Filología, I. Estudio General
Categoria:
Cultura
1. Concepto. En su Diccionario de términos filológicos escribe Lázaro Carreter: "Antiguamente se designó así la ciencia que se ocupaba de fijar, restaurar y comentar los textos literarios, tratando de extraer de ellos las reglas del uso lingüístico. Modernamente, amplió su campo, convirtiéndose además en la ciencia que estudia el lenguaje, la literatura y todos los fenómenos de cultura de un pueblo o de un grupo de pueblos por medio de textos escritos". Éstas son las acepciones fundamentales que ha tenido la palabra, aunque no las únicas. F. es voz polisémica, bajo la que se han albergado distintos conceptos según las épocas y escuelas. No faltaron las confusiones, como la que aún se produce entre F. y Lingüística (v.), y que tiene sus orígenes en el nacimiento mismo de la lingüística científica moderna, surgida bajo el signo del historicismo decimonónico. No es extraño que esa lingüística histórica no fuese claramente diferenciada de la F. que, desde fines del s. xviü, gracias a F. A. Wolf y su escuela, venía siendo entendida como "crítica comparada de textos clásicos antiguos, con la pretensión de descubrir y fijar estados de lengua remotos".Ambas disciplinas tienen por objeto el lenguaje, pero su enfoque es muy distinto: la F. se ocupa del lenguaje en tanto que medio para fijar los textos; la Lingüística centra su interés en la lengua hablada o escrita y utiliza los textos sólo como medio para su conocimiento. En un reciente estudio, A. Ronconi considera F. y Lingüística como disciplinas subsidiarias: la primera reconstruye y comenta el texto que entrega a la Lingüística, ya depurado, para que lo contraste con otros y defina su posición entre las creaciones lingüísticas de una comunidad. Señala el mismo autor que desde finés del pasado siglo ambas disciplinas han tenido desenvolvimientos paralelos, debidos a una misma atmósfera cultural y, más tarde, a recíprocas influencias.2. Evolución. Otras acepciones. La voz f. fue utilizada ya por Platón en el sentido `locuacidad’, `facilidad de expresión’. En la cultura griega la palabra tuvo otras acepciones y su uso fue extendiéndose hasta adquirir sentido técnico en los gramáticos de la época alejandrina (s. JJJ a. C.), para quienes f. abarcaba un amplio conjunto de saberes: desde la lectura correcta y la escritura, hasta la interpretación de textos antiguos, principalmente épicos. Con la palabra había nacido la figura del filólogo, consagrado a la explicación de textos desde todos los puntos de vista. Lo que comenzó siendo una afición cultivada con mayor o menor acierto, pero siempre de manera anárquica y subjetiva, fue poco a poco convirtiéndose en un conjunto de conocimientos sistemáticos y ordenados (científicos), aunque amplios y poco profundos. Por eso, f. estuvo y ha seguido estando mucho tiempo reñida con especialización. Aun en el s. xvii español, el licenciado Cascales decía en el prólogo a sus Cartas Filológicas: "La filología tiene los brazos muy largos, pues pasea por el campo de todas las ciencias y todas las artes, no ya con toda la perfección que cada una pide, pero a lo menos chupando, como hacen las abejas, lo más dulce de las floridas plantas". Claramente se ve la fuente en que Cascales había bebido este concepto: el filólogo alejandrino debía poseer conocimientos lingüísticos y literarios, pero además históricos, geográficos, artísticos, retóricos, etc. De aquí que el filólogo resultase persona ideal no sólo para acometer la explicación de los textos sino también para reconstruirlos, modernizarlos y restaurarlos y así limpiar de errores e interpolaciones la transmisión de escritos antiguos.Así, pues, los primeros pasos de la F. van desde la lectura correcta de los textos hasta la fijación, depuración y exégesis de los mismos. Las experiencias adquiridas y los materiales empleados se van recogiendo en léxicos, repertorios, inventarios, etc., que adquieren vida propia, independiente de los textos. Cuando aparecen discípulos que desean asimilar tales conocimientos, la F. se convierte (ya en época alejandrina) en una disciplina de nivel superior y de carácter enciclopédico que abarca enseñanzas de gramática, retórica, historia (de la cultura, de las instituciones, del arte), epigrafía, numismática, etc. Los filólogos así formados son, por antonomasia, hombres cultos que reúnen, aunque sea de manera superficial, los saberes de su época.Roma, siempre fiel imitadora de la cultura griega, asimiló y continuó la F. tal como se había entendido en Grecia. Cuando en la época imperial decae el espíritu creador del pueblo romano, proliferan los que estudian, critican y comentan las obras maestras de la cultura latina, y que se llaman a sí mismos filólogos o gramáticos. Esta última voz irá suplantando a la primera hasta hacerla desaparecer. La palabra f. se utiliza poco en el Bajo Imperio, coincidiendo con la decadencia ;de los estudios de tipo filológico, que llegan a desapare~er casi por completo en la Edad Media. Aunque la actividad filológica renazca, con insospechado vigor, en los humanistas europeos del Renacimiento, la palabra permanece sepultada hasta que es resucitada, en el último cuarto del s. xviii, por F. A. Wolf (1759-1824), creador de la moderna F.F. A. Wolf, en efecto, en la trayectoria seguida por esta ciencia abre un nuevo periodo importante para la historia de las disciplinas lingüísticas en sentido amplio. Así lo reconoce F. de Saussure, considerado padre de la lingüística contemporánea, quien, trazando un breve bosquejo histórico, distingue un primer periodo, el de la gramática científica, fundada en la lógica, inaugurado por los griegos y continuado después principalmente por los franceses. Viene luego el periodo de la F., iniciada por los alejandrinos, pero asociada sobre todo con el movimiento científico creado por F. A. Wolf a partir de 1777 (v. 11, 4). Para Saussure esos dos periodos llenan más de 20 siglos: "el tercer periodo comenzó cuando se descubrió que se podían comparar las lenguas entre sí", es decii, a partir de F. Bopp (1816). Saussure considera a la F. de Wolf como un "movimiento científico", que tiene por objeto de estudio no sólo la lengua sino también la fijación, interpretación y comentario de textos, lo que le lleva a ocuparse de la historia literaria, las costumbres, las instituciones, etc., utilizando un método propio: la crítica. Para el gran maestro, estas investigaciones filológicas tienen el mérito de haber preparado el camino de la lingüística histórica. De esta vinculación derivaría el error de confundir ambas disciplinas, según dejamos apuntado más arriba.La aparición de la f. románica (v. III) fue una consecuencia directa del movimiento romántico. El afán por el conocimiento del pasado contribuye a crear una mentalidad historicista, típica del romanticismo; el deseo de conocer el alma de los pueblos, por otro lado, lleva al estudio de su lengua y literatura. Gracias a tales condicionamientos, los románticos miraron hacia las lenguas y literaturas clásicas. Muy pronto, en su afán de exotismo, centraron su interés en las lenguas y literaturas de los pueblos románicos, a cuyo estudio aplicaron los métodos de la f. clásica (v. II). El método histórico-comparativo había dado excelentes resultados para reconstruir el indoeuropeo (V. INDOEUROPEOS II), desaparecido sin rastros escritos, de donde habían derivado las lenguas clásicas. Pero mientras el indoeuropeo sólo podía ser conocido a través de inducciones, el latín vulgar (v. LATINA, LENGUA Y LITERATURA III), fuente de los romances, podía ser estudiado a través de textos escritos y, sobre todo, de las lenguas vivas de él derivadas. Los romanistas tardaron en advertir esta diferencia, lo que motivó serias críticas de los indoeuropeístas.3. Situación de los estudios filológicos en España en la actualidad. La F. experimenta en España un gran florecimiento, gracias principalmente a Menéndez Pidal (v.) y su escuela. Siguiendo el ejemplo del gran maestro, una pléyade de estudiosos estudian y hacen asequibles toda clase de textos. El distintivo más característico de la escuela filológica española es su interés conjunto hacia los- aspectos lingüístico y literario. Y ésta es la base de los planes de estudios en las secciones de F. vigentes actualmente en las Facultades de Filosofía y Letras, que tratan de introducir a los estudiantes en el conocimiento de la lengua y de la literatura de un pueblo o grupo de pueblos. Actualmente hay secciones de F. clásica, semítica, románica, germánica y moderna, cuyo sentido se está poniendo, últimamente, en entredicho. Quizá porque F. y especialización se opongan en cierto modo las nuevas corrientes que afectan a esta ciencia estén tratando de borrar dichas secciones. Es sintomático que en la Univ. Complutense, p. ej., haya desglosado la sección de F. Románica en subsecciones de Lingüística y Literatura Hispánicas. Esta reducción a lo hispánico parece oportuna, pues hoy resulta casi inabarcable el inmenso campo de la romanística. En cambio, la separación de los estudios de la lengua y la literatura podría suponer una mutilación de graves consecuencias. Una literatura no es posible sin lengua, y la lengua encuentra su mejor expresión justamente a través de la literatura. De ahí la necesidad de rehabilitar la F., si bien en las perspectivas rigurosamente científicas que requiere la ciencia actual.V. t.: LINGÜÍSTICA. Para los estudios filológicos en las lenguas eslavas, v. ESLAVíSTICA; en las germanas, v. GERMÁNICAS, LENGUA Y LITERATURA e INGLESA, LENGUA; para el árabe, v. SEMITISTAS, y para el hebreo, v. HEBRAíSTAS.J. FERNÁNDEZ SEVILLA.
BIBL.: F. LÁZARO CARRETER, Diccionario de términos filológicos, Madrid 1962; A. RONCONI, Filologie e lingüística, Roma 1968; F. DE SAUSSURE, Curso de lingüística general, Buenos Aires 1945; V. THOMSEN, Historia de la lingüística, Barcelona 1945; K. VOSSLER, Metodología filológica, Madrid 1929.
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