Guipúzcoa II. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
G. nació a la historia bajo nombre de Vardulia, denominación que no pertenece al fondo idiomático vasco y que además comprendía zonas que hoy le son extrañas. Se da además la particularidad de que la porción oriental pertenecía a la tribalidad vascónica, que resulta ser precisamente la zona más romanizada. Esta se integró, después de la introducción del cristianismo, en la diócesis de Bayona, hasta que Felipe II consiguió en 1566 la segregación ambicionada.Godos y árabes dejaron escasa huella en el territorio guipuzcoano. Lo que empezó a llamarse entonces I puzcoa se movió en la órbita de Navarra, que mantuvo dentro de ella tenencias en honor. La ausencia de Sancho el Fuerte de Navarra en tierras africanas determinó que Alfonso VIII de Castilla llegase a dominar en G. por la fuerza de las armas o por convenio pactado, lo cual parece más seguro y está refrendado por sucesivas e inexcusables declaraciones regias. La supuesta escritura de unión constituye un fraude. Las discordias entre Navarra y G. constituyeron pleitos de familia que bien pueden calificarse de guerras civiles. El suceso más importante se produjo en la batalla de Beotíbar (1321). Los bandos (oñacinos y gamboínos) de los s. xiv y xv no supusieron un fenómeno medieval específico de los guipuzcoanos, pero aparecían revestidos de importantes singularidades. Tuvieron proyección social y llegaron a levantar fuerzas considerables y no mal equipadas para la época en que operaron. Luchaban por el predominio y, unidos circunstancialmente contra las villas de la Hermandad guipuzcoana, acabaron por ser sojuzgados gracias a la acción conjunta de ésta y Enrique IV.Se despertó bajo los Austrias el atavismo extrovertido de los guipuzcoanos, manifestándose en empresas marítimas comenzadas ya en tiempos anteriores, tales como la caza de la ballena, el comercio de lanas y el establecimiento de factorías. Así que nada tuvieron que innovar Elcano, Urdaneta y Legazpi, trilogía seleccionada en obsequio a la brevedad. El s. xviii, el de la Ilustración, tuvo resonancia en G. Al conde de Peñaflorida, que intervino en la fundación y gestión de la Compañía de Caracas (1728), sucedió otro conde de Peñaflorida, que tomó parte en la creación de la Real Soc. Vascongada de Amigos del País (1766).Invadida G. en 1793 por los convencionales franceses, la provincia armó a 4.600 hombres, que se pusieron bajo el mando del marqués de Santa Cruz, mientras entraron las juntas de Guetaria en negociaciones con los invasores, lo que no fue obstáculo para que los procuradores junteros fuesen reducidos a prisión y conducidos a Bayona. Durante la guerra de la Independencia, se vio G. ocupada casi por entero por las fuerzas francesas, dada su condición de provincia fronteriza, lo cual no impidió que Gaspar de Jáuregui (Artzaya o Pastor) diese bastante quehacer con su escasa gente a varios generales franceses. En 1813, las fuerzas aliadas de Wellington se establecieron en Hernani, y Graham se dispuso al asalto del Urumea. La toma de San Sebastián se remató el 31 de agosto de ese año. A la toma de San Sebastián, ciertamente oprobiosa y vivazmente lamentada por Toreno, sucedió la brillante victoria de San Marcial en las cercanías de la población de Irún.La muerte de Fernando VII en 1833 determinó el alzamiento carlista, que en G. tardó en producirse más que en Vizcaya (V. VIZCAYA II) por la indecisión de la diputación, que al fin se determinó por la causa liberal. Elgenio militar de Zumalacárregui (v.), quien, a pesar de ser guipuzcoano, operó preferentemente en Navarra, contribuyó a que G. se volcase por la causa del pretendiente, sobre todo después de la toma de Villafranca de Ordicia en 1835. Precedió a esa conquista la batalla de Celandieta y el desastre de los cristinos. Al finalizar el año, quedaba San Sebastián muy amagada, aunque no llegó a ser ocupada. Entre tanto, Oñate fue Corte real en 1835-36 y 1838-39. Se produjo en 1836 la toma de Guetaria y se apretó el sitio de San Sebastián, pero a pesar de la derrota de los cristinos en Oriamendi, la estrella de los carlistas se fue apagando, y Espartero (v.), libre de Zumalacárregui, hizo declinar la causa carlista hasta desembocar en el convenio de Vergara, firmado en la casa de Yrizar.Tras el frustrado alzamiento montemolinista, en el que tomó parte el universitario Alzáa, que estimó insensata la acción pero que acudió por exigencias de su pundonor, y después también del efímero levantamiento de 1870 frustrado por el convenio de Amorebieta, se alzaron una vez más las tropas carlistas en 1872. Fue un zigzagueo de escaramuzas en el que se puede destacar la acción de San Esteban de Usúrbil contra Santa Cruz, la defensa de Oñate por Dugiols, la acción y fusilamiento subsiguiente de los carabineros de Endarlaza y la batalla de Bidebieta. Tolosa llegó a tener un conato de Corte y una publicación oficial. El hecho político más importante fue la jura de los fueros por Carlos, en Villafranca, el 7 jul. 1875. Terminó la guerra con el triunfo liberal y con la extinción definitiva de los fueros en 1876, si bien se mantuvo un régimen de concierto económico anulado en 1937.Por la originalidad que el hecho plantea, no resulta extemporáneo aludir a la acefalia de G. en tiempos forales, ya que las juntas o Asambleas generales peregrinaban en una sucesión continuada con riguroso turno por 18 pueblos de la provincia, y de parecido modo alternaba la sede central de la Diputación, o sea, el organismo permanente, en cuatro villas poderosas, haciendo viajar a los archivos con grave peligro de su conservación. Eso determinó que en los últimos tiempos del sistema se alterase la norma tradicional y que, tras algunos titubeos, se estableciese por fin la capitalidad en una ciudad de gran importancia histórica favorecida por un fuero municipal (1180?), que acaparó originalidades de tipo comercial desconocidas en otras latitudes.V. t.: VASCONGADAS 111.FAUSTO AROCENA.
BIBL.: N. SORALUCE, Historia general de Guipúzcoa, Vitoria 1870; 1. 1. LANDÁZURI, Historia de Guipúzcoa, Madrid 1921; F. AROCENA, Guipúzcoa en la Historia, Madrid 1934; F. EGAS DE TEJADA y G. PERCOPO, La provincia de Guipúzcoa, Madrid 1965; A. DE LOYARTE, La vida de la ciudad de San Sebastián (1900-1950), San Sebastián 1950-53.
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