Florencia, Escuela de (pintura) ARTE
Categoria:
Arte
Caracteres generales. Lugar y etapa claves, sin duda, en la Historia de la pintura, y aun del arte en general. La plena personalidad y caracterización de la escuela llegará más bien en el quattrocento, destacando anteriormente Giotto y su repercusión y seguidores. Pero en todo caso hay siempre en lo florentino un espíritu de novedad, serena y mesurada, severa incluso, ajena a esnobismos y con definida tónica esencialista y humanista; la forma y su consistencia será fundamental y, como ésta necesita desarrollarse en el espacio, la búsqueda de la plasmación de él y los estudios en torno suyo ocuparán obsesiva y apasionadamente a los artistas florentinos; un hálito intelectual y metafísico lo envolverá todo y, si Giotto es la novedad y la invención espontáneas y personales, producto de la genialidad y no de la búsqueda, lo mismo que Masaccio, lo que integra más decididamente la escuela florentina es la sucesión de una serie de artistas de decidida intención experimental. En los hallazgos y búsquedas de esos maestros está toda la historia de la evolución, a lo largo de un centenar de años, del espacio de la pintura medieval al nuevo espacio pictórico del Renacimiento. Junto a esas novedades es necesario subrayar la continuidad -herencia aún de lo gótico- de la importancia de la línea (del "dibujo"), como elemento definidor de las formas, basando en ella, más que en el color, ritmos y estructuras sin que ello quiera decir que éste no alcance con frecuencia elegantes esplendores y transparencias bellísimas y refinadas.Desarrollo histórico. Trecento. Se da habitualmente como iniciador de la escuela florentina a Cimabúe (v.), continuador aún en definitiva de la tradición bizantina a juzgar por las pocas obras que de él se conservan; si por su monumentalismo puede hacernos pensar en Giotto, no ocurre lo mismo con su estilo, aun cuando se le considere como su predecesor; más bien podemos verlo muy cerca del tono que continuará la escuela sienesa. Giotto (v.) es un gigante solitario que romperá con el linealismo estricto, para ir a un mundo de formas "que pesan" estructuradas sólidamente y a una visión sintética de esas formas dentro del espacio; la visión directa es acusada; dramatismo y solemnidad atemperan y enlazan lo humano y lo divino; una técnica magnífica lo une todo y realiza su fusión y, así, la obra artística ya no es puramente ilustrativa y didáctica. Los seguidores propagarán el nuevo estilo. Maso (s. xiv) asimila muy bien la enseñanza de Giotto, y así lo demuestra en las pinturas de la Capilla Bardi (S. Croce, Florencia); Giottino, discípulo preferido, seguramente, es con frecuencia un imitador (obras: capilla S. Silvestre en S. Croce, Cripta de S. Maria Novella, Asís, varias tablas en los Uffizi y Pisa, etc.). Hay un nutrido grupo de góticos que con frecuencia resultan indefinidos entre lo florentino y lo sienés o son incrementadores de otros focos pictóricos; Nardo di Cione (Capilla Strozzi de la Iglesia de S. Maria Novella), Andrea Orcagna (v.), Andrea Buonaiuti, que decora en 1365 la Capilla de los Españoles, produce un grato arte entroncado con lo internacional y de tono cortesano. Lorenzo Monaco (v.), gran pintor, pero especialmente uno de los más grandes miniaturistas italianos, cierra el capítulo de los trecentistas, pues no podemos ver como escuela florentina, a pesar de su estancia y obras en la ciudad, al primoroso Gentile da Fabriano (v.). Quattrocento. Teniendo en cuenta que las novedades del renacentismo aparecen antes en la escultura, en la propia F. (y antes en lo pisano) en figuras capitales como Ghiberti y Donatello, se comprende fácilmente el carácter que la pintura florentina va a tomar, decididamente volumétrico y aun escultórico en buen número de obras y autores (baste, como ejemplo, A. del Castagno). Entramos, de golpe, en la nueva etapa con otro innovador sensacional: Masaccio (v.) verdadero continuador del camino de Giotto, pero fuera de su mundo gótico y sintiendo más decididamente la realidad y el clasicismo; la brevedad de su vida y de su obra limitó, sin duda, la impresión de sorpresa y su repercusión. Para comprender toda la novedad de su estilo resulta eficaz pensar que Fra Angélico, otro gran representante de la escuela de F. (v.), fue su contemporáneo (muriendo considerablemente más tarde). El Angélico es un continuador de la forma gótica y del concepto narrativo medieval, de un sentido en el que la perfección de la técnica es, simplemente, un medio puesto al servicio de lo religioso, los problemas plásticos no tienen importancia como tales. Sin embargo, al final de su vida, Fra Angélico se dejará influir por la real y densa figuración de Masaccio. Los frescos del Carmine marcan, sin duda, el comienzo de las experimentaciones.Un artista salido de lo gótico (y que hasta cierto punto le permanecerá fiel), Paolo Ucello (v.), hará los más valientes tanteos para la búsqueda del nuevo espacio tridimensional; muy poco después deseaba encajar en el volumen escultoricista A. del Castagno (v.), pero un contemporáneo de este último, Fra Filippo Lippi (V. LIPPI, FAMILIA) prolongará las dulzuras del Angélico, añadiéndole mayor fragilidad y elegancia y un agudo sentido poético del paisaje, en el que aparecen ya las nuevas orientaciones. Es el momento florido de las arcas de bodas, hechas con frecuencia por los grandes y, entre ellos, F. de Stefano Pesellino (1422-57). La geografía de Piero della Francesca (v.) obliga a ver un momento de relaciones en la plenitud de las experimentaciones entre las escuelas florentina y umbra; aquí se alcanza la perfección del juego del espacio y la luz sobre las formas. El color será motivo radiante en la nitidez de formas de Domenico Veneziano y no lejos de él se situará Baldovinetti y rivalizará en rico esplendor el grandísimo decorador que es Gozzoli (v.); una gracia nueva y nuevo ritmo lineal, ya no gótico, ofrecerá Pollaiuolo (v.), mientras el reino de la fantasía y la transposición de los viejos mitos paganos triunfan con Piero de Cosimo, y Ghirlandaio (v.) establece, por fin, las figuras en un orden que enlaza con Masaccio.El resumidor de todos estos caminos será Botticelli (v.) auténtico símbolo de la escuela, tanto en el temario como en las formas. Se conjugan goticismo y antigüedad; poesía, nerviosismo y fragilidad se unirán en ocasiones al vigor y, con frecuencia, a la melancolía; supondrá el final y el cambio de aquel momento florentino, tras la historia de Savonarola. Dejará entre sus discípulos y seguidores al fino Filippino Lippi (V. LIPPI, FAMILIA), que será contemporáneo de los nuevos grandes creadores Leonardo y Miguel Ángel.V. t.: GIOTTO DI BONDONE; MASACCIo, TOMMASO; ANGÉLICO, FRA; BOTTICELLI, SANDRO; SIENA, ESCUELA DE; UMBRÍA, ESCUELA DE; PADUA, ESCUELA DE; VENECIA, ESCUELA DE.FEDERICO TORRALBA.
BIBL.: B. BERENSON, Los pintores italianos del Renacimiento, Barcelona 1954; A. CHASTEL, El Renacimiento meridional, Madrid 1965; A. VENTURI, La pittura nel Quattrocento nell’Alta Italia, 1965.
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