Gitanos
Categoria:
Cultura
Pueblo nómada que habita prácticamente en todas las regiones del mundo. Desde 1884 es posible afirmar, gracias a las investigaciones llevadas a cabo por el italiano Pedrari, el francés Bataillard y el alemán Pott que los g. tuvieron su origen en el noroeste de la India; sin embargo, no eran de origen indoeuropeo, sino que estaban emparentados con los primitivos habitantes del territorio llamados drávidas (v.) y también probablemente con los munda del centro de la India y los monkhmer de la India oriental.Los indoeuropeos llamaron a los pueblos del Noroeste que les parecían extraños, paishatscha, palabra sánscrita que significa espíritu maligno o demonio. Este nombre despectivo se explica porque esos pueblos montañeses habían conservado algunos cultos que los hindúes consideraban como actos de magia y porque tal vez a la casta dominante de la India desagradaba la vida nómada de los paishatschas, dedicados al comercio de caballos, a la artesanía ambulante y con una enorme pasión por la música y la danza. Por estos motivos los tratantes de caballos y los músicos nómadas fueron incluidos en la última casta social, dándoseles el nombre de dom, del que deriva probablemente la palabra rom con que los g. se designan a sí mismos.En el s. v el rey persa-sasánida, Bahram-Gor envió por 12.000 g. para que, desde el Noroeste de la India, se trasladasen a Persia como músicos y danzarines. Allí se les llamó luri. Más adelante, aparecen con el nombre de zott en las regiones de Mesopotamia y Siria donde fueron estimados por los musulmanes como buenos guerreros, buenos pescadores y camelleros; pero sobre todo como magníficos cantores, artistas de la danza, el tambor y el oboe. Aunque todavía se ignoran las razones que les impulsaron a moverse, se sabe, sin embargo, que. a partir del s. ix aparecen por Armenia, Egipto y en las proximidades del Bósforo, desde donde se trasladan durante la Baja Edad Media a Europa. Miklonch, siguiendo un método lingüístico, ha propuesto la siguiente ruta de migración: Grecia, como primer establecimiento; en 1322, el franciscano Simón Simeón encontró g. en Creta; 24 años más tarde aparecen en Corfú; en 1348, el rey servio Esteban Duschan hizo donación a un convento de varias familias g.; de Servia pasaron a Checoslovaquia; de aquí, a Rumania y Alemania, para diseminarse después por Inglaterra, Polonia, Rusia, Finlandia y Escandinavia.Un caso especial son los g. de España. Aunque durante mucho tiempo se pensó que estos nómadas habían entrado en la península Ibérica procedentes de Francia y de Europa central, hoy se cree, por la falta de elementos germanos en su lengua, que los g. llegaron a España a través del Mediterráneo. En 1540, un viajero comprobaba que los g. españoles entendían el griego vulgar; y en las leyes catalanas de 1512 se les llama griegos, al mismo’ tiempo que bohemios y egipcios. En cambio, parece claro que los g. de Italia procedían de Alemania. Por los lugares que atravesaban, estos primitivos indios recibieron nombres muy diversos. En España, aparte de griegos, se les llamó "egipcianos", "egitanos" o g., por creer que procedían de Egipto. En Inglaterra se les llamó gypsies. En Francia, como muchos de ellos procedían de Bohemia y de los Balcanes, les denominaron bohémiens. Como en algunas personas despertaban el recuerdo de las invasiones de los tártaros, los escandinavos les designaban con el nombre de tattare; y los alemanes del Norte, con el de Tatern. Los antiguos escritores holandeses y suizos les calificaron sencillamente de heiden o heidenen, esto es, pagano. En cambio, los propios g. jamás se dieron a sí mismos estos nombres. Al lado de su nombre propio, rom, sólo se aplican calificativos como sinde (gente de la India), manush (hombre) o calé (piel oscura).En el s. xv ya había g. viajando por toda Europa. Se dedicaban, siempre viviendo en sus carros, a la compra y venta de ganado; eran hábiles en la forja del hierro y del cobre, en el arte de la cestería y en el baile y cante, con que divertían a los burgueses sedentarios a las puertas de las ciudades. Tenían una estructura social, que han conservado hasta hoy, típica del matriarcado. Así, p. ej., el hombre al casarse formaba parte de la tribu de la mujer, quien le daba tienda, carro y caballo; igualmente, al lado de cada jefe, siempre se colocaba una mujer, una especie de madre de la tribu llamada furi-dai, encargada de conservar las tradiciones y aconsejar a los hombres.En muchos países, los recién llegados fueron bien acogidos, sobre todo durante la tolerante época del Renacimiento; así sabemos que el emperador alemán Segismundo les extendió carta de protección. Desde comienzos de la época barroca, la situación de los g. cambió; el fanatismo hizo de los g. una de sus víctimas y éstos fueron perseguidos hasta bien entrado el s. xvlil. Sólo en muy pocos Estados, como Rusia o Hungría, disfrutaron de plenos derechos ciudadanos, encontrando allí una nueva patria. Tampoco en Inglaterra y en Francia se les molestó demasiado, de manera que pudo nacer en Escocia y en el sur de Francia un verdadero folklore g., como la famosa peregrinación a Saintes-Marines-de-la Mer de la Camargue. En cambio, en Austria, en España hasta Carlos III y, sobre todo, en Alemania, los g. sufrieron terribles persecuciones, en un intento de acabar con su nomadismo y fijarles al suelo. Ante esta situación, muchos g. se sumaron a los vagabundos, antiguos soldados y gente desarraigada, llevando una vida al margen de la ley. Pero allí donde no se les molestó, donde disfrutaron dela benevolencia de los demás, el porcentaje de elementos asociales entre esta gente no fue mayor que el porcentaje entre los que les daban hospitalidad. Así, en Grecia fueron absorbidos en parte por la población; en los Balcanes y Asia Menor se han hecho sedentarios y son mirados con simpatía por las gentes del país; y en Hungría, su arte musical influyó en el de toda la nación.En nuestros días, es muy difícil calcular el número de g. existentes en todo el mundo, ya que su género de vida, las guerras y, sobre todo, en Europa, la persecución racista de la Alemania nazi han hecho descender su, número desde la última estadística realizada por encargo del Gobierno de Finlandia en 1900, la única seria que ha existido al respecto. De todas formas, algunos autores calculan una población de alrededor de cinco millones. Pasada la época de las persecuciones, todos los países se esfuerzan por integrar a los g. dentro de sus sociedades. En España esta tarea la ha tomado a su cargo la Iglesia a través de su obra de apostolado gitano.V. t.: CALÓ; GERMAMA.A. LAZO DÍAZ.
BIBL.:J. BLOCH, Les Tziganes, París 1960; E. PITTARCH, Les Tziganes, Ginebra 1932; D. YATS, A Book ol Gypsy Folk-tales, Londres 1948; F. CASTILLO, Los gitanos, Barcelona 1966.
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