Granada, Guerra de HIST.
Categoria:
Historia
Fue al mismo tiempo la culminación del secular proceso de la Reconquista (v.) y la realización del ideal renacentista de la unidad nacional, bajo un Estado de corte moderno. La idea de expugnar el reino de G. (v.) era en los Reyes Católicos tan antigua como su propio reinado, o aún más, puesto que en las capitulaciones matrimoniales de Cervera (7 en. 1469), siendo Fernando e Isabel príncipes aún, se reconoce que "seamos obligados de facer la guerra a los moros, enemigos de la sancta fe católica...". Cronistas, como Pulgar o Palencia, afirman que la conquista de G. y su reino estuvo ya desde el primer momento en el ánimo de los monarcas; pero, constreñidos por el planteamiento de un grave pleito sucesorio y la necesidad de poner en orden sus reinos, aplazaron la resolución para el momento propicio. No es de extrañar que en 1478, aún sin resolver la guerra de sucesión, y ante los continuos incidentes que se producían en la frontera granadina, se avinieran Fernando e Isabel a pactar con el sultán Abulhasán una tregua oficial, con suspensión por tres años de los tributos que G. pagaba a Castilla.En 1479, se firmaba la paz de AlcaQovas-Toledo, que zanjaba la cuestión sucesoria, y dejaba las manos libres a los monarcas castellano-aragoneses, que ya el 20 de noviembre de aquel año solicitaron del Papa la concesión de gracias e indulgencias para la conquista de G.; pero prefirieron esperar al fin de la tregua, dejando pasar el a. 1480, de vital importancia en orden a las reformas interiores. En 1481, una serie de incidentes de creciente interés vinieron a demostrar que ninguna de las dos partes deseaba la continuación de la tregua, y degeneraron, durante el invierno 1481-82, en guerra abierta. A ello condujo, sobre todo, la correría del marqués de Cádiz hasta Villalonga, en las cercanías de Ronda; el ataque por sorpresa de los musulmanes sobre la plaza de Zahara, y la sorpresa, todavía mayor, de la conquista por el de Cádiz de la ciudad de Alhama, a sólo 50 Km. de G. A comienzos de 1482, Fernando e Isabel llamaban a la guerra a sus vasallos de Castilla, y otro tanto hacían los granadinos.Planteamiento general. Aunque pueda parecer extraño, ambas partes deseaban el conflicto. Desde luego, el reparto de fuerzas no podía ser más desigual. Los reinos cristianos unidos bajo el cetro de Isabel y Fernando abarcaban una extensión de más de 300.000 Km2 con una población aproximada de 9.000.000 de hab.; en tanto que el territorio granadino apenas medía 30.000 Km2 (sobre las actuales provincias de G., Málaga y Almería, con algún pequeño trozo de las limítrofes), y su población debía sobrepasar en poco el millón de almas. A mayor abundamiento, los Reyes Católicos habían desarrollado una amplia obra de centralización y "modernización" de sus Estados, cuyos recursos estaban en gran parte a su disposición; mientras que en G. se conservaban las viejas estructuras medievales, el poder nobiliario mermaba la capacidad dispositiva del sultán, y una serie de luchas internas, de carácter religioso, político y social (el príncipe Boabdil contra su padre, Abulhasán; Alhambra contra Albaicín; zegríes contra abencerrajes) dividía aún más las fuerzas del pequeño reino.Sin embargo, la posición de G. era fuerte. Ocupaba el intrincado castillete de la Penibética, los accesos eran difíciles, y muchas de sus plazas, comenzando por la capital, que según Pedro Mártir de Anglería era la ciudad mejor fortificada del mundo, gozaban fama de inexpugnables. El reducto granadino había resistido perfectamente todos los embates procedentes de Castilla, desde el s. XIII, y podía suponerse que entonces iba a suceder lo mismo. Es más: Abulhasán esperaba que la guerra santa contribuiría a distraer a sus súbditos de sus discordias, y que serviría, gracias a su papel de supremo jefe militar, para robustecer su poder. Los dos contendientes se equivocaban en sus previsiones. El granadino no supo darse cuenta a tiempo de que la determinación de los Reyes Católicos era la conquista total y definitiva del reino musulmán, en lugar de contentarse, como los monarcas anteriores, con unas cuantas expediciones de castigo; en tanto que Fernando, que se prometía una victoria rápida en una guerra de movimientos, como había sido la de sucesión, tropezó con la dificultad que lleva consigo la conquista de un territorio extraño y de población hostil. G. no resultó presa fácil, y sólo los enormes recursos de uno de los primeros Estados modernos de la historia pudieron, después de una serie de descalabros iniciales, dar feliz término a la empresa.Las campañas. Fase medieval. Durante los dos o tres primeros años, las acciones se desarrollan por parte de uno y otro bando conforme a la tradición medieval. El reclutamiento muestra las extracciones más diversas -tropas del rey, vasallos de los nobles o de los prelados, milicias concejiles, fuerzas de las órdenes militares-, con la consiguiente heterogeneidad de mandos, disciplina, armamento, adiestramiento previo, etc. En cuanto a las formas de la guerra, se mantiene la más pura tradición medieval, manifestada en tres aspectos predominantes: la algara, o penetración sin apoyo hasta el corazón del reino enemigo. Utiliza preferentemente la caballería, su finalidad es más que nada destructiva, y supone el regreso a sus bases de los irruptores, una vez hecho el daño al adversario. La tala, consistente en la destrucción sistemática de los recursos contrarios, especialmente su producción agrícola (incendios de cosechas, alquerías y cortijos). Esta tala medieval, obra del ejército que ataca, es diametralmente opuesta a la tala moderna, o táctica de "tierra quemada", puesta en práctica por el ejército que defiende. El cerco de una plaza enemiga se efectúa sin previo control de toda el área circundante, y sin asegurar las comunicaciones con la retaguardia.Tales métodos dieron resultados mediocres. En 1482, se abastece Alhama, se hacen varias correrías de castigo por la vega de Granada, y fracasa estrepitosamente el cerco de Loja. En 1483, una alocada penetración de los cristianos hacia Málaga sufrió un descalabro en los valles de la Ajarquía. Meses más tarde, fracasó también una correría similar de los granadinos -Lucena-, costando la libertad al príncipe Boabdil. A los dos años y medio de comenzada la guerra, la frontera entre los dos reinos no había experimentado la menor variación.Fase moderna. El fracaso de los sistemas de tradición medieval aconsejó a Fernando el Católico una revisión de sus métodos de combate. El desastre estrepitoso del primer cerco de Loja parece que tuvo una importancia decisiva, como experiencia; el cronista Andrés Bernáldez refiere al respecto que "fue escuela del rey este cerco primero de Loja, en que tomó lición e deprendió la ciencia con que después hizo la guerra" (Memorias del reinado de los Reyes Católicos, ed. Gómez Moreno y Carriazo, Madrid 1962, 125). En este sentido, la experiencia del rey Católico le movió a importantes innovaciones, que pueden tener una fundamental importancia en la génesis de la guerra moderna.La campaña de 1484 fue ya de transición; en la de 1485 se impone definitivamente el nuevo estilo. Sus principales características son: a) la coordinación de fuerzas, reunidas en unidades regulares y bajo un mando unificado; b) desarrollo del moderno concepto de "armas". La infantería cobra una importancia creciente sobre la caballería; es aquella la que ocupa, mantiene y controla el terreno. La artillería, fundamental para la expugnación de plazas fuertes, adquiere un papel desconocido hasta entonces: se consagran las pesadas lombardas, y las piezas ligeras, como las cerbatanas, ribadoquines y pasavolantes. Aparecen cuerpos auxiliares: pontoneros, encargados de trazar caminos, allanar obstáculos o construir puentes para el avance de las tropas y, sobre todo, de la artillería; sanidad (recluta de "físicos" o médicos, fundación del Hospital de la Reina, centro volante para la atención de los heridos); y hasta castrense (reclamo de sacerdotes que atiendan espiritualmente a los soldados antes del combate, o a los moribundos); c) avance sistemático sobre un frente continuo. Control del terreno por la infantería. El espacio ocupado una vez no se abandona ya. Mantenimiento regular de las comunicaciones con la retaguardia. Seguridad y regularidad en el suministro.Puede decirse que los nuevos métodos no sólo fueron la clave de la victoria final, sino que representan, históricamente, una verdadera revolución en el arte de la guerra. Uno de los principales introductores de la nueva técnica bélica, Gonzalo Fernández de Córdoba (v.), fue ya un distinguido combatiente en el conflicto granadino. Las campañas de 1484-89 reflejan también un plan sistemático, utilizando las tres únicas vías de penetración a la fortaleza natural del reino de G.: la brecha del Guadalhorce, la depresión del Genil y el hundimiento del Guadiana Menor, con las "hoyas" de Baza y Guadix. Las tres vías fueron utilizadas consecutivamente, de modo ordenado, por los Reyes Católicos. Tres bienios sirvieron para conquistar, lenta, pero firmemente, la parte occidental (1484-85), la central (1486-87) y la oriental (1488-89), para dedicar el bienio siguiente (1490-91) a la expugnación de la capital, la vega y la Alpujarra.En 1484, después de sendos asedios en que tuvo parte importante la artillería, cayeron Alora y Setenil; éxito limitado, pero que representó la primera adquisición en firme de terreno enemigo. En 1485, después de una hábil maniobra de distracción, capituló la fortísima plaza de Ronda y, con ella, toda su tierra, incluyendo la costa de Marbella y Estepona. El a. 1486, y como consecuencia de la reconciliación de Boabdil con su padre, Abulhasán, lo dedicaron los reyes a progresar por el sector central, donde cayeron Illora, Moclín, y sobre todo, Loja, después de un segundo asedio, que fue modelo de poliorcética, y donde, por cierto, colaboraron algunos caballeros extranjeros, atraídos por el carácter de cruzada de que, con autorización pontificia, se quiso revestir la contienda. En 1487, llegó el avance a la costa, con la conquista de Málaga, Vélez Málaga, y todo el espacio circundante. La ciudad malagueña, segunda en importancia del reino, fue convertida en cabeza de diócesis. En aquella campaña se verificaron, por primera vez, operaciones combinadas tierra-mar. Los barcos transportaron la artillería y completaron el bloqueo de la plaza. Por entonces, ya no ofrecía dudas cuál iba a ser el fin de la guerra.Como decíamos, los Reyes Católicos emplearon los dos años siguientes en la conquista del sector oriental, en cuyas campañas participaron, al lado de los castellanos, tropas de los reinos de Aragón. En 1488, cayeron Vera y Huéscar, con la mitad de la actual provincia de Almería. En 1489, junto con esta ciudad, las de Guadix y Baza; la ocupación de esta última se hizo a costa de grandes esfuerzos, tanto económicos como militares, y en una operación que, contra todas las convenciones de la época, se prolongó hasta el corazón del invierno.Epílogo. La guerra pudo y debió haber terminado con la conquista de Baza, a fines de 1489. Pero Boabdil, convertido ya en rey por la muerte de su padre, se negó a cumplir la promesa de trocar G. por Baza, y fue preciso montar una nueva campaña para aislar primero G. de la vega y serranía, y expugnarla después. No podía ni soñarse en conquistar la ciudad por asalto, de modo que hubo que proceder a un cerco final, para rendirla por hambre. Operación tediosa, que los reyes reafirmaron con la fundación de Santa Fe, campamento de piedra, como símbolo de su determinación de no abandonar la empresa. Las acciones guerreras se limitaron a algunas escaramuzas y desafíos: la guerra volvía, si bien accidentalmente, a cobrar un cariz medieval. Al fin, y al parecer previendo un levantamiento en la propia G., Boabdil capituló el 2 en. 1492. Los reyes concedieron condiciones generosas a los granadinos (mantenimiento de la religión, bienes, sistema judicial y tributario), y al propio sultán, que conservó su título real y un pequeño territorio en Andarax. Sin embargo, un año más tarde, y mediante compensación económica, se obtuvo de Boabdil la retirada a África. La Reconquista había terminado, y quedaba prácticamente realizada, sólo a falta de Navarra, la unidad de la España moderna.J. L. COMELLAS GARCÍA-LLERA.
BIBL.: Fuentes: las dos crónicas más expresivas son la de F. DEL PULGAR, Crónica de los Reyes Católicos, ed. CARRIAZO, Madrid 1943, y la ya citada de A. BERNALDEZ (última ed., Madrid 1962).-Obras recientes: A. DE LA TORRE, Los Reyes Católicos y Granada, Madrid 1946; J. VIGÁN, Fernando el Católico, militar, Madrid 1952; M. A. LADERO QUESADA, milicia y economía en la guerra de Granada: el cerco de Baza, Valladolid 1964.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.