Hedonismo II. Teologia Moral. TEOL.
Categoria:
Teología
Considerado como concepción o actitud práctica que hace del placer la razón de ser o la norma última de la vida, el h. reviste diferentes formas según las varias etapas y estilos de civilización (v. i). Prolongando un progreso continuo, acelerado por la ambición de la ciencia y de la técnica, la civilización contemporánea ha generalizado los bienes de consumo e intensifica el gusto del vivir y la aspiración a la comodidad. .Dentro de este clima universal de bienestar, que en sí no es incompatible con la moral y la perfección cristianas, se manifiestan las formas de h. siempre presentes en las épocas y regiones de abundancia y lujo.Por su amplitud o por su intensidad merecen destacarse los siguientes fenómenos: La sensualidad (v.) difusa que envuelve principalmente los ambientes y clases sociales más favorecidas, trasformándose a veces en un ideal de dolce vita. Esta búsqueda de la comodidad y aun esta demanda de placer intenso y siempre renovado, constituyen una especie de atmósfera propicia para otros tipos extremos de h. Así el erotismo (v. LUJURIA), la depravación del amor humano, exaltado sólo en sus aspectos de sexualidad (v.). Sin duda la valorización del amor y aun del sexo puede constituir un enriquecimiento precioso para la visión auténtica de la vida. Pero el erotismo consiste precisamente en la depravación de esta visión, en la exaltación del placer estimado y cultivado por sí mismo, fuera de la promoción de la persona y de los valores espirituales. Otra forma de degradación, generalmente reprobada por la conciencia común y por el conjunto de las leyes, aunque alcance proporciones considerables, es el abuso de bebidas y drogas (v.). Tales excesos aparecen como síntomas de una insatisfacción profunda entre ciertos sectores del mundo contemporáneo y denuncian el error de la concepción hedonista que inspira algunos medios influyentes de la civilización moderna. En efecto, los recursos, cada vez más eficaces, de difusión de ideas e imágenes, son muchas veces marcados por un ideal de placer que tocan las fronteras del h. Por otro lado, amplios intereses financieros estimulan una publicidad de inspiración y de estilo nítidamente sensuales.Sobresale un aspecto del h. que interesa especialmente al moralista contemporáneo y ha sido objeto de intervenciones del Magisterio de la Iglesia. Se trata de la exaltación sistemática y unilateral del placer sexual fuera o dentro de la vida matrimonial. Pío XII en 1951 denunciaba esta insidiosa depravación: "Olas incesante de hedonismo invaden el mundo y amenazan ahogar en esta marea de pensamientos, deseos y actos toda la vida conyugal, creando serios peligros y causando graves perjuicios a la función primera de los esposos. Este hedonismo anticristiano no se avergüenza muchas veces en erigirse en doctrina, inculcando el deseo de volver más intenso el placer en la preparación y en la realización de la unión conyugal". Y el Papa concluye definiendo tal actitud como un h. "refinado, vacío de valores espirituales y, por tanto, indigno de esposos cristianos" (Aloc. 29 oct. 1951: AAS 18, 1951, 852). Con esta advertencia, piénsese en la gravedad del h. que busca, ilegítimamente, el placer sexual fuera del matrimonio.La apreciación pontificia insinúa el criterio moral que permite discernir el h., "este culto del placer", de una auténtica visión del amor en todas sus dimensiones espirituales y sensibles. Dentro de la doctrina cristiana, ajena a todo dualismo (v.) maniqueísta, el placer tiene un sentido positivo (Dios ha puesto una cierta dosis de placer en el uso de las cosas terrenas), aunque debe estar moderado por la razón iluminada por la fe. Particularmente la armonía y el placer sexuales tienen una noble significación en la vida matrimonial, con tal que estén al servicio del verdadero amor y de las finalidades de la institución conyugal (v. MATRIMONIO v). La forma de superar el h. es, pues, reconociendo este sentido positivo del placer, integrarlo dentro de una visión racional de equilibrio y desarrollo de la persona y especialmente en la concepción cristiana sobre el recto uso de las cosas de la tierra (v. TEMPLANZA).V. t.: APETITOS.C. J. PINTO DE OLIVEIRA.
BIBL.: S. TOMÁS DE AQuINO, Sum. Th. 1-2 q31-34: trata del placer (delectatio) destacando su sentido positivo y explicando los criterios de bondad y malicia en esta materia; J. M. GUYAU, La morale dTpicure et ses rapports avec les doctrines contemporaines, 7 ed. París 1927; A. CALCARA, 11 problema morale nei tempi moderni, Roma 1943, 84 ss.; O. LOTTIN, Principes de Morale, I, Lovaina 1946, 117-118; para una información histórica de la postura cristiana: J. E. KERNS, The theology of marriage. The historical devclopment of christian attitudes toward sex and sanctity in marriage, Nueva York 1964; sobre la doctrina de Pío XII: B. LAVAUD, Pie XII, Docteur du mariage et défenseur de la morale conjugale, "Revue Thomiste", 52, 119-141.
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