Exobiologia
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Biografía GER
La E. la denominan algunos autores Cosmobiología, y también Astrobiología y Biastronomía. Hasta ahora, limitado el hombre el espacio exterior inmediato, se van resolviendo, preferentemente, problemas en torno a los astronautas, pero su campo de acción abarca desde la investigación de la evolución químico-orgánica y vida en otros planetas hasta la supervivencia de organismos terrestres en viajes espaciales y la posible contaminación biológica.Galaxias y vida. Shklovsky y Kartashov admiten que el Universo es más antiguo de lo que se suponía, según resulta del análisis espectrográfico de los quasars (v.), cuerpos de alta energía emisores de radiación. Existen nebulosas con zonas centrales más grandes y brazos de espiral más lisos y numerosos que los de nuestra Vía Láctea, que es un tipo intermedio. Supone Jones que tanto el Sol como los planetas que a su alrededor giran, son restos de una galaxia y que en el Universo hay millones de sistemas similares. Shapley cree que en las múltiples galaxias dos estrellas de cada millón pueden ser centros de un sistema planetario.Los astrónomos han indicado que un planeta tan bien iluminado y del tamaño y temperatura del nuestro es un raro hallazgo. Sin embargo, Whewell admite la habitabilidad de otros planetas y cuerpos estelares. Según Cuvier, Humboldt, Ross, Zimmermann y otros, un sinnúmero de animales pueden participar de una vida que parece incompatible con el globo terrestre: infusorios que no perciben ni el frío ni el calor; especies marinas de China y de Japón que se dan en el Báltico; diatomeas que pululan en Canadá y en las regiones polares; seres de la superficie del mar que aparecen a enormes profundidades. Lederberg considera imprudente excluir la posibilidad de formas raras de vida, p. ej., sin agua, sin oxígeno, o a temperaturas de 100 a más de 250° C.Sullivan ha informado acerca de una sesión de la American Physical Society en la que se discutió la posibilidad de pervivencia en la Tierra cuando el Sol se consumiera. Sobre los temas de la pluralidad de mundos han especulado el libro de Fortenelle; el descubrimiento de los canal¡ marcianos de Schipiarelli, los ensayos de Calvin, Ofik, Perrin, Sagan, Tsiolkovsky, Vaughn y demás investigadores. Hoy nadie se extraña de la hipotética existencia de vida en otros puntos del Cosmos y el grupo V de la Comisión Int. de Investigación del Espacio (COSPAR) está consagrado a estos problemas. De análogo orden son la convocatoria de 1961 del Consejo Científico de la National Academy of Sciences sobre "vida racional ultraterrestre" y la reunión soviética de 1964 en el Observatorio Astrofísico de Burakan acerca de "civilizaciones extraterrestres". Hoyle coincide con Leibnitz en la posibilidad de vida extraterrestre e incluso Cameron ha considerado que puede haber sociedades más avanzadas que la nuestra.En cuanto a vecinos estelares nuestros, dentro de los 16 años-luz que podrían proveer de energía a seres vivos, una de las estrellas o soles más cercanos es Alfa de Centauro y se ha hablado al respecto de Epsilon Eridani, del tipo K, y de Tau Ceti, del tipo G. En el caso de que en un cuerpo celeste, a 10,8 años-luz de distancia de la Tierra, vivieran seres inteligentes, Purcell opina que éstos podrían registrar señales de radio; un intento de comunicación ha sido el proyecto Ozma de Drake.Lefore ha invocado como un posible origen de vida en nuestro planeta el aporte de gérmenes por otros cuerpos celestes; como no son, por ahora, asequibles sus fragmentos, suministran información los meteoritos. No obstante, en éstos el origen biótico de sus moléculas carbonadas está en controversia, pues cabe que se sinteticen a partir de metano, amoniaco y agua, representantes de atmósferas primitivas. En 1857, se recogió en Hungría un meteorito con un hidrocarburo de elevado peso molecular y en otros dos se encontró materia orgánica correspondiente a las fórmulas C4HI2S5 Y C81-1902. En la Smithsonian Institution existe una muestra del meteorito Murray, que cayó en 1950 en París y que contiene poco carbono. .Anders, Botan, Claus, Degans, Fitsch, Frondel, Hennessy, Hoonanian, Meinschein, Nagy, Tasch, Welsh y Whipole, entre otros, han informado de la presencia de ácidos húmicos, ácidos nucleicos, aminoácidos, compuestos aromáticos heterocíclicos, hidrocarburos, etc., en diversos meteoritos, como Alais Al Rais, Bells, Cold Bolkeveld, Iguna, Revelstoke, Miguea, Murray y Orgueil. En algunos se han hallado inclusiones microscópicas semejantes a esporas de algas y vestigios fosilizados de microorganismos. Se ha señalado, asimismo, material orgánico en el sistema solar y en el espacio intersideral, reconocible por la emisión de luz de cometas especialmente en sus colas. Heiles, Greenberg, Snyder y Salomon esperan hallar aminoácidos en las nubes de polvo interestelares, que consideran como semillas de vida. Hasta ahora se han encontrado moléculas como ácido fórmico, metanol y cianoacetileno, por radioastronomía y por espectro ultravioleta. Los resultados, para Orcel, son prematuros y corresponden a un origen abiógeno. Los radicales libres de Duchesne, identificados por resonancia electrónica paramagnética, se deberían a radiaciones de gran energía -rayos cósmicos o ultravioletas- originadas en el recorrido de los meteoritos por los espacios. Los ensayos sobre actividad óptica inclinan a una procedencia terrestre y Oró y Tornabene han aislado estirpes de bacterias contaminantes de condritos carbonáceos, lo que obliga a que al análisis de meteoritos precedan exámenes microbiológicos cuidadosos. El objetivo de estos estudios no es puramente académico y desde el punto de vista positivo constituye, según Gajdos, Hotckin y sus colaboradores, uno de los puntos claves: evitar la contaminación de planetas por la flora microbiana terrestre, y al contrario.No obstante, lo cierto es que se dan en integrantes cósmicos determinadas condiciones biológicas incompatibles con la existencia de vida, al menos como en la Tierra. Así, en Saturno o en Urano los sólidos, líquidos y gases no pueden tener la misma composición, pues estarían en perpetua congelación. La fuerza gravitatoria de Mercurio es menor que en la Tierra, por ser su diámetro inferior; en Saturno y Urano, ocurre lo contrario y, además, su atmósfera es tóxica. Venus, visto con telescopio electrónico, aparece envuelto en nubes, pero batido por tifones y huracanes; la vida allí es improbable, tanto más cuanto que sus temperaturas van de 50-60° a -2° y carece de oxígeno. Marte presenta similitudes con nuestro planeta, pero su tamaño es casi la mitad y la gravitación inferior; sus temperaturas oscilan de 10 a 40° C bajo cero y en el año se advierten dos zonas distintas, una blanca, posiblemente de hielos, y otra oscura debido quizá a bosques. Para Lozina-Lozinski el protozoo infusorio Colpoda mopassi puede soportar condiciones más rigurosas que las existentes en Marte; en un fotostato del Inst. de Citología de la Acad. de Ciencias de la URSS Botan y Sagan han trabajado sobre la posible vida en Neptuno y Júpiter, respectivamente. Las hazañas de los viajes espaciales, particularmente de los Apolos 11 y 14, han proporcionado datos de interés, aunque no definitivos, si bien parece que no cabe duda con respecto a la total ausencia de vida en la Luna.Kevane ha emitido una teoría sobre el origen del mundo en la que incluye la antimateria. Alfven ha sugerido que, en principio, el Universo pudo ser un ambiplasma, que luego se separó por las fuerzas de repulsión de una gravitación y de una anti-gravitación. Acaso las hecatombes celestes conocidas por super novae, nova, novae enanas, que se interpretan como choque de dos estrellas en rotación mutua, se deberían a la desmaterialización de componentes constituidos por materia y antimateria. Ante un antimundo, el nuestro perdería más importancia. A pesar de todo, con los cálculos de Romañá se puede asegurar, como resumen, que, prácticamente, la Tierra es el único astro habitado por seres inteligentes.Investigaciones espaciales. El medio ambiental en el espacio es diferente al terrestre, lo que impone unas condiciones artificiales para el ser vivo. Una gravedad cero no tiene siempre facetas negativas y sus efectos, desde el punto de vista clínico, en vuelo y posvuelo, son relativamente poco conocidos. Las radiaciones son más secundarias, tanto por la protección de la nave como del traje astronáutico. Las aceleraciones no preocupan demasiado, puesto que en los vuelos el tiempo de aceleración es mínimo y además se entrena a los astronautas. El ritmo biológico es, con la ingravidez, lo más importante. El ciclo de día y noche se pierde, y la oscuridad intensa o la gran luminosidad son poco soportables para el cuerpo humano; su simulación en la nave es una solución precaria. La biotelemetría es una de las técnicas más modernas y los electrodos de los biosensores se inoculan como un spray en la piel del astronauta. Las endorradiosondas son sensores intracorpóreos que transmiten datos y por su tamaño no causan molestias.La ciencia que estudia la vida de los seres en el espacio se llama Bioastronáutica o Biología espacial (v.); ciencia nueva que reúne a todos los que colaboran en la aventura de poner seres vivos fuera de la órbita terrestre.Los conocimientos que poseemos de Biología extraterrestre se basan principalmente en los estudios del Centro de investigación de la NASA (Ames Research Center), que han desarrollado un programa de satélites biológicos: el Biosatélite I se ocupó de las radiaciones y de la ingravidez en animales y plantas; el Biosatélite II tuvo por objeto el ambiente externo -hostil y desacostum. brado- sobre la actividad celular; el Biosatélite III trató de la incidencia de la ingravidez prolongada sobre los sistemas nervioso y cardiovascular. La experimentación incluye seres que van desde el mono hasta la sanguijuela.El proyecto norteamericano MOL (Manned Orbital Laboratory) intenta sustituir a las tripulaciones, que pasarían de diez a cincuenta y al final a cien personas. Los ensayos sobre individuos en habitáculo cerrado, sin otro contacto exterior que la radio, se han verificado por rusos y norteamericanos y la impresión es que el aspecto psicológico es lo más arduo de resolver. El traje espacial -presurizado y antigravedad- es de fibras incombustibles y refrigerado. Los sistemas ecológicos son unidades vitales de las naves, con controles de temperatura, alimentación, fuente de energía y residuos. En las naves Apolo son de tipo semicerrado, y células de generación eléctrica mantienen el control gaseoso, la temperatura y generan agua. Una idea alimentaria fue el aprovechamiento de algas Chlorella que se nutrirían de las excretas del hombre y éste, a su vez, de aquéllas; pero requieren un espectro de luz muy elevado y se da la monotonía de un único alimento sin aminoácidos azufrados. Podría servir un mediador -pez, mosca, hongo, etc- que se alimentara de algas, y el hombre podría también servirse de aquél, pero tiene grandes inconvenientes. Más hacedero sería reemplazarlo por hidrogenorrlonas del género Eutropa ricas en proteínas. No obstante, lo práctico sería un avión que, desde una estación espacial, transportase alimentos, tripulaciones, etc. La NASA parece decidirse por esto último. De los experimentos de Winitz y sus colaboradores, ciertas premisas nutritivas parecen no tener tanto valor dogmático. La dieta astronáutica proporciona 2.100 a 2.700 cal. y contiene aminoácidos, vitaminas, sales de oligoelementos, glucosa y glucono-deltalactona y linoleato de etilo. Todo ayuda a conservar a los cosmonautas en condiciones excelentes, pero no óptimas. Así, en febrero de 1971, los norteamericanos pisaron la Luna por segunda vez; el escaso sueño, el esfuerzo muscular en gravitación reducida, la temperatura, la tensión nerviosa, etc., condujeron a un estado físico tal que la NASA optó por el regreso de los astronautas. No obstante, se recogieron rocas y polvo selénico.Es de notar que, en los modernos libros de Astronomía, no se habla de Dios e, incluso, los astrónomos creyentes evitan su alusión; no así los astronautas, caballeros del espacio. Frente a los excesos de mitologismo en viejas culturas ha surgido ahora un afán desmitificador, que podría llevarnos al vacío. Balbontín se resiste, con Unamuno, a considerar el Universo como una inmensa polvareda estéril. En este aspecto trascendental añadiríamos solamente que, ante el majestuoso e inmenso cuadro cósmico, convendría más humildad y gratitud para con su Autor.V. t.: BIOLOGÍA ESPACIAL; VIDA I, 2; ASTRONÁUTICA..A. SANTOS RUIZ.
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