Grecia (hellas) XIV. Lengua y Literatura Moderna. LIT.
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Literatura
1. Lengua. La lengua griega actual es, en última instancia, el resultado de una evolución milenaria que va desde Homero hasta nuestros días (v. XII). Sin embargo, las profundas modificaciones introducidas en ella a lo largo de esta milenaria existencia hacen que de hecho deba considerarse al griego moderno como una lengua distinta, del mismo modo que las lenguas románicas se consideran distintas del latín. Realmente, a partir de la época helenística se inicia una evolución radical que romperá los lazos con la lengua clásica. Paulatinamente y a lo largo del periodo romano y bizantino, el griego va sufriendo decisivas trasformaciones: se pierden el dativo, el optativo y el infinitivo; se modifica la declinación nominal; los sistemas vocálico y consonántico sufren hondas trasformaciones; el léxico cambia profundamente. Existe todavía hoy en G. una "cuestión lingüística" que arranca prácticamente de la época bizantina. La lengua del pueblo durante el periodo helenístico y romano no era considerada digna de ser elevada a categoría literaria. Los escritores imitan a los clásicos antiguos. Y este divorcio continúa durante la época bizantina, si bien existe, incipiente, en este momento, una literatura popular. Es a partir de principios del s. xix, con las corrientes románticas que valoran lo popular, y, sobre todo, con el entusiasmo de la independencia, cuando se inicia la ofensiva a favor de la dimotikí o lengua vulgar, frente a la kazarévusa o culta. Los poetas heptanesiotas, principalmente Solomós (v.), prepararon ya la decidida marcha triunfal de la lengua vulgar en poesía. En el campo de la prosa se tardó un poco más. Fueron figuras como Psijaris, Palis, Roídis y Karkavitsas quienes decidieron la balanza a favor de la dimotikí, lengua que en la actualidad es la única utilizada por poetas y novelistas.La lengua kazarévusa no era, en el fondo, sino un pequeño compromiso entre el griego clásico y el popular. El léxico es esencialmente arcaico, pero se admiten ciertas formas populares en el campo de la morfología (subjuntivo con la partícula ná, para formar el desaparecido infinitivo; futuro mediante la partícula tá, etc.). Hoy en día esta lengua culta, reducida casi prácticamente a cierta prensa y a la universidad, está cediendo el paso decididamente a la dimotikí.2. Literatura. La toma de Constantinopla por los turcos en 1453 inaugura una etapa decisiva en la historia política, cultural y lingüística de Grecia.La época bizantina se había caracterizado especialmente por un cierto menosprecio hacia la lengua popular (v. v). Las obras literarias bizantinas (v. BIZANCIO III) están escritas normalmente en una lengua arcaizante, que imita conscientemente la producción clásica. Sólo en determinados géneros, como la epopeya, especialmente en el poema de Diyenís Akritas (v.), hallamos un griego que se acerca un tanto al que se hablaba en el Imperio. Durante la Edad Moderna las cosas no iban a cambiar repentinamente, y, de hecho, sólo en el s. XVIII y, sobre todo, a principios del XIX, el griego popular alcanzó rango literario auténtico. La literatura griega moderna comprende varios periodos dotados de personalidad propia: a) periodo regional (1453-1820), cuyo rasgo más acusado es la decisiva descentralización que habíase impuesto, incluso en el aspecto literario, durante el Imperio bizantino; b) periodo nacional (1820-1920), durante el cual cristaliza la creación de una literatura griega por antonomasia; y c) periodo contemporáneo, que comprende de 1920 hasta nuestros días. Naturalmente, cada uno de estos periodos es susceptible de ser dividido en otros subperiodos.La literatura regional. Durante tres siglos largos (XV-XVIII) G. vive un periodo de consolidación literaria. La aportación popular es ahora importante y, sobre todo, los centros de cultura no siempre mantienen contactos mutuos, lo que hace que durante estos siglos cada región siga un camino propio. Cabe distinguir aquí la literatura insular y la continental: por un lado, las islas del Dodecaneso, Chipre, Quíos, Creta (las islas Jónicas, por los avatares propios de su historia, ocupan un lugar aparte); por otro, la G. continental, especialmente Constantinopla, desarrolla una literatura su¡ generis que cristaliza en la escuela fanariota. A su lado hay que citar el género conocido por cantos populares (laiká tragóudia), cuyo motivo básico es la lucha contra el turco opresor. De entre la literatura centrada en el Dodecaneso es, sin duda, Rodas la isla que ha tenido mayor actividad poética: los Cantos rodios y los Alfabetos del amor son su producción más notable. A su lado, la colección antológica conocida con el nombre de fuegos de amor (Erotopaignía) merece ser citada. Los poemas de estas colecciones, llenos de gracia y de espontaneidad, cesan hacia la primera mitad del s. XVI, cuando la isla es ocupada por los turcos. Del grupo chipriota, la producción más digna de mención son los poemas chipriotas de amor. De inspiración popular son también las obras literarias de la isla de Quíos; pero la temprana conquista turca de la isla (1566) impidió que esta poesía cristalizara en colecciones antológicas.Creta es la isla griega con mayor personalidad espiritual: los turcos no la ocuparon hasta 1669, lo que permitió desarrollar importantes contactos con Occidente, favorecidos por la dominación veneciana. La literatura cretense, de marcado carácter poético, desarrolla todos los géneros literarios. La épica está representada por un mediocre poema, El sitio de Malta, y por un poema sobre la toma de Constantinopla, cuyo rasgo más notable es que apunta en él, por vez primera, la idea de que Creta es la heredera de Constantinopla en la hegemonía cultural griega. La literatura didáctica cretense es fundamentalmente satírica con ribetes moralizantes: el Sinaxario de las damas nobles y de las venerables personas de condición (seguramente del s. XV) es un espécimen de literatura misógina, muy cerca del espíritu de los Corbaccios europeos. Sobresale en este género Sajlikis. Junto a esta orientación florece una literatura religiosa cuyas obras más notables son La génesis del mundo, de Jumnos, y La crucifixión de Jesucristo, atribuida a Faliero. Pero el género más original de la literatura cretense es la narración novelesca en verso. A este género pertenece el Erotócrito, sin duda la obra más importante de la poesía neogriega anterior al s. XIX. La obra, anónima, nos traslada a una Atenas imaginaria, donde reinan personajes míticos (Heracles y Artemis) o legendarios. El protagonista de la obra, Erotócrito, es un ser atormentado por el amor, que no pueden curar ni las fiestas ni los torneos que su padre organiza. Al mismo género poético-novelesco pertenece La Bella pastora, de tendencia bucólica.El teatro ha dado asimismo obras importantes: El sacrificio de Abraham (probablemente de 1635), atribuido a Vicenzio Cornaro; la Erófile, de Jortatsis; El rey Rodolino, de Troilo, y Zenón, de autor anónimo.En las islas Jónicas (Corfú y Zante en cabeza) durante los s. XVI, XVII y XVIII no se producen obras de gran trascendencia literaria. Deben mencionarse, para estos tres siglos, los nombres de Defaranas, Katsaítis, Kartanós y Rarturos. Sin embargo, durante los últimos decenios del s. XVIII se produce un importante renacimiento cultural, hasta el punto que la escuela jónica presidirá el nacimiento de las nuevas corrientes, y dará los nombres de los dos grandes poetas nacionales Solomós (v.) y Kalvos, que, con sus cantos a la independencia, preparan el gran momento de la literatura nacional.Dentro de la literatura continental hay que distinguir dos grandes tendencias. Por un lado, la popular, representada por los ya mencionados cantos cléfticos, que ensalzan la lucha de los griegos contra los turcos en los momentos anteriores al movimiento general de independencia. La dura vida en las montañas de esos guerrilleros es el tema básico, si bien hallamos asimismo algunos motivos legendarios, como ocurre con el poema titulado El puente de Artá.De matiz enteramente distinto es la literatura fanariota, así llamada por el barrio del Fanar, en Constantinopla, residencia del Patriarca, donde floreció una cultura de corte aristocrático, profundamente influida por la tradición culta bizantina. La escuela fanariota abarca desde fines del s.XVII a principios del XIX y representa, fundamentalmente, un intento de europeizar la G. ocupada, difundiendo las obras más representativas de la cultura occidental, sobre todo la francesa y alemana. Los fanariotas suelen proceder de la burguesía y de las clases acomodadas y, si bien por lo general acusan tendencias cultas y arcaizantes, no faltan figuras que, como Rigas, han preparado el camino a la lengua popular.Políticamente, la literatura fanariota fue posible por la decisión de los turcos de utilizar, para el gobierno de las provincias danubianas, a las grandes familias griegas. Ello permitió una mayor libertad económica y cultural, ya que no política, e hizo posible a los espíritus selectos de las provincias griegas trabajar por la elevación del nivel cultural de su pueblo. De entre los principales fanariotas hay que mencionar la estirpe de los Mavrokordatos, Alejandro, Nicolás y Constantino; Dositeo, Lúkaris y Miniatis, y, ya en pleno s. XVIII , Miyaris, Manés, Momars y, sobre todo, Dapondis, sin duda el más importante poeta del s. XVIII griego. N. en 1713, conoció una vida azarosa y aventurera que terminó en un retiro en el monte Athos, donde m. en 1784. Su obra más conocida es El jardín de las Gracias, que contiene poemas de todas las tendencias, desde las narraciones histórico-geográficas a plegarias místicas. Muy distinto es El espejo de las mujeres. A su lado deben mencionarse los nombres de Etolós, Vúlgaris, Katartsís y Saviras, que orientaron su actividad hacia la ciencia, la Historia y el Derecho. Mención especial merece Rigas Valestinlis, cuyo Himno de guerra quiere despertar el sentimiento patriótico de los griegos en su lucha contra los opresores turcos. Ya dentro del s. XIX, los fanariotas dan figuras como Jristópulos (1772-1847), cuya poesía, de corte anacreóntico, canta el vino, la mesa y los placeres de la vida fácil.Los últimos fanariotas preparan, junto con los poetas jónicos, el movimiento romántico. La actividad de estos epígonos se cruza con la de los primeros poetas de la literatura "nacional", que representan una actitud muy distinta: así, Vilarás (1771-1823), verdadero poeta de transición; Korais (1748-1833), que prepara el camino a la lengua popular; los hermanos Sutsos, los Rangabé, Vernardakis, Vasiliadis y Nerulós.De la síntesis entre las tendencias de los últimos fanariotas y los poetas jónicos, especialmente Dionisio Solomós, nace, una vez creado el nuevo Estado griego, la literatura nacional. Siguen las corrientes popularistas y románticas de Solomós y sus discípulos, directos o indirectos, Mátesis (1794-1875), Tertsetis (1800-74), Salokostas (1805-58), Laskaratos (1811-1901), Tipaldos (1814-83), Valaoritis (1824-79), Polilás (1825-96), Markorás (1826-1911), Martsokis (1855-1913) y Mavilis (1850-1912).La literatura nacional. Conseguida la unidad nacional (Énosis) de los territorios ocupados por los turcos, unidad que culmina en 1864 con la definitiva incorporación de las islas Jónicas (v. VI), empieza una nueva época para la literatura griega. Lo más importante es que Atenas se convierte ahora en el centro cultural y literario del país, desde donde irradian las principales corrientes y donde van a vivir los principales escritores. Se constituye así la primera escuela ateniense, que abarca hasta la llamada generación de 1880 (la de Palamas), fecha en que, aproximadamente, surge la segunda escuela ateniense, de marcadas tendencias antirrománticas.La primera escuela ateniense, claramente romántica, empalma directamente, como hemos dicho, con los últimos aleteos fanariotas y heptanesiotas (o jónicas). Cronológicamente, una de las primeras figuras de la nueva tendencia es Teodoro Orfanidis (1817-86), cuyos libros poéticos más conocidos son El apátrida, Quíos esclava y el panfleto satírico Tiri-Liri; sigue sus huellas Karasutsas, que introduce los tópicos románticos en la poesía griega, en sus obras Alma Musa (1840) y Lira. Pero el más famoso poeta romántico griego es Dimitrios Paparrigópulos, hijo del famoso historiador Constantino Paparrigópulos. Aunque escribe todavía siguiendo el espíritu lingüístico fanariota, su poesía es vigorosa; poeta pesimista, melancólico a veces hasta la exageración es Aquiles Parasjos (1838-95). Son asimismo importantes los nombres de Anguelos Vlajos, Visiinos, Provelenguios y, sobre todo, Yanis Papadiamandópulos, que hizo famoso su seudónimo francés lean Moréas y se ganó un nombre dentro de la poesía francesa. En griego deben mencionarse los títulos de sus obras poéticas Tórtolas y víboras y Canciones. Stratiyís y Vikelás completan el grupo que forma esta importante escuela poética.La segunda escuela ateniense representa una fuerte reacción contra las exageraciones románticas a lo Parasjos. Suele denominarse asimismo esta tendencia la de la generación de Palamas o de 1880, que reúne a una serie de escritores nacidos en la mitad del s. xix. Algunos autores significativos prepararon el camino a esta generación: Roídis (1835-1904), que renovó la novela griega de un modo radical con su obra La papisa Juana; Yanis Psijaris (n. 1854), que dio un giro radical al problema de la lengua, decidiéndose tajantemente por la popular, puntos de vista que defendió en su libro Mi viaje, que provocó una acerada polémica. Alejandro Palis (n.1851) fue otro paladín de la lengua popular, a la que tradujo la Ilíada; Eftaliotis y Drosinis, en fin, representan el decidido movimiento contra las exageraciones románticas, propugnando una poesía sencilla y desprovista de la ampulosidad y el retoricismo que hasta entonces había dominado. Tras esta labor preparatoria pudo aparecer la figura genial de Kostis Palamas (v.), uno de los poetas más grandes de Grecia.Siguieron, en la medida de lo posible, las tendencias de Palamas una serie de escritores de su misma generación o algo más jóvenes: Kapetanakis, Jristovasilis, Karkavitsas, Jristómanos, Nirvanas, Kondilakis, Polemis, Kristalis, Kambisis, Griparis, Malakasis, entre otros. Un poco más joven que Palamas, pero perteneciente de hecho a su generación es Kavafis (v.), cuya poesía, sin embargo, está muy alejada de la de Palamas. Lo mismo cabe decir de Angelos Sikelianos (v.), quien, sin embargo, siguió por la ruta palamasiana de la poesía filosófica.Con Kazantzakis (v.) puede decirse que empieza la tercera etapa de la literatura neogriega, la que hemos convenido en llamar contemporánea. De hecho algunos poetas como Palamas, eJ mismo Kavafis, Sikelianos, publican sus obras después de 1920, año que hemos señalado como comienzo de la nueva etapa. Sin embargo, la auténtica renovación, sobre todo en poesía y novela, se produce a raíz de la cohmoción nacional resultado de las guerras con Turquía, que tienen como consecuencia la llegada de muchos inmigrantes de Asia Menor. Ello produce una nueva corriente que cristaliza en obras como la de Kariotakis, María Poliduri, Kostas Uranis, Kostas Várnalis, Mirtiótisa, Rigas Golfis, Azanas, Lapaziotis y Andoníu. En el campo de la novela, Mirivilis, Vutirás, Travlantonis y Kókinos preparan la gran floración en el campo de la prosa contemporánea, en tanto que Seferis (v.) es el máximo exponente de la actual poesía.Entre 1940 y el momento actual hemos de señalar la existencia de una fecunda producción poética. En esta línea destacan figuras como Panayotópulos, Elitis, Dekavalas, Vrétakos, Engonópulos, Kokoróvits, Olga Papastamu, Nelly Zeodoru. En la producción novelesca y, en general, en el género narrativo, son importantes los nombres de Ilías Venesis, Anguelos Tersakis, Karagatsis, Prevelakis, Zomaídis, Floros y Yanópulos, los cuales han imprimido a la novela una orientación social y humana que no conocía la producción anterior. Sobre todo es digna de mención la obra de Venesis (Calma, N° 31328, Manolis Lekás) y Tersakis (Sin Dios, Vida secreta).V. t.: BIBLIA VI, 9 B.J. ALSINA CLOTA.
BIBL.: D. C. HESSELING, Histoire de la littérature grecque moderne, París 1924; K. T. DIMARÁS, Historia de la literatura neogriega (en griego), Atenas 1948; A. MIRAMBEL, La littérature grecque moderne, París 1953; B. LAVAGNINI, Storia della letteratura neoellenica, 2 ed. Milán 1959; J. ALSINA y C. MIRALLES, La literatura griega medieval y moderna, Barcelona 1966; A. MIRAMBEL, La langue grecque moderne, París 1959 (contiene una buena descripción de la lengua actual).
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