Germania I. Historia. 2. Expansion E Instituciones HIST.
Categoria:
Historia
La expansión de los pueblos germánicos abarca desde el s. III a. C. al s. VII d. C., y supone entrar de lleno en el complejo mundo del fenómeno histórico que se conoce con el nombre impreciso de las invasiones, que se suceden en Europa casi ininterrumpidamente desde el s. II d. C. y que son debidas a movimientos de pueblos de diverso origen y procedencia.Ya en la época de Augusto, los romanos tenían idea clara de la unidad del mundo germánico. Esta unidad viene dada sobre todo por la comunidad lingüística (v. GERMÁNICAS, LENGUAS Y LITERATURAS). E. Schwarz ha clasificado los pueblos germánicos, en la época de las invasiones, en tres grandes grupos: el continental (francos, alamanes, bávaros y lombardos), el godo-escandinavo (nórdicos) y el tronco anglosajón y frisón. Aunque no es fácil determinar el asentamiento originario de los germanos, sí se puede decir que establecen contacto con los mediterráneos por el E (bastarnos), por el O (cimbrios y teutones) y por el centro, en fecha muy antigua. A partir del s. in a. C., se nota en el mundo germánico un expansionismo por causas diversas no fácilmente determinables. Se habla de empeoramiento climático en Escandinavia, de afán aventurero y de botín, del ver sacrum (voto sagrado hecho en primavera) que obligaba a los jóvenes a buscar fortuna en el exterior, etc. Entre el 230 y el 200 a. C., los bastarnos se desplazan hacia el mar Negro; los suevos, mucho más tarde (58 a. C.), penetran en la Galia mandados por Ariovisto. Roma pone límites a esta expansión con la conquista de las Galias por César (58-51 a. C.), y por la organización de la Retia y la Nórica en el 16-15 a. C. El internamiento hacia las Galias se debió al deseo de ganar terreno a costa de la debilidad creciente del mundo celta, que encuentra su única salvación en la sumisión a Roma. El hecho es que, en el reinado de Augusto, los germanos están establecidos a todo lo largo del Danubio, siendo éste su límite a pesar de la derrota de Varo (9 d. C.). Hasta Marco Aurelio, hubo una relativa tranquilidad afianzada por la conquista romana del territorio comprendido entre el Danubio y el Alto Rin (agri decumates o campos sometidos a tributo) y por el establecimiento del limes (frontera) en la zona. Es ésta una época de contactos e interconexiones entre romanos y germanos fundamental para comprender la latinización de estos últimos.En la segunda mitad del s. II d. C., la calma se disipa a causa, por un lado, de la debilitación de las fortificaciones romanas fronterizas y, por otro, del aumento de la población germana. No hay que olvidar como tercer factor clave la presión que en el ala oriental del mundo germano ejercen las migraciones de godos. En el 166, cuados y marcomanos llegan a Venecia; costobocos y bastarnos, un poco más tarde, hasta Acaya. La oposición romana apenas logra contenerles.En el s. in, la expansión es mucho más violenta; en el 254, cae el limes de G. superior; en el 259, tiene lugar la ocupación de Bélgica; entre 268 y 278, se produce la invasión de la Galia y la penetración hasta Hispania; entre 260 y 270, los alamanes se lanzan sobre Italia, y los godos, en el espacio que media entre 258 y 269, saquean Tracia, Grecia y Asia Menor. El emperador Aureliano (270-275) restablece el limes en su anterior trazado. Pero la Dacia es entregada a los godos, y la Galia no se recupera del todo hasta Probo, en el 278. Diocleciano consigue con su extremada dureza y eficacia cerrar el paso a los germanos. En época de Constancio II (351-361), otra vez los germanos invaden las Galias. Juliano, en una serie de inteligentes campañas, rechaza su expansionismo (Argentoratum, 357). Pero su éxito no tiene continuidad. En el s. iv, contingentes de germanos se establecen en el interior de las fronteras del Imperio en calidad de foederati que, a cambio de defender la frontera frente a invasiones de otras tribus, reciben anualmente las annonae foederatae para su mantenimiento. Para remediar las infiltraciones, la táctica del sistema defensivo del limes ha pasado de estática (época de Diocleciano) a movible, flexible y de intervención rápida. Adrianópolis y el paso del Rin suponen la penetración de visigodos primero, y vándalos, alanos, cuados y suevos después, que se desparraman por el Imperio. Los germanos orientales se convierten en los principales protagonistas del movimiento expansionista que comienza en el 375 (invasión de los hunos) y que termina en el 568 con el asentamiento definitivo en Italia de los lombardos.En el s. i, los godos se hallan asentados en la desembocadura del Vístula. Durante el s. il, se desplazan progresivamente hacia el sur fragmentándose en dos grupos: los visigodos (más occidentales) y los ostrogodos (más hacia Oriente). Los visigodos (v.) son admitidos por Valente en el 376 para establecerse en el Imperio, pero sus malas condiciones de vida provocaron la batalla de Adrianópolis (378), magníficamente relatada en los últimos libros de la historia de Amiano Marcelino. Tras algunas concesiones hechas por Teodosio, los visigodos con Alarico al frente buscan nuevos lugares de asentamiento, asolando la península de los Balcanes y el Peloponeso. Tras ello, marchan sobre Roma; rechazados por Estilicón y habiendo puesto sitio a Honorio en Rávena, toman Roma en el 410. Su sucesor Ataúlfo, casado con Gala Placidia, hermanastra de Honorio, funda el reino de Tolosa, desde donde los visigodos llegan a España. Por su parte, los ostrogodos (v.), rechazados por los hunos, llegan a Panonia y luego a Italia, en donde Teodorico funda el reino ostrogodo tras derrotar a Odoacro. Los vándalos (v.), empujados por los godos, cruzan el Rin en el 406 y, unidos a cuados, suevos y alanos, atraviesan la Galia y llegan a Hispania en el 409. Bajo Genserico, en el 429, pasan el estrecho de Gibraltar y organizan en África el reino vándalo. Mientras, los burgundios emigran a la zona comprendida entre el Rin y el Main (400), y fundan un reino con capital en Worms. Este reino es destruido por el general romano Aecio con la ayuda de tropas hunas. Los burgundios emprenden a continuación una nueva migración hacia el Ródano y allí se establecen.Tras esta primera oleada de pueblos germanos avanza otra, más compacta, más numerosa, menos brillante, pero más eficaz. Durará los s. V y VI, y está integrada por francos (v.), alamanes (v.) y bávaros. A ésta sigue una tercera formada por lombardos (v.), la última invasión germánica y quizá la más devastadora, y ávaros, ambas en los s. VI y VII. Al mismo tiempo que se desarrollan estos movimientos expansionistas, cuya tónica predominante es el desplazamiento por vía terrestre, tienen lugar otras migraciones que, partiendo principalmente de Escandinavia meridional, de Alemania marítima y de los Países Bajos, siguen el camino del mar. Su mayor actividad se sitúa en los s. v y vi, afectan principalmente a zonas costeras y litorales, y se puede decir que hallan su continuidad en la época, posterior, de los vikingos (v.). Son las invasiones de los anglos (v.), sajones (v.), jutos, pictos, escotos y bretones, que dan lugar a la civilización anglosajona.Por lo que respecta a las instituciones de los pueblos germánicos, a pesar de las particularidades individuales, se puede hablar de cierta uniformidad entre todos ellos. Hay que diferenciar, por otro lado, las instituciones de estos pueblos en los periodos posteriores a las invasiones y los estadios anteriores. Intentando, pues, resumir los múltiples y complejos problemas que esto entraña, podemos decir que la sociedad está estructurada en cuatro clases principales: la nobleza, constituida por las familias que hacen remontar su origen hasta los mismos dioses; los libres, encargados de la guerra en un momento dado y poseedores de los derechos civiles; los semilibres, divididos a su vez en una especie de libertos y los litos, gentes procedentes de tribus sometidas; y los esclavos cuyo origen se encuentra, como en la mayoría de las sociedades, en los prisioneros de guerra, en los nacidos de esclavos o en los comprometidos con deudas.La agrupación humana fundamental de los pueblos germánicos es la sippe, que posee un sentido comunitario de defensa y protección, y que asume también el derecho de vengar las injurias al honor de uno cualquiera de sus miembros. En cuanto al Derecho, no existe norma escrita, sino el Derecho consuetudinario de trasmisión oral. El órgano supremo de cada clan o tribu es la Asamblea militar (Thing o Ding), con poderes propios de un tribunal. Esta Asamblea opone reparos a las decisiones y propuestas del jefe o caudillo, decide ir a la guerra o determina la paz, expulsa a los criminales y dicta la forma de las sentencias. Las tribus de los germanos orientales tienen reyes con atribuciones sagradas y judiciales. Los germanos occidentales adoptan la monarquía más tarde y, en caso de guerra, eligen un caudillo o duque entre la nobleza, con derecho a séquito. Los seguidores guardan fidelidad a su jefe hasta la muerte.Las invasiones germánicas no son sólo, como se vio durante mucho tiempo tópicamente, un fenómeno puramente militar devastador y desastroso. En la mayoría de los casos, se trata de expansionismo. Por otro lado, en el agitado mundo del final de la Antigüedad, se impone cada vez más hablar de metamorfosis (Vogt) progresiva y gradual y no de ruptura, de fin, de corte, conceptos que implican evidentemente un radicalismo que no puede ser aplicado tan tajantemente a los hechos históricos por su misma naturaleza.J. ARCE MARTÍNEZ.
BIBL.: L. MUSSET, Las Invasiones, Barcelona 1967-68 (contiene buena bibl.); P. COURCELLE, Histoire Littéraire des grandes invasions germaniques, París 1948; F. LOT, El fin del Mundo antiguo y los comienzos de la Edad Media, México 1956; K. VOSSLER, Romania y Germanía, Madrid 1956; J. VOLT, La decadencia de Roma. Metamorfosis de la cultura antigua, Madrid 1968; M. MISIEGO, Los orígenes de la civilización anglosajona, Barcelona 1970.
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