Ferrant, Ángel
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Biografía GER
Escultor español, n. en Madrid el 1 dic. 1891, m. en la misma ciudad el 25 jul. 1961. Era hijo del notable pintor D. Alejandro Ferrant y Fischermans, que facilitó su dedicación, pero prescindiendo padre e hijo de cualquier posibilidad de aprovechar el prestigio del primero para allanar la carrera del segundo, lo que agregado a la modestia de éste, hace que su cursus honorum sea extremadamente sintético. F. no pasó de profesor de escuelas de Artes y Oficios, primero en la de La Coruña, luego en la de Barcelona, definitivamente en la de Madrid. No concurrió a las exposiciones nacionales, no persiguió premios ni medallas, no hizo sino realizar calladamente su obra. Tan sólo cabría destacar dos distinciones sonadas: en 1926 gana el premio del Concurso Nacional de Escultura mediante su limpio bajorrelieve Niño estudiando, y en 1960 se le da una sala de honor en la Bienal de Venecia de aquel año.Por entonces, ya había sufrido el gran artista un gravísimo accidente de automóvil que invalidó casi totalmente sus últimos años, mas sin hacerle perder su curiosidad y atención por todo cuanto se relacionase con lo humano y con lo plástico. Pues tanto como escultor nato, era amigo de investigar las razones humanas de la escultura, lo que gustaba de explayar de palabra y por escrito con notable sencillez y clarividencia, lógicos respaldos de su obra. Reaccionando contra los torpes virtuosismos que corroían la estatuaria de su época, aseguraba, ya en 1934, su repugnancia a "restringir la escultura al hecho y sus consecuencias de hurgar más o menos hábilmente en una materia cualquiera", mientras concluía que "la escultura es función animadora del espacio, ni más ni menos, y si esto se consigue, no se hace otra cosa que escultura". Y dado que acompañaba sus prédicas con el ejemplo, bien puede asegurarse que los mayores logros de la escultura española de vanguardia dentro de España se deben a F. Como quiera que su fértil imaginación y su amor para con la forma le prohibió cualquier exclusión, su vasta obra, poco fácil de encerrar en ciclos cronológicos dados, comprende mil dedicaciones, sólo aparentemente inconexas. Ha hecho escultura en cierto modo realista, en piedra; ha tallado bajorrelieves de exquisita maestría lineal; ha formulado grupos utilizando y acoplando objetos usuales cuya entidad estética suele pasar inadvertida; en otras muchas ocasiones, las materias escultóricas son trozos de corcho o ásperos tablones de viejos embalajes, para protestar contra el perseverante mito académico de los materiales nobles; ha realizado los más agudos e ingeniosos móviles dentro de la estética de Calder; ha producido escultura en hierro forjado. En fin, Ferrant perseguía todas las posibilidades de la forma bella y de la más desnuda y esencial escultura. Pero es posible gjue lo más significativo de su obra responda a la etapa de los años treinta y cuarenta del siglo, cuando investigaba la escultura de oquedades con no menor valentía -pero con muchas menos facilidades- que Henry Moore (v.) o cuando plantaba en tierra unas criaturas en piedra de volúmenes muy sumarios, muy poderosos, especie de fusión entre el hombre y el capricho geológico, con superficies curvas y amorosas de sobrecogedora vigencia. Del dicho ciclo, creemos que la realización más hermosa es Mediterránea, en piedras de dos colores, atrayendo suavemente la luz.Estas esculturas de F., por leves que resulten sus tamaños físicos, suelen poseer una magnitud ideal gigantesca, la provista por la verdadera escultura, y hay que imaginar cuál hubiera sido su prestancia si el artista hubiese recibido grandes encargos; y, a veces, cuando recibía uno que le fascinaba, como los grandes maniquíes articulados del Teatro Albéniz, de Madrid, la rutina y el desprecio al ingenio mixtificaban el resultado, con gran contrariedad del artista. Se comprende bien que F., antes de morir, ordenase la destrucción de cuantas piezas quedasen en su taller, orden que hay que esperar no llegase a cumplimiento, pero que significaba la reacción final y amargada contra el balance de una vida entusiasta y que rara vez obtuvo comprensión.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: S. GAscH, Ángel Ferrant, Tenerife 1934; R. GULLÓN, Ángel Ferrant-Mathias Goeritz, Madrid 1941; ÍD, Ángel Ferrant, Santander 1951 ; L. F. VIVANCO, Ángel Ferrant, Madrid 1954; E. WESTERDHAL, Ferrant, Las Palmas, s. a.; V. MARRERo, La escultura en movimiento de Á. F., Madrid 1954.
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