Ghirlandajo (Domenico Tommaso Bigordi)
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Biografía GER
Pintor italiano, n. en Florencia en 1449. Era hijo de Tommaso di Corrado Bigordi, cuya profesión parecía ser la de comerciante en seda, pero que por haber inventado un tocado provisto de guirnalda, recibió el apodo de Ghirlandajo (en alguna bibliografía seria, escrito también Grillandajo). Domenico tuvo dos hermanos, David y Benedetto, pintores como él, y una hermana, Alessandra, que casaría con uno de sus discípulos, Bastiano Mainardi. El artista aprendió pintura al lado de Alesso Baldovinetti, del que también recibe lecciones de arte musivario. Sus primeras obras documentadas son Descendimiento y La Virgen de la Misericordia amparando a los florentinos, frescos en la iglesia d’Ognisanti, de Florencia. En 1475 marcha a Roma con su hermano David para decorar, con pinturas de la misma técnica, las paredes de la Nueva Biblioteca. Si esas obras no han llegado hasta nuestros días, sí se conservan las que el propio año realizó en la colegiata de S. Gimignano, en la nueva capilla de S. Fina, alzada por el arquitecto Giuliano da Maiano. Se trata de dos frescos, representando a S. Gregorio anunciando a S. Fina su muerte y Funerales de la santa. Deliciosas ambas composiciones, las dos mostrando a Fina yacente, con exquisita espiritualidad; nos parece más importante la segunda, ya que en el fondo, en lugar de un paisaje convencional, el artista prefirió dar el tan característico y veraz de las torres de S. Gimignano. En 1480 casa con Constanza, muchacha de 19 años. Marcha a Roma, llamado por Sixto IV, y el 27 oct. 1481 contrata las pinturas de la Capilla Sixtina, que debía realizar en compañía de Cosimo Rosselli, Sandro Botticelli (v.) y Perugino (v.).Lo realizado por G., aparte retratos papales, fueron dos frescos, La Resurrección, luego desaparecido, y La vocación de los Apóstoles Pedro y Andrés, composición muy estudiada y precisa, puede ser que trazada con exceso de simetría. El trabajo debió de ser realizado con rapidez, porque consta que, en mayo de 1482, ya estaba G. de vuelta en Florencia. Lo primero que hace a su regreso es decorar la sala del Consejo de los Priores, en el Palacio de la Signoria, con figuras de héroes romanos, mejor o peor compaginados con S. Zenobio. La obra siguiente consistió, en 1485, en la decoración de la capilla Sasseti en la iglesia de la Trinitá, donde pinta seis frescos alusivos a S. Francisco (El Santo, arrojado de su casa y recibido por el obispo de Asís, Aprobación de la regla franciscana por Honorio III, La prueba del fuego, La estigmatización, Funerales del santo y Resurrección de un niño de la familia Spini). En ellos, es lógicamente advertible la inspiración de Giotto (v.), moderada por claras alusiones a personajes y parajes florentinos, como la presencia de Lorenzo de Médicis y de sus hijos. En 1487 restaura, en unión de su hermano David, el mosaico de la fachada de la catedral, y pinta el tondo de la Epifanía, ahora en los Uffizi.En 1490 da fin a la decoración del coro de S. Maria Novella, vasta empresa emprendida cinco años antes. Parece que G. proyectó todo pormenor ornamental de la estancia, incluso las vidrieras, pero lo más sustantivo de todo ello son las 7 escenas de la vida de la Virgen y otras tantas de la de S. Juan Bautista. Son las primeras: Ofrenda de Joaquín, Nacimiento de la Virgen, Presentación de la Virgen en el templo, Desposorios de María, Natividad y Epifanía, Matanza de los Inocentes y Asunción. Y las segundas: Aparición del ángel a Zacarías, Visitación, Nacimiento de S. Juan, Imposición de su nombre por Zacarías, Predicación de S. Juan, Bautismo de Cristo y Festín de Herodes. Es en esta superiorísima serie donde luce hasta el máximo el buen arte de componer que siempre caracterizó a G. Las escenas, con cuidadas arquitecturas, han sido concebidas con extremado rigor, y una de las mayores gracias es la aparición de arrogantes damas, se dirían precedentes de las santas de Zurbarán, que, sin tener gran cosa que hacer en el cometido sacro, parecen presidir las escenas en que se encuentran. Son Ludovica Tornabuoni, Francesca Sassetti, Giovanna degli Albizzi, más otras no identificadas pero que, sin género de duda, retratan personas de autenticidad florentina. A este propósito, es menester citar el pasmoso retrato de Giovanna degli Albizzi, firmado por G. en 1488 y conservado en la colección Thyssen-Bornemisza, de Lugano, de las mejores efigies realizadas junto al Arno. Pero también los florentinos famosos encuentran sus retratos en el magnífico ciclo: son Lorenzo y Pietro Tornabuoni, Giovanni Tornaquinci, Gentile dei Becchi, Pietro Popoleschi, Girolamo Giachinotti, Poliziano, Marsilio Ficino, Cristoforo Landino, etc. El vasto trabajo, que el artista firmara desacostumbradamente, Bighordi Grillandai, fue concluido en mayo de 1490 y remunerado con 1.000 florines de oro. Todavía, como obras posteriores, han de mencionarse la Visitación, del Louvre, de 1491, y la Resurrección, de 1492, conservada en Volterra.G. falleció en su ciudad natal el 11 en. 1494. Su actividad, si recordamos que no vivió, sino 45 años, había sido incansable, tanto en los frescos que se han citado como en los cuadros de caballete. Y en unos y otros, resulta sorprendente lo perfecto de su educación clasicista. Puede ser que, aparte Mantegna, fuera el cuatrocentista mejor compenetrado con el arte clásico. Quizá, convencido de ello, procurase no perder ocasión de demostrarlo. En su preciosa Adoración de los pastores, de 1485, en la Trinitá, de Florencia, no sólo reproduce con perfecta seguridad un arco romano de triunfo, sino que estampa su firma en un sarcófago de traza bien clásica, con nítida falsificación de la epigrafía. En la Epifanía, de 1487, en los Uffizi, muestra un fondo de ruinas clásicas o, mejor, de ruinas renacentistas, proyectado con maestría de arquitecto. Pero contaba con una sabiduría aún mejor, y era la de erguir sus figuras con una solidez viva, con una buena planta que no suele repetirse en su tiempo. Sin duda, ha de parecernos menos espiritual y sutil que Botticelli, menos delicado y aéreo. Y éste fue el gran daño de que se ha resentido la fama póstuma de G. Su contemporaneidad respecto de Sandro le ha hecho mucho daño. Sin embargo, son ociosas e inútiles las comparaciones. G., mucho más corpóreo y vital (recuérdese la Visitación, del Louvre) fue un retratista excepcional, seguramente más fiel que Botticelli, como lo pueden atestiguar sus efigies de Francesco Sassetti y su hijo (Nueva York, Metropolitan Museum) y de El abuelo y el nieto, esto es, el viejo de nariz hinchada y tumefacta que es una de las gracias del Louvre. Y, en todo caso, G. es uno de los artistas florentinos estelares de su altísimo s. xv.V. t.: RENACIMIENTO V, 1; FLORENCIA, ESCUELA DE.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: H. HAUVETTE, Ghirlandajo, París 1898; G. S. DAvIES, Ghirlandajo, Londres 1908; P. E. KüPPERS, Die Tafelbilder des Domenico Ghirlandajo, Estrasburgo 1916; P. BARGELLINI, Il Ghirlandaio del bel mondo florentino, 2 ed. Florencia 1947; 1. LAUTS, Domenico Ghirlandajo, Viena 1943; P. PASSAVANT, Mitteilungen des Kunsthistorisches Instituts, Florenz 9, 1959-60.
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