Galicia IV. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
El primer pueblo con nombre conocido, los oestrimnios, lo menciona Avieno (s. IV), recogiendo el Periplo de Eutirnenes (s. VI a. C.), que llama a su tierra Ophiusa y dice que sus gentes son fuertes, habilidosas y comerciantes, que cruzan el mar en naves de cuero. En el s. vi a. C., penetró un pueblo celta de cultura hallstáttica, los sefes, que dejaron interesantes huellas en la toponimia, se agrupaban en grupos gentilicios y vivían en castros (poblados fortificados circulares u ovales) y en casas pequeñas llamadas citanias (v. CASTROS Y CITANIAS). Guerreros consumados, veneraban la Naturaleza y ofrecían sacrificios humanos (v. GALAICOS).La Galicia romana. Los primeros contactos con Roma acaecieron ca. 218 a. C., cuando mercenarios gallegos fueron a Italia con Aníbal. Las primeras expediciones conquistadoras de Roma se fechan ca. 138 a. C., cuando D. J. Bruto cruzó el ríó Limia y ocupó más de 30 castros, recibiendo a su vuelta de Roma el título de Callaico. Posteriormente, en las Guerras cántabras (v. CÁNTABROS II), los ejércitos de Augusto sometieron a los indígenas (29-19), obligándoles a establecerse en los llanos y fundando tres colonias: Lucus Augusta, Brácara Augusta y Asturica Augusta. Agripa incluyó la Gallaecia en la provincia tarraconense. Caracalla constituyó con G. y Asturias la provincia de Nova Hispania Citerior Antoniniana y la dividió en tres conventos jurídicos. La G. romana se vio cruzada por cuatro vías y enriquecida con fortificaciones (murallas de Lugo), puentes y túneles (Montefurado), paños públicos, faros, etc. El cristianismo, introducido según la tradición por la predicación de Santiago el Mavor (v.) y sus discípulos, sufrió la herejía de Prisciliano (v.) en el s. IV. (v. III).La Galicia de los suevos. En el 417, penetraron en G. los suevos (v.), acompañados por los vándalos asdingos, que un año después emigraron hacia la Bética. En este reino suevo, cuya historia conocemos por Hidacio, la población autóctona permaneció bajo la tutela de los obispos, conviviendo armónicamente con los invasores, que constituían la minoría dirigente y que se convirtieron definitivamente al catolicismo con Requiario (448-457). Su problema más grave lo constituyeron los visigodos (v.), que invadieron G. (456) y, tras asesinar a Requiario, impusieron a Agiulfo. Como los suevos no aceptaron al nuevo monarca, coexistió de hecho en G. una doble monarquía hasta Teodomiro (559-570). Unificado de nuevo el poder suevo, renacieron los problemas de los visigodos hasta que Leovigildo invadió G. (585) y la incorporó a su reino.La dominación musulmana (716) fue muy breve. Alfonso I de Asturias (739-757) recuperó muchas ciudades y encargó su gobierno a Fruela. Bajo Alfonso 11 el Casto, cuenta la tradición que fue prodigiosamente encontrado el sepulcro del apóstol Santiago. La historia de la G. medieval está entretejida por algunos ataques musulmanes, como la campaña del 824 y la gran invasión de Almanzor (v.; 997); por las luchas entre señores feudales, y por los ataques normandos (884 a 1032).El reino de Galicia. Normalmente G. dependía de León; pero en algunos breves periodos tuvo personalidad independiente, como con Ordoño (910-914) y Sancho I (926-929). Lo mismo ocurrió tras la unión de León y Castilla (1037), puesto que García fue un efímero rey de G. (1065-71), con su corte en Ribadavia, hasta que su hermano Alfonso VI anexionó G. a Castilla y la entregó como condado a su hija Da Urraca (v.), casada con Raimundo de Borgoña (v. GALICIA, REINO DE). Aun sin ser independiente, es éste el momento culminante de G. Desde 1100, era obispo de Compostela Gelmírez (v.), que difundió la cultura, restauró la disciplina eclesiástica, construyó iglesias, etc. En su tiempo, Compostela, descrita en el Codex Calixtinus, se convirtió en capital religiosa de Europa occidental y gran centro comercial (V. CAMINO DE SANTIAGO).La crisis bajo-medieval. Fernando II otorgó cartas de fuero a las principales ciudades gallegas. También Alfonso IX concedió a otras para, con su apoyo, mantener a raya el poderío de los nobles. Éste era el problema: bajo Fernando III se suceden los levantamientos de los concejos de Compostela (1238), Lugo (1232) y Tuy (1248) contra el poderío episcopal; y Alfonso X aprovecha las revueltas comunales para acrecentar su autoridad. El amparo de los reyes a los señoríos eclesiásticos agravó las luchas comunales durante el s. XIV. Lugo (1386) y Orense (1419) fueron sangrientos campos de batalla entre burgueses y señores eclesiásticos. De ahí que, en el s. XV, surjan las Hermandades, constituidas por el pueblo para defenderse de los abusos e imposiciones de la nobleza. En 1431, se organiza la primera Hermandad, que fue derrotada. La segunda Hermandad, llamada la Santa (1465), integrada por la mayor parte de los concejos gallegos y vasallos de los señoríos, constituyó un ejército de 80.000 hombres que, al año de su fundación, era prácticamente dueña del país; pero fue derrotada en Ponferrada. Pese a la anarquía, en los s. XIV y XV las ciudades gallegas se enriquecen mediante el comercio, florecen sus puertos, se expanden las órdenes mendicantes y se construyen conventos, iglesias, fortalezas y palacios.La sumisión política de la nobleza. En la crisis sucesoria de Enrique IV, el arzobispo de Compostela reconoció como heredera a Juana la Beltraneja, mientras la mayor parte de los nobles apoyaban a Isabel. Y precisamente los Reyes Católicos serán quienes pongan fin al poder de los nobles gallegos, al aplicar a G. SU política unitaria. Fracasaron al pretender que la Santa Hermandad (v.; 1480) se mantuviera con impuesto, que las ciudades se negaron a pagar; pero nombraron un gobernador y justicia mayor, dándoles autoridad sobre los señores y poniendo a su disposición 300 jinetes mercenarios. Hicieron después (1486) una eficaz visita diplomática: se atrajeron a los señores a la corte, confirmaron los privilegios de las ciudades, nombraron corregidores o representantes reales y fijaron la cobranza de rentas reales. La obra culminó con la división de G. en siete provincias (Santiago, La Coruña, Betanzos, Mondoñedo, Lugo, Orense y Tuy) y la creación de la Real Audiencia para administrar justicia. Mas, como se mantenían los derechos señoriales, la situación del campesinado y de los burgueses no mejoró.Cuando Carlos I convocó las Cortes de 1520 en La Coruña, las ciudades hasta entonces representadas por Zamora solicitaron voto, apoyándose no sólo en la justicia de su petición, sino en el auge económico, especialmente naviero, que G. experimentaba a principios del s. XVI, al crecer el interés de la monarquía española por las rutas atlánticas. Pero todos sus esfuerzos resultaron fallidos hasta que, en 1623, cuando las Cortes ya no juegan un papel importante, Felipe IV se lo concedió.La decadencia. A mediados del s. XVIII, G. entra en una etapa de larga decadencia: la injusta distribución de la propiedad impide el desarrollo agrícola; no hay base racional para una industria; las rutas cantábricas le están ya vedadas; y, además, ha de mantener unos ejércitos que pesan muy directamente sobre G. en la guerra de Portugal (1640 ss.) y en la de Sucesión Española (v.). Todo esto justifica que los documentos del s. XVIII retraten una G. pobre y despoblada, porque la emigración empieza a ser ya una lamentable realidad. Aunque la Soc. Económica de Amigos del País (1784) estimula el desarrollo de la agricultura, industria (curtidos, papel y tejidos) y pesca, no enmascara la triste realidad.La guerra de la Independencia (v.) es muy significativa. Tras la breve dominación francesa, el clero, gran parte de los nobles y de los pequeños propietarios se mostraron abiertamente realistas, mientras que los hidalgos, intelectuales y comerciantes de las ciudades se declaraban liberales. El liberalismo va a matizar los siguientes años (levantamiento de Porlier en 1815, adhesión de La Coruña al constitucionalismo en 1820), en una creciente radicalización que lleva al fracaso de la revuelta progresista de 1846 y la federalista de 1872. Con la desamortización el 80% del suelo gallego fue subastado, pero sin beneficiar a los campesinos, que descontentos engrosaron el partido carlista, sino a los burgueses, permitiendo la aparición del caciquismo (v.). El regionalismo será otro factor importante (v. vi), cuyas raíces están en el movimiento romántico, centrado en Santiago de Compostela, con los estudiantes como protagonistas y varios periódicos como voceros. Apoyándose en el renacimiento de la lengua gallega, se fundó el Comité de las Cuatro Provincias (1891), apareció la revista "Patria Gallega" y Alfredo Brañas publicó El regionalismo (1889).En el s. XX se encaran, entre otros problemas, la emigración, la proliferación de minifundios y el caciquismo (v. 1,5 y II). Tras la Guerra de 1936-39, la concentración parcelaria y la fundación de cooperativas reducen los problemas agrarios; y la promoción industrial y el turismo, sobre todo, crean puestos de trabajo. G., que ya había plebiscitado un Estatuto de Autonomía en jun. 1936, aprobó en referéndum un nuevo Estatuto que entró en vigor el 28 abr. 1981; se constituyó así en Comunidad Autónoma (v. ESPAÑA IV), con capital en Santiago de Compostela.O. GIL MUNILLA.
V. t.: LA CORUÑA II; LUGO II; ORENSE II; PONTEVEDRA II. BIBL.: M. MURGUíA, Historia de Galicia, La Coruña 1901-07; V. Risco, Historia de Galicia, Orense 1952; B. VICETTO, Historia del siglo XV en Galicia, Buenos Aires 1944; S. PORTELA PAZOS, Galicia en tiempo de los Fonseca, Madrid 1957; E. FERNÁNDEZ VILLAAMIL, juntas del Reino de Galicia, Madrid 1962; M. PARDO, Los guerrilleros gallegos de 1809, La Coruña 1902.
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