parsuhanda, Lusna"; sometió a Arzawa, situada al occidente de Asia Menor. Su sucesor, llamado también Labarna, trasladó su capital de Kussara a Hattusa, recibiendo el nombre de Hattusili I; en este momento, los ejércitos h. empiezan a traspasar la frontera del Taurus y someten el reino sirio de Yamhad (Alepo), y a este rey ha de atribuirse la toma de Urshu, aunque su mayor éxito fue la expedición a Babilonia (v.) que puso fin a la primera dinastía de esta ciudad, hacia el 1600 a. C. Al final de su reinado, el estado h. sufre una conmoción interna que culminó en el asesinato del rey por su cuñado Hantili, al mismo tiempo que la expansión hurrita (v.) destruía parte de la obra conquistadora de los soberanos h. Hacia 1525 asciende al trono Telepinu y se preocupa de la organización interna del Estado, dotándole de una ley de sucesión. En el exterior, Telepinu asegura las fronteras, firma un tratado con Kizzuwatna (Kalaonia) y abandona las posesiones lejanas de Siria, en parte ya perdidas. Desde la muerte de Telepinu carecemos de noticias hasta Tudhaliya II, fundador de una dinastía que habría de marcar el apogeo del imperio h.; sin embargo, no es perceptible una ruptura con la tradición, ya que uno de los sucesores de Telepinu promulgó el famoso código encontrado en Boghazkói. Esta nueva dinastía sube al trono hacia 1460 a. C.; sus reyes llevan nombres pre-h., como sus antecesores, pero utilizan a la vez otro "hititajeroglífico", idioma también indoeuropeo, emparentado con el luwita, que responde al grupo de los conquistadores hasta entonces poco destacados. Tudhaliya II luchó en Siria contra Halpa (Alepo), aprovechándose de que Tutmés 11 había expulsado a los hurritas de Siria, pero en tiempos de su sucesor Hattusili II esta región se pasó al bando mitanni. Tudhaliya 117 tuvo que luchar en todas las fronteras del imperio, ya que su reinado coincide con el apogeo de Mitanni (v.). Otras guerras se desarrollan contra los gasgas, arzawitas y los habitantes de Arauna, que con sus invasiones ocasionan un caos general en tiempos de su sucesor Arnuwanda 1, llegando a perderse hasta la capital Hattusa.La reacción h. tuvo como protagonista a Suppiluliuma (1380-1346), hermano de Arnuwanda, quien logró elevar el estado a su máximo esplendor. Fortificó la capital y organizó el estado, dividiéndolo en provincias gobernadas por príncipes. Atacó Arzawa y Hajasa, con cuyo rey llegó a un tratado de amistad y mutua ayuda. En Siria, desarrolló una intensa actividad militar frente a Artatama de Mitanni. La primera expedición fue un fracaso, pero Suppiluliuma se alió con Artatama de Hurri atacando de nuevo a sus enemigos; pudo llegar hasta la capital Wasukkani; conquistó Kades, Alepo, Alalah y avanzó hasta Damasco. Después del asesinato de Tusrata, Suppiluliuma conquistó Karkemis, llegando a ser el hombre fuerte de su época. Matiwaza de Mitanni le pide ayuda y asilo y la viuda de Tutankamon busca marido entre uno de sus hijos, pero el príncipe enviado fue asesinado por el partido egipcio de oposición. El último éxito del gran rey fue la anexión del reino de Mitanni (v.).A la muerte de Suppiluliuma (1346) y de su hijo y sucesor Arnuwanda III, subió al trono Mursili II (134515), que tuvo que luchar en el oeste con Arzawa y al norte con los gasgas, siempre rebeldes. Logró superar la crisis y capturar al jefe de la revuelta de Arzawa, que había huido a refugiarse junto al príncipe de los Ahhijawa; fue afortunado en Siria, donde mantuvo el dominio sobre Ugarit (v.). Le sucede Muwatalli (1315-1290), quien hizo frente a la contraofensiva egipcia. Seti I había restaurado el orden egipcio en Canaán; Ramsés II se dispuso a liquidar el problema mediante una gran ofensiva que chocó con el ejército h. el a. 1296 en la batalla de Kades, una victoria h. que permitió a Muwatalli mantener su hegemonía en Siria y avanzar hasta Damasco. Durante su reinado destaca, como general y gran sacerdote, su hermano Hattusili, el cual, a la muerte de Muwatalli, no reconoció al heredero Urhitesup (1290-83), que había tomado el nombre de Hattusili III. Después de una serie de luchas, fue reconocido rey con el nombre de Hattusili 111 (1281-50). Con energía supo equilibrar el poder de Adadnirari de Assur, pero ante la presión de Salmanasar 1, buscó la alianza de Egipto, firmando el tratado que conservamos. Tuthalija IV (1250-20) pudo mantener su predominio en Amuru (v. AMORREOS) y Alalah, pero tuvo que intervenir en Occidente contra las ambiciones de Attarisija (identificado por Forrer con Atreo, aunque Gótze rechaza tal identificación); frente a Tukultininurta de Assur (v.) mantuvo una política de prudente hostilidad, tratando de cortar las relaciones comerciales con este rival; por lo demás, se dedicó con entusiasmo a las reformas cultuales.Le sucede su hijo Arnuwanda IV (1220-05), en cuyo reinado se acentúa la decadencia del estado hitita. Maduwatta de Zippasla, a quien había conservado su estado vasallo Tudhalija IV, traiciona a su nuevo soberano aliándose con Attarisija; otro rebelde, llamado Mitas, actuaba en el este, donde había estado el reino de Hajasa. A Arnuwanda le sucede su hermano Suppiluliuma 11 por muy poco tiempo. El imperio h. se desmorona ante la invasión de distintos pueblos que modernamente se identifican con los llamados "pueblos del mar". Después de la caída del imperio, los anales asirios siguen llamando a Siria y el Tauro país de Hatti, con reyes que llevan nombres h. clásicos, que casi siempre se denominan neohititas. En general, se trata de una población h. asentada sobre un fondo étnico hurrita. Conocemos varios, como Kue (Adana-Karatepe), Milid-Malatia, Kummuh-Kommagene, Margasi-Manash, Hattena-Ungi, ArpadBit Agusi, Karkemis, Halab-Alepo, Til Barsib, Hamat, Sam’al, que al correr del tiempo se fueron arameizando en gran parte y acabaron por caer bajo el yugo asirio.Organización y vida social. Culturalmente, los h. invasores adaptaron la cultura material y las formas de vida y creencias del país, imprimiéndoles un sello especial. Su organización fue feudal. La nobleza estaba vinculada al rey mediante obligaciones de vasallaje y se organizaba en una asamblea nobiliaria, el pankus, órgano de control del poder real, sobre todo en la primera época. Poco a poco, la influencia mesopotámica actuó en un proceso de centralización que culminó en la época de Suppiluliuma, aunque no tenemos noticia de la divinización del rey. Los h. forman un estado con marcadas virtudes militares, pero que nunca llegó a la dureza y crueldad de los asirios. Las clases sociales comprendían la alta nobleza palatina o "gran familia" detentadora de los altos cargos civiles y militares, que constituía el pankus que, a la vez, fue tribunal supremo de justicia; el pueblo común, poco conocido, formado principalmente por campesinos, artesanos, albañiles, tejedores, bataneros, alfareros y herreros, unos libres y otros en estado servil. Finalmente tenemos los esclavos, cuya condición estaba protegida por la ley en muchos casos, lo cual crea una categoría parecida a la del muskenu babilónico. Conocemos esclavos en un sentido más real de la palabra.La economía h. era fundamentalmente agrícola. Se cultivaba el trigo y la cebada, no sólo para hacer pan, sino para la fabricación de cerveza. La vid parece originaria de Asia Menor. El aceite se extraía de la almendra. Los textos mencionan guisantes y habas, así como el lino. La ganadería comprendía vacas, ovejas, cabras, cerdos, caballos, asnos y mulas. Floreció la apicultura. De gran importancia era la minería y metalurgia, dada la riqueza de Anatolia en minerales. El cobre fue explotado desde muy antiguo, lo mismo que la plata antes de los h. En la época h. empieza a usarse el hierro, pero, dadas las dificultades técnicas de su fundición, se empleó como metal de lujo, dando no obstante gran superioridad técnica al reino h.En el terreno de la cultura destaca el Código h. que, con sus 200 párrafos, constituye la fuente fundamental para la historia interna de este pueblo. Establece las penas sobre homicidio, atentados contra la propiedad y contaminación mágica; regula el matrimonio, las herencias, las compensaciones, precios, jornales, tribunales, régimen de la tierra, etc.Lenguas.y literatura. Las lenguas escritas en el imperio h. son ocho: hitita, lengua indoeuropea que constituye una rama propia dentro de esta familia; el proto-hitita, de vinculación desconocida: luvita o luwita, estrechamente vinculado al h.; palaita, también indoeuropeo; hurrita; mitanni; acadio; sumerio; e hitita-jeroglífico. Hemos de observar que no todas se hablaron, y que se escribieron en muy distinta proporción (v. III). En literatura, conocemos numerosas creaciones que corresponden a distintos géneros literarios. Citaremos, en primer lugar, la llamada literatura oficial, que comprende una serie de documentos estatales en forma de decretos, anales de campañas militares o tratados convenidos con un rey vasallo. Mencionemos la inscripción de Anitta, de marcada influencia babilónica, el testamento político de Hattusil I, los anales de Mursili, rey analista por excelencia, y la autobiografía de Hattusil III.En el campo de la literatura de creación destacan el cuento de la victoria de Urshu, escrito en acadio, pero de inspiración h., entroncado con la leyenda nacional. En este mismo género hemos de contar la épica sumeria de Gilgamés (v.) en lengua h., una versión del rey de la batalla y versiones de leyendas de Naram-sin. La literatura mitológica recoge mitos sobre los grandes dioses nacionales (v. ii) y forma dos grandes ciclos: el mito de la muerte del dragón y el mito del dios perdido. El primero está influido por el poema babilónico de la Creación y narra la muerte del dragón Illuyankas que había ofendido al dios de la tempestad, eliminado mediante una argucia de la diosa Inaras, o bien (según otra versión) matándole directamente el dios. El segundo relata la paralización de la vida a causa de la desaparición del dios Telipinu, dios de la agricultura. Los mitos hurritas encontrados en versión h. tienen una marcada tendencia cosmogónica.Arte. El arte h. responde a las características de este pueblo feudal y guerrero. Su edificio fundamental no es el templo, como en Mesopotamia (v.), sino el palacio del rey. La arqueología ha podido reconstruir el palacio de Hattusa del Imperio Nuevo, sus muros, puertas y casas de la ciudad. Caracteriza estas construcciones el tipo irregular de aparejo, sus grandes dimensiones y las ’puertas de jambas curvas. Se han excavado cuatro templos, más semejantes a un palacio micénico que a sus similares en Mesopotamia o Egipto. Ofrecen un patio rectangular al que se accede por un sistema de vestíbulos, con una columnata en el lado que da frente a la entrada.La escultura y el relieve h. no alcanzaron el grado de originalidad de la arquitectura, siguiendo fieles, en gran medida, a los modelos mesopotámicos, pero también se observa en ellos gran influencia hurrita. Se conservan pocas esculturas bulto redondo, debido a que no practicaban la costumbre de colocar estatuas en los templos. Notables son los relieves en ortostatos que toman sus motivos de la caza y, principalmente, de la religión. Mención especial merecen los relieves de Yazilikaya, con animales fantásticos, procesiones, dioses y representaciones míticas. La pequeña plástica de bronce fundido produjo magníficas estatuillas de hombres y dioses y estandartes de culto. Hemos de añadir que toda la plástica h. pervive en los reinos neohititas de Siria con una vinculación directa a la tradición h. antigua. La glíptica produjo el sello estampilla que se aplica sobre bullae. Ofrece generalmente la figura del rey en el centro, con el disco alado y la leyenda alrededor.V. t.: ASIA VI, 3 c; ASIA MENOR II, 4; CANAÁN I; ÉXODO.F. PRESEDO VELO.
BIBL.: A. MONTENEGRO, El Imperio Hitita, Bilbao 1968; O. R. GURNEY, The Hittites, Londres 1952; A. GÓTZE, Kleinasien, Munich 1932; G. CONTENAu, La civilisation des Hittites et des Hurrites du Mitanni, París 1948; S. LLOYD, Early Anatolia, Londres 1956; O. SKRZYPCZAK, Hititas, en Enc. Bibl. 111,1293-1301.
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