Etiopia.historia de la Iglesia. HIST.
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Historia de la Iglesia
1. Orígenes del cristianismo. Hoy están de acuerdo los autores en que no se remonta más allá del s. Iv (Act. 8,27). Se creyó un tiempo que el primer apóstol de E. pudo ser el eunuco de Candaces (Act. 8,27). La E. de los antiguos correspondía a la región del Nilo, que se extiende entre Asuán y Jartum, donde desde el s. viii a. C. existía el floreciente reino que tenía como capital a Meroe. En cuanto a Candaces, no se trata de un nombre, sino de un título como lo es el de Faraón para Egipto, y ostentado por la Reina Madre que parece tenía en el territorio la primera autoridad. En cuanto al eunuco, habría ido quizás a Jerusalén a ofrecer algunos dones de parte de su reina, como era costumbre a veces entre los Gentiles; o sencillamente un peregrino, un prosélito, que había acudido por su propia cuenta a Jerusalén. Luego, ya no vuelve a saberse más de él.La introducción del cristianismo en E. se debe a S. Frumencio en el s. tv. Un rico comerciante y filósofo de Tiro, llamado Merope, a su regreso de un viaje por el océano Indico, ancló su navío en los alrededores de Adulis. Fue asaltado por una banda de malhechores, y asesinado con su equipo. Pero pudieron escapar Frumencio y Edesio, sobrinos de Merope; ambos fueron perdonados en atención a su juventud, y conducidos a la corte de Axum. Allí permanecieron durante varios años, y se granjearon la benevolencia del rey y de la corte e incluso se les confiaron cargos de responsabilidad. Edesio fue copero del rey, y Frumencio su secretario particular. Al morir el rey se les dejó en libertad. Se encontraban entonces en Axum algunos griegos dedicados al comercio, entre ellos algunos cristianos, con los que Frumencio se puso en contacto; y prevaliéndose de su posición en la corte (se dice que incluso era ministro), utilizó todos los medios para hacer conocer en Axum el cristianismo (v.). En la mayor edad del nuevo rey marcharon ambos hermanos hacia su tierra natal. Al llegar a Alejandría, Edesio continuó a Tiro pero Frumencio se quedó allí para informar de todo a S. Atanasio (v.). Éste no creyó encontrar mejor misionero para los habitantes de Axum, que el mismo Frumencio, y le confirió las órdenes sagradas, consagrándole obispo de la nueva Iglesia que se trataba de fundar. Así lo narra el historiador Rufino, que dice tomarlo de boca del propio Edesio, también ordenado sacerdote en Tiro.Frumencio, oficialmente encargado de la evangelización de Axum, y por consiguiente de E., regresó acompañado de algunos misioneros más, que S. Atanasio puso a su disposición. Las conversiones comenzaron pronto, y fueron numerosas; entre los jóvenes escogió algunos, como primeros sacerdotes autóctonos. Era el año 333 del calendario etiópico, correspondiente al 341 actual. Los nativos llamaban a Frumencio Abuna Salama Kesatie Berham, esto es, Padre pacífico y revelador de la Luz. E. le venera como su primer apóstol. No poseemos más detalles sobre sus últimos años, ni sobre los destinos inmediatos del cristianismo, aunque el historiador Indicopleustes afirma que en el s. vi había en E. obispos, sacerdotes y monjes.No consta que la joven Iglesia etíope se organizara al modo de las Iglesias de Oriente u Occidente, en diócesis o provincias eclesiásticas. Más bien fue desarrollándose a modo de misión, que iba conviviendo y ganando terreno poco a poco el paganismo. Desde Tigré, adonde pasó la evangelización desde Axum, iría avanzando hacia el interior, más allá del río Takazé, en Lasta y Amara, a medida que iba avanzando también el poderío imperial de Axum (v. iv). Esta falta de organización propia se conservaría durante siglos en E., cuyo régimen eclesiástico quedaba sometido jurisdiccionalmente al Patriarcado de Alejandría (v. ALEJANDRÍA VII). Para afianzar mejor el trabajo de evangelización, llegaban en la segunda mitad del s. v, nueve misioneros, enviados por la Iglesia romano-bizantina. Sus nombres los conserva la liturgia etíope: Miguel, Pantaleón, Isaac, Afsé, Guna, Aler, Yemata, Likanos y Sama. Sobre su situación se ha planteado la cuestión de si eran calcedonenses o anticalcedonenses, esto es, católicos o monofisitas. El término general con que se los designa, de Romawian, esto es, Romanos, induce a creer que eran católicos. En cuanto a la época de su llegada, los documentos dicen que fue en tiempo del rey Al-Amed, fines del s. v (455-495). Y en cuanto a su denominación de Romanos, puede entenderse muy bien de la Nueva Roma, esto es, de Bizancio.Poco después E. había extendido notablemente su obra evangelizadora: el Yemen añadía a la Iglesia etíope toda la cristiandad de la Arabia meridional; luego Eritrea, y sobre todo la región del Nilo habitada por los Bedjas y Blemyes (Nubia), alargaba hasta los desiertos de Meroe la evangelización entre tribus nómadas. A esto se unió la introducción del monaquismo (v.) y de los anacoretas (v.) en el Tigré, y aun más allá.2. Caída en el monofisismo. En la segunda mitad del s. vil, llegaba a E. el primer obispo monofisita; se llamaba Cirilo, y lo enviaba el Patriarca Benjamín. Lo que no significa precisamente que E. pasara inmediatamente al monofisismo (v.) Los etíopes habían recibido sus obispos enviados por Alejandría, no como señal de su rebelión contra la doctrina de Calcedonia, sino porque seguían creyéndolos legítimos pastores y continuadores de la obra de S. Frumencio. Igualaban la ruptura de Alejandría con la Iglesia universal. Parece que hasta el s. ix persistía entre los etíopes cierta oposición hacia los obispos monofisitas. Incluso se opusieron al metropolita Juan, nombrándose ellos obispo propio, lo que ocasionó su excomunión por parte de Alejandría, que cortó durante los seis Patriarcados siguientes el envío de nuevos obispos. Sólo hacia el s. x, cuando habían ya muerto todos los obispos y sacerdotes adversos a Alejandría, hubieron de acudir nuevamente a la Iglesia madre para no caer en el paganismo. Todavía vuelven a registrarse algunos conflictos entre los etíopes y los Patriarcas alejandrinos. En el s. xir, durante el patriarcado de Gabriel (1131-46), E. reclamaba sus derechos a tener obispos propios. Se les negaron una vez más, por miedo a que se produjera una escisión de la Iglesia de Alejandría. Por tanto, debe admitirse que hasta el s. xii persistía en E. cierta hostilidad hacia la Iglesia monofisita.No puede, pues, fijarse la fecha exacta en que la Iglesia etíope debe considerarse como definitivamente monofisita. El primer documento conocido en que consta que se rechaza la fórmula calcedonense, es el Sinaxario, que entró en la literatura cristiana etiópica, traducido del árabe, entre fines del s. xtv y principios del xv. En dicho documento aparecen ya diversos pasajes con doctrina monofisita. Aun así, se está lejos todavía de que la Iglesia etíope como tal, estuviera adherida al monofisismo. El P. Mario de Abiy-Addi, etíope, opina que el estado definitivo de cisma, existente hoy entre la Iglesia de E. y Roma, debió operarse presumiblemente después de los primeros contactos y encuentros entre etíopes y misioneros católicos, ya en el s. xvi y xvii. Los citados misioneros usaban en las discusiones teológicas y en apostolado catequético, las nuevas fórmulas cristológicas de Calcedonia, no conocidas del todo por la Iglesia etíope. Se añadían sus bruscas e imprudentes reformas en la liturgia y en el Ritual, y esa actitud exasperó a los etíopes, determinando una reacción psicológica contraria a Roma. Luego, las continuas intrigas de los Patriarcas alejandrinos, y los ataques de los musulmanes, durante tantos siglos de completo aislamiento, añadidos a los prejuicios políticos y a la escasa instrucción religiosa teológica, predisponían también para que se consumara la ruptura.3. Siglos de aislamiento. A partir del s. vi y como consecuencia de las invasiones árabes, hasta el s. xii, apenas quedan datos históricos de la Iglesia etíope. País totalmente aislado, tampoco tenía otras relaciones con los demás Estados, si exceptuamos las religiosas con Alejandría. Sabemos que uno de sus metropolitas o abunas, llamado Juan, fue expulsado de E. por el rey, que luego pedía perdón al Patriarca Yosab en el 831. Siguieron unos años sin metropolita propio para E., hasta el envío de Petros (ca. 923), que fue expulsado por un impostor, llamado Mennas. Petros murió luego en el destierro, pero, descubierta la impostura, Mennas fue degradado y condenado a muerte. Hacia el 1000 parece que el cristianismo copto de E. era de lo más precario, como puede constar por una carta del rey, que pedía un abuna a Alejandría, por mediación del rey de Nubia. A partir del s. xi ya se frecuenta más la mención de los abunas. Se dan varios nombres: Cirilo; Abdón; Severo (ca. 1080), que intentó una reforma de costumbres; Jorge (ca. 1102); Mikael (ca. 1135), durante cuyo gobierno pretendió el rey etíope el nombramiento de diez obispos, que pudieran elegir abuna, sin necesidad de acudir cada vez a la Iglesia de Alejandría. Hacia principios del s. xiii se habla de un santo insigne llamado Takla Haymanot, que evangelizó el sur de E., donde todavía eran numerosos los paganos.Sólo en la segunda mitad del s. xrii durante el gobierno del rey Yekuno Amlak de la dinastía Salomónida, comenzó el cristianismo a cobrar nuevo vigor en E. El florecimiento de la Iglesia copta de Egipto (v.) a lo largo del s. xiii, repercutió también favorablemente en la Iglesia de E. Se distinguiría el abuna Abba Salama hacia el 1300. lúl y sus sucesores trabajaron con fruto reavivando el espíritu religioso, con la traducción al ge `ez de algunas obras religiosas, y con la lucha contra la presión mahometana (v. vi, 2). Comenzaba un nuevo florecimiento en los monasterios, con abundancia de vocaciones de monjes. Ellos precisamente continuarían la obra de la evangelización del país, donde aún existían, sobre todo en el norte, bastantes paganos. Se citan algunos misioneros ilustres como el monje Ewostatewos (m. 1332) y el monje Margorewos, que convirtió numerosos paganos en Sarawé.En esta misma época parece que algunos reyes etíopes intentaron entablar contactos con Roma. Suelen citarse varios casos. Existe una carta escrita en 1177, probablemente del rey Keddus Harbé (1150-82) quien bajo el seudónimo de Preste Juan, escribía al Emperador Federico I Barbarroja, y en la que se lee que sabían que el Papa de Roma estaba bien, y que se interesaba por E. El rey Lalibala (1182-1220) constituye una figura de primer orden en la historia de la Iglesia etíope: construyó iglesias (11 en total), una de las cuales vedaba el ingreso de las mujeres en sus naves. Otras se erigieron en Sokota, Aiba, Gherehalta, Amba-Saneiti, y Ago-Eddi. Lalibala es honrado como santo por los coptos. En tiempos de Yekuno Amlak hubo nuevos esfuerzos para entablar contacto con Roma. El propio rey pidió al obispo siro de Jerusalén David II, que le enviase algún obispo. Y David II se había reconciliado con Roma en 1237. Hay otras tentativas hacia el 1310, cuando el rey Wedem Raad (1298-1313), envió una embajada a Aviñón implorando la ayuda de Clemente V (1305-14), contra el empuje creciente del Islam. En el s. xtv el abuna Yaqob enviaba una docena de monjes para la evangelización de Shoa. El reinado de Zar’a Ya’gob (1434-68) fue de gran importancia para la historia eclesiástica del país: mandó escribir una serie de obras religiosas, reformó y reglamentó el culto y se esforzó por acabar con todo resto de idolatría. Así estaba la Iglesia etíope hasta la llegada de los portugueses y de los jesuitas (v.) a fines del s. xvi (v. v). No hablamos de las delegaciones enviadas a Occidente con ocasión del Conc. de Florencia, donde se llegaría incluso a una efímera unión con la Iglesia de Roma.4. Los contactos con Occidente. Los jesuitas. Los portugueses habían tomado contacto con E. por medio de sus viajes exploratorios hacia las costas de la India.Incluso, uno de sus ciudadanos, Juan Bermúdez, médico de profesión, sería nombrado Patriarca de E. por el rey Lebna Dengel, que quería así deshacerse de su sumisión multisecular a Alejandría. Más tarde sería desterrado del país, y moriría en Portugal. Un embajador etíope llegado a Portugal en 1545, pedía al rey portugués el nombramiento de un Patriarca para E. Juan 111 de Portugal pensó inmediatamente en los recién fundados jesuitas, y en tal sentido acudió a S. Ignacio (v.). Se propusieron varios candidatos (tras el fallecimiento del primer elegido, el P. Fabro), uno para Patriarca y otros dos para obispos auxiliares suyos. Quedó nombrado el P. Núñez Barreto, portugués, con los padres Andrés de Oviedo y Carneiro como obispos auxiliares. Esta primera expedición fue preparada con todo esmero por el mismo S. Ignacio. A los tres obispos les acompañarían, de momento, otros nueve misioneros. De Roma salían para Portugal, camino de E., los padres Oviedo (español), Carneiro (portugués), Bockyn (flamenco), Barul (español) y Passitano (napolitano). En el 1555 se les agregaban en Lisboa otros tres españoles (Andrés González, Jerónimo Cuenca y Alfonso López). En Portugal estaba esperando ya el Patriarca Núñez Barreto con el P. Antonio Quadros, designado Provincial, más los padres Manuel Fernández y Pascual Catalán. Tardaron en llegar, a causa de las dificultades en los viajes, que habrían de intentarse desde la India; y de la oposición de los musulmanes, que se les interpondrían en el camino. Antes harían un viaje de mera exploración el P. Gonzalo Rodrigues y el hermano Fulgencio Freire. Ante las dificultades expuestas, el Patriarca decidió esperar en Goa, hasta que se solucionaran, y envió por delante al obispo coadjutor Andrés de Oviedo, con dos padres y tres hermanos. Se embarcaron en 1557.La misión había de durar 50 años con escaso fruto definitivo, aunque el mismo negus Susenios abrazaría el catolicismo. El optimismo duraría poco, pues unos años después serían expulsados todos los misioneros, viéndose obligado el propio Susenios a la abdicación, ante la presión amenazante de los enemigos del catolicismo. Nuevamente quedaba aislada E. durante otros dos siglos. Aunque no faltaron tentativas de nuevas inteligencias con Occidente y con Roma. En Roma, en concreto se estimaba que el fracaso se debía más bien al odio enconado contra los portugueses, y que, por tanto, misioneros de una nacionalidad distinta de la de Portugal, podrían trabajar en mejores condiciones, y preparar la reunión de la Iglesia etíope con Roma.Los lazaristas. En 1834 designaba Propaganda Fide dos franciscanos de Aleppo, y tres años después entraría en funciones el lazarista José Sapeto, desde El Cairo. En marzo de 1838 entraban en Adua. En medio de dificultades, por razón de las leyes persecutorias, Sapeto conseguiría reunir un grupo de unos 150, a los que interesaban las materias religiosas y escribía esperanzado a Roma pidiendo misioneros. Roma acogía la petición, y encomendaba la nueva misión al célebre Justino de Jácobis, que quedaba nombrado Prefecto Apostólico en 1839. En enero de 1847 sería consagrado obispo. Se le asignaban como colaboradores al propio Sapeto y al P. Luis Montuori. Desde Adua, donde fijaban su residencia, fue extendiéndose su campo de acción a Massaua, Emkollou, Halai, Alitiena, Biera, Tahtai-Zeban, Guala, Entetcho y Adoma, y más al anterior una pequeña residencia en Gondar. Incluso en 1842 el P. Montuori fundaba la misión de Jártum, en el Sudán, aunque sería abandonada en 1847. El héroe de la misión seguía siendo Mons. De Jácobis, quien, para asegurarse colaboradores, ordenó por sí mismo a unos 35 ó 40 nativos, una buena parte sacerdotes cismáticos pasados al catolicismo.Una persecución violenta, de 1855 a 1868, vino a destruir casi del todo aquella misión. En ella moriría como un mártir, a consecuencia de los malos tratos sufridos en la prisión, el sacerdote nativo Guebré-Mikad, declarado Venerable en 1926. Muchas de las comunidades católicas no resistieron la persecución y volvieron al cisma. De Jácobis siguió en Gondar y murió el 31 jul. 1860; en 1904 se le declaraba Venerable. Su legado lo recogía Mons. Biancheri, que moría en 1864, sucediéndole el P. Pedro Luis Bel, que fallecería en 1868, también inesperadamente. Hacia 1867 la misión contaba con 5 misioneros europeos y 21 sacerdotes indígenas. De 1869 a 1888 gobernó la misión, entre luchas y persecuciones Mons. Juan Marcelo Touvier. En 1888 entraba como nuevo Vicario el P. Santiago Crouzet, hasta 1894, en que hubo de salir desterrado para Francia.A finales del s. xix, había en la misión diez lazaristas europeos, y dos nativos, más 35 sacerdotes autóctonos de rito copto-católico (v. vitt). La apertura del canal de Suez pondría en comunicación con E. a diversas potencias europeas, sobre todo Italia. Se creó la Prefectura de Eritrea, que fue entregada a capuchinos italianos. Los lazaristas seguían con el resto de E. Tras un eclipse de la misión lazarista, nuevamente se recomenzaba por el P. Eduardo Coulbeaux, que consiguió establecerse en Addis Abeba. Estamos ya en 1900. Le ayudaban otros 5 lazaristas y 6 sacerdotes indígenas. En 1917 la región de E. atendida por los lazaristas pasaba a la jurisdicción de la recién creada Congregación Oriental. En 1930 contaba con 13 lazaristas y otros 13 sacerdotes nativos, con 10 puestos de misión y 2.451 fieles.Los capuchinos. Su labor evangelizadora se concentraría sobre todo en el sur, donde existen en la actualidad los Vicariatos de Harar y Jimma, y las Prefecturas de Hosanna y Negelli. Dependen de Propaganda Fide. El Vicariato de Harar es una parte del antiguo y famoso Vicariato de Galla, donde se centraría la labor capuchina. Por inspiración del explorador francés António de Abbadie, Roma creaba una misión en aquel territorio, y la encomendaba en 1845 a los padres capuchinos de Italia. El Vicariato de Galla se erigía al año siguiente, y los Superiores escogían como responsable de la nueva misión al P. Guillermo Massaia de Piova, consagrado su primer Vicario Apostólico. Esta misión, tan ardua, pero tan fecunda, tuvo dos etapas bien diferenciadas, a lo largo del s. xix: antes y después de Menelik.En 1852 llegaba Mons. Massaia a su misión con tres padres más, a pesar de que habían desembarcado en Massaua seis años antes. Todas las dificultades de este viaje azaroso las narra con detalle el mismo Massaia en los 12 vol., que componen sus Trente-cinq ans des missions, obra realmente interesante y admirable. El Vicario hubo de regresar a Europa, recorriendo Francia e Inglaterra, buscando ayuda para poder llegar hasta su misión de Galla. Así comenzó la evangelización por todos aquellos feudos o reinos: Gudru, Lagamara, Ghera, Ennerea, Leka, Giarri, etc. Luego, el reino de Kaffa comenzó a pedir misioneros. Los atenderían más tarde Misioneros de la Consolata. En 1863, nuevo viaje de Massaia a Europa. En E. dejaba ya una cristiandad de 7.000 fieles. Apresado en el camino, fue dejado en libertad, y prosiguió hacia Roma. Aprovechó la oportunidad para fundar en Marsella un Colegio que preparara misioneros para su misión de los gallas. Massaia era estimado por el príncipe Menelik, que conseguiría la unificación de todo el Imperio. En 1875 la misión pasaba de los capuchinos italianos a los franceses. Tras ser derrotado Menelik se impuso la expulsión de Massaia, y con él la de los demás misioneros. Quedaban 10.000 católicos en Shoa entre los gallas, y en Kaffa. Mons. Massaia llegaba extenuado a Roma. León XIII (v.) quiso premiar su virtud y apostolado, concediéndole la púrpura cardenalicia.En 1880 quedaba nombrado nuevo Vicario Apostólico Mons. Taurin Cahagne. Conseguía llegar a Harar en 1881, apoyado en las autoridades egipcias que dominaban en aquella región, y en las gestiones del Cónsul de Francia. Ahora las dificultades venían de parte de los mahometanos. El propio Vicario Apostólico fue condenado a muerte, aunque no se llegó a la ejecución. Pero Menelik consiguió derrotar a los musulmanes, y los misioneros pudieron regresar a su misión. En 1899 moría Mons. Cahagne, dejando ocho puestos misioneros: Harar, Bilalou, Awale, Lafto, Sourré, Tchouloul, Minné y Djibouti. En 1900 entraba como nuevo Vicario el P. Andrés Jarousseau, quien consiguió en 1924 que el rais Tafari hiciera una visita al Papa. Había entonces en la misión 35 comunidades católicas.Con la conquista de E. por los italianos se procedió a una reorganización eclesiástica, desapareciendo el antiguo Vicariato de Abisinia, y creándose tres Prefecturas Apostólicas, Gondar, Dessje y Tigré. El resto del territorio, que dependía de Propaganda Fide, se distribuía en tres Vicariatos: Addis Abeba, Harar y Jimma, más la Prefectura de Negelli. Todos los misioneros eran italianos. Después de la II Guerra mundial éstos hubieron de abandonar el territorio de E. En 1951 nueva reorganización eclesiástica, con el Exarcado de Addis Abeba, elevado a Archidiócesis en 1961, año en que se creaba también la nueva diócesis de Adigrat. Ambas dependen de la Congregación Oriental. E., desde marzo de 1969, es Nunciatura Apostólica.5. La iglesia cismática nacional copia-etíope. En la segunda mitad del s. xix comenzó a notarse cierta evolución en la Iglesia copia-etíope. El rey o Negus Juan IV (1872-99), deseoso de buscar apoyo contra las ambiciones coloniales de Inglaterra, de Francia e Italia, por un lado; y de verse libre, por otro, de la dependencia religiosa del Patriarcado de Alejandría, intentó un acercamiento a la iglesia ortodoxa rusa. La tentativa no tuvo éxito. Pero, al menos, conseguía que por primera vez en la historia de la Iglesia etíope, hubiera al lado del abuna, cuya residencia se trasladaba en 1893, de Gondar a la nueva capital del, Imperio, Addis Abeba, nuevos obispos, tres en total, aunque coptos alejandrinos; hasta entonces no había habido más obispos en E. que el solo abuna.Ya en el s. xx, desde la entrada de E. en la Sociedad de las Naciones, comenzaron a notarse tendencias de independencia absoluta ’de Alejandría. Al morir en 1926 el Patriarca Mateos, una presión mucho mayor exigió del Patriarca alejandrino Cirilo V, la consagración de obispos nativos. En 1929 fue nombrado un nuevo abuna, y consagrados otros cuatro obispos ya nativos, aunque aún seguía reconociéndose la dependencia de Alejandría. Al año siguiente fue consagrado un quinto obispo nativo. Con la conquista italiana de 1935 se aceleró este movimiento de independencia eclesiástica. No pudo ganarse al propio abuna, por lo que el general Grazziani tuvo que actuar prescindiendo de él, tanto más que al verse privada la Iglesia etíope de su cabeza visible, el Emperador, necesitaba una nueva legislación interna. Ésta se establecía en noviembre de 1937. De los cinco obispos existentes no quedaban más que tres, y sólo uno de ellos, el de Gondar, se unió al nuevo movimiento. Un concilio nacional le nombró abuna, y designó otros tres metropolitanos, y tres obispos más, que el mismo abuna se apresuró a consagrar. El Santo Sínodo de Alejandría, el 28 nov. 1937, excomulgaba a todos los fautores del movimiento separatista. Tras la derrota italiana, un nuevo Congreso nacional se pronunció en contra de la sumisión a Egipto. Era el año 1941. Con el ingreso de las tropas inglesas en E. fue depuesta la Jerarquía anterior excomulgada, y regresaba el abuna Cirilo, a su antiguo puesto. Persistía, sin embargo, la idea de una Jerarquía nacional.El negus Haile Selassie entabló conversaciones con el Patriarca alejandrino, que exigía una vuelta a la situación determinada en 1929. Pero las circunstancias habían cambiado y el 13 jul. 1948 se estipuló un nuevo acuerdo: 1) Después de la muerte del abuna Cirilo, que permanecería en El Cairo, sería nombrado un abuna etíope, con derecho a consagrar los demás obispos, elegidos entre los monjes etíopes. 2) El Patriarca copio de Alejandría se reservaría el derecho de consagrar al abuna, y de aprobar la elección de los obispos. 3) Un representante alejandrino residiría en Addis Abeba para asegurar las relaciones de amistad entre ambas Iglesias. 4) Un obispo etíope residiría en El Cairo hasta la muerte del abuna Cirilo. Así en julio de 1948 fueron enviados a El Cairo cinco sacerdotes etíopes, que recibieron de manos del Patriarca la consagración episcopal.En enero de 1951 era consagrado en El Cairo el nuevo abuna Basilios, que quedaba constituido Metropolita de E., el primer etíope elevado a esta dignidad. Así terminaba una servidumbre que había durado 15 siglos. La consagración del abuna Basilios hacía de la Iglesia nacional de E. una Iglesia autocéfala (V. AUTOCEFALIA Y AUTONOMÍA), con independencia absoluta. Y el 7 jun. 1959, se llegaba por fin a la creación de un propio Patriarcado. El 28 del mismo mes se designaba como primer Patriarca etíope, al abuna Basilios con residencia en Addis Abeba. Era entronizado por el propio Patriarca alejandrino Cirilo VI, ante la presencia del negus. Desde 1948 no había dejado de aumentar la Jerarquía nativa. Para 1965 los obispados eran ya 15, repartidos en 14 circunscripciones eclesiásticas. En Addis Abeba y en Asmara residían dos obispos en cada lugar; otro residía en Jerusalén, presto para atender a las necesidades de sus compatriotas. Las ciudades episcopales eran: Addis Abeba, Harar, Lekemti, Yirgalem, Jimma, Gorie, Dessy, Gamu Gofa, Debre, Markos, Assele, Makallé, Gondar, Goba y Asmar. Los fieles pueden llegar a los 12.000.000 en total. Esta nueva organización de la Iglesia etíope ha sido llamada oficialmente iglesia ortodoxa nacional. En su organización interna ha tenido siempre, y sigue teniendo, gran influencia el negus, como jefe, de la misma Iglesia etíope, al menos, así se le ha reconocido generalmente. A su lado, e inmediatamente después de él, el abuna, vocablo que significa `Nuestro Padre’. Según la legislación actual, tras la independencia eclesiástica de Alejandría, y sobre todo tras la creación de Patriarcado propio, el antiguo abuna, actual Patriarca o Catholicos, tiene ya una mayor movilidad o independencia en todos los asuntos de su competencia, aunque siempre con esa dependencia radical del negus.V. t.: IV; V; V1; V111.A. SANTOS HERNÁNDEZ.
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