Haydn, Franz Joseph
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Biografía GER
Datos biográficos. Compositor austriaco; n. el 1 abr. 1732 en Rohrau, pequeño pueblo al lado de la frontera húngara. De familia humildísima, después de las primeras lecciones con el maestro de Rohrau, de quien aprendió primeras letras y primeras músicas, pasó a Viena protegido por Reutter, músico de la corte y maestro de capilla en San Esteban. Después de su formación musical, la vida de H. transcurre al servicio de los grandes señores austriacos: Fürnberg, von Morzin y del príncipe Esterházy, en cuya casa versallesca ocupó durante muchísimos años el puesto de maestro de capilla. Una vida plácida, fecunda, levemente matizada por un episodio amoroso con una cantante italiana, la Pocelli. A pesar de su aislamiento en el castillo de Esterházy, la música de H. triunfaba y se publicaba en toda Europa.En 1790, H. renuncia a su puesto y visita las principales capitales europeas, especialmente Londres. En Viena pasa los últimos años de su vida. Papá Haydn, querido entrañablemente por los vieneses, incansables en las pruebas de entusiasmo, m. el 31 mayo 1809, poco después de la entrada de Napoleón en Viena, cuando Beethoven (v.), buen admirador suyo, pero impaciente discípulo, está ya en los comienzos de su gloria. Hoy, sociológicamente, se ve la vida de H. de manera especialmente interesante. H., el llamado "músico con librea", realiza el último capítulo del músico dependiente del señor, como criado suyo, contra el cual se rebelará Beethoven realizando un capítulo inseparable de la Revolución francesa: cuando el señor, en este caso el príncipe Esterházy, es buen músico, se juntan la fijeza de la forma, la exigencia de fecundidad y la comunidad del oyente para crear el modelo de estilo dentro del clasicismo.Análisis de su obra. El clasicismo vienés se define esencialmente a través de la sonata como forma. En ella se juntan las dos corrientes esenciales de la música europea, de la alemana concretamente: contraste entre la técnica barroca de la fuga y la primacía melódica de la ópera italiana. El desarrollo en el primer tiempo de la sonata clásica es el mejor símbolo de esas nupcias. El esquema de la sonata clásica como forma rebasa los límites del interés puramente técnico para entrar en el repertorio general de las formas culturales. Podríamos resumirlo así: primero: exposición de los temas, presentado el segundo en el tono de la dominante o relativo, según el tono inicial; segundo: desarrollo a base de los temas, combinándolos en formas que van desde el ornamento a la profundización dramática de los motivos; tercero: reexposición de los dos temas, el segundo en el mismo tono que el primero, para concluir en la tonalidad inicial.H. compuso más de 100 sinfonías, cerca de 100 cuartetos, tríos, sonatas, oberturas, divertimentos, con parecida prodigalidad y siempre dentro del concepto de música de cámara. La fecundidad se explica no sólo por el estilo al que apuntamos, sino por la necesidad, como músico al servicio del señor que exigía música distinta casi para cada día. El cuadro de la forma sonata se aplica a todos los géneros. Sobre una segura unidad tonal que ordena el contraste y las modulaciones, la melodía de H. surge fresca, sencilla y sin aspavientos. La seguridad en el contraste bitemático es el gran punto de apoyo para el contraste beethoveniano posterior. En este sentido, puede hablarse de una evolución de su estilo más atenido a esquema fijo que Mozart. Pero la melodía de H., personalísima, define una época entera de la música alemana: popular, directa, por su línea clarísima (se ha hablado demasiado de recogida de músicas populares en H.) cortesana por su orden, por su rebeldía a convulsiones, por la misma ligereza, que no es superficialidad, desenvuelve en un cuadro precioso de forma las cosas mejores, la emoción más delicada que el tiempo pedía a la música italiana. Melodía, forma y un alegre sentido de la instrumentación dan a las sinfonías de H. un encanto imperecedero. Los deberes de músico de cámara hicieron de H. un compositor de ópera. Compuso de encargo para el príncipe de Esterházy, cinco melodramas y muchas óperas de entretenimiento. Como obras de ocasión se acogen al estilo del tiempo, sin intentar ninguna innovación. H. carecía de sentido dramático. Comprendía perfectamente la necesidad de una renovación y buena prueba de ello es su admiración por las óperas de Mozart, patente en la famosa recomendación para la ópera de Praga. Sin embargo, hoy, a través de la renovación de programas y, sobre todo, a través del disco, su música operística está en trance de un mayor y mejor acercamiento.Interesante de verdad es la música religiosa. Siempre debe ser presidida por la frase que resume vida y obra, que es también símbolo más que del deísmo típico de la Ilustración, de un teísmo sincero y confiado: "Cuando pienso en Dios; mis notas surgen copiosas como el agua de una fuente; si Dios ha querido darme un corazón alegre me perdonará que le sirva alegremente". Esta música religiosa sigue el cuadro normal, italianizante y sinfónico a la vez. En las Misas, en el Stabat Mater, en Las siete Palabras -encargo de Cádiz, símbolo de la enorme popularidad de H. en los medios aristocráticos y religiosos, que también se muestra en el famoso retrato que Goya hizo del Duque de Alba mostrando los cuartetos de H.- brota esa religiosidad, su serenidad espiritual, que canta las cosas divinas con el mismo lenguaje encantador de sus obras profanas. Dos obras de la vejez marcan la culminación de estas formas: Las Estaciones, adaptado del poema de Thomson, y La Creación, sobre trozos arreglados de El paraíso perdido de Milton. Se trata de lo más significativo y perdurable de H.: una técnica magistral de voces e instrumentos consiguen dar a la dulzura, a la serenidad, una auténtica dimensión de grandeza. Estas obras definen un estado de religiosidad típico de lo mejor de su siglo: son valores religiosos de confianza, de ternura, de libertad en la expresión, en el comienzo de la tempestad beethoveniana.Obras. Obras para orquesta: 107 sinfonías; 50 divertimentos; 3 conciertos para órgano, 4 para arpa, 4 para violín, 3 para trompa, 2 para piano y violín. Música de Cámara: 84 cuartetos; cerca de 200 tríos para diversas combinaciones. Música religiosa: 13 Misas, entre las que destacan la Nelson (1798) y la Theresianen (1799); oratorios como La Creación (1798) y Las cuatro estaciones (1801). Añadamos la música teatral y las numerosas canciones.FEDERICO SOPEÑA.
BIBL.: M. VIGNAL, F. J. Hayan, París 1964; J. C. HADDEN, Vida y música de Hayan, Buenos Aires 1946.
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