Giner de los Ríos, Francisco
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Biografía GER
N. el 10 oct. 1839 en Ronda (Málaga) y m. el 18 feb. 1915 en Madrid. Ensayista y pedagogo español empeñado en renovar la sociedad mediante la formación de hombres ideales; fundó y dio vida a la Institución Libre de Enseñanza (v.), de la que surgieron algunas personalidades destacadas de la vida española durante tres generaciones.Vida. Cursó la enseñanza media en Cádiz y Alicante. Empezó sus estudios de Derecho en la Univ. de Barcelona y los terminó en Granada, donde entró en contacto con el krausismo (v.), aprendió música y pintura, y se formó en literatura y estética bajo la dirección de Francisco Fernández y González. En 1863 trabaja como agregado diplomático en el Ministerio de Estado, en Madrid. Se hace discípulo del krausista Sanz del Río y en 1866 obtiene por oposición la cátedra de Filosofía del Derecho Internacional de la Univ. Central. Poco después de posesionarse de la misma renuncia a ella por solidaridad con su maestro, depuesto por el ministro Orovio. Tras la Revolución de 1868 vuelve a desempeñarla hasta 1875, año en que se opone personalmente a un decreto del ministro citado. Es detenido y encarcelado en Cádiz. En 1876, junto con Salmerón. Moret. Azcárate, Montero Ríos, Figuerola, etc., funda la Institución Libre de Enseñanza, concebida como un centro libre universitario. Pero en 1878 se establecen los estudios de primera y segunda enseñanza en la misma, lo que le permite poner en práctica sus ideas pedagógicas. En 1881 fue repuesto en su cátedra universitaria. Viajó mucho por el extranjero y participó en varios congresos de pedagogía.Doctrina. Más que sus escritos tuvo importancia su labor educadora personal. En su obra y en su quehacer hay una misma meta: formar hombres. Y como el nuevo hombre que sueña ha de tener como base su peculiar sentido religioso de la vida, puede decirse que propone una reforma religiosa individual como punto de partida de su pedagogía (Gómez Molleda, o. c. en bibl.). Partiendo de la equívoca idea krausista que considera a las distintas religiones como meras manifestaciones históricas y sociales del espíritu religioso esencial, llega G. a concebir la religión simplemente como una actitud espiritual de la vida, más sentimental que racional y volitiva, un sentimentalismo mezclado de naturalismo y panteísmo; es decir, busca una armonía entre religión (v.) y racionalismo (v.). Rechaza todo lo que pretenda separar, crear dualismos, perturbar el espíritu del hombre, el del niño. Defiende la escuela aconfesional al mismo tiempo que subraya que "... sin espíritu religioso, sin levantar el alma del niño al presentimiento siquiera de un orden universal de las cosas y un supremo ideal de la vida, de un primer principio y nexo fundamental de los seres, la educación está incompleta, seca, desvirtuada" (Ensayos sobre educación, Madrid 1902, 57). Particularmente admira el cristianismo, aunque sin duda, por lo dicho, no lo llegó a conocer o comprender bien (p. ej., en su aspecto sobrenatural y de Revelación histórica); después de la publicación del Syllabus de Pío IX y la declaración de la infalibilidad pontificia del Vaticano I (1870) se apartó definitivamente del mismo.La educación ha de consistir en el desarrollo integral de las facultades humanas, y su formación. Hay que crear en el hombre conciencia de su dignidad y de su responsabilidad; permitirle el libre juego de su espíritu y forjarle una conducta noble de criterio ético, en la que nunca haya concesiones al egoísmo. G. acentúa en esas características el sentido ético que las debe envolver. El bien debe ser la aspiración del hombre. v para conseguirlo tiene que buscar y conocer la verdad; sólo así los errores disminuirán; el saber y el obrar no pueden ir separados, sino fundirse armónicamente. En cuanto al saber conviene proporcionar un método, un mayor rigor científico y una gran flexibilidad de criterio. La moral creará austeridad, desinterés, pureza, justicia y tolerancia; esta tolerancia, decisiva para G., tendrá sus raíces tanto en la ética como en el sentimiento.En ese desarrollo armónico de las facultades se deben destacar tres aspectos: el físico, el artístico y el moral. El cuerpo que contenga un alma perfecta ha de ser sano. Y la naturaleza humana misma, como la exterior, se entenderá como una cooperadora de la vida. En ella hay un valor externo, otro rítmico y otro estético, propios del paisaje, pero además tiene un valor en sí que sirve para realzar al hombre. Son necesarias las excursiones y la educación física, por sí y para la obra educativa armónica.El hombre tiene necesidad de producir artísticamente sus obras, "aun dentro de su propio espíritu". Y lo hará con ley, unidad y enlace. La educación artística en la escuela será fundamental y logrará para el alumno la elegancia y corrección que todo hombre debe tener, al paso que le acercará más a la naturaleza y a la historia de su país o de la humanidad. Su visión de la educación en el aspecto moral está viciada por un planteamiento más sentimental y estético que racional.Materias que consideraba G. necesarias para la enseñanza primaria y media son las que se cursaban en la Institución Libre de Enseñanza. Eran éstas lengua española, matemáticas, física y química, ciencias naturales, ciencias sociales, filosofía, historia de la civilización y del arte, geografía, literatura, idiomas modernos, dibujo y modelado, música, canto y trabajos manuales. La didáctica de las mismas procuraba ser especializada a cada una, teniendo siempre en cuenta los últimos adelantos que se iban conociendo en la pedagogía europea. Y siempre recordando que la intuición es el método válido tanto para la enseñanza primaria como para los otros grados superiores. La intuición y la acción continua evitarían cualquier tipo de memorismo o de mera información. No se admitían los libros de texto y los alumnos tomaban, desde la edad más temprana posible, sus propios apuntes, que al mismo tiempo servían como dictados. Se recusaron los exámenes. La disciplina había de nacer de una libre aceptación de las normas. Actividades esenciales y frecuentes eran las visitas a talleres, fábricas, entidades, así como las excursiones a la sierra y otras de tipo artístico.Juicio crítico. G. quiso para España la formación del gentleman inglés, influido directamente por sus contactos con la clásica educación inglesa y posiblemente por las ideas de Locke (v.). Con esa denominación, o sin ella, el hombre ideal que busca muestra a la educación como reformadora de la sociedad. Niega valor a la historia externa de España -precediendo y originando la llamada generación del 98 (v.)- y pretende una nación nueva que surja de una evolución ética del individuo. Introduce los principios del nuevo espíritu europeo y airea así las formas tradicionales. Su concepción armónica de la educación tuvo gran influjo en España, y sus aspectos positivos han sido asimilados por pensadores de distintas ideologías. Es rechazable su desconocimiento del catolicismo, cierto sectarismo anticatólico que solía acompañarle, y, en otro orden, la polarización exclusiva en eJ sentido estético que en algunos momentos dio a sus enseñanzas. El hombre ideal que buscó se puede considerar como una especie de hombre aséptico, más bien que utópico. Defendió a ultranza la coeducación de los sexos. Su religión viene a ser, como la de Sanz del Río, un panenteísmo.V. t.: KRAUSISMO ESPAÑOL; INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA.J. RUIZ BERRIO.
BIBL.: F. GINER DE LOS RÍOS, Obras completas, 20 vol., Madrid 1916-1936; R. ALTAMIRA, Giner de los Ríos, educador, Valencia 1915; M. B. Cossfo, De su jornada, Madrid 1929; V. CACHO Vfu, La Institución Libre de Enseñanza, Madrid 1962; M. GARCÍA MORENTE, Cómo era el maestro, "Bife", 1917; A. JIMÉNEZ FRAU, ocaso y restauración. Ensayo sobre la Universidad española moderna, México 1948; F. NAVARRO VILLOSLADA, El krausismo sin máscara, "El pensamiento español", feb. 1864; J. PIJDAN, Mi Don Francisco Giner, San José de Costa Rica 1927; F. DE LOS Ríos, La filosofía del derecho en D. F. G., Madrid 1916; I. TuRIN, La educación y la escuela en España de 1874 a 1902, Madrid 1966; M. D. GóMEz MOLLEDA, Los reformadores de la España contemporánea, Madrid 1966; J. J. GIL CREMADES, El reformismoaespañol, Barcelona 1969; G. FRAILE, Historia de la filosofía española, II, Madrid 1972.
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