Hispanidad
Categoria:
Cultura
La palabra Hispanidad. Fue animada por mons. Zacarías de Vizcarra, que distinguía entre hispanidad, con minúscula, e Hispanidad con mayúscula. Esta última era para él, en su acepción ética, un conjunto de cualidades que distinguen a los pueblos de estirpe y cultura hispánicas del resto de las naciones del mundo. En su acepción geográfica, significaría el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por los cinco continentes. Ambos conceptos vendrían a ser: el primero, lo que se ha entendido como Hispanidad; el segundo, la comunidad de pueblos hispánicos.Resulta evidente que el concepto H. no es fácilmente definible, porque es filosófico-histórico, una categoría por encima del tiempo y del espacio. Podemos decir, con palabras del prof. Corts Grau, que "el ideal hispánico es materia perenne". Pertenece al presente y al pasado, pero ha de ser, ante todo, un quehacer para el futuro. La palabra H. expresa lo que es común a los hombres y a los pueblos hispánicos, lo que les da una relación peculiar entre ellos mismos y los distingue de los demás. La H. no es una unidad de raza; ni siquiera un común idioma. Lo que da carácter a la H., lo que ata y vincula en ella es, sobre todo, un mismo sentido de la vida.La Hispanidad como empresa cultural. Sin embargo, conviene distinguir, como lo hace Corts Grau, entre la H. utopía y la H. empresa. Hoy por hoy, la H. utopía está casi desvanecida, mientras aparece, con énfasis preferencial, la H. como empresa; ésta es la que nos importa realmente, porque el mundo está en un instante tan sumamente decisivo, que españoles e iberoamericanos debemos tener una conciencia histórica de nuestra común misión.La H. es ya, gracias al empuje de muchos organismos españoles e iberoamericanos, entre los que citaremos a los Inst. de Cultura Hispánica (v.), una empresa de orden cultural. El idioma, esta lengua común con que nos entendemos la mayor parte de los 200 millones de hombres hispánicos, sigue y seguirá siendo uno de nuestros vínculos más esenciales; pero no un idioma defendido con un nacionalismo estrecho y mal entendido, sino un lenguaje abierto, flexible y permeable a toda la rica capacidad creadora del genio americano.Hemos de hablar, de insistir, de trabajar por un "Mercado Común Cultural", donde una apertura de nuestras barreras académicas y profesionales permita que el jurista de Brasil o de Guatemala, de México o de Perú, lo sea plenamente en España, en Chile o en Santo Domingo, y viceversa. En esta empresa hispánica de orden cultural nadie debe poseer monopolios ni exclusivismos en cuanto al lenguaje, ya que una de nuestras riquezas es esta maravillosa diversidad que alienta dentro de nuestra unidad lingüística. Sin embargo, el entendimiento cultural puede convertirse en letra muerta si carece de una base material.La vía futura. El mundo en que vivimos se define cada vez más por la necesidad de integrarse en grandes unidades políticas y económicas, que al enfrentarse con los problemas fundamentales de la organización de la convivencia a escala universal, adquiere progresivamente mayor dominio sobre ellos y contempla perspectivas de más franco éxito. Por todos lados, las fuerzas y las formas políticas buscan el camino de la colaboración y de la unidad, superando partidismos cantonales y afirmándose en una nueva interpretación de la vida, congruente con los problemas de nuestro tiempo.Desde el s. xlx, los pueblos hispánicos han vivido una historia cuyo tiempo se medía por los relojes de otros países. De ahí la crisis y la supuesta decadencia de aquéllos; de ahí que pueblos fecundos, en el ámbito de la creación espiritual, se vean sistemáticamente derrotados en el camino de las realizaciones materiales; a eso se debe también el que se pueda hablar de un imperialismo europeo o norteamericano sobre Iberoamérica, como si no constituyeran éstos un conjunto de pueblos de acusada fisonomía y madurez cultural.Por esta razón, ante la aceleración histórica, los países iberoamericanos han comprendido -y cada día lo comprenden más- que deben buscar los caminos reales y efectivos de su unidad, para lo cual debemos diferenciar lo iberoamericano, y unir a los iberoamericanos entre sí: diferenciar la actitud del hombre hispánico -de acá o de allá- en sus rasgos comunes, en todo aquello que lo distingue dentro del mundo, que lo separa de un capitalismo imperialista o de un colectivismo totalitario. Alguna vez se ha dicho que la H. geográfica está "entre los yanquis y eJ soviet", pero esta fórmula no ha sido nunca válida para la comunidad de naciones hispánicas, que posee una personalidad específica distinta a los demás bloques internacionales. Su misión -la H. del futuroconsiste, precisamente, en marcar un camino nuevo que constituirá un factor estabilizador en las tensiones mundiales.Revolución o evolución. Iberoamérica está inaugurando un nuevo capítulo en su historia. Su transformación es un hecho irrevocable, bien que realizada en unos países de modo violento y planteada en otros de forma pacífica. En cualquier caso, la revolución o evolución de Iberoamérica es un proceso en marcha, y la única incógnita a despejar es el sentido ideológico que adopte. Se imponen una transformación de la actual realidad social y el aprovechamiento integral de sus recursos naturales para el desarrollo económico. Todo ello deberá hacerse dentro de anas fórmulas políticas ajustadas a sus realidades y no traducidas de experiencias extranjeras. Naturalmente, y para ser fieles a su propia estirpe, aquellas fórmulas deberán inspirarse en la H., como conjunto de ideas y creencias que han incorporado a Iberoamérica a la corriente de la Historia moderna.El primer paso para esa H. como empresa del futuro se ha dado ya con la creación del Mercado Común Latinoamericano, que es de esperar se ensanche y fortalezca para que las ideas comunitarias de signo hispánico no sean perfectamente inútiles, ya que la inmediata necesidad de subsistir lleva a muchos sectores del mundo hispánico a dejar de lado todo lo que no, sea la lucha por mejorar su forma de vida. Sería inútil hablar hoy de una H. solamente ética, cuando se impone con urgencia el desarrollo económico y social de un continente en explosión demográfica y necesitado de reformas estructurales que permitan hacer compatible la vida del espíritu con la de la materia.Otros conceptos. La H., como empresa de futuro, tiene, hay que decirlo, otros campos distintos de ella y con los que no debería confundirse.a) Uno de ellos, y no el menor, es el sector de españoles indiferentes a la viabilidad de la empresa hispánica. b) En América, el movimiento indigenista (v. INDIGENIsMo), que quisiera basar exclusivamente la creación de las nacionalidades iberoamericanas, y su futuro, en lo autóctono.c) La profunda lucha ideológica planteada en Iberoamérica, donde las ideas marxistas intentan agrupar a aquellos pueblos bajo otro signo diferente del hispánico.d) El panamericanismo (v.), teñido más o menos, según las épocas, de doctrinas anglosajonas, que unas veces han preconizado la autodeterminación, otras la integración y otras la subordinación.e) El concepto de latinidad, que lima sustancialmente la base hispánica de la historia y del futuro de Iberoamérica (V. LATINOAMÉRICA).Aparte de estas fuerzas, existen otras de carácter exclusivamente físico, como son las dificultades geográficas o la variedad antropológica. Pero, en todo caso, la H. está en marcha. Ya nadie puede detenerla. Todo depende de la actuación de quienes la entienden no como añoranza, sino como gran empresa de un futuro más justo y más cristiano. En definitiva, la H. es, hoy día, algo más que una quimera; es un conjunto de realizaciones prácticas, optimistas y esperanzadoras.G. MARAÑÓN MOYA.
BIBL.: E. ALFARO LAPUERTA, Fernando el Católico y la hispanidad, Zaragoza 1952; J. M. ELORDOY, Sentido humano de la hispanidad, Bilbao s. a.; E. LANZACORTA UNAMUNO, Hispanidad en México, Bilbao 1949; 0. LIRA, Hispanidad y mestizaje y otros ensayos, Madrid 1952; R. DE MAEZTU, Defensa de la hispanidad, Madrid 1941; R. GIL BENUMEYA, Hispanidad y arabidad, Madrid 1952; R. GIL SERRANO, Nueva visión de la hispanidad, Madrid 1947; C. HAMILTON, Comunidad de pueblos hispánicos, Madrid 1951; M. GARCÍA MORENTE, Idea de la hispanidad, Madrid 1961; G. LOHMAN VILLENA, Menéndez Pelayo y la hispanidad, Madrid 1957; 1. ZARAGÜETA, La hispanidad y el pensamiento filosófico.
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