Fugger, Familia HIST.
Categoria:
Historia
Origen y poderío. La firma F. es, sin duda, la más importante casa mercantil, industrial y bancaria del s. XVI y, probablemente, la mayor empresa capitalista de todos los tiempos. Su sede fue la ciudad de Augsburgo, en Alemania meridional, donde se estableció, en 1376, el fundador Juan F., tejedor acomodado. A su muerte en 1409, le sucedió su hijo Jacobo el Viejo, que extendió sus relaciones a otras plazas; exportaba productos textiles y metalúrgicos a Italia e importaba de allí especias, sederías, algodón y azafrán. Jacobo el Viejo m. en 1469, sucediéndole en los negocios tres hijos, de los que el más joven de todos, Jacobo el Rico, fue muy pronto cabeza. Él orientó la empresa hacia un tipo de negocios nuevos. En 1487, a cambio de cierto préstamo al archiduque Segismundo de Habsburgo y del Tiro], recibió en garantía la explotación de las ricas minas de plata del Tirol; unos años después, en 1491, los F. se convirtieron en banqueros de la casa de Habsburgo. Al mismo tiempo, extendieron su dominio en la minería de la plata, fuente de sus especulaciones bancarias. Desde 1487 se establecieron en Salzburgo, Carintia y Estiria como empresarios, y, poco a poco, obligaron a los propietarios de minas de esta región a venderles su parte, controlando prácticamente toda la minería de plata de Alemania meridional, la más rica de Europa.En 1494, la firma F. se transformó en sociedad colectiva, con lo que adquirió una gran flexibilidad, tanto para la atracción de capitales, como para la absorción y cooperación con otras firmas. Un paso importantísimo fue el contrato con la firma Thurzo de Cracovia, para la explotación de las minas de cobre y plata de Hungría. Con el dinero de los F., y aprovechando la influencia política cerca de los Habsburgo, se organizó un vastísimo monopolio minero. El cobre de Hungría y la plata del Tirol constituyeron desde entonces los dos pilares económicos, que proporcionaron una base solidísima a la firma F. Valiéndose de la influencia imperial, conservada con constantes préstamos y servicios, y de su extensa organización mercantil, los F. controlaron el comercio europeo de estos dos importantes metales. La plata era metal precioso y utilizado como base monetaria; el cobre, ante las dificultades técnicas de la metalurgia del hierro, era el metal más en uso para la guerra (cañones, armaduras, armas, etc.) y para la vida ordinaria. Además el cobre y el bronce tenían una gran estimación en los mercados oceánicos, especialmente en África y la India, donde eran casi tan estimados como el oro.La red de factorías de los F. se extendió por toda Europa, desde el Báltico (Hamburgo, Danzig) y Noruega (Bergen) hasta el Mediterráneo (Nápoles), y desde el Atlántico (Lisboa) hasta Oriente (Novgorod), y se infiltró en la vida mercantil y bancaria. El desplazamiento de las rutas indicadas, por efecto de las navegaciones portuguesas, hizo decaer el comercio de especias de Venecia, y los F. en 1505 instalaron una factoría en Lisboa. El comercio índico portugués necesitaba capitales y navíos, y los F., asociados a otras poderosas firmas alemanas e italianas, suministraron el dinero, los bastimentos y equipajes a la corona de Portugal, encargándose también de la venta en Amberes, en régimen de monopolio, de las especias asiáticas. Este "contrato de la pimienta" en el que los F. tenían una gran parte, les proporcionó enormes beneficios durante el primer tercio del s. XVI, pues les permitía además dar salida a objetos de cobre y bronce (armas, utensilios de cocina, brazaletes, etc.) producidos por la empresa. Para vigilar de cerca este negocio, instalaron una factoría en Malaca.En cuanto a sus negocios bancarios, los F. habían logrado introducirse en la corte pontificia, desplazando a los tradicionales banqueros florentinos. Se encargaron de colectar y transferir las rentas e impuestos que los eclesiásticos de Alemania enviaban a la curia. En este papel, los F. intervinieron en el desgraciado asunto de la venta de las bulas de indulgencia, que dio lugar a las diatribas de Lutero y a la precipitación de la Reforma protestante (v.).El mayor negocio de los F. fue su participación en la elección imperial de Carlos V. La elección se realizaba por siete príncipes del Imperio y solía correr dinero abundante para ganar sus votos. En esta ocasión, la oposición de los candidatos, entre los que se contaba el rey de Francia, Francisco 1, fue extremadamente dura, y, por tanto, las sumas empeñadas mucho mayores. Carlos V hubo de distribuir la impresionante suma de 850.000 florines de la cual casi la mitad fue aportada por los F., que naturalmente se arriesgaban en el asunto. Cuando Carlos V fue elegido, los F. obtuvieron su recompensa: en 1524, aparte de otras cosas, lograron el arrendamiento de las rentas de las órdenes militares españolas, que comportaba, además de los pastos de Castilla la Nueva, las ricas minas de azogue de Almadén, metal indispensable para la metalurgia de la plata y del cobre. Lograron así un medio fundamental para su desarrollo metalúrgico en Europa y, sobre todo, para la actividad minera en México y Perú, donde enviaban, en régimen de absoluto monopolio, grandes cantidades de azogue en las flotas sevillanas. Por entonces, en 1525, los F. habían llegado a la cúspide de su riqueza, poder e influencia. Poseían 26 sucursales, alguna en América y en Asia; gozaban de la intimidad de los Papas, del emperador Carlos V, que se alojó alguna vez en su mansión de Augsburgo, y de reyes y príncipes, a quienes ayudaban en sus necesidades.Decadencia. En 1525, Jacobo el Rico murió sin hijos y la firma pasó a sus sobrinos, asociados a él desde 1510. Fueron los prestamistas de Carlos V, entregado a una política expansiva, y, aunque sus negocios eran prósperos, los compromisos con el Emperador llegaron a subir peligrosamente: en el balance de 1546 ascendían a 4 millones de florines, más de la mitad de su capital activo. Aquí comenzó la ruina de la casa. La oposición europea y protestante a Carlos V obligó a la -firma a liquidar sus negocios en Hungría (1548), a abandonar el mercado báltico del cobre y a desprenderse de su parte en el contrato de la pimienta a partir de 1550. Los negocios bancarios constituyeron todavía su base principal, pero les cogió de plano, inesperadamente, una suspensión de pagos de la corona de España, en 1557, al subir al trono Felipe Il. En la liquidación definitiva, realizada cinco años más tarde, perdieron aproximadamente el 40% de sus créditos. Cuando Antón falleció en 1560, la firma se hallaba en declive. Sus hijos eran menores y sus sobrinos no tenían inclinación a los negocios mercantiles. Conservaba aún muestras de la antigua potencia, aunque siguieron estrechamente asociados a los intereses de la corona española. La guerra de los Países Bajos (v.) fue el golpe definitivo; en 1575 les afectó seriamente una segunda suspensión de pagos de la corona española. Todavía continuaron como prestamistas en los tiempos de Felipe III y Felipe IV, realizando algunos beneficios, pero sufriendo también contratiempos. Al incendiarse las minas de Almadén en 1636, abandonaron este negocio, que pasó, en 1647, a un consorcio de genoveses; en 1690 cedieron también en el Tirol sus acciones mineras. A partir de entonces, la familia, que conservó su propiedad territorial, se fundió con la nobleza alemana y española, proporcionando al Imperio y a España altas dignidades de la Iglesia católica, soldados y funcionarios. En 1803 fue elevada a la categoría de príncipe, por el rey de Baviera, la línea de los F. Babenhausen, y en 1913 la de los F.-Glott. Los F. de Kirchberg y Weissenhorn siguen como condes.V. VÁZQUEZ DE PRADA.
BIBL.: G. VON PUNITZ, Jakob Fugger, Kaiser, Kirch und Kapital in oberdeutschen Renaissance, Tubinga 1949; fD, Anton Fugger (1458-1548), Tubinga 1963-67; E. HERING, Los Fúcar, México 1944 (libro de vulgarización); L. SCHICK, Jakob Fugger, París 1957; R. CARANDE, Carlos V y sus banqueros, Madrid 1949-67.
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