Hándel, Georg Friedrich
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Biografía GER
Datos biográficos. N. en Halle (Sajonia) el 23 feb. 1685. Hijo de un barbero cirujano al servicio de príncipes, se entregó desde niño a la música, renunciando a los cursos de Jurisprudencia comenzados en la Univ. de Halle. En 1702, después de serios trabajos con Zachau, ocupa la plaza de organista de Halle. Nada queda de ese tiempo, que labra ya para H. una gran fama de virtuoso en el órgano. En 1707 aparece en Hamburgo junto al primero de los grandes musicógrafos alemanes, Mattheson, cuya erudición aprovecha H. Estrena algunas óperas en Hamburgo, ciudad abierta, y su nombre suena ya por toda Alemania. En 1706 hace H. el viaje decisivo para su formación: Italia, Roma. Traba amistad con los músicos italianos más importantes de su época, especialmente con Alejandro y Domenico Scarlatti: el duelo virtuosista con este último fue un acontecimiento en la vida musical romana, duelo de triunfo dividido, pues H. y Scarlatti quedaron sin rival en el órgano y en el clavicémbalo, respectivamente. Los años italianos de H. son básicos para su estilo. Allí se empapa del ambiente creado por los grandes oratorios italianos y por el apogeo de la escuela violinística.El acceso del elector de Hannover -en 1710 aparece allí H. como maestro de capilla- al trono de Inglaterra, apoya su definitiva instalación en Londres preparada con el éxito apoteósico de la ópera Rinaldo. Los 50 años del H. londinense representan una suma de éxitos, de polémicas y de catástrofes mucho más intensas y difíciles que las aventuras de Glück (v.) en París. Director, empresario, compositor sobre todo. Inicia H. lo que va a ser constante en la música inglesa: carencia de grandes compositores, pero apasionada adopción de los continentales. Los años radiantes de ese triunfo se centran en torno al Alleluya del Mesías, inseparable ya de la religiosidad inglesa. Cuando el 14 abr. 1759 muere H. en Londres, el duelo es público, nacional.Dos tópicos dieciochescos, lo pastoral y lo heroico, se realizan en H. y basta recordar cómo la época siguiente, a través de Goethe (v.) y de Beethoven (v.), ha mostrado su admiración por él. H. se nos aparece como una fuerza de la Naturaleza, más robusta aún y elemental que la deGlück, alma de temple heroico, en trance siempre de cóleras o de risotadas homéricas. Al lado de esto, y como contraste, una sensibilidad especial ante el sufrimiento, una capacidad de soñar las cosas que en su siglo podrían aparecer como artificiales. H. tiene todo el temperamento de un empresario que sirve a una idea personalísima y noble: su vida en Londres es un titánico resumen de triunfos y de caídas verticales, sostenidas ambas por una viril hermosura de corazón. Viajero de toda Europa, H. es el polo más opuesto del compositor o del hombre italiano de teatro. Puede hablarse con H. de una sensibilidad prerromántica; sin embargo, esa sensibilidad, agudísima y flexible -recuérdese la diferencia de matices en la sucesión de las arias en óperas y oratorios- nada tiene de literario ni de sensiblero o decadente. A la hora de acercarse al misterio de toda obra genial sería más justo señalar cómo en H. lo más delicado del mundo dieciochesco logra una especial dimensión de grandeza.Música. H. aparece primeramente a través de sus oratorios. No es azar su éxito en Inglaterra: la familiaridad del inglés con la Sagrada Escritura permite dar a los personajes del oratorio una afectividad mucho mayor que la de los personajes mitológicos: el anglicanismo se alía bien con una postura de equilibrio entre los luteranos y Roma; la polémica puritana sobre el teatro permite a H., visual por excelencia -es conmovedor y significativo que la ceguera paralice su actividad de compositorconstruir sus oratorios como escénicos, no con escena extensa, sino con escena interior, inseparable de la estructura misma de la obra. Si su perfecta asimilación del estilo operístico italiano le sirve para seguir la línea airosa del oratorio romano, su genial instinto para el movimiento de las masas corales concilia las tendencias dispares, profana y religiosa, que se disputaban el campo del oratorio. La recogida de asuntos bíblicos para el oratorio había sido la mayor parte de las veces puramente convencional, hija casi siempre del desvaído afán mitológico implantado por el melodrama. H. ha hecho una verdadera epopeya del pueblo judío, captando homéricamente los trozos más apasionados de su historia. Nadie como H. ha encarnado el contraste entre indivídualidad y pueblo, contraste que es viva estructura en el diálogo entre los solistas y el coro: sólo así podía volcar, en arias y en coros, en la forma tan impersonal, tan atada a convencionalismos como era el oratorio, una inspiración de la más alta calidad tanto lírica como dramática. El carácter cosmopolita de la producción haendeliana se pone bien de manifiesto en su óperas, muy actuales hoy, a la sombra ayer, debido al monopolio del oratorio y al de otras corrientes: parecía imposible, hasta la era de los festivales, que óperas como Julio César pasaran del valor de rareza al repertorio. H. no es revolucionario de la ópera como Glück. Acepta sin vacilaciones los dos patrones al uso: el melodrama italiano y la ópera-ballet de los franceses. El interés no radica, por tanto, en novedades de forma: H. ve la ópera como cauce para una desbordada inspiración de música, no como materia para revoluciones escénicas. Por esto, las óperas de H., aun recortadas en los fáciles moldes del tiempo, triunfan por el caudal inagotable a la vez que por lo robusto de su lírica. Las óperas más originales brillan, pues, por la tensión puramente musical, que pone a la más alta tensión el cuadro melodramático. Es curioso que la misma música de sus óperas pueda pasar todavía ante el público como símbolo de música religiosa: es sintomático que el famoso largo, tan prodigado en las solemnidades eclesiásticas, sea una especie de himno amoroso de la ópera Xerxes.Durante su estancia en Italia, H. conoce a fondo la técnica violinística y orquestal de los compositores italianos. Con arreglo al estilo de Corelli (v.), H. compuso 12 conciertos en el estilo de concerto grosso. Las otras características esenciales de su música (línea melódica serenamente grandiosa y el genial manejo del estilo) aparecen maravillosamente en estas obras orquestales, verdadero monumento de apasionado clasicismo. Sobre la técnica italiana, H. monta su melodía honda y larga, que construye sola, sin necesidad de artificio, una forma robusta y clara. Parecidos caracteres muestran sus sonatas y sus conciertos para órgano con orquesta, concebidos dentro de una tónica de gran virtuosismo. La orquesta de las óperas y de los oratorios de H. se muestra golosa de efectos descriptivos, muy a tono con el carácter pastoral que pedía la época. Este gusto por lo descriptivo culmina en dos deliciosas suites orquestales: "Watermusic" y "Fireworks". Un precioso manejo de los timbres orquestales dan a estas obras un sello de graciosa perennidad. La intención melódica en el concerto grosso y la descriptiva en estas obras, como en las de clave, liberan a la música orquestal de una excesiva servidumbre a los aires de danza. Toda la obra orquestal de H. permanece viva en el repertorio de los conciertos sinfónicos.Obras. Entre sus muchísimas óperas están en repertorio: Almira, Rinaldo, julio César, "Alcina". De los oratorios destacamos Deborah, Athalie, Saúl, Israel en Egipto, El Mesías, Sansón, judas Macabeo, Jephta. Hay también importantes obras corales profanas como Acis y Galatea, Semele y Hércules. Es numerosísima la . obra de música eclesiástica, tanto en latín como en inglés. En la música orquestal han estado siempre presentes las obras comprendidas dentro del género concerto grosso,aunque, últimamente, cada vez se prodigan más las sonatas y los tríos. Recordemos también las suites llamadas descriptivas: Water Music (Música acuática) y Fireworks (Fuegos artificiales). En forma de suite son también muy interesantes las obras para clave.FEDERICO SOPEÑA.
BIBL.: O. DEUTSCH, Hündel, a documentary biography, Londres 1955; R. ROLLAND, Handel, París 1910; 1. MAINWARING, Memoirs of the life og the late G. F. Handel, Londres 1760 (reed.).
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