Francia, XV. Etnografía y Folklore.
Categoria:
Cultura
La casa tradicional francesa es la expresión misma del suelo. Las canteras de piedra (Valois, Borgoña, Turena), granito (Bretaña), molar (Brie), yeso (Isla de Francia), esquisto (Auvernia, Saboya), arcilla para ladrillos (Flandes), p. ej., proporcionan los materiales útiles. Cuando éstos son raros, se construye con un amasijo de tierra y paja (Beauce). Los tejados de paja apenas se ven, si no es en Normandía. En las demás regiones sólo se ven tejas planas (Norte y Este) o semicilíndricas, llamadas romanas (Mediodía), pizarra (Anjou y regiones del Oeste), lava (Macizo Central), alfarjías de madera (Centro), que caracterizan estas regiones. El maderaje es de roble del país o castaño, así como los entramados al descubierto de Normandía. Aparece así blanco, azul o rosa el aspecto arquitectónico de los pueblos que traduce el carácter de los autóctonos (v. 1, 3).Traje. En el pasado, la vestimenta de los campesinos era, poco más o menos, igual en todas las provincias, ya que las leyes suntuarias prohibían al bajo pueblo el uso de tejidos de calidad, bordados, colores, cte., privilegios de las clases ricas. Tras la Revolución de 1789, cada provincia se libera de esta compulsión de indumentaria y acusa su particularismo con la elección de los colores y las formas de los vestidos, y sobre todo por la variadísima aparición de tocados que diferencian a las provincias y a veces a los pueblos (Bretaña). El gorro redondo bordado (Centro), el barbichet (Limousin), la grande volante (Normandía), la toca angevina o sablesa (Oeste), el brelau (Bresse), el cayon (Poitou), cte., evocan cumplidamente los puntiagudos gorros de la Edad Media y otros tocados nobles. El conjunto es de una inmensa variedad. La indumentaria masculina consiste en chaqueta de paño o blusa de hilo azul, pantalón de terciopelo o paño y sombrero de fieltro, casquete alto o gorro de algodón. El campesino lleva zuecos.Cocina. Abundan los platos regionales guisados con mantequilla, aceite de oliva o manteca de cerdo: el potau-feu, vaca cocida con legumbres, equivalente al "cocido" español, o la "gallina en cazuela" del labrador, la caldereta de anguilas del artesano, la boullabaisse (sopa de pescado) o el alioli del pescador provenzal, el conejo con ciruelas del Norte, la blanquette de ternera del centro, el gallo o la vaca con vino de Borgoña, los platos a la crema de Normandía, las albóndigas lyonesas, el cassoulet (cordero con judías) de Toulouse, el lucio con vino blanco de Nantes, el farcon saboyano o gratin delfinés, la fondue (especie de tortilla de queso) jurasiana, las mollejas de ternera turenesas, son otros de tantos sabrosos platos, que armonizan bien con las bebidas locales: cerveza del Norte y del Este, sidra de Bretaña, País Vasco y Normandía, la deslumbradora gama de vinos blancos, rosados o tintos, los vinos universalmente conocidos de Burdeos, Borgoña, Anjou y el internacional e inimitable Champaña. En repostería predominan las tartas y los buñuelos.Artesanía y usos y costumbres. Han desaparecido, junto con sus técnicas arcaicas, muchas de las tradiciones artesanas del pasado: tejedores, lenceros, cordeleros, guarnicioneros, herradores y carreteros no figuran ya en la vida lugareña. Quedan algunos cesteros, alfareros y zapateros, y todavía pueden encontrarse algunos trabajadores del bosque, como leñadores, carboneros, galocheros, pero los serradores hace tiempo que han desaparecido. Siguen inalterables los oficios alimenticios: panaderos, carniceros, charcutiers, y los oficios rurales: agricultores, viñadores, hortelanos.Entre los labradores, la alegría de una buena cosecha estalla al final de la recolección con el sacrificio del gallo para la comida final, o el festín de la vendimia que celebra el nuevo vino. La partida del ganado hacia la montaña es también una fiesta en la que será proclamada "la reina de las vacas", guía del rebaño colectivo. Los montañeses llevan una vida más dura y poseen un sentido innato de la hospitalidad, nacido de los peligros de la soledad. A veces comparten su vivienda con el ganado, aprovechando su calor animal, igualmente propicio a la fermentación de los quesos, tan variados: caniemberi, brie, roquefort, pori-salul, gruyére y otros muchos, complementos muy apreciados de la degustación del vino. En invierno, el montañés se dedica a trabajos artesanales, como el torneado de la madera o la relojería, y al igual que el labrador asistirá a las veladas que se celebran por turno en todas las casas, donde se narra, se canta y se comentan las noticias mientras se desgranan alubias o se pelan castañas.Las seculares preocupaciones por las calamidades naturales, como mala cosecha, hielo, viento, tormentas, inundaciones y enfermedades del ganado y de los vegetales, han endurecido los caracteres e impuesto el ahorro; esta gente dulcifica sus penas con ritos o ceremonias agrarias, y en los refranes expresa su sabiduría y atávica experiencia.Creencias y prácticas religiosas. F. en el curso de los siglos ha afirmado su fe católica (v. vi); el Angelus de la mañana, del mediodía y de la tarde regula la vida doméstica y el trabajo cotidiano. Las campanas llaman a los fieles a la Misa del domingo y de las fiestas, repican para bautizos y bodas y doblan por los muertos. Las grandes fiestas, como la Pascua, la Ascensión, la Asunción, Todos los Santos y Navidad, se celebran solemnemente y cada feligrés ofrece en ellas, por turno, el pan bendito. En las grandes peregrinaciones de la Edad Media, como S. Claudio del Jura, S. Miguel de Normandía, etc., y, sobre todo, las dedicadas a la Virgen, como las de Notre Dame de Chartres, Liesse, Puy, Fourviéres, Rocamadour y otras muchas, cristaliza la mejor de las devociones populares. La más reciente, la de Nuestra Señora de Lourdes, es internacional.Los oficios tienen santos protectores. Se cree en un más allá de justicia que compense las fatigas de esta vida, y a veces se unen supersticiones con el poder terapéutico de la Virgen y los santos, de los cuales llevan su nombre muchas enfermedades. Se cree también en el poder maléfico del diablo, el maligno, y la magia y la brujería se mezclan c veces con la religión entre las gentes sencillas del campo que creen acumular garantías de felicidad mediante unas prácticas antiquísimas y extravagantes. Muchas circunstancias se prestan a la superstición: una herradura, un trébol de cuatro hojas traen felicidad; para algunos encontrar un entierro o una urraca es de mal agüero; a veces se toma madera para conjurar el maleficio y se hace el signo de la cruz.... Religión y magia sirven en ocasiones de soporte a la medicina popular, y se cree en los componedores, que arreglan los miembros dislocados, y en los curanderos. También se consultan horóscopos para conocer los días fastos y nefastos. Son numerosos los escritos de recetas mágicas y oraciones populares que se llevan de casa en casa, tanto para su aplicación a personas como a animales, a los que se manda bendecir, para colmo de precaución, tras haber colocado boj del domingo de Ramos en el establo. Las supersticiones de colores, los augurios de pájaros y de cielo, son corrientes, y el viento que sopla durante el Evangelio del día de Ramos dominará todo el año.Fiestas. Las fiestas del calendario pueblerino son manifestaciones exteriores de descanso y alegría. Las fiestas patronales, con fasto religioso y diversiones feriales, subrayan el favor de que goza el santo local. Destacan también la Epifanía, las hogueras de S. Juan, las fiestas históricas (14 de julio), las conmemoraciones. Cada provincia tiene sus fiestas particulares: Bretaña con sus 200 peregrinaciones, Flandes con sus kermesses y ducasses, el Lyonesado con sus vogues, el Centro con sus asambleas, el Mediodía con sus romerages, el Norte con sus gigantes en las procesiones, la Isla de Francia, Normandía y Provenza con sus villancicos pastoriles y su ofrenda del cordero, los carnavales de Niza, Chalon-surSaóne, etc., y los corsos fleuris.Los reclutas del año son quienes organizan todas las fiestas del pueblo y se encargan de la formación de los cortejos y cabalgatas, banquetes, bailes y orfeón local. Los elementos de las festividades conservan su carácter eterno: se visten hermosos trajes para el baile, por medio del que se entablarán compromisos matrimoniales. La gavota bretona al ritmo de la bombarda y el biniou (especie de gaita de Bretaña), la farándola provenzal al son del pífano y el tamboril, el baile del chavalet de los vascos, la sardana de los catalanes al son de la cobla, la bourrée de Auvernia, que encadena y desencadena la aguda gaita, el vals alsaciano que anima el acordeón, la danza de Poitou, que acompaña el oboe y el clarinete, y la de los pastores al son de la cornamusa, son diversiones seculares a las que se suman las cuadrillas del siglo pasado, nacidas en los pueblos. Los juegos constituyen una parte apreciable de las diversiones rurales. Juegos de bolos y bochas con sus variantes: bolos de nueve de Gascuña, boules de fort de Anjou, petanca marsellesa; juegos de pelota: el tambourin (Mediodía), el tamis (Picardía), la chistera (País Vasco), la longue paume (en campo abierto) o courte paume (en terreno cerrado por los cuatro lados), en el Norte; la choule picarda; el noble juego del arco, originario de las formaciones militares de la Edad Media, con sus espléndidos cortejos del bouquet y su fiesta del tiro al pájaro y de S. Sebastián (Norte), son los antepasados de los deportes modernos: fútbol, rugby, tenis y tiro. Tal sigue siendo hoy la vida lugareña de F., pero se ignora cuánto pervivirá, bajo la presión de la vida moderna.V. t.: XI, 2.ROGER LECOTTÉ.
BIBL.: A. VAN GENNEP, Manuel de Folklore tranpais, París 1937-51; P. SÉBILOT, Folklore de France, París 1968; MENON Y LECOTTÉ, Au village de France, París 1951.
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