Fouquet, Jean
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Biografía GER
Aunque F. es el pintor francés más importante del s. XV y el único que ha conseguido fama internacional, su vida sigue siendo poco conocida y gran parte de su obra ha desaparecido. Es seguro que era natural de Tours, pero se ignora la fecha en que nació (probablemente ca. 1420), su abolengo (al parecer hijo ilegítimo), sus comienzos (no hay prueba de que hubiera cursado estudios universitarios, y aprendido la pintura en París). Lo único cierto es que estuvo en Italia e hizo un retrato del papa Eugenio IV, muy celebrado por el arquitecto humanista Filarete. Volvió a Tours en 1448, se casó allí y permaneció hasta su muerte (probablemente acaecida en 1480, puesto que su mujer era ya viuda en 1481), trabajando para los reyes Carlos VII y Luis IV (que residieron habitualmente en Turena) y el alto personal de su corte. Varios documentos indican que pintó la mascarilla de Carlos VII, que dirigió la decoración para entradas reales, etc., pero nos informan poco sobre su actividad creadora; y los cuadros encargados por el arzobispo lean de Bernard en 1463 y por la parroquia de Notre Dame la Riche en 1469 han desaparecido.La obra pictórica sólo se puede apreciar hoy a través de unos pocos retratos. El del Papa, con dos secretarios a su lado, no se conoce más que por un grabado mediano del s. XVII. En cambio, los del Louvre -el enfermizo y abúlico Carlos VII, que aparece rígido entre dos cortinas de terciopelo carmesí; el canciller Jouvenel des Ursins orando, atiborrado de grasa y de aspecto farisaico; el nervioso Autorretrato, medallón esmaltado muy florentino-, san obras magistrales; lo mismo que el díptico, hoy dividido, que representa al Tesorero real Etienne Chevalier (Berlín) ante una Virgen con el niño (Amberes), virgen muy grácil, con un pecho descubierto que tradicionalmente se consideró como retrato de Agnés Sorel, la "Dame de Beauté", favorita de Carlos VII. El dibujo incisivo y firme, casi áspero a veces, el brillo algo duro del color, los enlazan con la tradición gótica del retrato cortesano francés. Pero, por el dominio de la técnica eyckiana, la vigorosa individualización y la penetración psicológica no tienen equivalentes en la Francia del s. xv, pudiendo competir con los mejores retratos europeos.Del pintor religioso tendríamos una muestra admirable, si fuera suya: la Piedad de la iglesia parroquial de Ncuans, cerca de Tours, aparecida en 1931. Su fuerza plástica y su estilo monumental la hacen digna de van der Weyden (v.), pero con más suavidad, menos tensión trágica. La atribución es perfectamente lícita, al comparar la tabla con las miniaturas de F., pero hasta ahora ningún dato externo la vino a confirmar.Afortunadamente F. fue miniaturista a la vez que pintor -caso corriente en la Francia del s. xv- y las ilustraciones de manuscritos religiosos (Horas de Etienne Chevalier, de las cuales la mayor parte -40- se conservan en Chantilly), históricos (Antigüedades Judaicas de Josefo, Grandes crónicas de Francia en la Biblioteca Nacional de París), novelescos (Boccaccio, Biblioteca Nacional de París), dan una idea más completa de su talento singular.Sus miniaturas encantan como espejo de una época, al evocar con elegante realismo la vida cortesana, urbana o burguesa en la Turena del s. xv, donde se desarrollan los episodios de la Biblia, del Evangelio o de la vida de los santos.Pero este aspecto no debe ocultar otros méritos del Libro de Horas; el arte extraordinario con el cual F. encierra en espacios minúsculos grupos numerosos y composiciones a veces grandiosas (S. Hilario en el Concilio, El Paraíso, etc.), la nobleza serena de aquellas figuras (Anunciación, Camino del Calvario, Segunda Anunciación, etc.) que mantienen en el s. xv (mejor en Tours que en París o en Borgoña) el estilo monumental de la escultura, el de las catedrales del s. XIII. Pero no llama menos la atención el contacto de F. con las novedades italianas; y no sólo por los fondos decorativos (claustro con cipreses y pórtico de columnas corintias en la Visitación, pilastias y guirnaldas de angelillos desnudos en la Fuente de los Apóstoles, etc.), sino sobre todo por el plegado de los paños y la ciencia de la perspectiva (Cena en Casa de Simón, Tránsito y Asunción de la Virgen, etc.). F. vio en Florencia y Roma las obras de Masaccio (v.), de Lippi (v.), de Fra Angélico (v.), tal vez de Piero della Francesca (v.), y supo asociar felizmente con la herencia "castiza" del gótico francés las adquisiciones del Quattrocento florentino.PAUL GUINARD.
BIBL.: H. MARTIN, Les Fouquet de Chantilly, "Memoranda", París 1926; K. PERLS, lean Fouquet, París 1941; J. WESCHER, lean Fouquet und seine Zeit, Basilea 1945.
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