Francia (france), I. Geografia I. GEOG.
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Geografía
1. Generalidades. 2. Medio físico. 3. Población y poblamiento.1. Generalidades. F. es un Estado de 551.000 Km2 y 50 millones de hab. Sus caracteres de potencia mundial se miden por la difusión de su lengua, por la irradiación universal de su cultura y de sus técnicas, por su dinamismo económico y financiero. Pertenece al reducido grupo de países que poseen una tasa elevada de producción y de renta nacional, así como un alto nivel de vida.
Ocupa la parte más estrecha de la porción occidental europea en que acaba el continente euroasiático, y comprende todos los tipos de relieve, llanuras sedimentarias, macizos antiguos y cadenas alpinas; los contrastes climáticos medidos desde las orillas del Mediterráneo, al E y SE, hasta las del Atlántico, al O y NO, son motivo de tanta variedad como los que hay entre las fronteras pirenaicas con España y los del límite NE y E, que separa al país de Bélgica, Alemania, Suiza e Italia. A pesar de los contrastes naturales, ofrece un equilibrio entre paisajes físicos muy distintos; una gran variedad de suelos y de climas incide en una numerosa gama de cultivos y producciones agrícolas. Sin embargo, la unidad y cohesión francesas derivan de su historia. Su territorio ha ejercido el papel de encrucijada de razas y civilizaciones, y la población actual es el resultado de la fusión de numerosos pueblos que han producido una diversidad de lenguas, hábitos mentales y una conciencia nacional.Con elementos naturales muy ricos y una larga experiencia tecnológica, su incorporación a la revolución industrial ha sido rápida. Los ricos yacimientos de hierro y de bauxita, así como los de cobre, cinc y plomo; la existencia de sal, potasa y azufre con vistas a la industria química, y también el entornó de países industriales al N y al E son otros tantos factores que explican el desarrollo industrial, además de la facilidad comercial para conseguir las materias deficitarias y los intercambios de capitales, de técnicas y de técnicos. Su pertenencia a la CEE ha multiplicado el dinamismo de su situación y ha facilitado también sus actuales objetivos, orientados a alcanzar una mayor integración regional, en el terreno económico y social, y una más intensa puesta al día de su rica agricultura.2. Medio físico. El relieve. En su conjunto, F. es un país de baja altitud con gran predominio de llanuras, mesetas y montañas medias; su altitud media, incluida Córcega, es de 342 m., y las altitudes superiores a los 1.000 m. no representan más que el 6% de la superficie. Se pueden distinguir, separados por una línea que va de Bayona a Metz, dos grandes dominios morfológicos. Al noroeste se encuentran un conjunto de relieves suaves y modestos, llanuras, mesetas y colinas. Al sudeste se levantan relieves muy accidentados, altas mesetas y grandes montañas. Esta disposición tan simple comprende dos sistemas montañosos y dos conjuntos de llanuras. Al norte, los macizos hercinianos rodean a la Cuenca de París (v.). Al sudeste y al este, las cadenas alpinas bordean las llanuras por donde corren el Garona y el Ródano. Podría parangonarse con un extenso teatro cuyos escaños ascienden hacia el este y el sur.Así, pues, la F. del norte y del oeste es un país de tierras bajas. Ningún obstáculo se opone a la circulación, pero la variedad caracteriza al paisaje, ya que se yuxtaponen amplios valles aluviales siguiendo a las grandes arterias fluviales, mesetas sedimentarias (Picardía, Poitou) y colinas de rocas cristalinas (Macizo Armoricano). La F. del sur y del este se halla formada por altas tierras. En ella coinciden regiones de diferente estructura. Montañas medias, como el Macizo Central, con sus mesetas graníticas, sus relieves calizos, sus volcanes más o menos desmantelados, y altas montañas, como los Pirineos y los Alpes. Entre las montañas se esculpen amplias depresiones de dirección N-S, tales como el corredor del Saona y del Ródano, las llanuras de la Limaña y de Alsacia. Esta última F. comunica fácilmente con el resto del país. Así ocurre con el corredor del Saona y del Ródano, que supone un camino hacia la llanura de Alsacia a través de la Puerta de Alsacia; los puertos de Borgoña permiten un acceso fácil a la cuenca de París; y la llanura del Bajo Languedoc y el umbral de Naurouze conducen a la Aquitania.En los macizos antiguos la erosión ha nivelado a las cadenas hercinianas, ocasionando superficies suaves que cortan a las capas levantadas del Paleozoico y arrasan los domos cristalinos. La erosión ha desmantelado además las rocas previamente metamorfizadas en las profundidades de la corteza terrestre; estas rocas (gneis, granitos) han ocasionado suelos silíceos, ácidos y mediocres, que proporcionaban medianas cosechas antes de -la modernización de la agricultura y de la utilización de enmiendas calizas y abonos químicos. Los macizos antiguos fueron levantados en la Era Terciaria, originando el excavado de los valles, entre los cuales algunos dibujan profundas gargantas (Dordoña, Truyére, Allier). El Macizo Armoricano fue escasamente levantado sin que sus partes más elevadas pasen de ser simples colinas: Forét d’Ecouves (417 m.), Montagne d’Arrée (384 m.). Los Vosgos son, en cambio, auténticas montañas, fuertemente nevadas en invierno (Ballon de Guebwiller, 1.426 m.). Por su parte, el Macizo Central es uno de los macizos antiguos más elevados de Europa occidental (Mont Lozére, 1.072 m.).Salvo el Macizo Armoricano, los restantes se han levantado en la Era Terciaria. Los Vosgos dominan bruscamente la Puerta de Alsacia y descienden suavemente hacia el oeste y el norte. El Macizo Central es un domo basculado que ofrece escarpes hacia el E y el S (montes de Lyonnais; de Vivarais; Cévennes) y suaves descensos hacia el O, en el Limousin. Es importante constatar finalmente que los Vosgos y el Macizo Central han sido los macizos más dislocados, oponiéndose en ellos fosas rellenadas de calizas, arcillas y arenas, a bloques cristalinos. Las fracturas han ocasionado además erupciones volcánicas: volcanes apagados de la Auvernia, de la cadena del Velay, del Vivarais, con las mayores alturas del Central: Mezenc (1.754 m.), Puy de Sancy (1.886 m.).Las montañas recientes constituyen un mundo morfoestructural, caracterizado por altitudes elevadas y formas juveniles, y por estructuras muy complejas. Los Alpes (v.) y los Pirineos (v.) ofrecen relieves acusados con abundantes cimas superiores a los 3.200 m. en ambos (Mont Blanc, 4.807 m.; Vignemale, 3.298); grandes y amplias vertientes de fuerte pendiente acogen a los cultivos, los prados y los bosques de robles y coníferas; más allá de los 2.500 m. comienzan las crestas rocosas y amuralladas. Por encima de los 2.700 m. aparecen ya las nieves perpetuas y los glaciares, importantes en las regiones húmedas de los Alpes septentrionales: macizos del Mont Blanc, del Vanoise y del Oisans. En cambio, los Pirineos centrales no tienen más que pequeños glaciares en camino de extinción: Vignemale y Gavarnie. La glaciación cuaternaria actuó sobre estos relieves con especial énfasis. El hielo invadió los principales valles de los Alpes y de los Pirineos; al N de los Alpes llegó hasta Lyon, y fue más allá de las mesetas del Jura; los glaciares pirenaicos llegaron hasta Lourdes y Montréjeau. La frecuencia de los valles en artesa y escalonados longitudinalmente, así como la de los lagos en altitud, son las huellas más características de la impronta del hielo.Estas montañas contienen estructuras muy complejas. Los macizos graníticos, fragmentos de la cadena herciniana, fueron afectados por los plegamientos terciarios, a la vez que su cobertura sedimentaria. Las más altas cimas pirenaicas y alpinas coinciden con los primeros: Balaitous, 3.146 m.; Mont Blanc, Barre des Écrins, 4.013 m., enmascarados por otras rocas antiguas. Las orlas sedimentarias forman relieves de componente calizo. Los Prealpes (Chartreuse, Vercors, Provenza) y la zona norpirenaica tienen relieves calizos plegados que se alinean paralelamente a la cadena. En el jura, joven montaña adosada al arco alpino pero poco elevada (Crét de la Neige 1.723 m.), este tipo de relieves se yuxtapone a extensa, mesetas de mediana altitud, 600 a 900 m.Finalmente, las cuencas sedimentarias suponen otro conjunto morfo-estructural localizado en dos grandes conjuntos geográficos, la Cuenca de París y la Cuenca de Aquitania. Ambas regiones comprenden mesetas periféricas, cuyo origen coincide con la elevación simultánea de los macizos hercinianos y de las vecinas regiones sedimentarias. Se trata de mesetas calcáreas, de 500 m. o más de altitud, con circulación a menudo subterránea y valles muy encajados. Son éstas las mesetas de Langres y Barrois en la cuenca parisina, y las Causses de Quercy en la aquitana. La alternancia de materiales duros (areniscas y calizas) con blandos (arcillas y arenas) ha dado lugar a la formación de las cuestas de Lorena y Champaña, que dibujan varios arcos de círculo entre las Ardenas, los osgos y el Morvan. Las cubetas centrales cuentan por su parte con dos subunidades. Por un lado, las llanuras de edad cretácica que rodean la zona terciaria parisina y que comprenden el País de Caux, la Picardía y la Champaña pouilleuse, y, por otro, la Turena, de amplios horizontes y valles muy suaves. El norte de la Cuenca de Aquitania, la Charente, ofrece un aspecto parecido. En el centro de la cuenca parisina, los materiales terciarios de calizas, arenas y arcillas, forman un país de mesetas y colinas. Las primeras son amplias y uniformes, como la de Bauce, o están débilmente entalladas; en ambos casos son llanuras monótonas. En Aquitania, la erosión ha fragmentado con más fuerza el relieve y ha producido colinas, salvo en las llanuras de Toulouse y en las Landas de Gascuña.Una última unidad es la que corresponde a los piedemontes alpino y pirenaico, resultado de la erosión violenta desencadenada a fines del Terciario sobre las montañas recién emergidas. El primero está formado por molasas; el segundo, por acumulaciones de materiales arcillosos y arenosos, es decir, también por molasas, que están coronadas por gravas.Las costas. Los 3.100 Km. del litoral francés ofrecen muy variados tipos de costas. En el noroeste alternan sectores de costa baja, rectilínea, regularizada y en ocasiones pantanosa (Flandes, Bas Champs de Picardía, el este de la península de Cotentin) con otros de costa acantilada, como en el Boulonnais y el País de Caux; el estuario del Sena es uno de los accidentes más destacables. El Macizo Armoricano limita con el Atlántico mediante una costa acantilada y rocosa jalonada por pequeñas y numerosas islas y penetrada por rías profundas y recortadas (Aber Vrach, Aber Benois, bahía de Trepassés); no faltan tampoco los sectores de costa baja, arenosa y pantanosa. 1Jsta es, sin embargo, más propia del litoral de la Cuenca de Aquitania: marais de Poitou y Charentes, y costa de dunas de las Landas, recortada por la cuenca de Arcachon; entre ambas está el estuario de la Gironde; al S del Adour, las costas del País Vasco francés vuelven a ser acantiladas y recortadas en pequeñas bahías.En cuanto al litoral mediterráneo pueden distinguirse tres sectores: 1) el pirenaico, escarpado, con golfos estrechos alternando con pequeñas bahías tapizadas de aluviones groseros; 2) el del Languedoc, constituido por costas bajas en las que se combinan cordones y lagunas litorales y llanuras aluviales más o menos pantanosas, como la del delta del Ródano; y 3) el de la Provenza, que ofrece profundos golfos (Berre) y largas radas (calanques), separadas por altos acantilados en la Provenza calcárea; bahías cortas con playas y tómbolos (península de Giens) o radas profundas (Toulon) en la costa toulonesa; formas muy recortadas en Maures y Esterel y una sucesión de golfos, radas profundas (Villefranche), cabos rocosos y playas guijarrosas en la famosa y bella Costa Azul.El clima. El territorio francés se encuentra en su mayor parte situado en plena zona templada; sólo las regiones meridionales pertenecen a la franja del clima mediterráneo. La situación y el relieve ocasionan la combinación de las influencias oceánicas, continentales y mediterráneas, que producen una variada gama de climas, nunca extremados. La situación latitudinal, entre los 42,5 y los 51° lat. N, y la disposición del relieve, que abre ampliamente al país a las influencias atlánticas, son factores que explican el tono medio que define el clima francés. Las temperaturas se caracterizan por tres rasgos. La latitud hace que las medias anuales desciendan de los 15° en la Costa Azul a los 9° de Lille; con lo que se marca una oposición neta entre el norte y el sur; este ordenamiento latitudinal se mantiene también en las estaciones equinocciales, salvo en las costas. Las fachadas marítimas influyen también moderando los inviernos costeros y las amplitudes térmicas. El relieve es un factor diferenciador en las zonas montañosas, en función de la orientación y de la altitud.Casi todo el territorio recibe más de 500 mm. de precipitaciones; pero únicamente las cimas de los Pirineos, los Alpes septentrionales, y algunas áreas del Macizo Central y del Jura, registran más de 2.000 mm. Frente a estas áreas de máxima, se oponen aquellas otras más secas, representadas por los litorales provenzal y languedociano, y la región de Illiers sobre el Loira alsaciano. Dado que el origen de las lluvias es esencialmente atlántico, la orientación del relieve determina la mayor o menor importancia de las lluvias: los relieves meridianos bloquean las lluvias y hacen de pantalla en relación a las llanuras y depresiones situadas al este. Así se explica la oposición entre medios tan uniformes, como la F. del oeste y otros tan contrastados, como los de la F. del este y la de las montañas.El otoño y el invierno son las estaciones más lluviosas en las regiones marítimas. Toda la fachada oceánica presenta una gran unidad climática, desde el País Vasco a Cherburgo. Otro dominio es el de la mayoría de la F. meridional, con lluvias máximas en las estaciones equinocciales, de acuerdo con el tipo de régimen de la franja norte de la zona subtropical. El resto del país tiene los máximos en verano y otoño, de acuerdo con dos matices; el marcado por la influencia oceánica (máximo de otoño) y que penetra mucho hacia el interior a causa de la disposición escalonada del relieve; y el debido a la influencia continental (lluvias de verano, sequía invernal), que incluye a toda la F. meridional durante el verano.La vegetación. Dos grandes regiones florales dividen a F., la holártica y la mediterránea. La holártica se subdivide en tres dominios. El atlántico o atlántico-europeo, que comprende a su vez tres sectores. El sector armórico-franco-atlántico cubre gran parte del territorio: la F. del oeste, al N de la Charente, la mayor parte de la Cuenca de París y de la F. central, salvo las altas tierras del Macizo Central. Dominan en este sector el roble, la haya, y el abedul asociado a los anteriores; abundan también las resinosas. El sector boreo-atlántico, al N del Somme, tiene la misma composición de esencias forestales, aunque dominan las boreales. El aquitano se caracteriza por la mezcla de especies atlánticas y mediterráneas: roble pubescente, roble tozo, encina, castaño y pino marítimo. En los tres, las landas o el matorral son la formación que corresponde a la degradación forestal.El dominio medioeuropeo, limitado a la F. del este, se subdivide en dos sectores: el báltico, que comprende la Lorena septentirional y la Ardena, con el arce, el haya, el roble pedunculado, asociados al fresno, al abeto, al serbal y al alerce. El sector de las montañas medias corresponde a las montañas del nordeste, Vosgos y Jura, prolongadas por los macizos prealpinos septentrionales; aquí dominan los bosques de hayas, sucedidos en altitud por abetos y epiceas. A partir de los 1.000 m. aprox., sucede a los anteriores el dominio de montaña. Su característica más genuina es el escalonamiento de la vegetación. El piso montañoso corresponde a la zona de fuerte nubosidad, fría y húmeda; las especies características son los robles y las hayas.El piso alpino corresponde a praderas y alpages (pastos de altura); las únicas especies arborescentes son enanas. El límite superior del bosque es muy variable, resultado además de la acción del hombre y no de factores naturales. En los Alpes varía según los sitios; 1.800 m. en Chartreuse, 2.300 m. en Haute-Marienne, y alcanza 2.500 metros, con árboles aislados. En los Pirineos, los árboles desaparecen hacia los 2.300 m., pero el límite varía desde el Atlántico hasta el Mediterráneo.En la región mediterránea el verano seco elimina las plantas que no pueden soportar la falta de agua estival; de ahí la importancia de las plantas anuales que mueren durante el verano, de las tuberosas y bulbosas, de las xerófilas con hojas espinosas y de las aromáticas. Existen muchas especies endémicas: pino parasol, pino de Alepo, encina, olivo y toda clase de familias de matorrales, cistas, lavandas. Predominan las formaciones degradadas de maquis y garriga.Los ríos. Las características hidrológicas de los ríos franceses son el doble reflejo de su trazado y de sus perfiles, de las condiciones climáticas e hidrológicas. F. puede dividirse en dos grandes sectores, que tienen por límite la línea que va del País Vasco a los Vosgos. Al N de esta línea los ríos tienen un régimen muy bien definido: los coeficientes de escorrentía son inferiores a 0,60 e incluso a 0,40 en una gran parte del territorio, traduciendo la importancia de la infiltración y de la evaporación. Los caudales son regulares, sin estiajes importantes, y las crecidas son escasas y de poca amplitud. Al sur, los coeficientes de escorrentía dan medias mucho más elevadas, entre 0,6 y 0,7, para elevarse hasta 0,8 en la montaña. Los caudales ofrecen bastantes contrastes de acuerdo con las diferentes formas de alimentación.En el norte y el oeste, los regímenes son casi exclusivamente de tipo pluvial, oceánico o, en el menor de los casos, continental. Por el contrario, en el sur y en el este, se dan los restantes tipos, comprendiendo el pluvial-mediterráneo, el pluvio-nival oceánico, el pluvio-nival mediterráneo, el nival de montaña y el nivo-pluvial.Los grandes ríos presentan finalmente una gama muy compleja de regímenes. El Garona (56.000 Km² de cuenca, 580 Km. de longitud y 680 m3/seg. de caudal), recibe una doble alimentación, en el Macizo Central a base de ríos pluvio-nivales, y en los Pirineos con ríos nivo-glaciares, y experimenta fuertes crecidas. El Ródano (98.000 Km² de cuenca, 812 Km. de longitud y 1.720 M3/seg. de caudal) es todavía más complejo; a su entrada en F. es de régimen glaciar, o más o menos nivo-glaciar con el máximo estival (Lyon); aguas abajo de esta ciudad, el Saona le aporta un máximo pluvial de estación fría que se une a un máximo nival de primavera; en Valence, el Isére le proporciona un acento nivo-glaciar, con lo que vuelve a tener el máximo estival; los ríos mediterráneos le prestan después máximos de primavera y de otoño. Y en la desembocadura presenta dos máximos, de primavera y fines de otoño, y un mínimo principal de verano y otro secundario de enero.El Loira (115.000 Km² de cuenca, 1.020 Km. de longitud y 1.350 m3/seg. de caudal) se caracteriza por la irregularidad de su régimen y especialmente de sus crecidas, temibles, y que se producen en otoño (lluvias mediterráneas de las Cévennes), diciembre-abril (lluvias oceánicas de la cuenca media) y mayo-junio (fusión de nieves en el Macizo Central). El Sena (78.650 Km² de cuenca, 776 Km. de longitud y 510 m3/seg. de caudal) tiene el régimen más simple y regular de los grandes ríos franceses (altas aguas invernales y bajas estivales) sin que sean grandes sus crecidas y estiajes.3. Población y poblamiento. Los caracteres más importantes de la población de F. pueden resumirse en tres rasgos: 1) un crecimiento escaso desde 1850 a 1946, y más dinámico a partir de entonces; 2) un envejecimiento cada vez más grave, por una larga etapa de disminución de la natalidad, en contraste con el impacto positivo de la revolución médica; 3) un efectivo escaso e insuficiente en relación al grado de desarrollo económico.Evolución. A partir de la segunda mitad del s. XVIII y hasta 1850, F. se singulariza frente a los restantes países europeos por una baja tasa de crecimiento (29% en 1800-50, mientras Italia alcanzaba entre las mismas fechas un 34%, Alemania un 44% e Inglaterra un 100%). Así se explica que, partiendo de los 27.300.000 hab. de 1801, la población francesa alcance sólo 35.800.000 en 1851 y 39.000.000 en 1901. En la primera mitad del s. XX continúa la debilidad del crecimiento de tal forma que el máximo se alcanza en 1911 con 42 millones para retroceder incluso después. Las densidades prueban todavía mejor esta falta de vitalidad. Si en 1850 la media fue de 51,3 hab. por Km², en 1900 sólo había pasado a 73,8 y en 1950 a 76,4.Las causas que explican esta debilidad son muy numerosas. Destacan naturalmente los efectos de las dos Guerras mundiales. Sin embargo, el factor más importante es el descenso histórico de la natalidad: a principios de siglo era el único país del mundo que contaba con una tasa del 20góo. De todas formas, hay que separar netamente lo ocurrido en el s. xtx y en el XX. En el XIX, las tasas se mantienen relativamente altas, si las comparamos con las actuales; la mortalidad infantil influye decisivamente en la falta de dinamismo. Todavía en 1881 la tasa fue de 31,790o; en 1901-10 pasó a ser de un 20,9%x. Pero es a partir de 1905-10 cuando se produce una caída brutal, con una tasa del 18,6. Así se llega a las vísperas de la II Guerra mundial, en que la tasa no alcanza más que un 15,1%o en 1935-39.La situación, extraordinariamente crítica, fue resuelta hasta la última fecha indicada, acudiendo a la inmigración. La importancia de ésta se mide por el hecho de que entre 1800 y 1950 F. registró un total de 5 millones de inmigrantes. En 1850 había ya 400.000 extranjeros en el país; en 1921 eran un millón y medio, y cerca de 3 millones en 1931. Para dar una idea del papel decisivo que la población extranjera ha venido a desempeñar cada vez con mayor fuerza, puede señalarse que en 1921-31 los extranjeros representaron el 75% del crecimiento demográfico. Los inmigrantes proceden, sobre todo, de países próximos. Los países mediterráneos han desempeñado un papel importante, pero también los de Europa central. España ha contribuido notablemente a alimentar este flujo.La situación adquiere otro cariz a partir de 1946. Desde que terminó la II Guerra mundial, las tasas de natalidad han permanecido siempre por encima del 18°/oo, y la tasa de crecimiento sintió inmediatamente los efectos. Entre 1946-62 la población creció en 6 millones, es decir, en un 15%. En esta recuperación demográfica ha intervenido decisivamente una política estatal de ayuda a la familia, manifestada, sobre todo, en medidas financieras y psicológicas tendentes a favorecer a las familias numerosas. Entretanto, la tasa de mortalidad ha descendido de forma espectacular en los últimos 50 años, aunque todavía es superior a los restantes países de Europa occidental. La correspondiente a 1964 fue del 10,8%o, frente al 7,7 en Holanda, 9,4 en Italia y 9,9 en Dinamarca. En estas últimas décadas, la inmigración ha hecho, pues, de contrapeso, como en la etapa anterior. En 1947-54, el excedente inmigratorio fue de 585.000 individuos; en 1954-63 se elevó a 1.150.000, divididos en 550.000 extranjeros, 450.000 europeos repatriados de África y 150.000 trabajadores argelinos.Toda esta historia tiene su reflejo en la pirámide de edades. El número de personas mayores de 60 años supone nada menos que un 16%, cifra no superada en toda Europa. En cambio, la pirámide refleja hoy la recuperación de la natalidad después de la última guerra, puesto que los grupos de edad inferior a 20 años equivalen a un 20%. Las dos Guerras mundiales se notan crudamente en la estructura demográfica (1.500.000 muertos; 1.700.000 niños no nacidos durante la 1 Guerra mundial; 600.000 muertos y 300.000 niños no nacidos en la 11 Guerra). La población activa, es decir, la comprendida entre los 20 y los 55 años, representa un 55%, efectivo en disminución relativa regular hasta que se equilibre con la generación salida de la guerra.La publicación por el Inst. Nac. de Estadística de F. del balance demográfico 1967, ha puesto de manifiesto que a partir de 1965 ha comenzado de nuevo a descender la natalidad (18,1 en 1964 y 16,6 en 1967). A pesar de todo, la población francesa continuará aumentando, gracias a una tasa de mortalidad relativamente baja, 10%o en 1967, y a los 200.000 extranjeros que cada año siguen estableciéndose en el país.Distribución. El reparto de la población ofrece anomalías, tanto desde el punto de vista espacial como desde el relacionado con los efectivos rurales y urbanos, desequilibrados estos últimos por el papel absorbente de la aglomeración parisina. El desequilibrio data de los efectos sufridos por el país con motivo de las primeras fases de la revolución industrial. La distribución de la población sobre el conjunto del territorio era relativamente homogénea hasta esa etapa, y las escasas diferencias procedían fundamentalmente de las diversas condiciones naturales. Hoy las regiones con mayor densidad son las de población más joven, y aquellas en que existen más perspectivas de renovación y crecimiento de la población activa; las de débil densidad pertenecen a áreas de envejecimiento, en que los jóvenes han emigrado en los s. XIX y XX hacia las regiones industriales. Cuatro de éstas reúnen hoy el 40% de la población francesa: la región parisina, con un 18,5%; la región del norte, con un 8%; la lyonesa, con un 8,7%, y la Lorena con un 4,7%. Estas cuatro, junto con las regiones urbanas del bajo Sena, de la Gironda, de Marsella y del bajo Loira alcanzan la mitad de la población nacional.Las grandes regiones rurales han perdido a la vez su población y su juventud; téngase en cuenta que las cuatro regiones citadas anteriormente representan un 48% del crecimiento natural. En las primeras pueden distinguirse dos tipos; uno, las regiones que han conservado hasta ahora una población agrícola y una población total importante, alimentando a la vez una notable emigración: el oeste, Bretaña, Vendée, Poitou, Charentes, con el 19% de la población nacional. El segundo tipo está constituido por las regiones depresivas, con gran déficit demográfico: Normandía, Maine, Anjou, Midi mediterráneo, salvo las aglomeraciones urbanas; Alpes, con excepción de los rosarios urbanos de la periferia; este rural, centro e incluso las mesetas y las llanuras de la cuenca parisina. En total, estas regiones comprenden una tercera parte de la población sobre los dos tercios de la superficie nacional.Poblamiento rural. La población rural se distribuye de forma muy variada, pero lo fundamental es la oposición existente entre los grandes pueblos y la dispersión en aldeas y granjas aisladas; ambos tipos de poblamiento están localizados en dos dominios, delimitados por una línea que pasa aproximadamente por Ginebra, Besan~on, Dijon, Orleáns, Bilos, Chartres y Ruan. Al norte dominan los grandes pueblos y al sur las aldeas y las granjas.Los tipos de habitat son muy variados. En el habitat concentrado hay gran variedad entre los planos de los pueblos. A. Demangeon ha hecho una clasificación distinguiendo los pueblos largos, los pueblos masivos, los pueblos en estrella. A su vez, la dispersión adopta diversas formas. La dispersión en granjas aisladas; poco abundante en aldeas, en forma pura, es mucho más frecuente la dispersión mixta. Pero además existe toda una gama de tipos intermedios y mixtos, tales como el habitat aglomerado o en nebulosa, el habitat linear (pueblos y aldeas en calle). Igual variedad se encuentra en la casa rural (v. xv). El mismo Demangeon opone distintas clases. La casa bloque representa el plano más simple, y tanto las personas como el ganado, las cosechas y el utillaje están bajo el mismo techo. Las casas de edificios disociados constituyen otro tipo que pertenece a regiones agrícolas de explotaciones más vastas, de gama de cultivos más importante, en las que la cosecha ocupa tanto espacio como la ganadería. En nuestros días, la casa rural tradicional aparece como una reliquia del pasado, inadecuada para las necesidades de la economía moderna. La modificación de los sistemas de cultivos ha obligado a los labradores a realizar cambios de estructura. Pero todavía el arcaísmo y la falta de confort son característicos del habitat francés. En 1960, el 32,5% de las casas no disponían de agua corriente.A la oposición indicada del habitat suele corresponder otra del dibujo parcelario, y, sobre todo, de la presencia o ausencia de cercados: a las regiones de campos abiertos de la F. del norte y del este, se oponen las de campos cercados del resto de F. Lo cual no quiere decir que no existan también excepciones, al igual que se ha visto en el habitat.Población y poblamiento urbanos. Mientras la población rural ha descendido violentamente y el habitat rural ha cambiado poco sus estructuras heredadas del pasado, el fenómeno urbano ha prendido en el país de tal forma que se ha constituido en el motor principal de la transformación del espacio francés. La población urbana, que era de 9.135.000 hab. en 1851, alcanzó los 14.311.000 en 1891, los 17.380.000 en 1921, 24.189.000 en 1954 y 29.375.000 en 1962. Más expresivos son todavía los porcentajes. En 1851, la población urbana no representaba más que un 26% de la total; en 1901 alcanzaba el 40,1%, el 52,4% en 1936, el 56,6% en 1954 y el 62% en 1962. También aquí encontramos un proceso desigual, ya que la urbanización opone áreas muy densas entre zonas suburbanizadas. Las áreas urbanizadas son: la región del Norte y la Alta Normandía; la región parisiense; la región del Este, salvo los departamentos del Mosa, Alto Marne y Alto Saona; el eje Borgoña-llanura del Saona-región del Ródano-Loira; la región mediterránea, salvo el norte, la región Gironda-Charente-Marítima; el bajo Loira; y Finisterre, Calvados y Doubs. El resto del territorio aparece suburbanizado, bien por carecer de ciudades importantes, o por el valor relativo de la población urbana en relación a poblaciones rurales todavía densas.M. FERRER REGALES.
BIBL.: V.t.: FRANCIA (France), I. GEOGRAFIA II.
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