Fontainebleau, Tratado de HIST.
Categoria:
Historia
Las causas remotas que dieron origen a este tratado hay que buscarlas en la guerra entre Francia e Inglaterra, que culminó con el "bloqueo continental", y en las ambiciones de Godoy (v.), favorito del monarca español Carlos IV. En efecto, en mayo de 1803 se reanudaron las hostilidades entre Francia y Gran Bretaña. A España le resultó imposible mantenerse neutral; la captura por corsarios ingleses de varias fragatas españolas que venían de América y las presiones de Napoleón obligaron a Carlos IV (v.) a aliarse con los franceses el 14 dic. 1804. Napoleón (v.), en un principio, buscó la alianza española por la ayuda que su escuadra podría prestarle. Pero, al ser destruida ésta en la batalla de Trafalgar (v.) y considerando poco eficaz al ejército español, cambió su política con respecto a España. Lo que el Emperador francés buscó en España, desde entonces, fue dinero, hombres y la adhesión al "bloqueo continental" decretado contra Inglaterra. Para lograr estos propósitos, agentes franceses se trasladaron a Madrid iniciando una serie de conversaciones con Godoy, árbitro de los destinos de España. En estos tratos, Napoleón manejó hábilmente las ambiciones de Godoy, que soñaba con crearse un reino independiente entre España y Portugal. Las presiones sobre el príncipe de la Paz tuvieron éxito y así, el 14 feb. 1807, Carlos IV se adhería oficialmente al bloqueo y otorgaba a Napoleón 15.000 soldados.El cerco económico puesto por Francia a Inglaterra sólo podía ser eficaz si era total, es decir, si se unían a él todos los países marítimos de Europa; una sola falla podía arruinar el sistema. De ahí la importancia de Portugal, la vieja aliada de Inglaterra, en cuyos puertos habían conseguido los británicos importantes puntos de apoyo. Era indispensable que Portugal se adhiriese al bloqueo y, como el regente del reino rehusara hacerlo, para obligarle Napoleón preparó, una vez más a través de Godoy, una alianza con España. Tal alianza, en realidad, encubría una traición, pues hoy parece claro que su finalidad era una intervención general en la Península.El tratado se firmó en F. el 27 oct. 1807, y debía permanecer secreto hasta su completa realización. Se componía de 14 cláusulas por las que el reino de Portugal quedaba dividido en tres partes. La provincia de EntreDuero-y Miño, con la ciudad de Oporto, se daba en soberanía con el título de rey al monarca de Etruria, cuyo territorio había ocupado Napoleón. La provincia del Alemtejo y el reino de los Algarbes quedaban en posesión de Godoy, para que los disfrutara con el título de príncipe de los Algarbes. La comarca de Beira, Trás-os-Montes y la Extremadura portuguesa quedarían en depósito hasta la paz general, para disponer de ellas según las circunstancias y conforme a lo que se conviniese entre las dos partes contratantes. En otro de los apartados, se precisaba que el Emperador de los franceses se obligaba a reconocer al rey de España como "Emperador de las dos Américas", reconocimiento que tendría lugar bien a la llegada de la paz o a más tardar pasados tres años. Por último, las dos partes contratantes se entenderían para hacer un reparto igual de las islas, colonias y otras propiedades ultramarinas de Portugal.Al tratado se añadió una convención secreta que iba a tener incalculables repercusiones: 28.000 soldados franceses entrarían en España para marchar sobre Lisboa, adonde les seguiría un cuerpo de ejército español. El mando correspondería a un general francés, y en Bayona estaría preparada una segunda expedición gala de 40.000 hombres. Las cláusulas del tratado significaban no sólo que España estaba expuesta a las consecuencias de la contienda bélica, sino que también quedaba expuesta a la inmediata acción de las tropas francesas acampadas en el país, si no cumplía las exigencias de Napoleón. El tratado de F. no llegó a cumplirse. En cambio, se cumplió su articulado secreto. En efecto, cuando Junot conquistó Portugal sin resistencia (19 a 30 nov. 1807), Godoy reclamó su parte. Pero, contra lo previsto, el Emperador declaró que los asuntos no habían progresado tan favorablemente como para pensar en hacer público el tratado. Días después de esta comunicación quedaron descubiertas las verdaderas intenciones de Bonaparte, cuando éste hizo saber a la Corte española que ya no consideraba válidos los acuerdos anteriores y exigía, o bien Portugal entero, con un camino militar desde Irún a la frontera portuguesa, o bien el establecimiento de la frontera francesa en la línea del Ebro; y mientras planteaba sus nuevas exigencias las tropas francesas ocuparon Pamplona, Barcelona, Montjuich y San Sebastián. Las aspiraciones napoleónicas conducirían a la guerra de la Independencia (v.).Es difícil precisar hoy si Napoleón firmó el tratado de F. de buena fe o si ya había concebido la idea de destronar a la familia real española utilizando como medio la guerra de Portugal. Desde luego, lo innegable es su falta de sinceridad, como prueba el hecho de haber mandado entrar sus tropas en España nueve días antes de firmarse el tratado, a pesar de las notas y reclamaciones del Gobierno español. En cualquier caso, por lo que respecta al pensamiento de destronar a los Borbones de España en esos momentos, resultaría aventurado dar una respuesta afirmativa categórica, ya que Bonaparte, hombre de resoluciones rápidas, acomodaba sus empresas al giro que las circunstancias y los sucesos, más que los proyectos preconcebidos, le sugerían.A. LAZO DÍAZ.
BIBL.: C. CORONA, Revolución y reacción en el reinado de Carlos IV, Madrid 1957; G. GEOFFROY, L’Espagne et Napoléon, París 1908; C. DE LItvtplAS, Las alianzas y la política exterior de España a principios del siglo XIX, Madrid 1914; A. PERRAO, Primeira invado franeésa 1807-1808, Coimbra 1924; H. MADOL, Godoy, Madrid 1966.
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