Etiopia (etyopyá; Abisinia).geografía. GEOG.
Categoria:
Geografía
Su nombre en griego significa que tiene el rostro quemado y se conoce también en Europa con el de Abisinia (v. Iv). Aislado de sus vecinos por las condiciones físicas, ha sido el único país del continente africano que ha conservado su independencia, salvo el breve periodo de 1936-41, en que estuvo ocupado por los italianos. Al margen de los desplazamientos humanos experimentados en esta zona, ha conservado la hegemonía del primitivo núcleo semita, que a sus rasgos de población blanca, une el de su religión cristiana copia, practicada por más de la mitad de la población. Todos estos aspectos destacan aún más al tratarse de un país africano y rodeado de pueblos con características muy distintas. Por eso, la personalidad histórica constituye uno de los rasgos más peculiares y que definen a E. A la originalidad de su evolución histórica une rasgos geográficos no menos interesantes, ya que se halla entre el valle del Nilo, el mar Rojo y las mesetas de los Grandes Lagos y la Somalia que comparte con la República de este nombre. La incorporación de Eritrea (v.) le ha deparado mayor extensión y población y una amplia fachada marítima.Sus límites son sencillos: Al N el mar Rojo y la Somalia Francesa, la República de Somalia constituye el límite oriental; por el S limita con Kenia, y Sudán cierra a E. por el O. Actualmente tiene una extensión de 1.221.900 Kmz, por lo que ocupa el 6° lugar en extensión de África, con el 4 ó 5% del total del continente. Presenta forma compacta, con una prolongación oriental que penetra en el territorio de Somalia. Sus coordenadas geográficas hacen de él un país netamente tropical, al encontrarse entre los 3° 30’ y los 17° 30’ de latitud N.1. Medio físico. El relieve. El territorio etíope presenta una compleja orografía que, en parte, explica las vicisitudes históricas y políticas que ha atravesado el país. Resulta paradójico que, frente a formas estructurales sencillas, la morfología es confusa, compleja y con una gran influencia en la geografía humana.Como casi todos los macizos africanos, el etíope está formado por rocas arcaicas cubiertas por mantos de areniscas y calizas secundarias y terciarias, que originan extensas altiplanicies. La orogenia alpina provocó levantamientos verticales en el bloque paleozoico citado que, al no poder plegarse, dada su rigidez y escasa plasticidad, se fracturó en numerosas fallas. Éstas tienen mayor importancia en la parte central del país, donde confluyen, desde el mar Rojo al lago Rodolfo, con dirección NE-SO y dividen al macizo en dos grandes bloques de características semejantes. Las altiplanicies que componen cada uno de ellos han sido elevadas a alturas diversas, dándole la gran variedad morfológica que caracteriza al macizo, a pesar de su uniformidad estructural. A lo largo de la fosa tectónica citada, surgió un activo vulcanismo que cubrió extensas zonas y cuyas formas aún caracterizan algunas regiones del país, además de la notable aportación de materiales basálticos que existen en él y forman los suelos más fértiles.La morfología actual se caracteriza por la gran variedad que presentan las formas amesetadas, únicos elementos del paisaje, ya que alcanzan alturas muy diversas. Existen desde altiplanicies semejantes a las andinas, próximas a los 4.000 m., hasta depresiones de 130 m. Por debajo del nivel del mar. Se hallan cortadas por profundos barrancos, a veces de 2.000 m., consecuencia de las fallas que produjo el plegamiento alpino y de la erosión de los ríos que nacen en las altiplanicies a 3.500 m. de altura o más. Desde estas alturas se dirigen hacia las llanuras circundantes próximas, las cuales no rebasan por término medio los 500 m., como sucede con la del Valle del Nilo (v.). Todo ello en tramos relativamente cortos, lo que explica la erosión tan intensa y las formas abruptas existentes. Se forman así verdaderos cañones (cuyas paredes alcanzan a veces desniveles de hasta 2.000 m.), que encajan en las altiplanicies, cortan la cobertera sedimentaria y llegan al bloque paleozoico subyacente. Forman pequeñas mesetas conocidas por ambas, de difícil acceso y, por tanto, fácil defensa. Esto explica el aislamiento en que se ha mantenido esta región y las ventajas naturales para conservar su independencia.El macizo Etíope, denominación conjunta de las altiplanicies centrales del país, está formado por dos bloques, separados por la fosa citada. Éstos son el macizo Abisinio, al norte, y el de Harar, al sur. Los materiales y formas son comunes en ambos, pero se diferencian en extensión, orientación y altitud principalmente. El macizo Abisinio es más extenso y a él pertenecen la mayor parte de las tierras altas del país; con una dirección casi N-S en los principales sectores llega desde las costas del mar Rojo hasta las llanuras próximas al lago Rodolfo en Kenia. En él se encuentra la máxima elevación del país, el Ras Dashan, con 4.620 m. Su orientación es hacia el Valle del Nilo, al que se dirige por esta causa la red fluvial más importante de E. La morfología de sus vertientes presenta diferencias, la oriental tiene formas abruptas sobre la depresión central, mientras que la occidental pasa de la altiplanicie a la llanura del Nilo con formas más suaves. El macizo de Harar ocupa menos extensión, su altura máxima la alcanza en el monte Arussi con 4.340 m.; también tiene forma alargada en dirección N-S, está orientado hacia el océano Indico y, como en el anterior, las formas más accidentadas corresponden a la zona de contacto con la fosa central, mientras que con la meseta Somalí, al este, como zona de transición, llega suavemente hasta la llanura costera del Indico.Entre las tierras bajas destaca la depresión que divide el macizo Etíope. Se trata de una fosa tectónica, ramal de la que desde el Tauro llega hasta el lago Niassa y a la que pertenecen el mar Muerto, el Rojo y los lagos africanos de la región oriental. Está rellenada por materiales sedimentarios y volcánicos que ocupan extensas zonas desde el mar Rojo al lago Rodolfo. En la parte central de la misma, al S de Addis Abeba, queda reducida a una anchura de poco más de 2 Km. y con paredes muy abruptas; en los extremos, y dentro aún del territorio, se ensancha y forma amplias llanuras: al norte la de Danakil, a la que pertenecen las llanuras litorales, algunas de ellas a 130 m. por debajo del nivel del mar; en el sur no se llega a estos extremos, pero también se ensancha, y el paso a las altiplanicies no es tan violento como en la zona central. En ella se encuentran la casi totalidad de los lagos del país y su utilización, como vía natural, ha sido siempre muy importante.El litoral que E. posee en las costas del mar Rojo refleja las características de la orografía interior, ya que hasta él llegan las estribaciones septentrionales del macizo de Abisinia, y la depresión forma una extensa llanura en las costas. Por ello, en la parte norte el litoral es abrupto, con abundantes islas próximas a la línea de costa; entre ellas destacan el conjunto que recibe el nombre de archipiélago de Dahlak. La parte central costera corresponde a la llanura de Danakil, y la costa es baja, arenosa, con abundancia de materiales volcánicos que aún caracterizan algunas zonas y de materiales salinos, base de una importante actividad económica. Al sur hasta la frontera con la Somalia Francesa, el litoral se accidenta de nuevo ligeramente.Clima. E. no participa de las características climáticas de los países vecinos, ni posee las que le corresponden por su latitud tropical; esto es debido, fundamentalmente, a la influencia que ejerce el relieve, por el predominio de las altiplanicies, que le confieren rasgos semejantes a los países andinos. Ofrece una gran variedad climática con grandes contrastes, aspectos éstos desconocidos, pues se ha generalizado como etíope cierto tipo climático, uniforme, de gran aridez y altas temperaturas, que corresponden a zonas periféricas pero no a las propiamente etíopes. La continentalidad es otro aspecto que hay que destacar; la existencia de un amplio sector costero no ejerce influencia alguna, pues queda superado por la acción de las tierras en que se halla. Estudiando los elementos climáticos se observa que las temperaturas presentan una gran variedad a consecuencia de la influencia del relieve y, en ocasiones, la latitud. Las tierras bajas no registran temperaturas medias inferiores .a 20° y aumentan a medida que nos alejamos del ecuador por disminuir las precipitaciones. En las costas del mar Rojo se registran temperaturas altas: Massava, en la misma costa, tiene 25,5° y 34,5° respectivamente en los dos meses extremos; vemos que la influencia del mar es escasa. La oscilación es pequeña y aumenta hacia el interior.Las temperaturas disminuyen con el relieve y, así, a los 2.500 m. oscilan entre los 14° y 20° en los meses extremos; Asmara, a 2.372 m., registra 14,9° y 17° de media, respectivamente. Por encima de estas alturas, cada vez son menores y la diferenciación estacional se hace más acusada. Junto a estas grandes regiones aparecen zonas microclimáticas que contribuyen a aumentar la característica mencionada de variedad térmica. Las precipitaciones presentan rasgos semejantes al estar influidas por los mismos factores. La irregularidad está determinada por las tierras altas del macizo de Abisinia, como zona más lluviosa, donde Addis Abeba recibe 1.230 mm. En cambio, las tierras bajas registran precipitaciones propias de zonas desérticas. Massaua registra solamente 181 mm. Entre ambos extremos se sitúan las restantes regiones. El régimen es tropical y, sin duda, con influencias monzónicas; con un predominio de las precipitaciones estivales, aunque. en las zonas más lluviosas llueva todo el año. En Addis Abeba el 50% de las precipitaciones cae durante los meses de julio y agosto. Esta coincidencia termo-pluviométrica, además de contribuir a disminuir las temperaturas, hace que el clima no sea tan árido y las lluvias tengan una mayor importancia en las actividades agropecuarias.Con el fin de esquematizar el estudio climático de E., pueden señalarse las cuatro zonas siguientes: a) El macizo Abisinio, con lluvias abundantes y temperaturas con grandes contrastes por la altitud, pero en general con las mejores condiciones térmicas para la población cuando la rarefacción atmosférica no lo impide. b) El macizo de Harar y mesetas próximas, semejante al anterior pero con menos lluvias y temperaturas medias más altas al disminuir la nubosidad estival. c) Las tierras bajas del interior, con el clima típicamente tropical continental, si bien adolecen de notable aridez. d) El litoral del mar Rojo, en el que los caracteres de aridez son extremos y, salvo el que registran lluvias regulares aunque escasas, en lo demás los rasgos son plenamente desérticos y con temperaturas como las del Sahara; Massaua tiene una media anual de 29,5° y no llega a 100 mm. el agua caída en algunos puntos; la razón es que la latitud impone su influencia y aparece la zona desértica tropical del continente.Hidrografía. Los rasgos climáticos expuestos junto con los del relieve dan a la hidrografía las características más importantes. Dada la situación del macizo de Abisinia en la parte central del país y con depresiones interiores, existen cuatro vertientes muy desiguales en extensión y por la importancia de los ríos. Son, la del Nilo, mar Rojo, océano índico y cuencas interiores lacustres y endorreicas. Destaca la vertiente nilótica, pues a ella se dirigen los ríos más largos, caudalosos e importantes, que permiten al Nilo llegar al Mediterráneo. Proceden del macizo Abisinio, el más lluvioso y de alturas superiores al Valle del Nilo, por lo que tienen un curso irregular, cortado por numerosos rápidos y carácter torrencial, factores que explican el poder erosivo y la formación de profundos tajos antes de alcanzar el Nilo. Su caudal, constante y abundante, presenta un máximo estival, cuando el macizo recibe en sólo dos meses el 50% de las precipitaciones anuales; dicha aportación es decisiva para el Nilo, que las recibe durante el mínimo estival experimentado por sus afluentes ecuatoriales. Los principales ríos son: el Sobat, el Abbai o Nilo Azul, que nace en el lago Tana en el centro del macizo y es el más importante, y el Atbara, último afluente del Nilo porque después entra en la zona desértica. El aprovechamiento de estos ríos como vías fluviales es escaso, dadas las características de su curso; en cambio, son favorables para el establecimiento de centrales hidroeléctricas, cuya explotación apenas está iniciada.Las tres vertientes restantes tienen menos importancia por su extensión, precipitaciones escasas y elevadas temperaturas, así como por el carácter endorreico de algunas zonas. En el océano índico desembocan el Yuba y el Shebeli que nacen en el macizo de Harar y tiene su curso alto en E. Los únicos cursos constantes que van al mar Rojo son tan cortos que no merece la pena mencionarlos; los más largos, que atraviesan Danakil, pierden su caudal en el recorrido. Las cuencas endorreicas se hallan a lo largo de la depresión central: el lago Rodolfo recibe el río Omo, y el Awash desemboca en el lago Abbe; en las proximidades del mar Rojo desembocan pequeños ríos por las depresiones existentes.Vegetación. Los contrastes climáticos y la variedad existente motivan la gran originalidad de la vegetación etíope. Tradicionalmente se suelen distinguir cuatro zonas, delimitadas por la altitud, y que también suelen tomarse para la clasificación climática; son la kolla, woina dega, dega y tschaka.La kolla se extiende hasta las tierras situadas entre los 1.700 y 2.000 m. Las temperaturas no bajan de los 20° y la vegetación, excepto la zona costera, está formada por bosques-galerías en los valles y sabanas en las mesetas. Los cultivos son tropicales (v. 3). Por encima de la kolla se encuentra la woina dega hasta los 2.500 m. aprox. La sabana es la forma más característica. El descenso termo-pluviomét rico hace que se empobrezca esta zona y dé lugar a la estepa con matorrales, aumenta la extensión de la pradera y los cultivos son mediterráneos. La dega ocupa las tierras hasta los 3.900 m. Las precipitaciones abundantes y el descenso de las temperaturas hacen de ella especialmente una zona de praderas. La ganadería es la dedicación preferente, limitada por la rarefacción atmosférica que impide la habitabilidad. Por encima de esta zona se halla la tschaka, con nieve durante largos periodos y bajas temperaturas; por ello, la vegetación está constituida por especies resistentes al frío y por praderas estivales.2. Poblamiento y población. Actualmente E. es una potencia demográfica dentro del continente africano ya que ocupa el tercer lugar por su población absoluta, después de Nigeria y Egipto, con 24.769.000 hab. en 1969. Su crecimiento natural fue de 1,9% para el periodo 1963-67, con un crecimiento anual de 0,4 millones. Destaca este crecimiento tan bajo dadas las características demográficas de los países en condiciones . semejantes. En África solamente Liberia y Gabón tienen un crecimiento inferior al de E., con el 1,4% anual; el resto del continente oscila alrededor del 2,5%. Las causas no son muy conocidas, dado que el país no ha experimentado un desarrollo que haga pensar en la reducción de la natalidad, sino que todo él se encuentra dentro de las características de un país subdesarrollado.Las tasas de natalidad y mortalidad son comunes a las de los pueblos subdesarrollados, es decir, bastante altas. Las primeras rebasan el 30%o, y la mortalidad, aunque en constante retroceso, supera todavía el 19%o. A estos datos cabe unir la alta mortalidad infantil, aunque es difícil de precisar, y unos porcentajes, elevado de población joven y muy bajo para los mayores de 60 años; por esta razón, la pirámide de edades presenta una ancha base y un descenso rápido en las edades superiores. Otra característica es la escasa población activa, consecuencia del elevado número de jóvenes y de la débil participación que la mujer tiene en el mundo del trabajo, fenómeno corriente en los países subdesarrollados. Se calcula que el porcentaje de población activa es el 36%, frente al 45 ó 50 de los países desarrollados.Existe un predominio absoluto de la población rural (96%) y del sector primario, que alcanza cifras algo más bajas. En cambio, los otros sectores y la población urbana tienen porcentajes reducidos. La densidad es baja (20,2 hab/Kmz en 1969), como es normal en todos los países extensos de África. La distribución presenta grandes irregularidades, efecto de las condiciones físicas, clima hostil y relieve, de las condiciones económicas de algunas regiones y de las vicisitudes por las que ha atravesado la población etíope, obligada a refugiarse en las altiplanicies- del interior. La zona con mayor densidad es la woina dega, que supera los 35 hab/Kmz; dentro de ella destaca el macizo Abisinio donde se alcanzan los 45 habitantes/Kmz. La coincidencia, positiva, de las razones apuntadas y el que esté ubicada en esta zona la capital, Addis Abeba (v.), con 644.120 hab. en 1967, son la causa de ello. En contraste con estas regiones centrales, la periferia registra las densidades mínimas: Donakil, al norte, tiene 3 hab/Kmz y, al sur, la provincia de Sidamo, 13. Todo es debido a las razones climáticas y económicas.La población rural, posiblemente se vería aún más incrementada si se atendiera más que al número de habitantes de una ciudad, a las funciones que ésta desempeña. Solamente hay dos núcleos urbanos definidos: la capital del país y Asmara, capital de la provincia de Eritrea. Incluso en éstas, las características rurales son la nota dominante en extensos sectores, muchos barrios periféricos de Addis Abeba tienen como único tipo de vivienda los tuculs, construcciones circulares de piedra y barro, con cubierta vegetal y, a veces, rodeadas de empalizadas, como en cualquier aldea. Esta importante población rural presenta modos de vida muy diversos, según el grupo étnico al que pertenezca y región del país donde se halle. Las tierras bajas de la kolla, de población escasa y clima hostil, viven en aldeas próximas a los cursos de agua, practican cierta trashumancia y completan su dedicación agrícola primitiva con la caza, pesca y recolección de frutos. Carecen de núcleos importantes, pues sus escasas exigencias las suplen los de la woina dega. En estas tierras, la población es sedentaria y vive en aldeas más importantes, cuyas viviendas corrientes son los tuculs, más sólidas que las anteriores que son totalmente vegetales. En los núcleos mayores se realiza el escaso comercio de la región.El predominio de las actividades rurales reduce el porcentaje de población urbana. Los núcleos más antiguos, como Harar, surgieron a consecuencia del comercio, que provocaron un cruce de caminos o las vías naturales.Dada la agitada historia del país, las fortalezas también dieron origen a algunas ciudades. La superposición de las nuevas funciones (administrativa, de comunicaciones, industrial todavía incipiente) ha sido la causa del actual desarrollo urbano etíope. La ciudad más importante ’es Addis Abeba, núcleo sin importancia alguna hasta que en 1887 el Emperador Menelik 11, después de su triunfo en Adua, la eligió como capital del país, por su situación central y estar bien comunicada. La segunda es Asmara, con 178.537 hab. en 1967, e importante nudo de comunicaciones a las que debe su importancia. Presenta una parte antigua, africana, y otra moderna, colonial, amplia, funcional, con barrios residenciales e influencia italiana; su clima es agradable debido a la altitud, y sus comunicaciones con el interior y el puerto de Massaua favorecen su desarrollo.Massaua es el principal puerto del país e importante núcleo urbano. Su situación septentrional, periférica, le resta importancia, especialmente frente a Djibouti (en la Somalia Francesa) unido directamente con Addis Abeba por ferrocarril. En el macizo de Harar, que es otra de las regiones de mayor densidad, se halla la ciudad de este nombre, con 42.771 hab. en 1967. Era centro de rutas caravaneras, con activo comercio de café, y centro administrativo y capital de la población musulmana de E. Hoy mantiene estas funciones, pero el ferrocarril Addis AbebaDjibouti, al no pasar por ella, le ha restado importancia en favor de Diredava, aldea todavía durante la construcción del ferrocarril y actualmente la tercera ciudad etíope, en detrimento de Harar especialmente. Los restantes núcleos urbanos se encuentran repartidos por el territorio y desempeñan dentro de su región las funciones administrativas y comerciales, únicas que les permiten adquirir cierto aspecto urbano. Tales son: Gondar (30.000 hab.), antigua capital, Jimma al sur y Dessye (40.000 hab.), al norte.La composición étnica de la población presenta gran variedad. El núcleo humano originario y que ha regido los destinos del país son los etíopes (v. ETt6PIDAS), semitas de facciones blancas pero tez negra, los "blancos negros" y a los que pertenecen los amparas y otros grupos; constituyen más de la tercera parte de la población y ocupan la parte septentrional del macizo Abisinic. Su religión es la cristiana copia que informa la vida política del país, ya que la ha de profesar el Emperador (v. vii, 5). Las zonas periféricas están ocupadas por diversos grupos camitas y negroides. Los gallas son camitas de religión musulmana que viven en la zona sur del macizo de Abisinia y en el de Harar. Caracteres semejantes tienen los danakil en la región de este nombre. Los grupos negroides ocupan las tierras bajas del sur, fronteras de Sudán y Kenia, con cuyas poblaciones están vinculados; pertenecen al grupo bantú (v. aANTUIDAS) y a los negros nilóticos, y practican religiones animistas la mayoría (v. rtt). La nota curiosa en medio de este mosaico étnico, la constituyen las falachas (v. vi, 1). La abundancia de poblaciones diversas ha originado un mestizaje considerable, que ha eliminado en gran parte las diferencias entre los grupos dominantes; semitas y camitas.3. Economía. Aunque no ha salido del atraso que caracteriza al continente africano, tanto por su historia como por sus condiciones físicas es uno de los países más aptos para incorporarse al grupo de los desarrollados. El predominio de las altiplanicies determina la variedad climática favorable para el desarrollo agropecuario y establecimiento humano; en cambio, es causa de las extensas zonas áridas improductivas, que ocupan el 26% del país, cifra menor que en Somalia y Sudán que tienen el 44 y 51% respectivamente. El subsuelo no parece rico en minerales y combustibles, pero cuenta con reservas hidroeléctricas considerables, si bien la economía etíope no está todavía en condiciones de explotarlas. Ciertos rasgos de su población (religión, aislamiento, independencia, estabilidad política y crecimiento natural bajo) explican la existencia del cultivo, modo de vida desconocido en el mundo islámico circundante, así como la autarquía económica, a la que siempre ha tendido por necesidad y por el carácter de subsistencia. En 1967 la renta per capita era sólo de 70 dólares. Sin embargo, la estampa casi bíblica de E. va quedando relegada, pues recibe ayuda de diversos organismos internacionales y países como EE. UU., Italia, Japón, para fomentar su desarrollo progresivo, por medio de la instalación de industrias básicas, alfabetización, elevación de la formación profesional y erradicación de diversas enfermedades. Además, el papel político de E. es importante por su estabilidad, que contrasta con el resto del continente (v. ii). Por esta razón, Addis Abeba es como la capital africana y en ella residen dos importantes organismos supranacionales africanos: la Comisión Económica de África y la Organización de la Unidad Africana (OUA).La agricultura. Las condiciones climáticas hacen que sea el sector más importante de la economía etíope. Posee una gran variedad de cultivos que además ocupan una extensión muy notable en comparación con otros países de estas latitudes: 10% frente al 3% y 2,8% en Kenia y Sudán. Los prados tienen el 57%, los bosques el 7%. Las zonas improductivas son en parte recuperables por los regadíos. Coincide la distribución de los cultivos con la vegetación. En la kolla, por su clima cálido-húmedo y población negra, hay una agricultura de autoabastecimiento, primitiva y cuyos productos más importantes son el sorgo y pequeñas cantidades de café y algodón. La woina dega es la región agrícola por excelencia, con una ganadería secundaria; destaca la cebada, durah y trigo en las altiplanicies; en los valles más cálidos el café, famoso por su aroma y de gran importancia económica; crece espontáneamente en la provincia de Kaffa, de donde se cree le viene el nombre. Algodón, tabaco y caña de azúcar completan los cultivos tropicales y están orientados principalmente a la exportación. En la dega los prados ocupan mayor extensión, y la ganadería es la actividad más destacada, pero con escasos rendimientos por la forma de su explotación. Su estructura agraria mantiene el esquema tradicional de tenencia de la tierra, apenas modificado por la ocupación italiana, y en el que los amparas son los terratenientes que arriendan sus propiedades a los otros grupos, bantúes o gallas.La ganadería. Ocupa lugar destacado como actividad económica interior, ya que a las sabanas tropicales une las altiplanicies de la dega; además E. es un pueblo de tradición ganadera. Presenta los problemas comunes de la economía etíope: es una ganadería extensiva, sin método ni selección, por lo que los rendimientos son escasos, como lo demuestra el que sean los cueros y pieles el único producto exportado. El censo ganadero de 1967, importante numéricamente, era de 25,3 millones de ganado vacuno, 24,9 de lanar, 17,9 de cabrío, 3,8 de asnos y 3,6 de caballos y camellos. Frente a esto, Francia y España ese año tenían 20,2 y 3,8 millones de vacunos, y 8,8 y 17,6 de lanar respectivamente, pero con rendimientos muy superiores a los etíopes. La posesión de un amplio litoral, 1.100 Km., sobre el mar Rojo le permite obtener algunos recursos piscícolas, aunque muy escasos por la vinculación humana y económica a la región central y escasa riqueza de las aguas de este mar; en 1967 el total capturado fue sólo de 8.900 t., en cambio, es importante la extracción perlífera, de la que Massaua es uno de los centros más importantes.Minería. La escasez de prospecciones es causa de su reducida aportación a la economía etíope; sólo se extrae actualmente algo de platino y oro.La industria. El aislamiento en que se ha mantenido hasta hoy, su falta de capitales, la baja formación general y profesional y la pobreza del subsuelo explican casi el atraso en que se encuentra este sector. La actividad industrial es exclusivamente de transformación de productos agrícolas y producción de ciertos artículos de consumo para un mercado interior de pocas exigencias y bajo poder adquisitivo; destacan la industria alimenticia, textil, de calzado, tabaco y cerveza. En cambio, la destinada a producir bienes de equipo o facilitar materiales para el desarrollo del sector de economía moderna, es escasa; existen algunas centrales eléctricas, fábricas de cemento, de metalurgia ligera y de reparación. Se localizan unas y otras en la altiplanicie interior: Addis Abeba y Diredava; también tiene cierta importancia en Asmara. Cabe citar además la actividad portuaria.El comercio etíope refleja las características y problemas de la economía en general. Es escaso, de crecimiento lento y colonial. Se exportan productos agrícolas (el café absorbe el 70%) y se importan productos manufacturados. Es además deficitario; se ejerce por las zonas más desarrolladas; en el interior es escaso por la autarquía regional y carencia de comunicaciones para romperla, hasta el punto de ser el avión el medio más empleado, pues sólo existen 1.077 Km. de ferrocarriles y 22.000 de carreteras, dos terceras partes de ellas en malas condiciones.4. División político-administrativa. E. se divide en 14 provincias con sus respectivas capitales. Arussi (Aselle, 10.000 hab.); Bale (Goba, 10.000); Begemedir (Gondar, 30.734); Kaffa (Jimma, 30.580); Eritrea (Asmara, 178.537) : Gamu Gofa (Arba Minch); Gojjam (Debra Markos, 22.000); Harar (Harar, 42.771); HiluBabor (Gore, 7.000); Shoa (Addis Abeba, 644,120); Sidamo (Yirgalem, 9.000); Tigré (Makallé, 23.000); Wollega (Lekemti, 7.000); Wollo (Dessye, 40.619). Datos estadísticos de 1967.V. t.: ERITREA.E. GARCÍA ZARZA.
BIBL.: L. P. AujOULAT, Santé et développement en Afrique, París 1969; P. H. DECRAENE, Le Panafricanisme, París 1964; P. DEFFONTAINES ’ COLABORADORES, Geografía universal, Barcelona 1967; W. FITZGERALD, África, Barcelona 1958; R. FURON, Les resources minerales de 1’Afrique, París 1961; F. MILONE y COLABORADORES, Geographica. El hombre y la Tierra, Barcelona 1969; A. ZISCHICA, África. Reserva de Europa, Barcelona 1954; Annuaire démographique 1965, ed. por la ONU, Nueva York 1966.
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