Fatimí (Fátimi), Dinastia
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Biografía GER
Dominó durante 200 años Egipto (V. EGIPTO v). Debe su origen a la propaganda ismailí, dirigida desde Siria, uno de cuyos emisarios en Ifrigiya, Abú `Abd `Alláh, se ganó a los beréberes Kutáma para la causa chú derrocando con su ayuda al gobierno jarichí de los Rustenúes de Táhert y de los Aglabíes de Qayrawán. Habiendo llamado al jefe ismailí de Siria, `Ubayd Alláh, le presentó como el esperado Mahdí, descendiente de Fátima y Alí, por lo que se le considera fundador de la dinastía. Proclamado califa en Ragqáda, al-Mahdi estableció junto a la costa su nueva capital: al-Mahdiyya. Para conservar su poder, mandó matar a Abtl `Abd Alláh, sofocó las rebeliones de beréberes y envió sin éxito expediciones para apoderarse de Egipto.No era el dominio del norte de África la meta del ambicioso ismailí. Desde los primeros tiempos puso su mirada en el Oriente, bajo dominio Abbasí, y las expediciones militares fueron constantes, abandonando incluso la posibilidad de un mayor dominio en África. Al-Qá’im, hijo del fundador, y al-Mansür, hijo y sucesor de al-Qá’im, lucharon sin tregua. Pero será en los tiempos de al-Mu’izz, cuarto califa F., cuando las conquistas lleguen a su máximo esplendor, gracias sobre todo al genio militar de su general al-Yawhar. En el 969 se concluye la dominación de Egipto y se funda El Cairo, donde reside definitivamente la dinastía. La toma de Jaffa y la de Damasco (temporal ésta) son las puertas que desde Siria se les abren al Asia islámica. Pero una serie ininterrumpida de luchas cerrarán poco a poco este camino. En el s. x el imperio de los F. había ampliado sus posesiones del norte de África con las islas de Malta, Cerdeña y Sicilia, y con Egipto y Siria hasta Damasco.La expansión de los F. produjo la lógica zozobra en los Omeyas (V.) cordobeses, ante la que Abderramán III (v.) tomó tres medidas fundamentales: disponer una flota protectora del peligro africano, buscar alianzas con las tribus beréberes del Magrib y ocupar posiciones militares en África. A esto obedece la toma de Melilla, en la extremidad oriental del Rif, y posteriormente las de Ceuta y Tánger. Además entró en lucha directa con al-Mu’izz, como después haría Alhaquem II (v.), a causa de un incidente marítimo.La política interior de la dinastía se caracterizó por su enorme solidez, tan diferente de la decadencia de los Abbasíes orientales y Omeyas españoles. Esto se debió a la inexistencia de contiendas por el trono justificada por el carácter chiíta (v. SI’A) de los imanes. La faceta guerrera de los F. no impidió la existencia de focos culturales. El propio al-Yawhar, conquistador-de Egipto, comenzó la construcción de una gran mezquita con el nombre de al-Azhar (la espléndida) que constituye, a pesar de su sencillez, una de las maravillas del Islam. Al-`Aziz la convirtió después en centro de enseñanza del Corán. Además se creó la dár al-`ilm (Casa de la ciencia) en la que se explicaban las ideas chiíes y el primer grado de las ismailíes.En el aspecto religioso, justificación de su poderío, se enfrentaron a las doctrinas malikíes norteafricanas, tan arraigadas entre los beréberes, implantando la doctrina chií, mientras que los califas eran adeptos a la subsecta ismailí. Estas doctrinas llegaron incluso hasta La Meca y Medina, aunque nunca arrigaron. Al-Hákim, político loco y disparatado, se declaró el séptimo imán de los ismailíes. El turco al-Darazi intentó divinizar al califa. Perseguido por ello huyó al Líbano, donde fundó la secta de los drusos (v.), que todavía hoy adoran al F. y esperan su regreso para implantar la justicia. El fin de la estructura político-religiosa que dominó durante 200 años Egipto se produjo cuando Saladino depuso, por un golpe de Estado, a al-°Adid y restableció la ortodoxia (1171).A. RECUERO ASTRAY.
BIBL.: R. MANTRAN, L’expansion musulmane (VIII-XI, siécles), París 1969; M. CANARD, L’impérialisme des fatemides et leur propagande, "A.I.E.O.n VI, Argel 1942-47; D. M. DONALDSON, The shi’ite religion, Londres 1933; P. 1. VATIKIOTIs, A reconstruction of the fatimid theory of state, Londres 1957; M. CANARD, Fatemides, en Encyclopédie de 1’Islam, II, París 1965, 870-882.
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