Garcilaso, Inca
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Biografía GER
Escritor peruano. N. en el Cuzco el 12 abr. 1539. Fueron sus padres el conquistador español capitán Garcilaso de la Vega y la princesa Chimpu Ocllo, de la familia imperial de los Incas. Bautizado con el nombre familiar de Gómez Suárez de Figueroa, vivió en Perú hasta 1560, cuando viajó a España con el dinero que le dejó su padre en el testamento y con el doble propósito de estudiar y de alcanzar las mercedes que le correspondían. En 1563 intentó regresar al Perú; pero, por razones aún no precisadas, desistió de su viaje. Con el apoyo de su tío Alonso de Vargas se estableció en Montilla. Por breve tiempo participó en la lucha contra los moriscos sublevados en las Alpujarras de Granada. Pero, orientado definitivamente por el camino de las letras y en fecundo contacto con los humanistas andaluces, hacia 1591 se radicó en Córdoba, cambió su nombre inicial de Gómez Suárez por el de Garcilaso de la Vega, al que añadió después el título de Inca, y dedicó el resto de su vida a componer su obra histórica. De su preocupación religiosa son pruebas el haber vestido el hábito de clérigo y la compra de una capilla en la mezquita-catedral, a la que dotó para su entierro. M. en Córdoba el 22 ó 23 abr. 1616.El primer libro del I. G. (y también el primero de un escritor americano) fue su versión al castellano de los neoplatónicos Diálogos de Amor de León Hebreo, que él tituló La traduzión del Indio (Madrid 1590). Su primera obra histórica fue La Florida del Ynca (Lisboa 1605). Basada en la versión oral de un veterano soldado español, Gonzalo Silvestre, y reforzada por el cotejo con fuentes escritas, pero sobre hazañas realizadas en una tierra que G. no conoció (el sudeste de los actuales Estados Unidos) y bajo un capitán al que no alcanzó (Hernando de Soto), La Florida del Ynca une la veracidad del relato histórico con una bella labor literaria. "Araucana en prosa" se le ha llamado con acierto; y en ella se reúnen modelos de historia clásica y de los historiadores italianos del Renacimiento, retratos morales aprendidos en los cronistas españoles de la Edad Media, episodios y adornos de las novelas de caballerías, y valor concedido a lo visto y oído por los protagonistas de la historia, característico de las crónicas de Indias.Cuatro años después se publicó la obra maestra y fundamental de G.: la Primera parte de los Commentarios Reales, que tratan... de los Yncas, Reyes que fueron del Perú (Lisboa 1609). Obra de reconstrucción del Imperio de los Incas, homenaje a su tierra nativa y a su sangre indígena materna, los Comentarios alternan la narración de las conquistas con la presentación de leyes, instituciones y costumbres y la descripción de los productos de los tres reinos naturales. Llegado tarde al campo de las crónicas de Indias, el I. G. utiliza las historias escritas antes que él (inclusive los papeles truncos de su compatriota el jesuita chachapoyano Blas Valera), pero las acompaña de "comento y de glosa", precisa la cronología, rectifica la ubicación de los lugares, aclara el significado de muchos vocablos mal interpretados por quienes no conocían como él la lengua quechua o runa simi. En un estilo limpio y terso, envueltos en la doble nostalgia de la lejanía en el tiempo y el espacio, los Comentarios Reales constituyen el cuadro más completo e idealizador del Imperio de los Incas, y en sus páginas empieza a perfilarse la fisonomía espiritual del Perú. Prohibidos a fines del s. XVIII por su capacidad de exaltación de los valores autóctonos de América, su difusión actual es inmensa y se les considera, con Menéndez Pelayo, "el libro más genuinamente americano que en tiempo alguno se ha escrito".La segunda parte de los Comentarios Reales se publicó después de la muerte del Inca (Córdoba 1617), con el título (modificado por los impresores) de Historia General del Perú. Si la primera parte fue el relato elogioso de los incas, en la segunda G. rindió tributo a la sangre de su padre, a las hazañas españolas en el descubrimiento y la conquista, y a la incorporación del mundo indígena a la cultura cristiana occidental. G. vuelve a aprovechar la fuente escrita de las crónicas de Indias; pero por la cercanía de los sucesos, y por su propia reacción personal, el comentario cede el paso a menudo a la rectificación y la polémica. Menos valiosa, con un criterio estrictamente histórico, la relación se complementa con lo que G. vio y oyó en el Perú, con los episodios en que pudo participar en su niñez, con sus evocaciones expresivas y confidencias llenas de calor y vida. La obra termina con la muerte dada al Inca Túpac Amaru, durante el gobierno del virrey Toledo; y está dedicada significativamente a los "indios, mestizos y criollos" del Perú.A. MIRÓ QUESADA.
BIBL.: J. DE LA RrvA-AGÜERO, Elogio del Inca Garcilaso, Lima 1916. J. DE LA TORRE Y DEL CERRo, El inca Garcilaso (Nueva documentación), Madrid 1935; A. MIRó QUESADA, El inca Garcilaso, Madrid 1948; R. PORRAS, Garcilaso en Montilla, Lima 1955; VARIOS, Nuevos estudios sobre el Inca Garcilaso de la Vega, Lima 1955; C. M. Cox, Utopía y realidad en el Inca Garcilaso, Lima 1965.
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