Gil Robles, José Marea
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Biografía GER
Político español, n. en Salamanca el 27 nov. 1898. Hijo del eminente catedrático de la Facultad de Derecho salmantina Enrique Gil Robles y de Petra Quiñones Arnesto, siguió la misma carrera que su padre (m. en 1908), y en 1919 se trasladó a Madrid para doctorarse. Tres años después ganó por oposición la cátedra de Derecho político de la Univ. de La Laguna, pero sin tomar posesión pidió y obtuvo la experencia, solicitado por el gran rotativo católico El Debate para que se integrara en su Consejo de redacción, no tardando en ser nombrado subdirector del mismo. Por estas fechas, vísperas de la dictadura de Primo de Rivera (v.). G. R., estaba adscrito al naciente partido social popular, que dentro de la línea maurista, pero con una abierta atención hacia las candentes incitaciones sociales, había fundado Ossorio y Gallardo.Durante los años de vigencia del régimen de excepción surgido del golpe de Estado de septiembre de 1923, G. R. se mantuvo en una reserva benévola; aunque no entró en la Unión Patriótica, prestó valiosa colaboración técnica a Calvo Sotelo, en la estructuración de los Estatutos municipal y provincial. Sobrevenido el hundimiento de la dictadura y un año más tarde el de la monarquía, tras las elecciones del 12 abr. 1931, el núcleo de intelectuales católicos agrupado en torno a El Debate, siguiendo las inspiraciones de su director Ángel Herrera (v.) se organizó, con vistas a las Cortes Constituyentes, en el partido Acción Nacional, luego Acción Popular, que se proponía la defensa de los valores básicos tradicionales en la sociedad española -religión, familia, propiedad- sin hacer cuestión de las formas de gobierno. Con este programa, pero en las candidaturas del llamado Bloque Agrario, fue elegido G. R. diputado por Salamanca, y en las Cortes Constituyentes se reveló como el gran descubrimiento de las derechas, en el polo opuesto a Azaña (v.), eje de la izquierda burguesa; sus primeros éxitos parlamentarios los obtuvo combatiendo la legislaación anticlerical defendida por aquél en alianza con socialistas y radical-socialistas.Durante la fase final del bienio de izquierdas, se produjo la entente entre G. R., ya caudillo indiscutido de Acción Popular, y Luis Lucia, jefe de la Derecha Regional valenciana. Nació así (febrero-marzo de 1933) la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), que en las elecciones de noviembre de 1933 obtuvo un clamoroso triunfo, aunque no mayoría absoluta en las nuevas Cortes, lo que obligó al cedismo a una alianza progresiva con los radicales de Lerroux (v.) -evolucionados prácticamente a una posición centro-, pese a las diferencias esenciales que separaban a la CEDA -definida por su confesionalismo- del partido lerrouxista, nacido 30 años atrás al calor de un anticlericalismo demagógico, pero que poco a poco se convirtió en una fuerza de carácter conservador. A lo largo de un año, G. R. se limitó a apoyar a los radicales en su labor rectificadora de la política social-azañista; pero a principios de octubre de 1934, entraron ya en el Gobierno tres miembros de la CEDA, lo que a su vez sirvió de pretexto a la desatentada apelación revolucionaria del socialismo y de los separatistas en Cataluña y en el País Vasco.Triunfante del movimiento revolucionario, que había alcanzado excepcional gravedad en Asturias, el Gobierno radical-cedista no tardó en entrar en crisis como consecuencia de las discrepancias surgidas en su seno en torno a la fórmula impunista aplicada a la liquidación del alzamiento. Por lo demás, dentro de la misma CEDA habían provocado inquietudes y discordias los generosos proyectos legislativos de Giménez Fernández, ministro de Agricultura. Durante dos meses permaneció la CEDA alejada del poder, pero en mayo de 1935 se constituyó un cuarto Gobierno Lerroux en el que el cedismo obtuvo cinco carteras ministeriales; G. R. se reservó la de Guerra, y desde ella, en los escasos meses en que este Gobierno se mantuvo en el poder, llevó a cabo una eficaz labor restauradora, verdadera réplica a la legislación de Azaña durante el primer bienio republicano; en el empeño colaboraron asiduamente, en puestos claves, los generales Franco, Goded y Mola. También fue notable la actividad desarrollada en los ministerios de Trabajo y Hacienda: se proyectaba una interesante reorganización en los presupuestos del Estado, una reforma constitucional y otra de la ley electoral, aparte la discutible Ley de reforma de la reforma agraria que, si bien aprobada en el parlamento, apenas llegó a aplicarse. Pero los escándalos que salpicaron a algunos miembros destacados del radicalismo fueron fatales para la combinación de fuerzas políticas, mantenida difícilmente a través de dos Gobiernos Chapaprieta. En noviembre, Alcalá Zamora (v.) dio por liquidada la experiencia derechista y confió el poder a Portela Valladares, otorgándole el decreto de disolución de las Cortes.Las elecciones de febrero de 1936, si bien depararon el triunfo al Frente Popular, situaron en segundo lugar la agrupación de G. R.; pero la tensión radicalizadora y revolucionaria de aquella etapa política, al polarizar al país en dos bloques irreconciliables que apuntaban a resolver sus diferencias al margen de la convivencia parlamentaria, desplazaron y desangraron prácticamente al cedismo. Todavía se hizo notar G. R. en sus interpelaciones en la Cámara, y sobre todo en su memorable intervención en la Comisión de Cortes al producirse el asesinato de Calvo Sotelo. Sobrevenido el alzamiento de julio, G. R. se mantuvo al margen de los grupos en conflicto, aunque prestó servicios valiosos, de carácter diplomático, al Gobierno de Burgos. Reincorporado al país en la posguerra, ha repartido su actividad entre el brillante ejercicio de su carrera de abogado y una inquietud política atenta a arbitrar posibles soluciones democráticas al futuro del país. M. en Madrid el 14 sept. 1980.V. t.: REPÚBLICA ’ESPAÑOLA, SEGUNDA (y su bibl.).C. SECO SERRANO.
BIBL.: J. M. GIL ROBLES, No fue posible la paz, Barcelona 1968; íD, Discursos parlamentarios, Madrid 1971; 1. MONGE BERNAL, Acción Popular, Madrid 1936; J. M. GUTIÉRREZ RAYÉ, Gil Robles, un ’caudillo frustrado, Madrid 1967.
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