Formalismo, III. Lingüística y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Concepto de formalismo en Lingüística. El f. lingüístico está asociado a determinadas escuelas de concepción estructuralista y, en general, a las tendencias más recientes de la teoría gramatical. Su definición y la fijación de sus orígenes difícilmente admiten esquemas sencillos y unitarios, por cuanto en la noción de "forma lingüística" concurren acepciones diversas, a menudo en la obra de una misma escuela o de un mismo autor. En un sentido lato, con el término de forma se alude a la manera como se manifiesta en la lengua un contenido semántico o una función gramatical. Más en particular, la "forma" de una lengua se refiere a la estructura fonológica y gramatical de la misma en oposición a sus significados o estructura semántica. En virtud de esta distinción, se parte a veces del supuesto de que toda gramática que excluye la estructura semántica en la descripción de la lengua será una gramática "formal" (en caso de incluirla, será "nocional"). El generativismo moderno, por su parte, ha actualizado un empleo más específico de "gramática formal" en el sentido de "explícita" y opuesta a "intuitiva": el mecanismo de la gramática opera, así, sobre un terreno objetivo, representable en forma de reglas ordenadas, y soslaya aquellas manifestaciones de la lengua derivadas de factores históricos o que sólo permiten una definición de base introspectiva sobre la conciencia del hablante.Sin embargo, cuando alguna vez se emplea el término de f. lingüístico en obras especializadas, se hace referencia a la concepción por la cual la forma de una lengua corresponde a su estructura fonológica, gramatical y semántica, en oposición al continuo indiscriminado fónico y conceptual sobre el que se aplica la estructuración de cada lengua. Se establece, pues, una dicotomía basada en la famosa distinción que hizo F. de Saussure entre forma y sustancia. El origen de esta distinción, que parte de Aristóteles, se remonta, en su moderna aplicación lingüística, a escuelas gramaticales, filosóficas, científicas y artísticas anteriores, e incluso coetáneas, a Saussure. En realidad, algunas manifestaciones del idealismo (v.) lingüístico, a partir de W. von Humboldt (v.) y su "forma interior del lenguaje", la psicología colectiva de É. Durkheim (v.) o las concepciones fenomenológicas de E. Husserl (v.) no son ajenas a la formación o al desarrollo del f. lingüístico, que tuvo su mayor identificación en el llamado Círculo Lingüístico de Praga. Este grupo tuvo sus orígenes en la escuela formalista rusa, entre 1916 y 1930, a la que pertenecen V. Jermunski, Y. Tynyanov y, sobre todo, R. Jakobson. El último, establecido en Praga junto con el también ruso N. S. Trubetskoi y el polaco S. Karcevski, sienta con sus colegas las bases de una nueva postura estructuralista de inspiración saussureana en el I Congreso Int. de Lingüistas de La Haya, en 1928. La lengua, reza uno de sus postulados, consiste en un conjunto de elementos formales mutuamente relacionados. A la lingüística formal no le concierne, pues, la fijación de la historia de las lenguas o la explicación de los procesos evolutivos, ni siquiera la definición de las palabras y sus combinaciones en términos absolutos, sino el descubrimiento y la descripción de las relaciones que mantienen los elementos lingüísticos en sus respectivos niveles, dentro de los cuales forman un todo (un sistema, una estructura) sin nexos operativos con los hablantes o con la época en que se producen. Así, identificar un elemento no equivale simplemente a separarlo de los demás, sino a definirlo con arreglo a sus relaciones específicas con el conjunto del que forma parte. Estas relaciones, que son particularmente reconocibles en el nivel fonológico de la lengua a causa del escaso número de unidades funcionales (de ahí el éxito de la Fonología del Círculo de Praga), llevan a la finalidad suprema del f. en tanto que constituyen los datos indispensables para determinar la estructura total de la lengua.2. Concepto de formalismo en la crítica literaria. Dentro de una muy considerable gama de interpretaciones, el denominador común del f. en crítica literaria (v.) presenta gran analogía con el f. lingüístico, del que es, en buena parte, una derivación. Como contrapartida a los métodos temáticos, históricos y psicológicos, el método formalista propone la crítica textual bajo una concepción autosuficiente de la obra literaria, en la que sus elementos guardan unas relaciones estrictas que no dependen ni de la época ni de los sentimientos del autor. Hallar, describir e interrelacionar los elementos estructurales de la obra se convierte en el fin decisivo del método en su intento de eliminar toda operación intuitiva por parte del crítico.Este criterio de base, que comporta una problemática de gran alcance teórico, se encuentra en los fundamentos de escuelas tan dispares, en principio, como el idealismo alemán de K. Vossler (v.) y particularmente de L. Spitzer, la "Explicación textual" francesa o la ya mencionada escuela formalista rusa; todas ellas con notables peculiaridades y con sus respectivas zonas de influencia. Fue L. Spitzer, cuya influencia en España es notoria (A. Alonso y D. Alonso), uno de los primeros en reconocer que el discernimiento de los elementos estructurales de la obra literaria proviene inevitablemente de la intuición y de la sensibilidad del crítico, quien, a lo sumo, puede "objetivizar" en parte su postura valiéndose de diversas verificaciones a partir de hipótesis diferentes. Este método, denominado "circular", consiste en la observación, sobre la periferia de la obra, de lo que cabría llamar puntos referenciales cuya relación mutua implica un centro en torno al cual gira toda la estructura interna de la pieza. A pesar de ello, el discernimiento de aquellos elementos estructurales o puntos de referencia resulta también controvertible. A este tenor, vale la pena indicar que G. Polti intentó reducir toda la estructura gramatical a 36 "situaciones dramáticas" (1912), mientras E. Souriau, en 1950, las aumentaba nada menos que a 200.000. Otras veces los elementos estructurales responden a unas coordenadas histórico-culturales (J. Casalduero) o bien etnológicas y temáticas (V. Propp).Por su parte, la influencia del f. ruso y en especial de R. Jakobson se ha manifestado sobre todo en Checoslovaquia (J. Mukarovski y R. Wellek), Suiza y EE. UU., donde se han establecido el primero y el último de los estudiosos citados. El método se caracteriza por una clasificación de elementos no tanto temáticos como lingüísticos, en el que se ha inspirado el polaco R. Ingarden al proponer el análisis de la obra literaria en cuatro estratos: el de los sonidos articulados; el de las unidades significativas; el de los "aspectos esquematizados", y el de los objetos representados, que estimularon los impulsos lingüísticos del autor.En conjunto, esta concepción anti-histórica de la obra literaria admite, en el f. actual, aportaciones metodológicas de la más variada índole: semántica estructuralista, gramática transformacional, lógica matemática e incluso cibernética en estrecho contacto con la estadística lingüística, muy utilizada para fijar los valores cuantitativos de la "normalidad" y sus desviaciones estilísticas en cada autor.V. t.: FONÉTICA Y FONOLOGÍA; GRAMÁTICA; LINGÜÍSTICA I; CRÍTICA LITERARIA I.R. CERDÁ MASSÓ.
BIBL.: A. LLORENTE MALDONADO, Teoría de la lengua e historia de la lingüística, Madrid 1967; B. TRNKA Y OTROS, El Círculo de Praga, Barcelona 1971; E. ANDERSON IMBERT, Métodos de crítica literaria, Madrid 1969; R. INGARDEN, La obra literaria, La Haya 1931; D. ALONSO, Poesía española. Ensayo de métodos y límites estilísticos, Madrid 1967.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.