Histeria MEDICINA
Categoria:
Medicina
Concepto y etimología. El concepto de h. es, sin duda alguna, uno de los más antiguos y, al tiempo, uno de los que han sufrido más modificaciones a lo largo de la historia. En el momento actual no puede hablarse sobre la h. de un modo unitario, ya que este concepto es visto desde perspectivas distintas y con frecuencia, incluso, es eliminado totalmente de determinados contextos doctrinales. Por lo general, sin embargo, bajo la denominación de h. se entienden tres cosas diferentes: una enfermedad determinada, un peculiar modo de reacción psíquica y una personalidad anormal. Sin embargo, cualquiera que sea la noción que se mantenga en torno a la h., su conocimiento es imprescindible si se tiene en cuenta que su estudio constituyó el camino básico para la elaboración de las diferentes doctrinas en relación con las neurosis (v.). Por estos motivos, pensamos que para tener una idea adecuada de este trastorno psíquico, es necesario aproximarse a su estudio desde una perspectiva histórica.El término h., como se sabido, proviene del griego para referirse a una afección de la matriz (istera). Este hecho trajo como consecuencia que durante mucho tiempo la h. fuera considerada como una enfermedad exclusiva de las mujeres y relacionada de algún modo con alteraciones de su aparato genital y, en definitiva, con problemas sexuales. Estos dos esquemas, en cierto modo, persisten en el momento actual, no sólo entre los profanos sino también, en amplia medida, dentro de la clase médica; siendo ésta la razón de que se realicen, a veces, maniobras como la de oprimir los ovarios en los casos de crisis histéricas, o que se proponga, en ocasiones, el matrimonio para solucionar dificultades psíquicas.Evolución histórica del concepto. En el transcurso del tiempo, si bien esta limitación de la h. al sexo femenino ha sido casi constante, variando sólo la explicación de los mecanismos de la enfermedad, lo cual se hacía de acuerdo con los esquemas patogénicos dominantes, sin embargo, algún autor, como, p. ej., Areteo de Capadocia, había descrito crisis que denominaba de catalepsia (v.) y que identificaba con la h., y que podían padecer los hombres; también Galeno señalaba que los hombres podían padecer de h., pero seguía pensando en mecanismos relacionados con la facultad de generación y, de este modo, suponía que tanto en el hombre como en la mujer existía una retención del líquido seminal.Estos esquemas, como decíamos, persisten hasta el s. xvii, en donde con la obra de Sydenham se inaugura la Medicina Moderna. Dejando de lado él análisis de la obra de este autor y su influencia decisiva en Medicina, lo que interesa destacar es que dentro del contexto que estamos analizando, lo que la Medicina inmediata a él retuvo fueron dos ideas: la primera, que la h. es una enfermedad que afecta tanto a las mujeres (h. sensu stricto) como a los hombres, reservando para ellos el término de hipocondría (v.); la segunda idea fundamental fue que la causa inmediata de la histeria-hipocondría es la "ataxia de los espíritus animales", es decir, un trastorno dependiente de alteraciones del fisiologismo nervioso. Lo que esto quiere decir, es que la histeria-hipocondría es una "enfermedad general" consecuencia de una alteración del sistema nervioso, idea que está en la base de la obra de Cullen, autor que, en el s. xviii, crea el término de neurosis o enfermedad nerviosa.El desarrollo posterior de los conceptos de h. e hipocondría, con los que prácticamente en este momento se identifican las neurosis, dependerá de la solución encontrada para un enfrentamiento de dos mentalidades: lamentalidad fisiopatológica, que venimos comentando y que parte de Sydenham, y la mentalidad anatomoclínica, es decir, aquella que pretende que todas las enfermedades son consecuencia de una lesión anatómica y localizada, mentalidad que se desarrollará en Francia y que será introducida en Psiquiatría por Pinel. Como consecuencia de este enfrentamiento, Pinel, por lo pronto, llega a una concepción negativa de las neurosis (prácticamente como decíamos de la histeria-hipocondría), es decir, la caracterización de unas enfermedades que carecen de lesión. Esta situación de no poder definir positivamente una enfermedad es incómoda per se, y la mayoría de los autores se lanzan por ello a una serie de especulaciones con la pretensión de explicar estos trastornos, pero en su generalidad no pueden satisfacer a los espíritus exigentes.Sin embargo, a pesar de no poder encontrar lesiones que estén en la base de la histeria-hipocondría, el desarrollo de la tesis anatomoclínica permitió, de un lado, la adecuada descripción de una serie de cuadros, como la corea, la enfermedad de Parkinson, etc., identificadas en principio con las neurosis, pero que al ir descubriendo su base lesional permitió segregarlas de este grupo, y, de otro lado, esta mentalidad anatomoclínica fue el pensamiento que rigió la obra de Charcot, que marcó un hito en la historia de la h. que venimos comentando:La importancia de la obra de Charcot en el terreno de las Neurosis consistió en ser, en cierto modo, el origen de la obra de Freud, ya que su concepción de la h. fue sumamente desafortunada. Charcot siguiendo rígidamente la tesis anatomoclínica, ante la exigencia de que las enfermedades tuvieran una lesión y ante el hecho de no observarlas en la autopsia, dedujo que existía una lesión funcional. Por otro lado, desde el punto de vista clínico, oponiéndose al carácter proteiforme y cambiante de la sintomatología histérica, ya advertido por Sydenham, describió la existencia de una serie de fases, las cuales se presentaban de una forma regular. Estos mismos puntos de vista los aplicó Charcot para explicar el fenómeno del hipnotismo.Las ideas de Charcot tuvieron una enorme acogida, dada la destacada personalidad del autor, pero se derrumbaron estrepitosamente dando lugar a lo que se llamó el "escándalo de la Salpétriére", cuando Bernheim demostró que la hipnosis (v.) era un estado psicológico especial, producido exclusivamente por sugestión y que no tiene nada que ver con el fenómeno histérico y, sobre todo, cuando Babinski, que había sido discípulo de Charcot, puso de manifiesto que la regularidad de los fenómenos observados en la clínica de la Salpétriére no eran otra cosa que fenómenos sugestivos inducidos por el propio Charcot y sus discípulos.Sin embargo, decíamos que, históricamente considerada, la obra de Charcot en este terreno importa, ya que de un lado, con la controversia mantenida entre las escuelas de Charcot y las de Bernheim y Babinski y su resultado final, se puso de manifiesto que en la h. no existía base lesional alguna y, de otro, porque constituyó el arranque de la obra de Freud. De todos modos, la idea de que la h. corresponde a una alteración neurológica no desapareció totalmente y persiste en algunos autores. Fueron, sobre todo, observaciones hechas en la epidemia de encefalitis letárgica lo que permitió seguir desarrollando este punto de vista.Sin embargo, las ideas fundamentales se establecieron a partir de la obra de Freud. Charcot había descrito que una serie de fenómenos histéricos, como ciertas parálisis, eran el resultado de representaciones que dominabanHISTERIAel "cerebro" de los pacientes. Esta idea fue desarrollada por muchos autores, como, p. ej., Janet, pero en especial por Breuer y Freud. En una primera parte de su obra, Freud centró el análisis en torno a la noción de las representaciones con una gran carga afectiva, por lo que no eran aceptadas por los pacientes dando lugar a fenómenos de doble conciencia y a fenómenos de conversión. Posteriormente y a partir de su trabajo Inhibición, síntoma y angustia reorganizó sus ideas sobre la dinámica psicoanalítica y abordó de nuevo el problema del instinto y la organización estructural de la mente, todo lo cual le permitió ir haciendo precisiones sobre la h., como, p. ej., distinguir entre h. de conversión e h. de angustia, pero en especial ir desarrollando toda la teoría del Psicoanálisis (v.).Pero nos interesa destacar lo siguiente: al analizar los mecanismos de los fenómenos histéricos, Freud plantea una cuestión nueva en Psiquiatría. Hasta él, la mayoría de los autores, especialmente desde la impronta de la obra de Kraepelin, estaban empeñados en establecer una nosología, es decir, aislar auténticas enfermedades y analizar en ellas los diferentes mecanismos patogenéticos y las etiologías adecuadas, empeño que persiste en el momento actual; y si bien la doctrina psicoanalítica ofrece datos para la elaboración de una clasificación de las enfermedades, en realidad el intento fundamental de Freud fue poder encontrar leyes generales que permitan explicar, en cada momento, la elaboración de síntomas y su evolución posterior.Noción actual de la histeria y de la personalidad histérica. Así consideradas las cosas, desaparece la noción de h. como una enfermedad peculiar, quedando solamente el concepto de que existen una serie de "mecanismos histéricos". De este modo los psicoanalistas encuentran que los enfermos diagnosticados de h. tienen estructuras análogas a los de otras neurosis y solamente puede hablarse de "estructura histérica", en general, cuando las tendencias regresivas de la líbido no son demasiado intensas y cuando la preocupación de ser amado y revalorizado por este amor dan a la situación transferencial un aspecto peculiar al tratamiento. Pero en realidad, esto último lo que quiere decir es que determinados sujetos tienen rasgos de personalidad característicos, por lo que se plantea de nuevo el problema de la personalidad histérica, cuestión que había sido desarrollada por Koch al referirse y describir por primera vez a los psicópatas.Por personalidad histérica se entiende una personalidad especial que aparece en sujetos con taras degenerativas y constitucionales y que tienen una tendencia a la mitomanía y una plasticidad patológica especial para producirpor medio de mecanismos de auto y heterosugestión actitudes enfermizas en las que pueden aparecer síntomas histéricos.Si reunimos lo expuesto hasta ahora, veremos que la noción de h. como una enfermedad peculiar ha desaparecido y que, por lo pronto, queda solamente como un término para caracterizar a una forma determinada de psicopatía, es decir, una personalidad anormal. Sin embargo, laspers había puesto de manifiesto que era necesario distinguir entre esta personalidad histérica y la personalidad de los histéricos, es decir, de los sujetos que sufren de determinados síntomas, pero que tienen una personalidad distinta a aquélla y aun, en ocasiones, normal. Se plantea entonces, de nuevo, el problema de caracterizar los síntomas histéricos y su mecanismo de formación, tarea que ha sido desarrollada, fundamentalmente, por Kretschmer.Antes de Kretschmer, la escuela alemana y en ella de un modo especial Bonhoeffer, al analizar la llamada histeria de guerra, había destacado que en estos enfermos se adivinaba, como esencial, la existencia de una "tendencia", que no era otra cosa que un intento de refugio en la enfermedad. Ahora bien, esta tendencia es producida por el impacto de una vivencia, insoportable para el paciente y que, para defenderse de ella, el enfermo utiliza de mecanismos biológicos instintivos preformados que constituyen los síntomas. De este modo, Kretschmer pudo definir la h. como "una forma de reacción psicógena en la que la falsa tendencia se sirve de mecanismos preformados instintivamente, por vía refleja o de otro modo biológico".Los mecanismos biológicos fundamentales son dos: la tempestad de movimientos (en donde entran especialmente las grandes crisis histéricas) y el reflejo de inmovilización (parálisis, cataplejía, etc.). Estos mecanismos los tiene todo el mundo y son utilizados cuando la voluntad superior fracasa. Por eso, cuando las circunstancias ambientales son muy difíciles (p. ej., en los terremotos, grandes catástrofes, etc.), puede sucumbir cualquier hombre y padecer de crisis histéricas; o bien, las sufren sólo aquellos individuos que por estar afectos de una personalidad inmadura no soportan las situaciones normales.V. t.: HIPOCONDRÍA.D. BARCIA SALORIO.
BIBL.: W. BRXUTINGAN, Reaktionen, Neurosen, Psychopatien, Stuttgart 1968; V. FRANKL, E. F. VON GEBSATTEL y J. H. SCHULTZ, Handbuch der Neurosenlehre und Psychoterapie, Munich 1959; E. KRETSCHMER, Histeria, reflejo, instinto, Barcelona 1963; J. M. LQPEZ PIÑERO y 1. M. MORALES, Neurosis y Psicoterapia. Un estudio histórico, Madrid 1970; P. PICHOT y OTROS, Hystérie. Confrontations Psychiatriques, "Specia" 1 (1968).
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