Gramática LIT.
Categoria:
Literatura
1. La Lingüística y la Gramática. Algunos de los problemas generales de la G. son la concepción de lo gramatical, sus caracteres, delimitación de otras disciplinas lingüísticas y contenido.Los hechos del lenguaje (v.) son estudiados por una disciplina, que es la Lingüística (v.). Una simple ojeada a estos hechos los muestra como una realidad tan compleja que nada tiene de extraño el que hasta tiempos muy cercanos a nosotros no se haya clarificado, en cierta medida, la situación y delimitado su objeto de estudio. Porque, efectivamente, el lenguaje se presenta a caballo entre dominios diversos; por un lado, ha surgido como consecuencia de la necesidad de comunicación del hombre y, en este sentido, al tener una raíz espiritual y servir para manifestar contenidos de conciencia, la Psicología ha tomado el lenguaje como dominio propio y lo ha estudiado aplicándole sus leyes. Luis Hjelmslev ha trazado con rasgos certeros la especial situación del lenguaje dentro de las ciencias del espíritu: "El lenguaje, considerado como sistema estable de signos, debía suministrar la clave del sistema conceptual y de la naturaleza psíquica del hombre. Concebido como institución supraindividual debía caracterizar a la nación. Sus fluctuaciones y su evolución debían revelar la personalidad y las lejanas vicisitudes de las generaciones desaparecidas. El lenguaje llegaba a ser entonces un objeto privilegiado que abriría perspectivas en múltiples direcciones. Así considerado, aunque permanezca objeto de ciencia, el lenguaje deja de ser su fin y se convierte en su medio" (Prolégoménes..., o. c. en bibl.). Pero, incluso considerado el lenguaje no con una perspectiva trascendente, como las señaladas por Hjelmslev, sino inmanentemente, per se, su situación no deja de ser paradójica: porque está constituido por dos planos (expresión y contenido), ninguno de los cuales es estrictamente lingüístico, ya que son dos sustancias que, como tales, pertenecen a ciencias distintas de la Lingüística: a la Acústica (el plano material de la expresión) y a las Ciencias Naturales y Psicología, en sentido amplio (el plano de los contenidos: realidad y modo de aprehenderla). No es, pues, de extrañar que los filósofos del lenguaje apuntaran como problemática fundamental la delimitación de estos planos del contenido distinguiendo los modos de ser (la Realidad), los modos de concebir (Teoría del Conocimiento) y los modos de significar (Gramática).Los dos planos señalados, el de la expresión y el contenido, se elevan a la categoría de lingüísticos merced a la forma, que es la especial configuración que adquiere la sustancia como consecuencia de las funciones establecidas en el seno de la misma; y no sólo en el interior de cada sustancia (expresión y contenido) se establecen estas funciones, sino que entre ambas sustancias hay una función (la función semiológica por excelencia) en virtud de la cual el plano del contenido y el de la expresión se presuponen; de la misma manera que, en el plano de la expresión, la consonante presupone la vocal y no la inversa, o en el plano de los contenidos el morfema presupone un lexema, o los núcleos (sustantivo y verbo) son presupuesto para los adjuntos, etc. La historia de los estudios lingüísticos, en definitiva, queda caracterizada, precisamente, por dos notas que hacen referencia a los hechos apuntados anteriormente: liberación de la servidumbre impuesta por otras disciplinas que aplicaban sus propias leyes a lo lingüístico, dando como resultado las llamadas G. lógicas o psicológicas (que son manifestaciones trascendentes de la Lingüística); y profundización de la íntima realidad del lenguaje, de su funcionamiento, sin apriorismos de esquemas heterónomos (es decir, búsqueda de una lingüística inmanente).2. Distintas concepciones de la Gramática. Con el término G. se han designado históricamente contenidos muy diversos que, en líneas generales, reflejan la tensión entre la Lingüística trascendente e inmanente; el término se ha ido cargando de una polivalencia semántica que, hasta cierto punto, lo hacen ambiguo; incluso se habla de la gramática de los colores, o del ajedrez, en los que el término se toma en su sentido etimológico ordinario, según el cual la tékne gramatiké era, justamente, el conocimiento, el arte de la lectura y escritura. Cabría simplificar la movida historia de la G. señalando las dos posiciones fundamentales:a) La concepción integral de la Gramática. Según la cual, se estudiaría en ella integralmente el hecho lingüístico; en el lenguaje todo sería gramatical, porque se pone en juego una serie de valores coexistentes y, en este sentido, la G. se identifica con la Lingüística; esta identificación ha tenido origen en las sistematizaciones griegas sobre el lenguaje, primeramente en Alejandría y Pérgamo (s. III a. C.), donde todavía el término G. equivalía a obras escritas y la labor de los filólogos abarcaba el estudio idiomático, crítico-exegético y de contenido de las mismas. Cuando, posteriormente, la palabra G. viene a designar el estudio solo de la lengua, en ella se incluyen en embrión todos sus aspectos; baste recordar que la tékne gramatiké de Dionisio de Tracia (ca. 100 a. C.), la más famosa de las gramáticas clásicas, mezcla capítulos lingüísticos en sentido estricto con otros de carácter filológico; incluso con Apolonio Díscolo y su hijo Herodiano (s. II d. C.), representantes máximos de los estudios gramaticales griegos, bajo la denominación genérica de G. se engloban aspectos no gramaticales (Prosodia y Etimología) junto a otros estrictamente gramaticales (Analogía y Sintaxis); y así ocurrirá con los gramáticos latinos Donato (ca. 350 d. C.) y Prisciano (ca. 500 d. C.), repetidores del esquema de Apolonio Díscolo que se mantendrá con alguna ligera variación durante la Edad Media y el Renacimiento (aplicando el esquema grecolatino a las lenguas nacionales). Hasta nuestros días ha llegado esta concepción integral de lo gramatical que, al estudiar el hecho lingüístico, se basa en un método inductivo, distinguiendo como unidades básicas el sonido (Prosodia), la palabra (Analogía) y la oración (Sintaxis). Salvo los estudios de los escolásticos, de orden .teórico pero anclados en la filosofía (manifestaciones trascendentes de la Lingüística señaladas anteriormente), tanto las gramáticas clásicas como las renacentistas o las escolares de hoy son de índole práctica: enseñar una lengua, según la definición de Nebrija (v.) que perdura en algunos manuales, "scientia recte loquendi recteque scribendi ex doctissimorum virorum usu atque auctoritate collecta" (ciencia del correcto hablar y escribir basada en el uso y autoridad de los hombres doctos).Esta concepción integral de la G. se ha ido conformando con unas características determinadas: 1) finalidad práctica; 2) con base en el griego/latín, cuyos paradigmas y categorías se consideraban válidos para todas las lenguas nacionales y se sentían como ideal de perfección; 3) con método inductivo, que distingue unidades que se van constituyendo jerárquicamente (sonido-palabraoración); 4) por su origen en las especulaciones de sofistas, peripatéticos y estoicos (preocupados por problemas de orden lógico), carece de una reflexión propiamente lingüística, anclándose dogmáticamente en la hipótesis de que entre pensamiento y palabra, categorías lógicas y gramaticales se daba una correspondencia exacta (sustancia= sustantivo; cualidad= adjetivo, etc.); .;l carácter normativo basado en el criterio de autoridad d., los hombres doctos (rasgo que perdura en las G. de la Academia, cuya función de "limpiar, fijar y dar esplendor" es harto elocuente).A mediados del s. XVIII se inicia con la obra Hermes, de Harris, una concepción distinta de la tradicional, pero que va a quedar aislada por el nuevo campo que se abre con los estudios de los indoeuropeístas y neogramáticos. El descubrimiento del sánscrito por Jones (1746-94) y el establecimiento de la G. Comparada por Bopp (1791-1867) (Sistema de la conjugación del sánscrito, 1816), Grirr,m (1785-1863; v.; Gramática alemana, 1819), Pott (1802-87), Müller (1823-1900), Curtius (1820-85), Schleicher (182168), etc., abrieron un panorama nuevo; la ccmparación de unas lenguas con otras permitió a los neogramáticos Bruggmann (1849-1919), Osthoff (1847-1909), Paul (18461921), el teórico de la escuela, autor de Principios de la Historia Lingüística (1880), aclarar las formas de una por su relación con las de otra; es el momento del nacimiento de la G. Histórica; ya en 1836 Diez (1794-1876) había aplicado los métodos comparatistas, y con ventaja, a las lenguas románicas, dando origen a la Romanística. ¿Cuál es el contenido de esta Lingüística? Aunque no es general, sí es frecuente que los títulos de las obras tengan el nombre genérico de gramática, tal la de Grimm, la de Diez, la de Bruggmann, etc., y en un principio comprende el estudio de la Morfología (v.), luego de la Fonética (v.) (que llegaría a ser el aspecto más estudiado) y posteriormente la Sintaxis (v.) (con Delbrück).b) La concepción analítica de la Gramática. Se ha visto cómo bajo el término G. se engloban aspectos diversos: Etimología, Fonética, Morfología, Sintaxis. Como el mayor material de estudio lo suministraban Morfología y Sintaxis (en las gramáticas clásicas y renacentistas, no así en las históricas, donde prevalece la Fonética), lo gramatical se ha ido identificando con aquellos aspectos, con lo cual se aboca a una concepción analítica de la Lingüística. Se trata, pues, de caracterizar lo gramatical como un aspecto de lo lingüístico, si es posible señalarle rasgos típicos diferenciadores de los otros aspectos que puedan descubrirse en el hecho idiomático. Esta concepción ha surgido por el modo distinto de considerar lo lingüístico; al método de la gramática clásica, inductivo, que distinguía una composición jerárquica y arquitectónica de las diversas unidades, se unió otra perspectiva (que no la sustituyó, pues aún hoy perdura), que veía en el lenguaje dos aspectos o planos diferentes: uno material, constituido por los sonidos, y otro, espiritual, que es lo comunicado; estas dos sustancias (material y espiritual) ya hemos dicho que no son en sí mismo lingüísticas; para que algo material pueda ser símbolo de algo espiritual es necesario que se establezca una especie de puente entre esos dos órdenes heterogéneos, surgiendo así un tercer plano, de orden formal, que actúa sobre lo material y lo espiritual, conformándolos, relacionándolos de modo constante, estableciendo entre ellos unas determinadas funciones.Así, pues, cabría distinguir en lo lingüístico estos tres aspectos: material (estudiado por la Fonética), espiritual (estudiado por la Semántica-Lexicología) y formal o gramatical (estudiado por la G.); en la medida en que este último aspecto actúa sobre las dos sustancias, las convierte en lingüísticas; de ahí que el elemento gramatical sea, por antonomasia, lo específicamente lingüístico, lo que no tiene en absoluto nada que ver con las otras ciencias que pudieran reclamar parte en los aspectos materiales (Acústica) o espirituales (Psicología, Lógica, Gnoseología, etc.). Así planteada la cuestión, parece que volvemos a encerrarnos en un círculo sin salida: lo gramatical no puede aislarse, sino que es algo que se da en todo lo que es específicamente lingüístico (es decir, las sustancias conformadas); tiene razón Llorente al afirmar que es difícil, a la moderna ciencia lingüística, aislar para la gramática un dominio exclusivamente suyo. Hasta tal punto es tarea ardua que muchos han desistido y afirman que en el lenguaje todo es gramatical. Pero ¿no será posible fijarle un contenido propio, con rasgos diferenciales respecto a los dominios de la Fonética y de la Semántica? (v.).Funcionamiento de los campos fonético y semántico: a) La sustancia material. La realidad fisiológica de los sonidos, sus diferentes modulaciones y articulaciones (no sólo las conocidas, sino todas las que se pudieran realizar: lo que se podría llamar el sistema musical de la laringe) son simplemente ondas acústicas complejas, de las cuales, por distintas razones (capacidad fonadora y auditiva, economía, garantías de inteligibilidad del mensaje, etc.), se han ido seleccionando históricamente unas cuantas (pocas) posibilidades, que se han constituido en sistema; es decir, han formado un conjunto solidario, una estructura, en que cada elemento tiene una función. El contenido de los elementos de este sistema (los fonemas) ya no es toda su propia materia articulatoria-acústica, sino un entramado de rasgos en virtud de los cuales unos se oponen a otros; su existencia es, pues, opositiva; han perdido parte de su contenido fisiológico, en la medida en que han entrado a formar un sistema, debido a que los sonidos no se agotan en sí, sino que cumplen una función a más alto nivel: combinarse, constituyendo otras unidades superiores que son portadoras de significado; se convierten en signos, esto es, según la definición escolástica, aliquid pro aliquo. (Justamente por esta función encomendada a más alto nivel, por esta conversión de una pura materia fisiológica en lingüística, el sonido pierde parte de su contenido; podrían sistematizarse todos los sonidos que la laringe puede emitir y oponerlos según las infinitas diferencias que entre ellos se establecieran, sin pérdida de contenido material, pero no sería un sistema lingüístico sino estrictamente musical.)Cuando la estructura material pasa a nivel de signo, el sistema opositivo de los fonemas se hace distintivo, en cuanto ahora diferencia dos significados, dos realidades simbolizadas; se comprende bien que, como consecuencia de esta misión a nivel de signo, la lengua no utilice la totalidad del sistema musical de la laringe posible, sino sólo unas cuantas: por economía y por necesidad de máxima diferenciación entre dos signos. Estos dos principios (economía y diferenciación) actúan en sentido contrario y por esto se exige, en compensación, que los rasgos opositivos con los que se constituye el sistema sean altamente rentables. De todo lo dicho se desprende que esta realidad material que venimos analizando, tomados uno a uno sus elementos no son significativos, aunque alguna vez se haya hablado de la función significativa de los fonemas; la significación no es propia de cada fonema en particular, sino que es una función que pertenece a la totalidad del sistema, en cuanto este sistema fonológico trasciende su propia realidad para ser componente del nivel del signo.b) La sustancia espiritual. En primer lugar, la simbolización de la realidad (lo que constituye el significado, el lado espiritual) mediante el aspecto material es arbitraria; para una determinada sustancia mental (realidad simbolizada) no se tienen que elegir necesariamente determinados elementos fónicos, ya que éstos no son significativos y no existe, en consecuencia, correlación obligatoria entre sustancia fónica y mental; esta arbitrariedad absoluta sería antieconómica, aunque eliminaría la ambigüedad o la deficiente intelección de un mensaje al no existir dos significantes parcialmente iguales para significados totalmente diversos (p. ej., sable y cable); por ello, la arbitrariedad es relativa y motivada, abocando a la lengua (v.) a una homofonía mayor o menor, compensada de distintas maneras en el habla concreta.Con referencia al plano del contenido, al aspecto espiritual, conviene distinguir tres tipos de operaciones mentales básicas: designación de la realidad, modalidad de existencia asignada a esta realidad y, finalmente, la comunicación; las dos primeras responden a una visión fragmentada del universo, la última a una visión integradora de las anteriores, recomponiendo el universo en una situación; es obvio que las tres operaciones son simultáneas, pero sin duda diferentes; el grado de libertad creadora de que dispone el hablante es distinto: prácticamente nulo en la creación de nuevas asignaciones de modalidad (creación de categorías gramaticales), mayor en la designación de la realidad (creación de lexemas) y máxima (dentro de ciertos límites) en la comunicación (donde cabe elegir vocablos, tipos de construcción, etc.).Análisis del plano del contenido, según estas tres operaciones:1. La palabra. Si contemplamos los contenidos significativos de una palabra, como gato, podrían señalarse en principio dos realidades: felino+macho, a las que corresponde en el plano material de la expresión gat- y -o respectivamente; a su vez, el contenido felino podría descomponerse en otros, tales como animal+doméstico, etc., pero sin que ya en el plano de la expresión quepa una división correlativamente significativa (g+a+t). Se han simbolizado en la expresión gato dos realidades distintas: la primera, felino, se ha percibido como diversa de otras realidades (diversa de silla, perro, etc.); la segunda, sexo y número se han percibido como opuestas a otras (femenino, plural). La primera simbolización señalada corresponde a la operación mental de la designación, las segundas a la de modalidad o identificación. Como esta última está presente en otras muchas realidades, se establece una determinada relación constante entre esas nociones universales y su correspondiente expresión, constituyéndose un tipo de unidades que no están adscritas a una determinada palabra, sino que pueden combinarse con muchas otras según posibilidades diversas para cada lengua; tales tipos de significaciones son los llamados morfemas (v.) y el rasgo diferencial que presentan frente a las significaciones de designación es su oposición proporcional, es decir, se encuentran al menos en cuatro signos (de hecho, muchos más) entre los que se puede establecer la proporción niñ-o/niñ-a=perr-o/perr-a; la función de tales morfemas es determinar las nociones de designación, adscribiéndolas a clases funcionales. Las nociones de designación (en nuestro ejemplo, felino) son los llamados lexemas.Cada uno de estos contenidos (lexemas y morfemas) cubren todo el campo de las significaciones y constituyen los dominios respectivos de la Lexicología-Semántica y de la G.; mientras que el campo de la Lexicología (v.) es abierto, no finito, siempre cabe designar una nueva realidad, el de la G. constituye un campo cerrado, son solamente unas cuantas nociones con las que se quiere expresar las modalidades de existencia percibidas en la realidad (género, número, tamaño, causación, voz, modo, etc.). Sin embargo, y he aquí lo complejo del lenguaje, unas veces estas modalidades pueden expresarse no gramaticalmente, sino -léxicamente; mientras el sexo, p. ej., se expresa gramaticalmente en la oposición niñ-o/niñ-a, queda expresado léxicamente en la oposición padre/madre, donde no cabe establecer la proporcionalidad a que aludíamos como carácter propio de lo gramatical; igualmente la modalidad tamaño se puede expresar o gramaticalmente (hombrón) o léxicamente (hombre grande), etc. Tanto la designación (Lexicología) como la modalidad o identificación (Gramática) suministran al hablante las dos unidades de lengua (lexemas y morfemas) que luego, en el habla, se combinarán mediante el establecimiento de una función de determinación (el morfema exige la presencia del lexema, lo determina), dando lugar esta combinación a la palabra, que es unidad del habla y no de la lengua. No todos los lexemas se unen con los mismos morfemas; la G. deberá estudiar cuáles son las combinaciones posibles, en una lengua dada, entre determinados lexemas y determinados morfemas; tal combinación dota a la palabra de una cierta visión de la realidad; el hecho de que un lexema se combine con morfemas de género y numero supone una simbolización estática de la realidad (niño, silla, hombre); si la combinación es con morfemas de tiempo, modo, la simbolización será dinámica. De hecho, en cada lengua y en distinto grado, las diversas posibilidades de simbolización o caracterización están fijadas por la repetición, a nivel de habla, de tales combinaciones; en las lenguas europeas se da ya en el plano paradigmático (plano de la lengua), lo cual supone la existencia de unas categorías primarias (sustantivo y verbo); en otras lenguas, árabe o chino, la caracterización se da en el momento del habla, es decir, en el plano sintagmático. Sin embargo, el primer tipo de caracterización no es inalterable; hablando con todo rigor, la caracterización se produce siempre a nivel del habla, y la fijación de unas determinadas combinaciones es sólo cuestión de reiteración; el sujeto puede; por necesidades expresivas, cambiar esas categorías básicas mediante creaciones espontáneas.2. La oración. Hemos analizado el plano de las -significaciones con referencia a las operaciones mentales de la designación y modalidad de la realidad, que han dado lugar a las unidades llamadas lexemas y morfemas, entre las que se establecía una función homosintagmática de determinación, en cuya virtud se originaba la palabra que, en general, era un elemento complejo, resultado de la combinación de una parte léxica y otra gramatical. La tercera y más importante operación mental, la comunicación, no es más que trazar una situación, es decir, establecer entre las distintas realidades designadas y modalizadas unas determinadas relaciones o funciones de carácter heterosintagmático (grosso modo, de palabra a palabra, o mejor, de los distintos elementos constitutivos de una palabra y otra). Si las dos primeras operaciones mentales aludidas arrojaban como inventario, a nivel de lengua, los lexemas y morfemas (y a nivel de habla, la palabra), ahora la unidad básica en la que se cumple la comunicación es la oración (v.), en la que se establece, como mínimo, una función entre dos núcleos, sujeto/ predicado; la longitud de esta unidad será variable según las necesidades del locutor (mensaje, estilo, etc.) y, lógicamente, en secuencias amplias se establecerán más funciones que en otra breve, aun cuando se mantenga la relación fundamental sujeto/predicado. Veamos una secuencia del tipo "María canta" (1) o "El presidente honorario de la compañía, Sr. González, ha expuesto, desolado, a los directivos cualificados, en un breve discurso, las dificultades financieras de la joven empresa para su expansión" (2). Ambas, básicamente, ofrecen la estructura sujeto /predicado, pero en (2) se dan además otras relaciones: en torno al sustantivo se agrupan unas palabras (Sr. González, honorario, compañía), e igualmente en torno al verbo ha expuesto (directivos cualificados, breve discurso, dificultades financieras, joven empresa, expansión); finalmente, un elemento, desolado, podría relacionarse con el núcleo del sujeto o el del predicado. Todas estas palabras están jerárquicamente subordinadas a sus núcleos (sustantivo y verbo) y son ellas mismas núcleo de otros elementos (directivos E-cualificados, discurso < -breve, etc.).En esta primera ojeada podrían señalarse las siguientes funciones: a) Sujeto/ predicado, relación esencial de constitución de la oración en virtud de la cual dos núcleos (nominal y verbal), en sí heterogéneos por el distinto comportamiento de los elementos que respectivamente agrupan, se constituyen en mensaje gracias a unos recursos formales (concordancia de número y persona); los dos elementos entre los que se establece la relación se exigen mutuamente, se presuponen; a este tipo de relación se la denomina interdependencia. b) En el núcleo del sujeto se dan unas relaciones que, básicamente, giran en torno a la palabra presidente, que es modificada, determinada, exigida, para que puedan aparecer los elementos honorario, etc.; este tipo de relación en el cual un elemento es presupuesto para la existencia de otros es la determinación. c) En el núcleo del verbo, las relaciones o funciones establecidas son de comportamiento distinto a las anteriores; así, directivos cualificados puede conmutarse por les (les ha explicado...), dificultades financieras por las (las ha explicado...), en un breve discurso no admite conmutación por ningún pronombre objetivo de tercera persona; tales tipos de sustitución no son posibles en el núcleo del sujeto (honorario no cabe conmutarlo por le, la, etc.); de ahí que señaláramos antes que las construcciones del sujeto/ predicado fueran heterogéneas. Las tres relaciones que hemos visto en torno al núcleo verbal son los complementos directo, indirecto y circunstancial. d) Si consideramos ahora las relaciones que se establecen entre el sujeto y estos complementos verbales, podemos enfrentarlos como agente/no agente y veríamos que el único complemento verbal que es capaz de realizar la función de sujeto es el complemento directo: sólo éste es conmutable por el sujeto al cambiar la voz, es decir, al cambiar la relación a) señalada de sujeto/ predicado (las dificultades financieras han sido explicadas...).Todas estas relaciones, y otras no señaladas, constituyen el objeto de la Sintaxis. Pero si se profundiza en el análisis de estas relaciones se ve que las funciones establecidas dentro de los núcleos del sujeto y predicado no son, en rigor, entre palabra y palabra, sino entre los lexemas y morfemas de cada palabra; es decir, en nuestros ejemplos, no hay una única función de determinación establecida entre presidente <--honorario, sino que se da una doble función; por un lado, para que pueda aparecer en el texto el lexema honorar¡- se exige la presencia del lexema president-, que es el término regido o exigido (mientras president- puede aparecer solo, no ocurre así con honorar¡-); en cambio, la presencia de -e (en vez de -a, presidenta) exige la presencia de -o (honorario y no honoraria), de modo que la función de determinación se presenta ahora en sentido contrario y es el morfema del adjetivo el regido por el del sustantivo.Como se ve, el hecho de que la palabra (lexema-bmorfema), resultado de las operaciones de designación e identificación, entre en el decurso para cumplir las funciones de sujeto, complementos, etc. (realizando así la operación mental de la comunicación), influye en la forma que esta palabra adopta al establecerse nuevas funciones con las otras palabras de la oración; es decir, al pasar de la función homosintagmática (relación entre lexema y morfema) a la heterosintagmática (entre lexemas y morfemas de distintas palabras). Quiere ello decir que la forma de la palabra (la Morfología tradicional) no es sino el resultado de las relaciones establecidas a nivel de la oración (de la Sintaxis tradicional), con la consecuencia de que los dominios de Morfología y Sintaxis no pueden aislarse fácilmente (aunque por razones pedagógicas se estudien separados); hay autores para quienes la morfología no es sino un capítulo de la sintaxis, e incluso la creación de la palabra morfosintaxis alude a esta inseparable unidad existente entre ambos aspectos de lo gramatical.Finalmente, cada una de esas funciones de sujeto, predicado, complemento, etc., son desempeñadas por determinadas clases de palabras o categorías funcionales, que constituyen las tradicionales partes de la oración; p. ej., la función de sujeto tiene que ser desempeñada por un sustantivo (de lengua o de habla). Unas veces, tales partes se han obtenido mediante criterios semánticos y así se ha definido el sustantivo como designación de la sustancia, etc.; otras veces, se ha tenido en cuenta la forma y autonomía ortográfica de la palabra y el artículo se ha considerado como parte de la oración; si se tiene sólo en cuenta la función a nivel de comunicación surgirían nuevas clases diferentes de las tradicionales, tales como la de los verboides, relacionantes, etc.A. ROLDÁN PÉREZ.
V. t.: LENGUA; LENGUAJE; LINGÜÍSTICA; MORFEMAS; MORFOLOGÍA; ORACIÓN GRAMATICAL; SIGNO LINGÜÍSTICO; SINTAXIS. BIBL.: E. ALARcos, Gramática estructural, Madrid 1951; L. HJELMSLEV, Prolégoménes á une théorie du langage, París 1968; íD, Le langage, París 1966; íD, Essais Linguistiques, "Travaux du Cercle Linguistique de Copenhague" XII; R. JAKOBSON, Essais de Linguistique Générale, París 1963; Le Langage, en Encyclopédie de la Pléiade, París 1968; A. LLORENTE Y MALDONADO DE GUEVARA, Teoría de la Lengua e Historia de la Lingüística, Madrid 1967; A. MARTINET, La Lingüística sincrónica, Madrid 1968; B. POTTIER, Presentación de la Lingüística, Madrid 1968; fD, Gramática del Español, Madrid 1970; Problèmes du Langage, "Diogène" 51 (1966); J. ROCA PONS, Introducción a la Gramática, Barcelona 1970; F. RODRÍGUEZ ADRADOS, Lingüística estructural, Madrid 1969; F. DE SAUSSURE, Curso de Lingüística General, Buenos Aires 1945; W. THOMSEN, Historia de la Lingüística, Barcelona 1945; J. VENDRYES, El lenguaje. Introducción lingüística a la Historia, México 1967.
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