Hispanoamérica III. Guerra de la Emancipación. HIST.
Categoria:
Historia
Proceso histórico. Vistas las causas de la independencia de los países americanos de habla española (v. ii) y analizada ideológicamente la emancipación en las diversas fases que desembocaron en la formación de los países de México y de América Central y del Sur, se exponen a continuación los jalones del movimiento revolucionario como hecho histórico y en su aspecto militar. En este proceso, se distinguen varias etapas. La guerra fue de exterminio ("guerra a muerte" fue la orden dada por Simón Bolívar, v., en Trujillo, el 15 jun. 1813). La violencia y el enfrentamiento ideológico hicieron imposible la reconciliación. La represión fue sangrienta en uno y otro bando. Las matanzas, las venganzas y los fusilamientos de prisioneros fueron generales. Nada fue posible para que la guerra se humanizara, según las normas más elementales de los países civilizados. El tratado de Trujillo sobre la regulación de la guerra (1820) fue letra muerta y tardío. Cuatro años después terminaba prácticamente la guerra de Independencia americana comenzada en 1810, en la que a la lucha contra el dominio español se unió el conflicto civil, las rivalidades entre caudillos y clases sociales, las ambiciones de mando y de hegemonía.Resultado de todo ello ha sido la actual configuración geopolítica de H., conseguida años después de terminado el conflicto bélico, cuando los sueños unitarios de Bolívar y otros patriotas se derrumbaron. Los argentinos fracasaron en sus intentos de anexionarse al Alto Perú (Bolivia), Paraguay y Guayaquil. La Gran Colombia proyectada por Bolívar se disolvió en las Repúblicas de Colombia, Panamá, Bolivia, Ecuador y Venezuela. Las Provincias Unidas de Centroamérica, integradas en un principio en el efímero Imperio mexicano de Iturbide (1822-23), excepto El Salvador, que comenzó uniéndose a EE. UU., abandonaron su federalismo (1838-39), constituyéndose, por este orden, las Repúblicas de Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Guatemala y El Salvador.Fueron 14 años de hechos luctuosos y sangrientos, excepto en América Central, donde las armas apenas tuvieron significado. No existía, en esta parte del continente, una estricta conciencia de nacionalidad ni deseos acuciantes de independencia. En el resto de las posesiones españolas, el hecho emancipador fue bastante similar, aunque con particularismos locales derivados de su correspondiente estructura social. No es desdeñable, en este aspecto, el papel activo y pasivo representado por las masas indias mexicanas y peruanas, tanto a favor como en contra de la independencia. El primer movimiento emancipador de México, dirigido por los sacerdotes Miguel Hidalgo (v.) y José María Morelos (v.), y del que estuvieron ausentes los criollos, se apoyó, en parte, en un cierto indigenismo de reivindicación social y lucha de clases. En cuanto a Perú, los criollos temieron que los indios pretendieran resucitar el antiguo Imperio inca. La resistencia de algunos indios peruanos se prolongó aún más que la de los españoles, hasta 1828, dos años después de la capitulación de José Ramón Rodil en El Callao (22 en. 1826). En Venezuela, las clases inferiores se manifestaron españolistas por antipatía hacia la oligarquía criolla dominante, de tal modo que el pueblo venezolano, al mando de losespañoles José Tomás Boves y Francisco Tomás Morales, combatió a los independentistas.La lucha por una América más unida que la actual, de bloques compactos, resultó inútil. La variada geografía y las estructuras sociales favorecieron la diversificación. Contra lo que podía esperarse, los países más potentes (Argentina, Perú, Colombia, etc.) no llegaron a dominar durante mucho tiempo a los más débiles (Uruguay, Bolivia, Ecuador, etc.). Desde las últimas grandes batallas de la guerra de Independencia, en Junín (6 ag. 1824) y Ayacucho (9 dic. 1824), donde fueron derrotados el francés al servicio de España José de Canterac y el virrey José de La Serna, y que liberaron a Perú y en definitiva a los demás países, no hubo más conflicto bélico que un esporádico ataque peruano a Colombia por la posesión de Guayaquil (1828-29) hasta la guerra del Paraguay o de la Triple Alianza (v.) primero y del Pacífico (v.) y del Chaco (v.) después. Sólo la guerra del Pacífico fue contra España. Las diferencias con este país, posteriores a 1824, desbordaron el marco propiamente dicho de la emancipación. Pero el final de la guerra no significó el reconocimiento por parte del Gobierno español de la independencia de las Repúblicas americanas, efectuado a partir de 1836, primero de México, país que Fernando VII, hasta su muerte en 1833, siempre pensó recuperar.La independencia de Cuba y Puerto Rico con respecto a España, conseguida en el marco de la guerra hispanonorteamericana, que concluyó con la paz de París (10 dic. 1898), se considera fuera de los límites de la guerra propiamente dicha de Independencia americana (v. CUBA, GUERRA DE). No obstante, puede citarse la pretensión mexicana de conquistar Cuba con apoyo colombiano y que no fue viable por la oposición norteamericana (1824-26). Los levantamientos cubanos de 1868-78 concluyeron con la paz del Zanjón, siguió la guerra Chiquita de 1879 y la proclamación de la República en 1895, con un conflicto armado que desembocó en la independencia cubana, limitada por la enmienda Platt y total desde 1902, con la retirada de las tropas norteamericanas. Puerto Rico continuó en poder de EE. UU. (v. PUERTO RICO III). La República Dominicana, desde la proclamación de su independencia el 30 nov. 1821, ha seguido un camino distinto a las demás Repúblicas de lengua española (v. DOMINICANA, REPÚBLICA III).La primera etapa de la emancipación americana (181014), a pesar de las aparentes victorias de los independentistas, supuso el triunfo de las tropas realistas, pero no de su causa. En este relativamente corto tiempo, se extendió la revolución desde México al extremo meridional del continente americano, exceptuada América Central, que no proclamó su independencia hasta el 15 sept. 1821. Los restantes territorios, tras la fase de las juntas de Gobierno, leales en un principio a Fernando VII (v. países correspondientes), se declararon independientes, entablaron la lucha entre federalismo y unitarismo, y entre monarquismo y republicanismo. Hubo guerra de guerrillas en Argentina, Chile, Perú, México, etc. Muchos criollos no tomaron parte entonces en la insurrección e incluso engrosaron las filas de los ejércitos realistas, por lo que escasearon personalidades de categoría que dieran en un principio unidad y coherencia al movimiento emancipador. Tal es el caso de Nueva Granada (v. VIRREINATO), a causa sobre todo de la ineptitud de sus primeros gobernantes, y de la división entre partidarios de la autonomía y de la independencia. En Argentina, independiente de hecho desde el 25 mayo 1810, así como en Paraguay, cuya República se constituyó el 12 dic. 1813, apenas hubo resistencia realista. Las irrupciones realistas al Río de la Plata fracasaron. El bonaerense Manuel Belgrano (v.) venció al realista arequipeño Juan Pío de Tristán en Tucumán (24 sept. 1812) y Salta (20 feb. 1813). Sin embargo, el argentino José Rondeau fue derrotado en Viluma o Sipe-Sipe (28 nov. 1815) por el español Joaquín de la Pezuela, cuando intentaba la invasión del Alto Perú.La derrota de Bernardo O’Higgins (v.) por el realista Mariano en Rancagua (1-2 oct. 1814) restauró el dominio español en Chile e hizo que se aplazara el plan de José de San Martín (v.) de atacar Perú. La gran figura de la causa realista en estos años fue el virrey de Perú José Fernando de Abascal.La segunda etapa (1815-20), de franca reacción realista, se inclinó en un principio a favor del Gobierno español, merced en parte al regreso de Fernando VII a España. Ya no había motivos aparentes de levantamiento por ausencia del rey. La oposición, por tanto, a las tropas realistas fue más abierta y ya no se hizo en nombre del monarca, sino de la soberanía nacional proclamada en la mayoría de los países. Se restauró en parte la autoridad virreinal, pero por poco tiempo. La extensión de la lucha a distintos y muy distantes frentes hizo imposible el dominio total de los rebeldes. La aparición en escena de los llamados libertadores, de gran talla militar y valor personal, dieron al movimiento emancipador la coherencia que le faltó en un principio. Se luchaba ya por una idea más concreta: la patria. Las tropas enviadas desde la Península al mando del teniente coronel Rafael del Riego en Cabezas de San Juan (1 en. 1820) impidió el envío a América de nuevas fuerzas, preparadas ya al frente del conde de Calderón. La recuperación de los patriotas no se hizo esperar mucho. Tropas argentino-chilenas mandadas por O’Higgins y San Martín derrotaron a Rafael Moroto en Chacabuco (12 feb. 1817), en territorio chileno, batalla que permitió la declaración de independencia de Chile al año siguiente. A pc~iar de la victoria de Osorio sobre O’Higgins y San Martín en Cancha Rayada (19 mar. 1818), Chile continuó libre, y definitivamente por el triunfo independentista en Maipú (o Maipo) el 5 abr. 1818. Tras la conquista del territorio colombiano y venezolano por Morillo (1816), Bolívar reorganizó la resistencia en Casanare, con ayuda del venezolano José Antonio Páez y del colombiano Francisco de Paula Santander (v.). La batalla de Bocayá (7 ag. 1819) aseguró la independencia de Nueva Granada.En estas circunstancias comenzó la tercera etapa (182024), que es la última del proceso emancipador. El Alto Perú se proclamó independiente de España en Cochabamba (13 en. 1825). Las ayudas francesa, inglesa y norteamericana a la independencia fueron eficaces. La segunda batalla de Carabobo (1821) fue decisiva para la independencia venezolana. Antonio José de Sucre (v.) completó la independencia de Colombia al vencer en Pichincha (1822). Tras las batallas de Junín y Ayacucho ya citadas, además de la resistencia de El Callao, el español Antonio Pedro Olañeta se mantuvo hasta perecer en la batalla de Tumusla (1 abr. 1825). La isla de Chiloé (chilena), defendida por el coronel Antonio Quintanilla, se rindió el 19 en. 1826. Con estos hechos se consumó la independencia de América. No obstante, Uruguay tuvo que enfrentarse a las pretensiones anexionistas brasileñas, pero tras la victoria de Carlos María Alvear (v.) en Itúzaingó (20 feb. 1827), Brasil renunció a la Banda Oriental por el tratado de Río de Janeiro (28 ag. 1828).En México, el plan de Iguala preparado por Agustín Iturbide (v.) pretendía la soberanía bajo Fernando VII (24 feb. 1821). Aunque las Cortes españolas desautorizaron el tratado de Córdoba (24 ag. 1821) por el que elúltimo virrey de México Juan O’Donojú se adhería al plan de Iguala, las tropas realistas evacuaron el territorio mexicano, y los patriotas dominaron los últimos focos de resistencia en Acapulco y Veracruz.CARLOS R. EGUIA.
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