Farnesio, Familia
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Biografía GER
Ilustre familia italiana. Parece ser que el nombre deriva de un feudo que la familia poseyó, durante los s. x1 y x11, llamado Castrum Farneti. Se distinguieron inmediatamente no sólo como hábiles guerreros sino también como finos políticos, capaces de conseguir las mayores ventajas de las luchas de facciones, típicas de la Italia comunal. El territorio controlado por ellos era el que rodeaba el lago Bolsena, y, ya desde el principio, demostraron su fidelidad a la política pontificia. En 1417, con Ranuccio el Viejo, la familia se introdujo en la política romana y, gracias al apoyo de Eugenio IV (v.) y al matrimonio de Pedro Luis F. con Giovannella Caetani, formó parte de la alta aristocracia romana, emparentándose después también con los Orsini (v.) y los Della Rovere.Paulo 111 (v.) (Alejandro F.) fue el primer Papa de la familia y el que en 1545, creó definitivamente la fortuna de los F., invistiendo con el ducado de Parma (v.) a su hijo Pedro Luis y a sus herederos. Colocó así a los F. al nivel de las grandes casas reinantes europeas. El hijo de Pedro Luis, Alejandro I, destacó como gran cardenal humanista por cuyo mecenazgo fueron posibles los frescos del palacio Caprarola, donde se relata la historia de la familia, y la iglesia del Gesú en Roma. Un nieto, Octavio, contrajo matrimonio con Margarita de Austria, hija natural del emperador Carlos V; otro nieto, Horacio, casó con Diana de Poitiers, hija natural de Enrique II de Francia. Uno de los personajes más ilustres de la familia fue Alejandro F. (1545-1592), hijo de Octavio y Margarita, uno de los mayores condottieri (jefe de soldados mercenarios) y de las más finas mentes políticas de su tiempo. Éste, al servicio de la monarquía española, fijó su residencia en Madrid y se casó con María, princesa de Portugal. Marchó después a Flandes (v. FLANDES II), donde detuvo el avance de flamencos y protestantes (1578), fue elegido gobernador y, con diplomacia habilísima, separó las provincias católicas de la liga que habían formado con las protestantes (1579), conservando así para España un territorio que, muy probablemente, se hubiera perdido. Su plan de continuar la conquista de los territorios protestantes fue truncado por Felipe II (v.), que le implicó en el desastre de la Armada. Enviado a Francia, liberó París del asedio de Enrique IV (1590) y después Rouen (1592).Murió a causa de las heridas recibidas en Cou de Bac. Los F. continuaron siempre fieles a España. Ranuccio I (1592-1622) ayudó a la Univ. de Parma y embelleció la ciudad con diversos monumentos. La política española de los F. cambió de signo con el hijo de Ranuccio I, Eduardo (1622-46), el cual, envuelto en la guerra promovida por Francisco I, duque de Módena, estuvo a punto de perder el ducado. Ranúccio II (1646-94) se dejó gobernar por ineptos y favoritos y hundió el Estado en una grave crisis económica. Francisco (1694-1727) llevó orden a la administración e intentó sin resultado intervenir en Lombardo y, a continuación de las graves injerencias austriacas en el ducado de Parma, se atrevió a augurar la liberación de Italia de los austriacos. Después de Eduardo I afectó a la familia una degeneración patológica, debida a la cual todos los varones eran atacados por la obesidad y el reblandecimiento del cerebro, degeneración que condujo, después de Antonio (1727-31), a la extinción de la familia.Los F., tras el glorioso pontificado de Paulo 111 y las gestas de Alejandro, se habían limitado a la mezquina vida de su pequeño reino, renunciando a las antiguas virtudes bélicas del linaje y transformándose en una pacífica e inerte dinastía, a la que, sin embargo, hay que reconocer el mérito de haber cultivado siempre el gusto por las bellas artes, protegiendo y ayudando instituciones culturales y artistas como Sangallo, Miguel Ángel, Della Porta y Aleotti, y dejando unido a su nombre obras como el célebre Palacio F. en Roma, la Pilotta de Parma, el Teatro F. también de Parma y el magnífico Palacio F. de Caprarola. A la muerte de Antonio, gracias a la hábil política del cardenal Alberoni, que llevó a término el matrimonio de Isabel de F., nieta de Francisco, con Felipe V (v.) de España, el ducado de Parma, junto con todos los bienes patrimoniales de la familia F., pasó al infante Carlos (V. CARLOS III DE ESPAÑA).JUAN MANUEL ROZAS.
BIBL.: C. CAPAsso, Paolo III, Mesina 1924; L. VAN DER ESEN, Alexandre Farnése, Bruselas 1933-37; J. M. RUBIó Y ESTEBAN, Alejandro Farnesio, Zaragoza 1939; F. DE NAVENNE, Rome, le Palais Farnése et les Farnéses, París 1914; N. GRIMALDI, Le origini del Ducato farnesíano di Parma e Piacenza, Parma 1926. **AU
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