Fernández, Gregorio
Categoria:
Biografía GER
Escultor español. N. hacia 1576, probablemente en Galicia, aunque en lugar impreciso. M. en Valladolid el 22 en. 1636. Debió de venir pronto a Valladolid, donde permaneció habitualmente. Tuvo por esposa a María Pérez. De natural bondadoso, fue un artista identificado con el ambiente de la época, por lo que su arte resultó profundamente popular. Gozó de buena situación económica. Poseyó casas y dispuso de amplio taller, con muchos colaboradores.Su técnica artística es de probada laboriosidad y delicado virtuosismo. Gozaba con la talla de barbas y cabellos, y dio a las carnes mórbida blandura. Propendió a la caracterización humana, de suerte que sus tipos encarnan caracteres bien definidos. Tal ocurre con los sayones. Manos y rostros adquieren gran fuerza expresiva. Pero junto a esta naturalidad, sorprende el convencionalismo de sus pliegues, que forman masas duras, quebradas como papel, en lo que habrá de verse la tendencia a trabajar con maniquíes de tela encolada y el influjo de la técnica tenebrista de la pintura. En la pintura de sus imágenes prefirió los tonos mates para las carnaciones y las tintas planas para las telas.Su fama alcanzó límites insospechados. No tuvo rival. La dispersión de su arte alcanzó a lugares muy apartados. Obras suyas se hallan en el País Vasco, Extremadura, Madrid, Galicia y Portugal. Pero de esta situación de excepcionalidad se desprendieron efectos nocivos, ya que el cliente no quería sino copias de obras de F., que infestan el país a lo largo de todo el s. xvti. Fue esencialmente un realista, en época ya desengañada que buscaba ansiosamente la verdad. Pero si logró tipos de admirable verismo, también supo remontarse por la difícil senda del misticismo, mereciendo ser considerado como el Zurbarán de la escultura castellana.Uno de los méritos más apreciables suyos fue el de haber acuñado una serie de tipos, que luego dieron origen a innumerables copias. El Cristo a la columna lo representa con las manos descansando sobre la columna baja, ya normal en esta época. Magnífico es el del convento de S. Teresa de Valladolid, de pequeño tamaño. En versión de tamaño natural hizo el de la iglesia de la Cruz de Valladolid y el de las Madres Carmelitas de Ávila, de apurado virtuosismo. El Cristo en la cruz aparece representado con corona de espino natural y paño de pureza muy volandero. Son de citar el de la Luz de la capilla de la Universidad, en Valladolid; el del Carmen Extramuros de la misma ciudad; el de S. Pedro de las Dueñas (León), y el de S. Marcelo, de León, contratado en 1631. Serie muy interesante es-la de sus Cristos yacentes. La cabeza reposa sobre doble almohada y los cabellos se disponen ordenadamente a un lado y a otro. Primero de la serie es el del Convento de Capuchinos del Pardo, hecho hacia 1614 y documentado. Se conservan ejemplares en el Museo de Valladolid, catedral de Segovia, convento de S. Plácido, en Madrid, conventos de S. Ana y Sancti Spiritus de Valladolid, y en el convento de Franciscanas Descalzas de Monforte de Lemos, con la particularidad de que éste es exento, es decir, el cuerpo no está adherido al sepulcro.Representa a la Dolorosa al pie de la cruz en actitud sedente y con los brazos abiertos para recibir el cuerpo del hijo. Así aparece en la de la Vera Cruz, de Valladolid. En el tema de la Piedad mantiene los brazos abiertos. Dan testimonio la de S. Martín en Valladolid, y la del convento del Carmen, de Burgos, que es obra de taller. La más emotiva es la que guarda el Museo de Valladolid; mientras retiene la Virgen a Cristo con una mano, con la otra hace un gesto de clemencia. La Inmaculada aparece con un rígido manto, que forma dos grandes dobladuras a los costados. A los pies está el demonio en forma de dragón o un grupo de ángeles. Ejemplares existen en el convento de Franciscanas Descalzas de Monforte de Lemos (Lugo), Carmen Extramuros de Valladolid, Vera Cruz de Salamanca, S. Marcelo de León, etcétera.En la imaginería de santos prodiga asimismo los tipos. Así los de S. Ignacio y S. Francisco Javier, de los que hay buenas muestras en la iglesia de S. Miguel de Valladolid. A S. Teresa la representó en éxtasis, a punto de escribir sus revelaciones, como acreditan las del Museo de Valladolid y la catedral de León. El tipo de María Magdalena penitente, contemplando el Crucifijo y con la mano sobre el pecho, en señal de dolor y arrepentimiento, sin duda lo ha creado F. Aunque no es suya la Magdalena de la iglesia de S. Miguel de Valladolid, parecen de su taller la de la iglesia de S. María, de Braganza (Portugal), y la de las Descalzas Reales, de Madrid.Tuvo dos maestros: Francisco de Rincón y Pompeyo Leoni. Debió de ser oficial de Rincón, razón por la cual es lícito rastrear su gubia en las obras de aquél, singularmente en el paso de la Exaltación de la Cruz (Museo de Escultura, Valladolid). El influjo de Leoni más parece haberse logrado trabajando F. al servicio de Milán Vilmercati, oficial de aquél. Del estilo de Leoni provienen las delicadas líneas onduladas de perfiles y cabellos.Durante su primera época, privan en F. los influjos de Rincón y Leoni. Sirve de arranque en la producción el grupo de S. Martín y el mendigo, en la iglesia del mismo nombre, en Valladolid (1606). A este mismo año corresponden las esculturas del retablo de S. Miguel de Valladolid, a excepción de los relieves, que son obra de Adrián Álvarez. Los pliegues describen pronunciadas curvas, de formas suaves. Por los a. de 1612 colabora en la ejecución de las estatuas del retablo mayor de Portaceli, de Valladolid, y tal vez en las estatuas funerarias de la familia Calderón, en la misma iglesia. Pero parece que la técnica del mármol y del alabastro no le era muy propicia, pues permaneció fiel a la madera policromada. De 1612 es el retablo de Villaverde de Medina (Valladolid), del que es suya la escultura. F. fue puramente escultor, de modo que la arquitectura y pintura de los retablos fueron realizadas por otros maestros. El retablo mayor de la iglesia de las Huelgas, de Valladolid (1613), posee excelentes piezas, como la Asunción, y sobre todo el altorrelieve del Cristo desclavándose para abrazar a S. Bernardo. Se trata de un tema místico, logrado con un delicado naturalismo. El mayor despliegue escultórico se observa en el retablo mayor de la iglesia de los Santos Juanes, de Nava del Rey (Valladolid), compuesto de banco, dos cuerpos y ático, todo cubierto con estatuas y relieves. Aquí se inicia la transición al estilo de la madurez, apareciendo los primeros pliegues quebrados, característicos del maestro. Por estas fechas debió labrar los relieves de la Sagrada Familia y la Virgen dando la leche a S. Bernardo, del monasterio de Valbuena (Valladolid). En 1614 se terminó de instalar en la catedral de Miranda de Douro (Portugal) el retablo mayor. Consta haber sido hecho en Valladolid, a partir de 1610, correspondiendo la arquitectura a Juan de Muniátegui y Cristóbal Velázquez. La escultura debe de ser de F., pues corresponde al estilo del maestro en esta época. La influencia de F. en Portugal se advierte en varios lugares, especialmente en Coimbra. En rigor hubo una relación artística continua del norte de Portugal con Valladolid. En 1614 recibió el encargo del paso de La Cruz a cuestas, que se conserva incompleto. De gran calidad son la Magdalena y el Cirineo. Éste recibe con toda dignidad el madero en sus manos.A partir de 1616 empieza el estilo de la madurez. El naturalismo se acentúa y los pliegues se quiebran duramente, al paso que se atenúan las delicadas curvas. En 1616 ejecuta el paso de la Piedad (Museo de Escultura), destinado a la Penitencial de las Angustias. El naturalismo se advierte en la disposición diagonal del grupo. La obra representa adecuadamente el estilo personal de F., con su recio sentimiento. El paso se completa por las figuras de la Magdalena y S. Juan, que estarían en otro plano, y los dos Ladrones, todavía en sus cruces. F. ha sabido diferenciar psicológicamente la situación moral de éstos; pero aparte de ello son dos soberbios estudios de desnudo, con esa calidad carnosa, blanda, del maestro. De 1620 es el grupo de la Sagrada Familia, de la iglesia vallisoletana de S. Lorenzo. Al año siguiente ejecutaba el grupo de S. Isabel dando limosna a un mendigo inválido.Ya se han citado anteriormente algunos pasos procesionales de F. En rigor él ha sido el creador de estas complicadas máquinas, de varias figuras en tamaño natural o mayor aún. Consta que hizo un paso del Azotamiento para la cofradía de la Vera Cruz. Los sayones se han perdido, pero la imagen principal debió de ser el Cristo a la columna que se guarda en la misma iglesia. También efectuó un paso de la Coronación, del que subsiste en la misma iglesia la imagen de Cristo. De 1623 data el contrato para ejecutar el paso del Descendimiento para dicha cofradía. Está compuesto por siete figuras, pero la de la Virgen fue colocada en el retablo mayor en el s. xvttt, haciéndose una copia para el paso. El programa no puede ser más barroco. De un antiguo concepto plano del tema, fraguado y vigente en el s. xvt, F. ha pasado y obtenido un efecto tridimensional, para ser visto en toda su amplitud de giro en la calle. La puesta en escena es admirable. La parte más complicada del grupo la ofrecen las figuras de Cristo, José de Arimatea y Nicodemo, ya que se sitúan en el aire.Ejecutó varias obras para el convento del Carmen Calzado de Valladolid. Así el monumental retablo de S. Simón Stock recibiendo el escapulario, de carácter barroco por su énfasis; una María Magdalena de Pazzis y S. Teresa, todas ellas en el Museo de Escultura, de Valladolid. La última está finamente pintada, disponiéndose en la orla del manto pedrería fingida. Hacia 1625 ejecutó la estatua de S. Domingo, que se conserva en la iglesia de S. Pablo de Valladolid. En ella los pliegues se han hecho más quebrados y el movimiento de la figura se ha acentuado. Con esta pieza se inaugura el tercer periodo de F., que es el propiamente barroco. En 1628 labró la imagen de S .`.,Marcelo, que se halla en la iglesia titular, en León. Y de, estos años debe de ser la escultura de S. Isidro Labrador, en la iglesia parroquial de Dueñas (Palencia). Con ella logró F. un prototipo que tendrá infinidad de copias en Castilla, por ser el patrón del trabajo agrícola.En 1630 se dio por pagado de un retablo para el convento del Carmen`, Calzado (Valladolid), del cual subsiste el relieve del Bautismo de Cristo (Museo de Escultura). En armonía con los cuadros de Zurbarán, la escena se compone con sencillez, propendiendo a la monumentalidad. Pero esta sencillez permite acentuar los valores internos, ya que Cristo aquí es’,admirable por la generosa obediencia a la voluntad del Padre, que la imagen representa. Para el convento de Carmelitas Descalzos de Ávila ejecutó un excelente Cristo a la columna y diseñó el retablo mayor, ejecutado por discípulos, y donde de forma monumental ha efigiado a S. Teresa recibiendo el collar. De su última época es el retablo mayor de la iglesia de S. Miguel, de Vitoria El estilo es de grandes quiebros. En el primer cuerpo hay dos grandes relieves de la Circuncisión y de la Adoración de los Pastores. Preside una solemnísima estatua de S. Miguel. En gran parte la talla fue hecha por colaboradores. F. cierra su producción con el colosal retablo mayor de la catedral de Plasencia. Aunque la muerte le impidió dar término a la obra y no todo es de su mano, hay piezas verdaderamente excepcionales, como el gran altorrelieve de la Asunción. Son de destacar asimismo los relieves del banco, en los que se desarrollan temas que el maestro había traducido a la escultura procesional, como la Flagelación. En 1634 firmó el contrato para ejecutar el retablo mayor de la cartuja de Aniago (Valladolid). Para el banco fue previsto un Cristo yacente, según anteriormente se había dispuesto en la capilla de El Pardo. Se conserva el Cristo con que se remataba y la figura del santo titular, S. Bruno (Museo de Escultura de Valladolid). En esta última F. ha plasmado un soberbio modelo de misticismo sin afeites.Hay una copiosa serie de obras sin documentar. Algunas parecen imágenes auténticas, como la Dolorosa, de busto, de la catedral de Orense. Pero hay que precaverse contra las imitaciones. En efecto, fue F. copiado desde el principio de su producción, no sólo por sus discípulos, sino por artistas de una amplia zona. Hasta 1700 se extiende la oleada de imitaciones. Sólo en el s. xvi i i logró superarse esta afición a la copia, que esterilizó la capacidad inventiva de la escultura castellana. Aparte de los escultores de su taller, cuya obra no ha podido ser deslindada, numerosos maestros contemporáneos acreditan su influjo. Así ocurre con Pedro de la Cuadra, que tras poseer un estilo manierista, adquirió las notas naturalistas de F. El escultor Diego de Anicque fue discípulo de F. e hizo obras que se confunden con las del maestro. Recordemos asimismo entre los discípulos a Francisco Alonso y a Juan Rodríguez.V. t.: CASTELLANA, ESCUELA.J. J. MARTÍN GONZÁLEZ.
BIBL.: J. AGAPITO Y REVILLA, La obra de los maestros de la escultura castellana, Valladolid 1920-29; E. GARCÍA CElico, Gregorio Fernández, Valladolid 1952; M. E. GóMEZ MORENO, Gregorio Fernández, Madrid 1953; ÍD, Escultura del siglo XVII, en Ars Hispaniae, Madrid 1963; J. MARTí Y MONso, Estudios Histórico-artísticos, Valladolid 1901; R. ORUETA, Gregorio Fernández, Madrid 1920; G. WEISE, Spanische Plastik, Reutlingen 1927; 1. J. MARTÍN GONZÁLEz, Escultura barroca castellana, Madrid 1959; ÍD, La huella española en la escultura portuguesa, Valladolid 1961; ÍD, Dos esculturas inéditas de Gregorio Fernández en Galicia, "Cuadernos de Estudios gallegos", 1963; ÍD, Esculturas vallisoletanas de la catedral de Orense, "Cuadernos de Estudios gallegos", 1961.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.