Garcilaso de la Vega
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Biografía GER
Biografía. Poeta renacentista español. Nacido en Toledo, en 1501 ó 1502. Conocemos bien a sus ilustres antepasados. Ya un Garcias Lasso o Garci-Lasso, del solar de Torrelavega, es mencionado en tiempos de Fernando IV. El padre del poeta, de su mismo nombre, se distinguió bajo los Reyes Católicos. Su madre, Sancha de Guzmán, nieta de F. Pérez de Guzmán, heredó su señorío de Batres, al que se unió el de Cuerva en 1502. G., muy pronto huérfano de padre, recibe esmerada educación en el colegio toledano de Santa Catalina, fundado a fines del s. xv. Sus propios escritos, especialmente sus versos latinos, revelan su deuda para con los maestros humanistas de Toledo. En abril de 1520 es nombrado "continuo" de la guardia personal del rey, dedicándose al servicio de las armas, que proseguiría de por vida junto a Carlos, con gran lealtad. (Su hermano mayor, Pedro, había participado en las Comunidades). G., militando en las fuerzas reales con el capitán Juan de Rivera, combate en Olías (1521) y es herido en la cara. En 1522 parte con la infortunada expedición de los caballeros toledanos de San Juan para socorro de Rodas, sitiada por los turcos, encontrándose allí con los que habían de ser sus compañeros inseparables de armas y letras, el joven Juan Boscán (v.) y Pedro de Toledo. Nada se sabe de la participación de G. en esta aventura, que no pasa de Sicilia. De regreso a España, se une a la corte del Emperador, que le favorece con el hábito de Santiago en 1523. Acaso en el sitio de Fuenterrabía, en 1524, conociese a Fernando Alvarez de Toledo, heredero del ducado de Alba, amistad muy importante en su vida y en su obra. Uno de sus primeros versos, la glosa al villancico ¿Qué testimonios son éstos?, escrito antes de 1531, lo muestra, con otros rimadores, en el círculo de Alba. En 1525 contrae matrimonio con Elena de Zúñiga, hija del maestresala de la reina Isabel, unión que es aprobada por el Emperador y su hermana, Leonor de Austria. Se ignoran cuáles son las relaciones de G. con su esposa. No la menciona en ninguno de sus escritos, excepto en su testamento (otorgado en 1529).En 1526 asiste probablemente, en Sevilla, a la boda del Emperador con Isabel de Portugal y marcha con la corte a Granada. Allí, entre las delicias cortesanas de un ocio de seis meses, produce la famosa ocasión que da entrada en la lengua castellana a los metros italianos, según cuenta su introductor, Boscán, en carta a la duquesa de Soma, declarando que no los hubiera intentado hasta adquirir progreso, si en ello no lo afianzara G. con su juicio, "que debe ser tomado como guía". Después, G. conoce a Isabel Freire, dama portuguesa del séquito de la Emperatriz. "De Italia le vino el metro y de Portugal, la musa" (D. Alonso). Antes de 1529 Isabel se había casado con Antonio de Fonseca. Unas quintillas del poeta alusivas a la boda (Culpa debe ser quereros) son sus primeros versos de datación exacta. No sabemos más detalles de Isabel (ya celebrada en su tierra por Sá de Miranda; v.).En 1529, G. sale de España con el Emperador. La coronación imperial en Bolonia y los complejos negocios diplomáticos de Italia, son ocupaciones de la corte y ponen a G. en contacto, por vez primera, con el mundo italiano. Una misión, también diplomática, le lleva a Francia. Vuelto a España en 1531, por haber participado como testigo en la boda de un sobrino, no aprobada por los reyes, se ve envuelto en un proceso que le haría perder de golpe todo el favor real. Sin embargo, el duque de Alba consigue llevárselo con él a Flandes y alcanzar al Emperador en Ratisbona. G. resulta provisionalmente confinado a una isla del Danubio (la de Schütt, u otra cercana a Ratisbona), y escribe allí versos que reflejan su abatimiento. Entretanto, sus amigos no dejan de trabajar en su favor. Pedro de Toledo, marqués de Villafranca, nombrado virrey de Nápoles, hace que sea allí donde permanezca como desterrado, lo que abre el periodo más destacado de su vida literaria. En un ambiente brillante (Academia Pontaniana, fiestas, vida cortesana y galante) se desarrolla la actividad de G., que da a conocer, entre otras cosas, su primer poema latino dedicado a Antonio Tilesio. En Nápoles conoce la noticia de la muerte, de sobreparto, de Isabel Freire, en 1533. Tras una rápida visita a España, regresa a Italia y tenemos información sobre un nuevo amor napolitano. En 1534 se halla en la campaña de Túnez y la Goleta, donde vuelve a ser herido. El año siguiente sería de reposo y G. confirma su buena fama entre doctos italianos (Capece, Galeotta) y humanistas españoles, como Juan Ginés de Sepúlveda. Pero en 1536 las hostilidades, siempre latentes, con Francia se inician de nuevo. G., como maestre de campo, sigue al Emperador en su incursión francesa y es posible que durante ella compusiese su último poema largo. La campaña es desastrosa, y a primeros de septiembre ha empezado la retirada. El 19 sept. 1536, Carlos, con su escolta, en la que va el poeta, llega a Le Muy, cerca de Fréjus (Provenza). Hay allí una torre fuerte con algunos franceses que hostilizan. Carlos manda dispararle un cañonazo. Varios nobles se disputan escalarla, entre ellos G., que es herido en la cabeza por una gran piedra, muriendo días más tarde en Niza, el 13 oct. 1536. Dos años más tarde, su esposa traslada sus restos a San Pedro Mártir de Toledo.Obra literaria. Componen la obra de G. una epístola, dos elegías, tres églogas, cinco canciones y 38 sonetos, más ocho piezas en metros castellanos y algunas pequeñas en latín. En prosa, lo más importante es la carta a Jerónima Palova, que acompaña la traducción de II Cortigiano de Castiglione, hecha por Boscán. Pese a su brevedad, la obra garcilasiana constituye el más completo acervo de poesía clásica, como muy pronto juzgaron sus anotadores: el Brocense (v. SÁNCHEZ DE LAS BROZAS), en 1574; Herrera (v.), en 1580, o Tamayo de Vargas (1588-1641), en 1622. El principado de los poetas castellanos nunca ha sido disputado a G., consumido lo mejor de su vivir en acciones bélicas, acorde con el ideal renacentista de hermanar _armas y letras ("tomando ora la espada ora la pluma"). Por la cronología de su obra: Égloga II (1533-34); Epístola a Boscán (1534); Égloga I (1534-35); varios sonetos y las Elegías I y II (1535), finalmente, Canción V y Égloga III (1536), se aprecia que, aun suponiendo que hubiera versificado en estilo tradicional antes de 1531 y al estilo italiano después de 1526, lo más importante se concentra en los tres últimos años de su vida. La crítica ha visto su obra bajo dos aspectos: el que se podría llamar diacrónico (estudio de la evolución del poeta con criterio histórico) y analítico (examen de las composiciones mayores para después exponer el sentido total de su poesía).Estudio diacrónico. G. comienza insertándose en la tradición poética castellana del Cancionero (v.), cuyas influencias ya notaron los antiguos comentaristas, y que le dan el silencio intimista, cierto conceptismo y virtuosismo verbal, todo ello antes y después de 1526. En este plano hay que colocar la imitación consciente de Ausiás March (v.) en su poesía amorosa, hoy plenamente establecida.En el aspecto de ardorosa entrega a los metros y estrofas italianos, la obra de G. es señera e inicia toda la dirección de la lírica española en el Siglo de Oro (v.). Señalemos tres géneros nuevos: la epístola poética (con antecedentes en los "capítulos" de Juan de Tapia del Cancionero General de 1527), la elegía (especialmente la 1, por la muerte de D. Bernardino Alba) y sobre todo la canción (especialmente la V, A la flor del Gnido), cuya innovación métrica, la lira, había de tener arraigo inmediato y que fue magistralmente analizada por Menéndez Pelayo. La adaptación de nuevas formas poéticas implicaba nuevo contenido. La imitación renacentista es concebida, en toda Europa en ese momento, como estímulo poético para la creación y así ha de entenderse en G., que abarca de los italianos (Petrarca, Bernardo Tasso, Tansillo, Sannazaro) a los clásicos (Virgilio, Ovidio, Horacio). Petrarca (v.), muy presente en las cuatro primeras canciones y difuso en el resto, es un influjo decisivo por afinidad sentimental y le sirve sobre todo de guía para expresar estados interiores, esto es, líricos. Sannazaro (v.) le proporciona el ensueño pastoral, la naturaleza. En cuanto a los sonetos, hay influencias no sólo petrarquistas. G. logra en algunos la rotundidad clásica. La Égloga II, la de estructura más complicada, combina tercetos, estancias y rima interna (la mayor parte de la obra), dando entrada a la narración y al diálogo. Intervienen los pastores Salicio, Nemoroso, Albanio y la enérgica pastora Camila (Albanio puede ser el duque Fernando o el propio poeta). La aparición de fray Severo (Varini, dominico preceptor del duque de Alba) y sus consejos refrenan la pasión amorosa de G. Para Keniston y Mele, esta égloga sería representable (como algunas italianas de principios del s. xv). Su parte narrativa cuenta historia y anécdota de la casa de Alba. La Égloga I "marca la más alta cima de la poesía garcilasiana" (Lapesa) y es la más exquisita y popular de las composiciones mayores. Presenta a Salicio y Nemoroso quejándose de sus pastoras, Galatea, esquiva (" ¡Oh más dura que el mármol a mis quejas! ") y Elisa, muerta ("Dejas morir mi bien ante los ojos"). Toda la pasión por Isabel Freire, cantada en estancias, se desdobla en ambos pastores. La Égloga III significa el triunfo de la forma y el dominio de los recursos de estilo. Comprende tres relatos mitológicos (Eurídice y Orfeo, Apolo y Dafne, Venus y Adonis) y otro de nueva invención (la muerte de Nise), bordados por las ninfas del Tajo. La segunda parte de la égloga es el diálogo pastoril de Tirreno y Alcino, escrito en octavas. Las Elegías I y II ofrecen un G. más grave, contenido, sentencioso e irónico. Tanto ambas, como la Epístola, pueden considerarse "poesía de la amistad" y, por esto, plenamente renacentistas. Las Canciones, por último, muestran la libertad de la inspiración lírica.Estudio analítico. La obra de G. está sustentada por un hombre plenamente encajado en su tiempo. El enamorado, el servidor de su rey, el cortesano y el hombre de letras se funden en él de manera perfecta, sobre el escenario español y europeo del s. xvi. Esta armonía se vierte en una poesía lírica sincera, pero contraída a unas formas que ostentan el vigor de su novedad. Hay, pues, que buscar en G., ante todo, este lirismo que se complace en aparecer en el ambiente pastoril, donde se encuentra con la naturaleza en paisajes familiares (riberas del Tajo) o lejanos (Italia, el Danubio), adheridos en todo momento a las experiencias íntimas. El análisis de las propias emociones, el individualismo y la carencia de lo épico, caracterizan el fondo esencial de toda su poesía. Por su mundo interior desfilan, en primer lugar, el amor hondo y sentido, que destaca sobre un fondo petrarquista y platónico, de acuerdo con la tónica cultural del momento. Junto a él, el dolor, como conflicto individual (pasión frente a razón) y como realidad inmutable, cósmica. Dolor que se funde, sin estridencias, en melancolía ("No me podrán quitar el dolorido sentir"). Importante es también el sentimiento de la naturaleza, humanizando sus elementos y, por ello, rebasando convencionalismos literarios, trascendiendo su emoción directa, a veces nostálgica. La presencia de otros temas renacentistas ayuda a perfilar la figura de G. como hombre y su concepción del mundo (los toques estoicos, el platonismo (v.), actualización de los mitos, encarnación del cortesano ejemplar).El poeta realiza plenamente la estética del Renacimiento (v.), que arranca de la imitación de los antiguos y los italianos, concebida como libre juego, con unos valores que despiertan las propias concepciones poéticas. Su gran afinidad con Petrarca envuelve a ambos poetas en la misma atmósfera en cuanto al comportamiento lírico (v. PETRARQUISMO). Pero G. asimila todos los contactos y recrea en cada instante, como advirtieron en seguida todos sus críticos. Los resultados son esa claridad, tranquilidad y medida que lo hacen, fundamentalmente, "clásico", en el doble sentido de la palabra: vivo y al mismo tiempo modélico. Un sentimiento moderado y una situación existencial dentro de límites nunca desbordados, le llevan a destacar siempre lo personal, lo individual y lo humano, dándole, por tanto, una vigencia intemporal.En cuanto a su estilo, hay que notar, en primer lugar, que el mundo poético de G. no coincide con la realidad, sino que se eleva sobre ella, hasta alcanzar un plano de superior trascendencia estética. Sus paisajes denotan una naturaleza "húmeda y musical" (Margot Arce). Utiliza una gama de colores limitados y escuetos, de gama fría, dominando el verde, el blanco y el oro. La luz es clara y brillante, con contrastes pronunciados de claridad y sombra. Las sensaciones auditivas ("un susurro de abejas") demuestran fina percepción. En cuanto a recursos verbales, ya D. Alonso señaló la presencia de la técnica correlativa en sus versos, tan utilizada después por sus más inmediatos seguidores. La composición es siempre arquitectónica. Planos, líneas rectas, equiparables a las construcciones renacentistas, más bien clásicas que platerescas, como había apuntado Keniston.Respecto al lenguaje, predomina una sencillez formal aun en los pasajes más artificiosos, con una sintaxis preferentemente regular. Epítetos exactos, imágenes y metáforas comunes, no rebuscadas, cifrándose todo ello en las ideas expuestas en la carta a Jerónima Palova, sintetizadas en naturalidad y selección, que le hacen revestir un "sabor de modernidad para todas las épocas" (Menéndez Pidal). La influencia de G. en la poesía lírica castellana es inmediata en el s. XVI, en el que su huella se deja sentir en todos los poetas. Fue trasladado "a lo divino" en 1577 por Sebastián de Córdoba y en 1628 por Andosilla Larramendi. En el s. XVII, en el seno de la polémica barroca, significó la meta equilibrada entre las tendencias extremas. En el s. XVIII, aunque sus ediciones disminuyeron, volvió a considerarse como clásico. Los románticos tampoco lo olvidaron. Y en nuestro tiempo, ha servido como regulador de las apetencias de sencillez.ANDRÉS SORIA.
BIBL.: Ediciones: a) Príncipe: Las obras de Boscán y algunas de Garcilasso de la Vega..., Barcelona 1543; Las obras del excelente poeta Garcilasso de la Vega, Salamanca 1569; b) Anotadas: por EL BROCENSE, Salamanca 1574; por F. DE HERRERA, Sevilla 1580; por T. DE VARGAS, Madrid 1622; por 1. N. DE AZARA, Madrid 1765.
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