Germánico, Imperio HIST.
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Historia
1. Orígenes. El I. g. de la Edad Media fue el heredero del reino de Francia oriental y tuvo sus orígenes en el 843 por el tratado de Verdún (v.), en favor de Luis el Germánico. Muerto éste, fue dividido entre sus tres hijos, volviéndose a unir el territorio del reino germánico en la persona de Carlos el Gordo. Depuesto éste en el 887, se mantuvo unido bajo el gobierno de su sobrino, el margrave de Carintia, Arnulfoo, hijo bastardo de Carlomán. El territorio germánico abarcaba desde lá desembocadura del Escalda hasta Judandia por el O, y por el E. el río Elba y su afluente el Saale separaban la Germania de los pueblos eslavos (vendos) que ocupaban el Este del Elba hasta el Oder. Hacia Italia ocupaba los altos valles del Eisack y el Adigio. La frontera penetraba en Francia por las fuentes del Escalda. Arnulfo (m. 899) se hizo coronar en Roma (896) por el papa Formoso, pero de hecho no tuvo ninguna autoridad en Italia. Le sucedió su hijo Luis IV el Niño (899-911). A su muerte, Germania se encontraba fragmentada, y aunque se eligió rey de Francia occidental a Carlos el Simple, representante de la dinastía carolingia (v.), la debilitación del poder real de los últimos carolingios en Alemania y las invasiones constantes de los daneses, eslavos y húngaros, hicieron que, en cada uno de los núcleos nacionales, los pueblos aceptaran la protección del algún gran personaje, al que reconocieron su autoridad y que tomó el título de duque, sin que dejasen de reconocer nominalmente la autoridad del soberano.En la segunda mitad del s. IX, se constituyeron en Alemania cinco grandes ducados: Sajonia (v.), al que se había incorporado en el 908 Turingia (v.); Baviera (v.), Franconia (Francia orientalis), Suabia (v.; la antigua Alamannia) y Lorena (v.). Los cuatro primeros ducados eligieron rey en el 911 a Conrado I (911-18), duque de Franconia, de la familia de los Conradinos, rival de los Babenberg. Esta elección marca el triunfo del principio político unitario y de la idea nacional,, considerada como el nacimiento de la Alemania medieval. El nuevo rey, para enfrentarse al feudalismo que minaba la unidad del país, buscó el apoyo del alto clero, favoreciendo al episcopado alemán e iniciando una política de gran trascendencia en el futuro de Alemania, al convertirse los obispos en altos funcionarios del reino. Lorena, el último de los cinco ducados, cayó en poder de Carlos el Simple y permaneció unida a Francia 14 años (911-25), vinculándose más tarde a Alemania. Conrado aconsejó a los ducados vecinos que hiciesen sucesor suyo al poderoso duque Enrique, elegido por los grandes de Sajonia y Franconia (919).Él fue el creador de la dinastía sajona (v. LIUDOLFINGER, DINASTÍA), cuyos representantes fueron Otón I, II, III y Enrique II (m. 1204). El fundador de la dinastía, Enrique I el Cazador (919-36), fue elegido rey en Fritzlar. Era hijo de Otón el Ilustre, consejero de Luis el Niño, en una época en que la casa ducal de Sajonia empezaba a destacar en el conjunto de señoríos germánicos. Con la fidelidad de los sajones y los francos de Franconia, devolvió a la monarquía su prestigio, al enfrentarse con los daneses en la Marca del Norte (Nordmark), que protegía la Sajonia septentrional; venció a los eslavos en Lenzen, y en Turingia obligó a los húngaros a retirarse. Reincorporando la Lorena a Alemania (925), apaciguó a los duques de Suabia y Baviera y les convirtió en valiosos auxiliares de la corona; consiguió que el duque Wenceslao de Bohemia reconociera la autoridad real (929), creó un cuerpo de caballería adiestrándolo para enfrentarse a los húngaros, y preparó con su extraordinaria labor el camino a su hijo Otón.El objetivo principal de los representantes de esta dinastía fue establecer el principio hereditario de sucesión, según el procedimiento empleado por las monarquías occidentales de la Edad Media de asociar el heredero al poder real, en vida. Enrique I, en la Dieta de Erfurt, obtuvo la promesa de los nobles de elegir rey a su hijo Otón I el Grande (v.; 936-73), asociado a su padre desde el 929, y ungido y coronado rey en la catedral de Aquisgrán (7 abr. 936) por el arzobispo de Mayence. Recibió la investidura del reino con la espada, los brazales, el manto, el cetro, el bastón, y la corona. Se sentó en el trono de Carlomagno, reafirmando así el dominio sobre la Lotaringia francesa y señalando el carácter franco de su realeza. Muerto su primogénito en el 946, al que había asociado al trono, hizo elegir, en el 961, como sucesor suyo, a Otón II (v.), nacido de su segundo matrimonio, y que contaba seis años de edad, coronándole en el 967 y asociándole al poder. Hubo, por tanto, dos Emperadores, lo cual estaba de acuerdo con la tradición carolingia. En el 976, sucedió a su padre, y en la Dieta de Verona (983) hizo elegir, a su vez, a su hijo Otón III (v.), de tres años de edad. La desaparición rápida de las dinastías en Alemania, finalmente favorecieron el principio electivo de sucesión.2. Estado y estructura política. La monarquía germánica alcanzó indudable prestigio con la fuerte personalidad de Otón I, que restauró la autoridad real (912), rechazó las invasiones húngaras (Lechfeld 955), anexionó el reino de Italia como "protector" del joven Conrado de Borgoña y de su reino vasallo (938), ayudó al papa Juan XII ante la intromisión del rey Berengario en los territorios pontificios, en Roma confirmó las donaciones hechas por los carolingios al Papado y fue ungido por segunda vez, investido, coronado y aclamado Emperador, por el papa Juan XII el 2 feb. 962. Dicho acto dio origen a la tradición según la cual tan sólo un rey alemán podía ser tomado en consideración, en lo sucesivo, para recibir la dignidad imperial de Occidente.A partir del 962, los destinos de Alemania e Italia quedaron unidos y así permanecieron durante siglos, significando una auténtica Renovatio Imperii, después de la postración en que había caído el Imperio con los últimos carolingios. En el sentido de la renovación imperial otónida se advierte gran influencia del A. T., pese a su inspiración carolingia, y se acentuó el carácter sacral de la unión que convertía al "Ungido del Señor" en partícipe del ministerio episcopal y "mediador" entre la Iglesia y el pueblo fiel. La intervención decisiva del Papa en la coronación del Emperador implicaba a su vez el derecho de aprobar al elegido, puesto que el Papa no podía consentir que recibiera la dignidad imperial un rey no idóneo, en sentido eclesiástico, y, aun en el caso de una doble elección, por parte los príncipes germanos, quedaba en manos del Papa decidir quién era el más apto antes de proceder a su coronación. Las consecuencias de esta mutua interferencia de los poderes espiritual y temporal pronto habían de manifestarse.El episcopado de los tiempos otónidas, como el de los carolingios, era favorable a la unidad del reino. El rey intervino en la elección de los obispos, que en principio eran elegidos por el clero y fieles de la diócesis, pero de hecho el colegio electoral estaba formado por el clero de la sede episcopal y los súbditos del obispado. En la mayor parte de los casos, el rey intervenía personalmente o delegados del colegio electoral visitaban la Corte para ponerse de acuerdo con el soberano. En general, los otónidas vincularon el episcopado alemán a la aristocracia: miembros de lá familia real, familias nobles y clero de la Capilla y Chancillería. Los escogidos parece que fueron excelentes, pues el clero otoniano alemán fue de gran moralidad.La Iglesia, como en tiempos de Carlomagno y Luis el Piadoso, mantuvo la concordia, y existía la perfecta unión de soberano-obispos. Sin embargo, la opinión pública italiana era cada vez menos favorable a los alemanes, y el joven papa Juan XII intentó aliarse con Adalberto, hijo de Berengario. Otón I desconcertó sus planes acusándole de llevar una vida poco digna, le depuso y eligió para sustituirle a León VIII (963). Los romanos rechazaron esta designación anticanónica y, cuando falleció Juan XII, eligieron a Benedicto V (964), quien abdicó forzado por las fuerzas alemanas de Otón, que repuso a León VIII; triunfo efímero, pues estalló de nuevo la rebelión en Roma. El Emperador venció a los rebeldes (966). La coronación de su hijo Otón II en la Navidad del 967, asociado al trono, pareció afirmar la supremacía imperial sobre el Papado, ocupando la Sede pontificia Juan XIII (965-72), pero para conseguir el dominio efectivo de toda Italia era preciso a los Otónidas eliminar del Sur a los bizantinos (Apulia y Calabria), y a los musulmanes de Cerdeña y Sicilia. La habilidad diplomática eliminó el primer peligro, concertándose en San Pedro de Roma la boda de Otón II (972) con la princesa bizantina Teófano, hija de Sofía Focas y de Constantino Scleros.El Imperio otónida lo formaban ahora los reinos de Alemania e Italia, le estaba supeditado el de Borgoña, y los ducados de Bohemia y Polonia desde 963. Francia se consideraba al margen del Imperio. La amplia expansión territorial fue acompañada de una colonización que persistió eficazmente, junto con la evangelización. Asta se extendía a los escandinavos desde la sede arzobispal de Hamburgo. Se penetró pacíficamente por territorio eslavo, después de la victoria de Recknitz sobre los obodritas y la detención de las incursiones húngaras. Había comenzado la expansión germana hacia el E: entre el 962 y el 968 se crearon varias diócesis en el país de los polabos, y se obtuvo de Juan XIII la creación de la sede metropolitana de Magdeburgo, hasta entonces obispado dependiente de Maguncia, que canalizó la evangelización de los eslavos de la orilla izquierda del Oder. La primera diócesis polaca, la de Poznan, fue erigida como exenta en el 968. Desde cuatro años antes, el cristianismo realizaba grandes progresos en Polonia. El obispado obodrita de Oldemburgo, fundado también en el 968, quedó supeditado a la sede de Hamburgo, mientras el obispado de Praga, creado en el 973 en territorio checo, dependía de la sede de Maguncia, de la que eran sufragáneos los obispados de Brandeburgo y Harelberg desde el 947. En esta trabazón religiosa se encontraba el sustrato de la política iniciada por Otón 1 frente a eslavos y daneses. Otón II (973-983) fue reconocido fácilmente en Merseburgo (973), a la muerte de su padre. El duque Miecislao I de Polonia se mantuvo fiel; no así el duque Boleslao II de Bohemia, que quiso emanciparse. Continuó la misma política que su padre, pero la derrota sufrida frente a los musulmanes junto al cabo de Colonna (982) acentuó la desconfianza de los italianos en el poder de la casa de Sajonia.Los daneses y eslavos intentaron aprovechar esta oportunidad, mientras Otón estaban pendiente de Sicilia, dominada por el Islam. El Emperador murió pronto y dejó un hijo de tres años, Otón III (983-1002), coronado inmediatamente en Aquisgrán por el arzobispo de Maguncia. La emperatriz Adelaida, viuda de Otón 1, y Teófano, abuela y madre del niño, ocuparon la regencia, apoyadas por la Iglesia y la nobleza. Muerta Teófano (991), Adelaida defendió la corona de su nieto con gran entereza, hasta que éste cumplió los 14 años. Educado por su madre esmeradamente, por Bernardo Hildesheim, por su profesor de griego Juan Philagathos, por Adalberto de Praga y por el gran Gerberto de Aurillac, recibió la corona imperial (996) a los 17 años, proponiéndose aumentar el prestigio familiar mediante una auténtica renovación del viejo Imperio romano con sede en Roma (998-1002). Espíritu brillante y claro, no se limitó a continuar la tradición carolingia, sino que quiso remontarse a la Antigüedad. Se estableció en un palacio del Aventino junto al Tíber; en Roma, distribuyó títulos que derivaban del Imperio romano, y quiso revivir la etiqueta de los antiguos Emperadores. De acuerdo con su antiguo maestro Gerberto, elegido Papa con el nombre de Silvestre II, en vez de renovar el pactum carolingio entre la regia potestas y la auctoritas sacra, buscó una nueva base jurídica a las relaciones entre el Papado y el Imperio, para terminar con las tensiones de las interferencias mutuas en el gobierno de Italia; el Emperador se denominaba "siervo de Jesucristo o de los Apóstoles", y como advocatus Ecclesiae se veía investido de la gestión de los asuntos temporales de la Iglesia, mientras el Papa, en su calidad de vicarius Sancti Petri, se reservaba el cuidado de los asuntos espirituales. Sin embargo, este intento y fórmula política fracasó con la rebelión del 1001, a la que siguió la muerte del Emperador (1002) y la del Papa (1003).Enrique II el Santo (1002-24), último rey de la casa de Sajonia, duque de Baviera, sucedió a su primo Otón III en los tronos de Germania e Italia, a pesar de la oposición de Lombardía y la actitud de Bohemia y Polonia (V. ENRIQUE II DE ALEMANIA, SAN). Fue coronado Emperador por Benito VIII el 14 feb. 1014. Utilizó la Iglesia como instrumento de orden; pacificó Borgoña, Bohemia y Polonia (1018) además de Italia; y utilizó un nuevo método político: en vez de irrumpir como soberano en la esfera puramente eclesiástica, ingresó como canónigo laico y honorario en los principales cabildos de sus Estados, estableciendo así un lazo de unión personal con la Iglesia.Durante su reinado, la política religiosa se situaba entre el sistema tradicional otoniano, que tendía a someter la Iglesia alemana a la realeza, y el programa de los reformadores, que reivindicaban para la Iglesia una total independencia, contradicción que 20 años más tarde apareció plenamente, cuando Enrique III pretendió someter a su autoridad soberana, no sólo a los obispos alemanes, sino también al Papa. Durante los s. IX y X, la economía siguió teniendo su base en la agricultura y la ganadería.La tierra había ido pasando del Estado a los señores laicos o eclesiásticos (los seniores) fragmentada en grandes dominios, una parte de cada uno de ellos, la terra dominicata, se la reservaba para sí el señor, cultivada por siervos y por las prestaciones personales de sus gentes; el resto se dedicaba a prados, bosques o yermos. Muy frecuente era el manso, surgido en el s. v de la disgregación de las villae, o fincas rústicas del Bajo Imperio. La redistribución del suelo en sus distintas modalidades, la parcelación de los grandes dominios o curtes señoriales, y la ocupación de tierras conquistadas al enemigo, trajo consigo una etapa de prosperidad, cuyo reflejo y estímulo fue el aumento de población, situación general en toda la Europa occidental. Dentro de la estructura feudal se enmarcan las distintas clases sociales, así como otros elementos de la sociedad (v. FEUDALISMO). junto a los gobernantes laicos y eclesiásticos, los mercaderes o negociantes y artesanos crearon la nueva clase social de la burguesía, habitantes de los burgos que crecían junto a los núcleos antiguos, conurbándose con ellos. Papel importante desempeñaron las ferias; a las del Norte de Italia acudían alemanes, italianos, anglosajones y franceses, en busca de productos exóticos. En el s. X, se formaron ya verdaderas compañías de comercio, commenda, con negocios comandatarios que disponían de acciones, sortes. Simultáneamente despertó la industria europea (hierro en Milán), y el descubrimiento de minas de plata en Goslar, en la Baja Sajonia, cerca de Hildesheim, a mediados del s. X, fortaleció la economía monetaria de los Otónidas bajo el patrón plata, hasta el punto de determinar la fundación del castillo de Goslar, que más tarde sería la residencia favorita de los Emperadores germánicos.A pesar de la situación crítica del Papado, en manos de algunas familias de la vieja nobleza romana, y de una parte del alto clero, del que formaban parte individuos indignos en busca de prebendas, la espiritualidad cristiana alcanzó gran desarrollo; la reforma de la Iglesia surgió del clero regular, con la fundación de la singular abadía de Cluny (910), cuyos monjes acometieron la reforma de la Iglesia feudalizada, en la que se obtenían altas dignidades por dinero, simonía, se disfrutaban rentas celesiásticas sin dejar de ser laicos, con sólo la investidura de las mismas, que no impedía llevar una vida mundana, nicolaísmo.El papa Benedictino VII condenó la simonía (v.) en el 981 y sentó las bases de un nuevo orden eclesiástico que alcanzó su plenitud en la segunda mitad del s. xi. La cultura siguió siendo patrimonio casi exclusivo del clero. La enseñanza estaba dirigida y orientada siguiendo la pauta de la larga tradición pedagógica del s. vi, consolidada por los carolingios en los s. VIII y IX. Las escuelas eran monásticas y episcopales. El principal centro de enseñanza en Alemania fue la abadía de Fulda, donde Rábano Mauro (m. 856) continuó los métodos de su maestro Alcuino, y fue llamado "el preceptor de Germania". Él hizo posible el posterior renacimiento cultural de los Otónidas. Destacaron en literatura profana el obispo de Cremona, Liutprando (891-969), gran narrador, viajero y amigo e intérprete de Otón I. Widukind, abad de Corvey, escribió la historia oficial de la dinastía (983). S. Adalberto de Praga, el místico, formado en la escuela de Magdeburgo, con los grandes maestros de retórica Otric y Radia, fue junto a éste el evangelizador de Hungría desde el 984, y de Croacia. Otras figuras importantes fueron la monja Roswiia de Gandersheim (m. ca. 973), y Gerberto de Aurillac.3. El poder religioso y el poder laico. La cuestión de las investiduras. La dependencia en que había quedado el Papado con respecto al Imperio en los comienzos del s. XI suponía una grave pérdida para la libertad de la Iglesia. El Emperador de Occidente intentaba convertir al Papa en un súbdita fiel a su autoridad laica. De otro lado, la Iglesia de los restantes territorios occidentales no sometidos al Emperador tendía a sustraerse a las directrices del Pontífice por considerarlas mediatizadas. El Papado no podía restablecer su absoluta autoridad en Oriente y Occidente más que independizándose de la tutela civil.A la muerte de Enrique II (1024), en Alemania e Italia comienza a reinar la casa de Franconia (v.), emparentada con la de Sajonia. Su primer soberano fue Conrado II (1024-39), llamado el Salio, duque de Franconia y descendiente de Otón I. Conrado fue el candidato del alto clero italiano y alemán, pues el Imperio seguía siendo electivo. Coronado Emperador en Roma (1027), se anexionó una vez más Borgoña (1033) y favoreció a la nobleza inferior, frente al poder de los grandes nobles, entre los que se contaban los prelados que contribuyeron a su encumbramiento, pero no se interesó por la reforma religiosa, preocupado por consolidar el poderío de su casa más allá de sus dominios de Franconia y Suabia. La historia de esta dinastía Salia, que perduró en Alemania durante un siglo (1024-1125), se divide en dos periodos diferentes: hasta 1056 el prestigio del Imperio se mantuvo casi en las mismas condiciones que durante los Otónidas. A partir de 1073, comenzó la larga lucha frente al Papado gregoriano, lucha a la que dio fin, al menos de una manera provisional, el concordato de Worms (1122).Enrique III (1039-56) favoreció la reforma, en estrecha relación con Hugo, abad de Cluny (1049-1109). En su tiempo, la reforma afectó principalmente al monacato germánico, aceptando las normas cluniacenses. A los cluniacenses (v.) se unieron los camaldulenses (v.), fundados por S. Romualdo (v.; m. 1027), que tuvieron en S. Pedro Damián (m. 1072) uno de los principales impulsores de la lucha contra la simonía y el concubinato, emprendiendo una labor crítica de la actuación del clero secular, con amplia repercusión en el pueblo, tanto en Italia como en Alemania. La reforma no fue fácil y coincidió con el intento bizantino de reconquistar Sicilia a los musulmanes (1040) y con la intervención de los normandos, quienes se beneficiaron de esa lucha y ocuparon Apulia, Campania, Calabria y Sicilia. El conflicto reformista alcanzó especial gravedad en la región de Milán, donde incluso existían unas tarifas simoniacas para recibir la ordenación sacramental, y donde el pueblo bajo (patarino o patariense) se sentía reformista hasta la violencia.El problema moral de la cuestión religiosa se complicaba con el sentimiento político antigermánico de la Italia integrada en el Imperio, y con la aparición del "nacionalismo" italiano de difícil plasmación política. Pero los reformistas ganaban terreno, frente a los conformistas y aprovechados. El sínodo de Letrán, reunido por el papa Nicolás I I (1059), estableció el Decreto para la elección pontificia, según el cual ésta se haría tan sólo por los miembros del Sacro Colegio Cardenalicio, representante del clero del Ducatus romanus, con el consentimiento del estamento clerical y del pueblo, pero sin intervención de laicos. Durante este conflicto, murió Enrique 111 (1056) y, cuando se reunió el Sínodo de Letrán, el Imperio se debatía en la larga minoría (105665) del sucesor, niño de seis años, Enrique IV (v.; 10561106), que tanto contribuyó al engrandecimiento de los príncipes y del gran feudalismo en Alemania. Durante su minoría, se debilitó el poder con la regencia de la emperatriz Inés, cultivada y piadosa, pero falta de energía y sentido político.Las luchas con el Pontificado llenaron el reinado, y el espíritu reformista originó el Cisma (v. CISMA III; 106164) y la lucha contra Gregorio VII (v.) hasta 1085, habiéndose producido la ruptura con el Papado en 1076. Enrique III había procurado reforzar la autoridad real en Turingia y Sajonia, construyendo castillos y confiando su custodia a ministeriales suabos adictos a su casa, a la vez que hacía de los prelados germanos unos oficiales fieles a su causa, puesto que él los elegía e investía con los símbolos (báculo, mitra y anillo) del alto cargo que les confiaba. La querella de las investiduras (v.) coincidió con la lucha que comenzaba entre los partidarios del Papa, luego llamados güelfos (v.) y los del Emperador (gibelinos). La lucha entre el Papado y el Imperio contó con una tercera fuerza: Los comunes urbanos que, precisamente en el s. xi, se desarrollaban en las tierras del Imperio. Las ciudades de comerciantes, artesanos y mercaderes, como Venecia, Génova y Pisa, comenzaron por conseguir su independencia económica del poder feudal y lograron también la autonomía política, convirtiéndose en oligarquías y señorías ciudadanas con las que debía contar quien deseara conseguir el poder supremo efectivo, polarizándose la lucha en torno a esta nueva fuerza pendular.La elección de Urbano II (v.; 1087-1109) en el Pontificado y el apoyo de Welfo V de Baviera, casado con la condesa Matilde de Canosa (1089), reforzó la posición del Papado en el Norte de Italia y Sur de Alemania, formándose la Liga de las ciudades lombardas, en la que los representantes (cónsules) de los municipios del Norte de Italia desempeñaron un importante papel, a favor del Papa. La lucha continuó a la muerte de Enrique IV (1106), mientras los príncipes alemanes aprovechaban el desorden interno para consolidar su poder, y los altos cargos procuraban convertir en feudos hereditarios los dominios administrados; poco a poco, los señoríos feudales se extendían por casi todo el país. Enrique V (110625), soberano contemporizador, puso fin al conflicto de las investiduras, llegando a una solución con el papa Calixto II (1119-24) en el concordato de Worms (1122), que reconocía a la Iglesia el derecho a elegir obispos y abades, pero permitía al Emperador presidir las elecciones y dar su consentimiento antes de proceder a la consagración de los elegidos. El gran canonista Ivo de Chartres ideó una fórmula de compromiso, que aceptaron Francia e Inglaterra (1107): el obispo elegido por el clero recibía la consagración espiritual de otros obispos, con la cruz pectoral y el anillo, y el señor laico, dueño de los bienes temporales, le confería la investidura de éstos, mediante la concesión del báculo.Los partidos güelfo y gibelino desempeñaron un importante papel en la política alemana de esta época. Pertenecientes a familias nobiliarias alemanas (los primeros de Baviera y los segundos de la familia de los Weiblingen) participaron en las guerras entre el papado y el Imperio. Ambas familias tomaron actitudes contrarias en 1125, al morir Enrique V sin herederos directos, y encarnaron dos grupos opuestos, con sus correspondientes candidatos al Imperio G.: Lotario II de Supplimburgo, duque de Sajonia, desde 1106 fue elegido rey y luego coronado Emperador (1125-37) por la facción de los güelfos, que agrupó a los príncipes del Imperio y a los partidarios del Papa. El duque de Suabia Federico de Hohenstaufen (1105-47), nieto de Enrique IV por línea femenina, se negó a reconocerle.4. El Imperio de los Hohenstaufen. La casa de Hohenstaufen (v.), apoyada por la facción gibelina, consiguió el trono en 1137 para el hermano menor de Federico, Conrado III (1137-52). Las facciones nobiliarias seguían buscando reyes poco poderosos para conservar sus privilegios, mientras la guerra civil entre ellos se hacía cada vez más crítica, y aumentaban el desorden y la anarquía. La situación interna de Alemania facilitó el acceso al poder del hijo del duque Federico, llamado también Federico de Hohenstaufen, a la muerte de su tío Conrado, en 1152, y que era duque de Suabia desde 1147, año en que murió su padre. Era también primo hermano de Enrique el León, duque de Sajonia y Baviera y jefe entonces de la casa de los Welf. Estas circunstancia hacen confluir los deseos de paz de los litigantes (güelfos y gibelinos) en la elección de Federico I Barbarroja (v. FEDERICO 1 DE ALEMANIA).Con Federico I (1152-89), el título imperial alcanzó de nuevo incomparable prestigio, a pesar de los reveses en la lucha contra el Pontificado y su programa de restauración de los derechos del Imperio en Italia. No consiguió realizar todos sus objetivos políticos, pero logró que su hijo y heredero Enrique casara con la hermana del rey Guillermo 1 de Sicilia, Constanza, con lo que la dinastía aseguraba su presencia en el Sur de Italia. Federico murió en la tercera cruzada (junio 1190).5. La expansión alemana hacia el Este. Durante el s. XII, la expansión alemana hacia el Este experimentó nuevos avances, gracias a los esfuerzos de la nobleza fronteriza, como Alberto el Oso, margrave de Brandeburgo, o Enrique el León, duque de Sajonia. Colonizaron nuevas tierras, pero crearon también situaciones de privilegio para los colonizadores, y tuvieron que enfrentarse con Estados, mayoritariamente eslavos, como Polonia y Bohemia, que rechazaban la colonización germana. Ambos Estados se consideraban protectorados alemanes. Esta colonización mercantil, artesana y agrícola creó los núcleos de Lübeck, Mecklemburgo, Doberán y Rostock, a orillas del Báltico.Enrique VI (v.; 1189-97) sucedió a su padre, Federico Barbarroja; basó su programa de gobierno en las tradiciones germánicas y en el recuerdo de los reyes normandos, cuya herencia, por su matrimonio con Constanza de Sicilia, recibió en 1194. Culto y político hábil, en los pocos años de su reinado consiguió notables resultados; su ideal fue subordinar al Imperio los Estados situados fuera de sus límites tradicionales, para conseguir una monarquía universal. Fue coronado en, Roma por el papa Celestino III el 15 abr. 1191. Las revueltas interiores del Imperio y la creciente aversión de Italia terminaron por destruir la unidad alemana, que no’ se. conseguirá hasta Federico II, y que se precipitó con la prematura muerte de Enrique VI (m. 1197). Con Inocencio III (v.), comenzaron las reivindicaciones del Papado. En estas difíciles circunstancias, el heredero del trono, FedericoRoger, un niño de tres años de edad, recibió el nombre de Federico II (v.), pero se produjo un cisma real alemán, en el que los partidos políticos jugaron un papel importante con la elección de Felipe de Suabia y Otto de Brunswick (1198). Ambos se enfrentaron abiertamente, y el último, en 1208, quedó como único rey, interviniendo en Italia y continuando los conflictos con el Papado.Federico II (1218-50), con el apoyo del Papa, se impuso como soberano indiscutible de Alemania. Al morir Federico 11, mediado el s. XIII, el poder imperial quedaba anulado por las monarquías nacionales y por la preponderancia del régimen municipal, que había fortalecido a las ciudades del Imperio hasta convertirlas en piezas claves de la política y de la economía. Estos nuevos poderes salían beneficiados de la lucha secular, que ahora concluía, entre Emperadores y Pontífices. La realeza germana se hallaba reducida a la impotencia, y se consideraba vacante desde 1245. La elección del landgrave de Turingia, Enrique Raspe, por anti-César, efectuada (1246) por los obispos alemanes, y la de su sucesor, Guillermo de Holanda (1247), no resolvió la situación interna del país, ni le devolvió la unidad. La sede imperial siguió vacante durante el gran interregno, 125073, mientras los candidatos rivales se enfrascaban en luchas continuas o arbitraban otros medios para granjearse electores y atraer a sus respectivas causas los poderes basculantes, hasta la elección de Rodolfo, conde de Habsburgo, quien vinculó (1273-92) el Imperio a su casa. Mentras tanto, Sicilia fue entregada por el Papado, ya que era feudo pontificio, a un príncipe francés, Carlos, conde de Anjou y de Provenza, y hermano de Luis IX. Carlos I de Anjou (v,) conquistó el nuevo reino de Sicilia (1266), aprovechando el gran interregno, que no consolidó frente a Pedro III de Aragón (Vísperas Sicilianas, v.; 1282).’La discusión de la primacía entre el Papado y el Imperio continuó, en un campo más teórico que real, durante los s. XIV y XV, pero no fue beneficiosa ni para los Emperadores ni para los Papas. En tiempos de Federico II tuvo lugar el comienzo de la reconquista de Prusia, por los hermanos de la Orden Teutónica. Los Estados satélites de Alemania aprovecharon también la crisis producida en el Imperio para hacerse independientes con sus dinastías nacionales; así, Bohemia con el duque Otocar I (v. PREMISLIDA, DINASTíA); Polonia y Hungría. A la muerte de Guillermo de Holanda (1256) alcanzó la dignidad imperial Ricardo, conde de Cornualles, apoyado por su hermano Enrique III de Inglaterra. Anticipándose a Alfonso X el Sabio (v. ALFONSO x DE CASTILLA Y LEÓN), a quien apoyaba el arzobispo de Tréveris y los electores de Sajonia y Brandeburgo (abril 1257), Ricardo llegó a Alemania dispensando dádivas y cartas constitucionales de libertad. Fue coronado en Aquisgrán (mayo 1257) y reconocido en el Alto Rin y en Basilea. Dominó a Otoca, confirmándole la anexión de Austria y Estiria (1262) a su principado de Bohemia, pero en vano intentó obtener el reconocimiento del Papa y su coronación en Roma, hasta su muerte (2 abr. 1272).Esta época fue característica en luchas y guerras privadas por toda Alemania. Los oprimidos iniciaron su expansión hacia el Este, donde fueron acogidos por los reyes de Bohemia, Hungría, duques polacos, los de Silesia y Pomerania. El papa Gregorio X deseaba ver terminado este calamitoso periodo del interregno. Los electores, a la muerte de Ricardo, se inclinaron por Rodolfo de Habsburgo (1 oct. 1273), que poseía extensas propiedades en Alsacia y Suiza. Se suplicó el beneplácito del Papa, y una asamblea en Lausania ratificó la alianza del Papado con el Imperio, aceptando voluntariamente Rodolfo el programa pontificio; Gregorio X facilitó el camino del rey, haciendo renunciar a Alfonso X a sus pretensiones al Imperio. Otocar de Bohemia no renunció a sus derechos de elector y rehusó prestar vasallaje al Emperador. Perdió sus posesiones alemanas y fue derrotado por Rodolfo y Ladislao de Hungría en Marchfeld (26 ag. 1278), donde murió el rey checo. El emperador Rodolfo proporcionó ayuda a los güelfos, se reconcilió con el papa Nicolás 111, tras renunciar a las reclamaciones sobre Bolonia y Romaña, dedicó todos sus esfuerzos a Ja exaltación de los Habsburgo (v.) en Alemania, y otorgó privilegios a electores y príncipes, a los que encomendó la sucesión de su hijo Alberto.A su muerte (15 jul. 1291), los"lectores, dirigidos por los arzobispos, eligieron a Adolfo de Nassau, quien fue coronado en junio de 1292, y el duque Alberto de Austria le prestó vasallaje. Su alianza con Eduardo I de Inglaterra en agosto de 1294 para defender la frontera occidental del Imperio contra Felipe IV de Francia (v.) y sus pretensiones de dominio universal originaron la unión de los grandes vasallos fronterizos, . desde el Delfinado a Luxemburgo, y del duque de Austria, Alberto, quienes prestaron su apoyo a Felipe. Añte la sublevación inminente, el emperador Adolfo solicitó una tregua, pero Alberto, unido a los electores, aprovechó la ocasión para rebelarse y marchó hacia Viena con su ejército en febrero de 1298, mientras el arzobispo de Maguncia convocaba una dieta para mayo, en la que depuso al ambicioso Adolfo, eligiendo a Alberto; éste venció a su rival en GSllheim, cerca de Worms (2 jul. 1298), donde fue muerto. Alberto continuó la política tendente a fortalecer la casa de Habsburgo, que con Rodolfo había aumentado su patrimonio familiar al destruir el poderío de Otocar II de Bohemia, con los territorios de Austria, Estiria y Carniola. Asesinado por su sobrino el duque Juan, en mayo de 1308, disminuyó el poder de esta familia sensiblemente. Durante los s. xiv y xv, Alemania (v. ALEMANIA IV), carente de una autoridad suprema fuerte, se convirtió en un abigarrado mosaico de pequeños Estados en lucha entre sí. Los núcleos de población eslava, en los territorios del Este y del Sur, entraron en conflicto con el "germanismo", y lo "germano" debió batirse en retirada. Algunas grandes ciudades episcopales como Ratisbona, Estrasburgo, Colonia y Maguncia, habían comprado su libertad con la protección imperial, logrando independizarse de la autoridad eclesiástica. Otras como Francfort, Nuremberg o Aquisgrán, eran también, de hecho, independientes de los lazos feudales y podían considerarse libres.6. La decadencia del Imperio. La primera mitad del s. xiv fue de crisis política en Alemania, disputándose el poder la familia de los Habsburgo y la de Luxemburgo (v. LUXEMBURGO, CASA DE). Esta última, vacante el trono tras el asesinato de Alberto, comenzó a reinar con su primer representante. Enrique de Luxemburgo, quien fue elegido por el apoyo del arzobispo de Tréveris, Balduino, y con la aprobación secreta del papa Clemente V (v.). Alemania mantuvo una política duradera. El poder estaba centralizado en los príncipes y ciudades libres, obteniendo la primacía las grandes familias, emparentadas entre sí. La prosperidad y la población aumentaron, pese a la falta de unidad territorial y a las desavenencias entre príncipes y familias nobiliarias. La muerte de Enrique VII de Luxemburgo (1309-13) y la extinción del conflicto entre el Papado y el Imperio entre reclamaciones sin significado alguno, créó la competencia y rivalidad de las dinastías para obtener el poder. Esta situación contribuyó decisivamente a la desintegración del país. Las ciudades comerciales se erigieron en poderosas repúblicas y progresivamente comenzó a formarse un nuevo Estado dentro del Imperio: la Confederación suiza, cuyos cantones se crearon en 1291. Tras la elección dudosa de Luis IV de Baviera, excomulgado por Juan XXII en 1324, después de haber vencido en Morganten (1315) a los austriacos, a los que volvió a derrotar en Mühldorf (1322), terminó la guerra civil alemana frente al otro aspirante al trono, Federico de Austria. El principal triunfo de Luis IV de Baviera fue la Dieta de Nuremberg (1322), que renovó las luchas con el Papado, rehaciendo el nacionalismo germánico, cuyas fuerzas se agruparon en torno al Emperador (Dieta de Rhense 1338). El papa Clemente VI le desposeyó, en 1346, de todos sus derechos y también a sus descendientes, haciendo un llamamiento a los electores para que eligieran rey de romanos. Fue elegido (julio 1346) el luxemburgués Carlos de Moravia, y coronado en Bonn.Luis IV murió víctima de un accidente en octubre de 1347, tras enriquecer los dominios de su casa. Carlos IV de Luxemburgo, elegido rey de Bohemia y Emperador de Alemania (1346-78) fue quien fijó la Constitución del Imperio en la Bula de Oro (v.), dada en 1356 y que mantuvo su vigencia hasta 1806. En ella se establecía que el Imperio seguiría siendo electivo, en manos de cuatro electores laicos, el conde del Palatinado, el duque de Sajonia, el margrave de Brandeburgo y el rey de Bohemia, y de tres electores eclesiásticos, los arzobispos de Colonia, Maguncia y Tréveris, los cuales veían fijadas sus atribuciones y el papel que les correspondía en la ceremonia de elección de Emperador. La Bula, que señalaba también las preeminencias de los aristócratas alemanes, halló oposición en las ciudades de Suabia y del Rin, y en los pequeños nobles feudales, que nada supieron hacer por invalidarla. El Imperio sería independiente de Roma, y los Pontífices conferirían la dignidad imperial al que fuese elegido. La Bula de Oro dio al Imperio estabilidad constitucional e independencia frente al poder pontificio. El prestigio de Carlos IV hizo posible que lograran la corona imperial sus hijos Wenceslao (1378-1400) y Segismundo (v.; 1410-37), aunque ambos tuvieron que enfrentarse con un país dividido y desconcertado, en el que los intereses particulares se anteponían al bien común de todos los súbditos.A la muerte de Segismundo fue elegido su yerno, Alberto II de Austria (1438-39), quien unía a la corona de Alemania, a la de Hungría conseguida por Segismundo en 1403, y a la de Bohemia, también anexionada por Segismundo en 1436, su propio ducado de Austria. Así pasaba a ocupar el poder difinitivamente en el Imperio la casa de Habsburgo.7. La casa de Habsburgo. Muy pronto le sucedió su hermano Federico III de Estiria (1439-93), quien logró mantenerse frente al poderío de los turcos otomanos y las luchas internas. Con su hijo Maximiliano, la política de los Habsburgo y su poder se afianzaron por medio de las alianzas matrimoniales, y Austria entró de lleno en el corazón de Europa. El matrimonio de Maximiliano con María de Borgoña, heredera de Carlos el Temerario, fue el fundamento del acceso de Carlos V al Imperio (v. CARLOS I DE ESPAÑA).C. TORRES DELGADO.
BIBL.: J. REGLÁ CAPISTOL, Historia de la Edad Media, Barcelona 1960; R. FOLZ, La naissance du Saint-Empire, París 1967; CH. E. PERRIN, La société féodale Allemande et ses institutions du X, au XII, siécles: 1. Les grands traits de L’histoire politique de I’Allemagne de 911 á 1250, París 1967; J. BRYCE, The Holy Roman Empire, Londres 1961; R. FOLZ, L’idée d’Empire en Occident du V, au XVI siécle, París 1953; J CALMETTE, Le Reich Allemand au Moyen Age, París 1951; P. E. SCHRAMM, Kaiser, Kánige und Pápste, Stuttgart 1968-70.
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