Galicia IX. Etnografia y Folklore.
Categoria:
Cultura
Vivienda. Las más antiguas casas son los castros (v.), protohistóricos, de piedra, redondos y pequeños, con cubiertas de paja. En las actuales viviendas se encuentran muchos elementos de los castros, como son una piedra, la ladeira, sobre la que se hace la lumbre, y los escaños que les sirven de asiento y para dormir. Llegan los castros a nuestros días representados por las pallazas, que se extienden en la parte montañosa del sur de Lugo y en las Portillas de Orense. En las montañas, como Cebreros, a más de 1.000 m. de altura, en la pallaza se recogen los hombres y animales durante las grandes nevadas; su forma es circular, con cubierta cónica muy elevada; los muros de piedra, de la altura de un hombre; el interior tiene tres departamentos: uno, para las personas; otro, cuadra para el ganado vacuno, y otro para el lanar. En aldeas donde el invierno es más suave, a la pallaza se le agrega el cuarto, especie de casita cubierta de pizarra donde guardan ropas y aperos. Existe una tercera edificación, el hórreo o granero, y entre estas edificaciones se extiende la eira, donde se desarrolla la vida familiar.Vivienda humilde es la casa terrera de planta rectangular, con una división que separa la cocina de la cuadra. Igual que en las pallazas, el fuego se hace sobre una gran losa, la ladeira, adosada a la pared con campana para salida de humos. Es muy curioso el leito de alcoba, instalación de camas semejantes a las de Europa central, y que consiste en una especie de armario con un cajón donde ponen paja o jergón hechos de hojas de maíz, almohada y cubricios (mantas), y se cierra por delante con una cortina o una puerta. Algunas casas tienen sobrado, al que se sube por una escalera exterior, el cual evoluciona más tarde y en él se hacen varias habitaciones que dan lugar a las casas modernas. El corredor de madera se apoya en dos prolongaciones de los muros laterales y en un poste central (muy corriente en el litoral del Norte), y se utiliza para secar en él los frutos y el maíz.Las casas señoriales son los pazos de origen medieval que, al acabar las luchas feudales, dejan de ser castillos para convertirse en palacios. Conservan una torre almenada, con patio, cerrado por un elevado muro, al que dan las dependencias, y con gran portalada que ostenta el escudo de la familia. En las ciudades "la piedra de armas" está entre dos ventanas, o sobre los soportales, tan representativos de G. y esencialmente en las rúas de Santiago de Compostela, por la necesidad de protegerse de la lluvia. El hórreo tiene papel destacado en la vida aldeana de todo el Noroeste español, de modo amplio por Asturias y atenuadamente por todo el Cantábrico hasta el País Vasco, así como por el norte de Portugal. Es un granero sostenido sobre postes de madera o piedra, aislados por grandes piedras, para defenderse de los roedores. Está coronado por una cruz de hierro o madera; puede ser cuadrado y alargado o redondo, que recibe el hombre de cabaceiro.El traje. Sus características influyen en Asturias, norte de Portugal y el Bierzo. Prenda esencial en los atavíos femeninos es el manteo, falda en forma de capa abierta por detrás, que se pone sobre varias sayas de bayeta. En las regiones ricas, es de paño castaño, pero es de uso más general el rojo; va adornado con tiras de terciopelo negro y cuentas de azabache, de abolengo en esta región desde la Edad Media, en que se trabajaba en Santiago de Compostela. Otra prenda femenina es el dengue, especie de capita que, cruzándose al busto, se sujeta a la espalda en la cintura y hace juego con el manteo. En G. debido al clima húmedo, la mujer lleva la cabeza cubierta, generalmente con un pañuelo estampado en flores, de lana o de algodón y por lo regular de fondo naranja. Prenda que deriva de las tocas medievales es la cofia, hecha en batista o encaje y cuya forma es la de una bolsa que cae por la espalda y donde metían la trenza. Para ir a la iglesia, usaban la mantilla formada por media capa de paño negro y adornada con cintas de terciopelo y cuentas de azabache. El traje masculino consistía en calzón hasta la rodilla, chaqueta y chaleco de bayeta o paño. El chaleco tenía la espalda de lino blanco con un remate de paño aplicado formando un sol, un gallo u otro dibujo. Se animaba el aspecto con una faja de color y el calzoncillo de lino, que asomaba en la pierna bajo el calzón.El hombre gallego se cubre con montera alta, acabada en punta adornada a veces con terciopelo y borlas bordadas en colores. La choroza o coroza, defensiva contra la lluvia, aún se sigue usando en ciertas comarcas, y consiste en una copa con capucha de paja o juncos por la que escurre el agua, al igual que las cubiertas de las pallazas. Como en toda zona húmeda, el calzado es de madera; se llama zocas a las que se ponen sobre chapines de lana, y zocos a las botas de cuero con suelo de madera. Por ser una defensa racional contra el clima, lo único que de este traje se conserva es el calzado y el pañuelo de cabeza en las mujeres del campo.Alimentación. Es rica y variada. En los medios rurales, el pan de trigo es sustituido por la borona, torta de maíz cocida entre dos hojas de berza. La base alimenticia es la leche y el maíz, las patatas y las castañas. Elemento básico es un pote de caldo gallego, a base de patatas, algunas alubias, grelos, que son las hojas del nabo, y unte de cerdo. Su dilatado litoral proporciona los más preciados mariscos, como las neiras de Vigo, centollos, nécoras, percebes, ostras, etc., y muy sabrosos pescados, con los que hacen sopas y caldeiras; en las ferias el pulpo es plato imprescindible. Merecen especial mención las sardinas y la merluza. Las empanadas de lamprea tienen fama en Padrón y las de cerdo en La Coruña. Al ser región ganadera, es lógico que haya excelentes platos de carne. Los quesos son muy variados; el fermentado de Cebrero, el cónico de San Simón o el mantecoso de San Pantaleón y Guimarey. Como el clima es suave, hay vinos apropiados, como los de Ribeiro, Albariña, Valdeorras, etc.Arte popular. "No alcanza en lo plástico la creación popular la riqueza ni la calidad que tiene en lo literario y musical", ha escrito Vicente Risco. Son numerosos y bellos los cruceros sobre una escalinata de piedra con Cristo Crucificado y en el anverso la Dolorosa; algunos, más complicados, entre los que destaca el de Hio (Pontevedra), representan el Descendimiento, con las figuras y las escaleras talladas al aire sobre el granito. El metal, con el que se produjeron obras bellísimas en tiempos protohistóricos, se conserva en la orfebrería popular. La plata sobredorada, que se trabaja sobre todo en Santiago de Compostela y Padrón: de filigrana y chapa recortada en los pendientes, "sapos" o colgantes de tres cuerpos, relicarios, etc. En azabache se representan, generalmente, las imágenes de Santiago, las conchas de peregrinos y las ligas (amuletos).En la comarca de Camariñas se siguen haciendo encajes de bolillos, las panilleiras, de influencia flamenca; esta tradición se remonta al s. xvi. En cerámica, destaca la de Sargadelos, como artística, y las populares de Buño y Niñodaguia, de tipo utilitario, rojiza y, a veces, cubierta con un baño de color amarillo verdoso. Se hacían monigotes o pitos con figuras de animales (v. VII).Las fiestas. Las comunes a toda G. son las fiestas o romerías en honor del santo patrono, o de otros santos que se veneran en pequeñas ermitas. En las ferias, el ganado y los aperos agrícolas son elementos esenciales. Antaño había figuras como el hombre que explicaba en romance un crimen, el adivinador, o los vendedores de frutos secos y frescos. Hoy han desaparecido algunos y a otros se les han sumado los grandes aparatos mecánicos. A las romerías afluyen por diversos caminos gentes de los pueblos próximos. Tras el cohete que anuncia la celebración de los actos religiosos, se suceden la comida y el baile. Al son de la gaita de viento danzan la muñeira, en la que el hombre se mueve con más violencia que la mujer; aunque actualmente se han introducido los bailes modernos, la muñeira se mantiene casi como un rito.Creencias. En otro tiempo existieron en G. algunas prácticas y creencias supersticiosas como la reencarnación de los muertos. Adquirieron difusión la Santa Compaña (procesión nocturna de muertos que llevan mortajas y velas, que entregarán a los que encuentren en el camino, anunciándoles su próxima muerte), el mal de ojo (para librarse del cual se utilizaban amuletos), meigas, curanderos (que a fuerza de práctica ayudaban a los enfermos), etc.V. t.: VI, 3.N. DE HOYOS SANCHO.
BIBL.: V. LIS QUIBEN, La medicina popular en Galicia, Pontevedra 1946; C. MARTÍNEZ BARBEITO, Galicia, Barcelona 1957; R. OTERO PEDRAYO, Historia de Galicia, 1-II, Buenos Aires 1962; Galicia, Terra de Mélida, ed. SEMINARIO DE ESTUDIOS GALLEGOS, Santiago de Compostela 1933.
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