Futurismo, I. Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
Movimiento estético de vanguardia, creado en 1909 por el escritor italiano Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944), iniciado en torno a la rev. "Poesia" (Milán 1910) y luego a "Lacerba" (Florencia 1914), aunque la mayoría de los manifiestos escritos por su creador fueron publicados en el diario parisino Le Figaro. Dinámico y polémico, en exceso teatral o retórico, no fue sólo un movimiento literario, sino que se extendió también a las demás artes, al pensamiento y a la vida entera, e incluso desplegó una intensa actividad política (p. ej., el afán de intervencionismo y su adhesión al movimiento fascista). Fue consecuencia del pensamiento moderno (dinámico y nihilista) con la acusada influencia de Nietzsche (v.), Bergson (v.) y Sorel (v.), así como de Walt Whitman (v.) y Émile Verhaeren (v.) e incluso de Gabriele D’Annunzio (v.) y Rudyard Kipling (v.).Movimiento esencialmente subversivo, sintió un culto casi irracional por la acción: una acción demoledora y exhibicionista, en contra de los cánones establecidos. Mostró también su hastío por el peso muerto de una civilización heredada y petrificada. Pero este movimiento, que pretendía destruirlo todo para renovarlo todo, se quedó él mismo petrificado en sus numerosos manifiestos (uno, de 1909, dos de 1910, otros dos de 1913 y 1914, dos más de 1915 y, finalmente, otros de 1923 y 1931). Si no el de mayor influencia posterior, sí ha sido el más programático de los modernos movimientos de vanguardia (v. VANGUARDISMO), y su fracaso se debe a que carecía de espontaneidad, porque era puramente intelectual, externo y declamatorio, fiel exponente de la teatralidad latina.Marinetti en sus manifiestos (v. II) propugnaba, iconoclasta, agresivamente, la exaltación de la velocidad, la temeridad, el peligro y la violencia; la exacerbación de lo deportivo como antídoto contra la meditación y el ensueño; la abominación del pasado y el desprecio por los valores culturales y artísticos permanentes; y, en fin, se llegaba en este paroxismo demoledor a pretender incluso la destrucción de la sintaxis y la ortografía, mediante caóticas normas, tales como extinguir el yo, los adjetivos y los adverbios, emplear los verbos en infinitivo y sustituir la puntuación por signos matemáticos. Por otra parte, se recomendaba, tipográficamente, el empleo de las letras versalitas para las pasiones, las negritas para las onomatopeyas y las cursivas para las sensaciones. En la escena, el f. trató de crear el "teatro sintético", a base de una simultaneidad de decorados, presentando acciones ubicuas y pluritemporales.Se pretendió, en fin, revolucionarlo todo, bajo el dominio de dos principios absorbentes: la plasticidad y el sensualismo, como si se sintiera una necesidad física de victoria. Según ha dicho un crítico, "a la simplificación de los elementos sensibles, reducidos a esquemas de sensaciones puras, correspondía y sucedía la simplificación de elementos de organización. Es el futurismo una fantasía razonada que nace de una voluntaria ausencia de fantasía, un mito lógico que quiere sustituir al mito. El propio sentido del devenir, que el futurismo acentúa, no es una adquisición futurista, puesto que está inserto en el espíritu europeo desde un siglo atrás cuando menos".Literariamente, y en su propia cuna, Italia, cabe destacar, en primer término, desde las famosas "apalabras en libertad" de su extravagante creador hasta los más tardíos "circuitos de poesía" y aquellas otras formas poéticas con las que sólo en apariencia parecía oponerse Marinetti al retoricismo d’annunziano. Tras Marinetti (recordemos aquí, entre sus obras más significativas, Muñecas eléctricas, 1909, y la novela Mafarka, el futurista), el f. llega a sus más altas cimas con Aldo Palazzeschi (n. 1885), aunque se alejó pronto (hacia 1914) de esta tendencia, la cual atrajo también, por algún tiempo, a otros buenos escritores, como Corrado Govoni (18841966) y Lionello Fiumi. Éste propugnó en 1913 cierto equilibrio entre el f. y el sentido tradicional de la literatura italiana. Desde 1919, con la sola excepción de Marinetti y después de conseguir éste su aceptación como arte oficial del fascismo, el f. fue abandonado por sus seguidores y reemplazado por la reacción clásica que inició en Roma (1920-22) la rev. "La Ronda".Tuvo especial interés la repercusión del f. en Rusia, donde floreció entre 1909 y 1914. Guardó relación con el f. italiano, superándolo en su interpretación lírica del maquinismo. Prendió en Rusia por la complacencia con que el espíritu eslavo, en la oposición que sentía por la civilización occidental veía, el nuevo movimiento, el cual, además, significaba la transformación de la corriente simbolista (v. SIMBOL1smo) dominante hasta entonces, y en espera de verse arrollado, con el triunfo ya inminente de los soviets, por el "realismo socialista". En aquel hervidero de credos estéticos que precedió y siguió a la Revolución de Octubre, tuvo el f. ruso un gran poeta en Vladimir Maiakovski (v.), quien, en Bofetada al gusto del público (1913) y en otros manifiestos, expresa su "mímica poética" y sus agresivos alardes oratorios y políticos, a los que, por muy poco tiempo, logró convertir en la estética oficial del comunismo. Siguieron, más o menos, el movimiento futurista Tijonov, Aseiev (n. 1889), Barzriski e incluso Boris Pasternak (v.), así como la rev. "Las Espigas". El f. ruso influyó en el imaginismo de Esenin (v.), en el vorticismo y en el constructivismo de Selvinsky. Pero, donde llegó a la más desorbitada exaltación del hombre, considerado como la esencia del universo, fue en el egofuturismo, de Igor Severyanin, seudónimo de Igor V. Lotarev.Al término de la I Guerra mundial, la poesía inglesa acusa unos modos diferentes (situados entre el cubismo y la exaltación futurista del maquinismo), reflejados en la Antología de vanguardia (1916-21), recopilada por Edith Sitwell.En cuanto a la península Ibérica, las rev. "PoesenQa" (1912-40), "Orpheu" (1915) y "Portugal futurista" (1917), reflejan esta corriente en Portugal, y en España no faltan actitudes más o menos afines con ella: p. ej., la prosa de Ramón Gómez de la Serna (v.), (muchas de sus greguerías, la novela El torero Caracho, etc.); el grupo ultraísta (v. ULTRAíSMO), surgido en 1919 y representado por las rev. "Grecia", "Cervantes", "Ultra", "Tableros" y "Reflector"; algunos poemas de Guillermo de Torre (1900-71); Vírulo (1927), el poema de la plenitud de Ramón de Basterra (v.), algo así como un "hermano de la retórica italiana del futurismo de Marinetti"; o la novela Hermes, en la vida pública (1934), de Antonio de Obregón (n. 1910).En Hispanoamérica, podríamos destacar, por un lado, al poeta chileno Vicente Huidobro (v.), que intentó una escuela futurista con el nombre de creacionismo (v.) (así, Altazor, que influyó a su vez en la primera etapa ultraísta del poeta español Gerardo Diego, v.) y, por otro, al poeta y prosista argentino Jorge Luis Borges (v.) que, en su polimorfismo estético, ofrece algunas veces características futuristas.V. t.: II; VANGUARDISMO.J. A. PÉREZ-RIOJA.
BIBL.: F. T. MARINETTI, El futurismo, Valencia s. a.; F. FLORA, Dal Romanticismo al Futurismo, Milán 1925; R. BENET, Futurismo y Dada, Barcelona 1953; Archivi del futurismo, Roma 1958-62 (interesante recopilación por M. DRUSI GAMBRILLO y T. FIORI); E. FALQUI, Bibliografia e iconografia del futurismo, Florencia 1959 (de especial interés para un amplio conocimiento documental del tema, en su más completa panorámica); G. BALLA, Preistoria del futurismo, Milán 1960 (ofrece una historia de los antecedentes de este movimiento estético).
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