Gros, Jean Antoine
Categoria:
Biografía GER
Pintor francés de la época napoleónica. N. en París, en 1771, en un ambiente de burguesía acomodada y culta, muy aficionada a la pintura (la retratista de moda, VigéeLebrun, tuvo una estrecha amistad con sus padres). G. fue uno de los primeros alumnos del nuevo astro de la pintura, David (v.), y tal vez el más querido. Durante la Revolución, puesto en peligro por sus convicciones monárquicas, G. fue salvado por su maestro que, olvidándose de la política, le consiguió un pasaporte para Italia. Seguía estudiando y pintando en Génova cuando llegaron allí en 1796 las tropas de Bonaparte (v. NAPOLEÓN I DE FRANCIA). Protegido por la futura emperatriz Josefina que le presentó al general, acompañó al ejército francés durante la victoriosa campaña de Italia, y empezó a pintar temas militares al mismo tiempo que cuadros de historia antigua (como Alejandro y Bucéfalo). En el salón de 1800, presenta juntos una Muerte de Safo muy davidiana por el rigor del dibujo (pero con un claro de luna sobre el mar ya prerromántico) y el Bonaparte en la batalla de Arcole, fogoso y colorista, que deja ver su admiración por Rubens y por los Venecianos.Pronto G. se convierte en el cronista épico de las campañas napoleónicas. Le complacen, desde luego, los uniformes brillantes y los caballos ardientes: entre sus mejores obras cuentan retratos de militares famosos (el ecuestre de Murat, los de Lassalle, de Fournier-Sarlovéze, etc.). Pero tiene también un sentido exigente de la verdad, buscando la autenticidad de trajes, tipos y paisajes. Y presenta con toda su crudeza los aspectos trágicos de la guerra, los enfermos, muertos o moribundos, lo mismo bajo la luz deslumbrante de Oriente (Batalla de las Pirámides; Bonaparte visitando a los apestados en faffa) que entre la nieve y el crepúsculo siniestro del invierno septentrional (El cementerio de Eylan). Sobre todo, su composición por amplias masas, el dinamismo de sus choques de caballería (Combate de Nazaret), su afán de profundidad y de espacio van totalmente en contra de la pintura "bajorrelieve", pregonada por David. El temperamento de G. se rebela contra su propio "credo" estético, y será la causa de su doloroso fin de carrera.Después de la caída de Napoleón pinta todavía cuadros excelentes inspirados por los acontecimientos de 1815 (Salida de Luis XVIII para el exilio; Embarco de la Duquesa de Angouléme en Pauillac. Pero pronto quiere volver a la "gran pintura", a los temas de la Antigüedad; aparece cansado y envejecido, en desacuerdo tanto con los clásicos intransigentes como con los románticos, y desesperado por el fracaso de sus últimas exposiciones, en una crisis neurasténica se tira al río Sena en 1835. Su trágico destino simboliza la ambigüedad de la pintura imperial, prisionera de la estética rígida de David y transformada, sin embargo, por la presión de los acontecimientos dramáticos que refleja. Pero G., por desigual que sea, es un gran pintor, sin el cual no se puede explicar la aparición de los jóvenes maestros del Romanticismo, Géricault (v.) y Delacroix (v.), que tanto le admiraron.PAUL GUINARD.
BIBL.: H. LEMONNIER, Gros, París 1925.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.