Gamberrismo
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Varios
Concepto y caracteres. El vocablo gamberro es un adjetivo calificativo que se aplica a las personas de natural libertino o disoluto, que son groseras. En la región andaluza y en género femenino, es sinónimo de mujer pública. Su derivado, gamberrismo, expresa la calidad o condición de gamberro.La pérdida del respeto humano y de toda disciplina en ciertas colectividades de la sociedad -y además, hoy, especialmente durante los ciclos de edad adolescente y juvenil (v. ADOLESCENCIA Y JUVENTUD)- desemboca en la más total y absoluta anomía, es decir, en una vida sin normas o contra toda norma. A quienes, con su comportamiento, evidencian esas cualidades negativas para la convivencia social (v.) se les adjudica ese pintoresco nombre de gamberros.Sus formas de manifestación son múltiples y variadas, aun cuando a todas ellas las comprenda, como denominador común, el obrar antisocial y, en su consecuencia, sean la más directa expresión de una situación de real y verdadera inadecuación o inadaptación al medio ambiente social. Las características del g. son esencialmente atípicas y, aun cuando pueden presentarse como constitutivas de una verdadera peligrosidad social, en ningún caso están sometidas a la sanción represiva de la ley penal, ya que difieren de la normal consideración subjetiva que hubo de tener en cuenta el legislador, aun cuando puedan entrar en juego las medidas de seguridad para salvaguardar la paz social dentro de un orden de Derecho.Si bien el g., bajo ciertos aspectos, existió siempre, el que hoy se padece, con caracteres de macroscópica evidencia por la sociedad contemporánea y a nivel universal, constituye una verdadera lacra social (V. LACRAS SOCIALES). Pueden señalarse como notas comunes del mismo: a) El más absoluto desprecio por los valores socialmente admitidos, siendo sus formas de manifestación más usuales el atuendo estrafalario; la crítica irresponsable a los valores o a las personas a quienes, por ley natural, se debe respeto u obediencia; la inversión del horario corriente y la supresión o sustitución de las usuales fórmulas de cortesía. b) La agresividad, que se manifiesta por el ataque a personas, la alteración del orden público y los atentados contra el pudor o la propiedad, estos últimos especialmente referidos al hurto de automóviles o de motocicletas. c) La actuación en grupo, pues el gamberro nunca actúa aislado, en donde el vínculo de unión de los individuos entre sí es más o menos variante, aunque se presente con evidente solidaridad colectiva en las más diversas circunstancias.El g. contiene, implícitamente también, aquellas características esenciales que tipifican un estado anormal en la sociedad. Y estas características, referidas al sujeto, son la evidencia de su inadaptación. Entre éstas, las más significativas son: a) la incapacidad para cubrir las propias necesidades; y b) la presencia de nocividad.Causas y proyección social. Sería ingenuo creer que el problema del g. es de características netamente sociales, pues ese germen que infecciona e impregna a ciertas colectividades, y muy especialmente a la colectividad juvenil, tiene su origen en la misma intimidad del hombre. Ante el cambio de la sociedad tradicional por otras formas de vida que la tecnificación progresiva de la sociedad industrial ha proporcionado al hombre, ha hecho desaparecer su intimidad. Directa consecuencia de la revolución científica en sus aplicaciones técnicas ha sido la deshumanización del hombre. Por ello, y en la sociedad de masas, desaparecen los formulismos, se esfuman las maneras corteses, aparece cierta general ineducación y se van equiparando los sexos. El apego a los bienes materiales y el desvío hacia los valores trascendentes, la psicosis de guerra o la realidad de un conflicto, la rivalidad entre las grandes potencias en la fabricación y creación de armas cada vez más potentes para la destrucción, hacen que pese sobre la humanidad una continua amenaza de extinción, de interrogante en el futuro, de vida sin ilusión y sin esperanza.El Plan CC13 (Comunicación Cristiana de Bienes) destacó el esencial papel que desempeña la familia (v.), siendo por ello urgente y necesario remediar su actual crisis para salvaguardar a todo trance las funciones básicas que son inalterables, sea cual fuere el medio en que se desarrolle, en cuanto que ha de aportar la seguridad emocional a sus miembros, su sostenimiento económico, el control sobre los hijos, influencia formativa y educativa, orientación religiosa y cultural y encauzamiento de los ocios. Sólo desde un punto de vista cristiano es posible afrontar el problema que el g. plantea, en su misma raíz, a la familia, a la sociedad y al Estado. Esa rebeldía sin causa aparente de los pavitos venezolanos, de los patoteros argentinos, de los cachitos uruguayos o de los gamberros españoles o mexicanos son la manifestación social de un mismo fenómeno. El arzobispo de México, Dr. Miranda, en su edicto cuaresmal de 1960 decía: "La Iglesia, representante de Dios, con la familia, entidad de origen natural, y el Estado, que rige la sociedad civil, son las tres personas morales que deben encauzar a la juventud hacia una vida social y moral útil para todos. Causa pavor la corrupción e inmoralidad en que ha caído la niñez y la juventud", precisamente por el contagio evidente de los malos ejemplos y por la corruptora influencia de tantos medios publicitarios que se apartan de la moral o la soslayan. Frente a tal caos, la solución reside en la acción concordada de aquellas personas morales, pues coincidiendo plenamente con el citado edicto cuaresmal, la acción de cualquiera de ellas con exclusión de las otras sería ineficaz para la plena solución del problema.V. t.: DELINCUENCIA JUVENIL.L. MENDIZÁBAL OSES.
BIBL.: J. M. LóPEz RIOCEREZo, Delincuencia juvenil, Madrid 1963; V. SERER VICENS, Violencia, delincuencia juvenil y enfoque educativo, "Universidad de Antioquia", no 169, Medellín (Colombia) 1968, 847 ss.; A. SABATER TOMÁS, Gamberros, homosexuales, vagos y maleantes, Barcelona 1962; J. DEL ROSAL, Tratamiento de la predelincuencia adulta, "Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales", mayo-agosto 1965.
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