Froissart, Jean
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Biografía GER
Escritor flamenco, n. en Valenciennes en 1337 y m. en Chimay ca. 1405 (las últimas noticias de él son de 1404). Pasó su juventud en Inglaterra al servicio de la esposa de Eduardo III, Philippine de Hainaut. Dedicó a la reina un libro, punto de partida de sus Chroniques, con los acontecimientos habidos entre 1356 y 1360. En la elegante corte inglesa, compuso sus poemas líricos y buscó afanosamente abundantes materiales para elaborarlos en la tranquilidad de su refugio flamenco. Visitó Escocia, el oeste de Francia e Italia y en 1373 se encontraba al servicio del duque Wenceslao de Brabante. Para él escribió la novela Méliador y, para Roberto de Namur, el libro primero de las Crónicas (1378). En 1383, protegido por el conde de Blois, Guy de Chátillon, cambió de estado y se ordenó sacerdote. Durante un decenio viajó por innumerables feudos y ciudades, Bearne, Orthez, Pamiers, Aviñón, Auvernia y París, recopilando datos para su crónica, cuyo segundo libro terminó en 1388 y dos años después dio fin al tercero. En 1395 volvió a Inglaterra, pero a los tres meses estaba de nuevo en Valenciennes para redactar el cuarto y último libro, terminado hacia 1402.Aunque las Crónicas sean su obra definitiva, no se puede olvidar su innata condición de poeta lírico y narrativo. La inmensa novela versificada Méliador es una evocación del mundo caballeresco, un bello epígono del roman courtois en una época en la cual los ideales habían muerto. Su extensa producción lírico-alegórica está contenida en la Épinette amoureuse, Paradis d’amour, o bien en el Dit du florin (El dicho del florín) o en el Débat du cheval el du lévrier (Debate del caballo y el galgo). Las Crónicas cuentan los acontecimientos que van desde el año 1325 hasta 1400; en el prólogo y en los cuatro libros se narran las batallas de Crécy y Poitiers, la revuelta de i-tienne Marcel y toda la historia menuda del s. xiv. Pero F. no es un historiador profundo, pinta a la manera de las tablas medievales, sin perspectiva. Admirador de un mundo caballeresco ya muerto, se recreó en la lucha de grandes masas, reprodujo gestos, actitudes y palabras; supo, en suma, evocar una época difícil y mantuvo, gracias a sus condiciones vivenciales, una envidiable imparcialidad.P. CORREA RODRÍGUEZ.
BIBL.: A. PAUMILET-E. POGNON, Historiens et Chroniqueurs du Moyen Age, París 1952; M. WILMOTTE, lean Froissart, Bruselas 1942.
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