Estrategia Militar
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Cultura
1. Generalidades. La e. es una de las partes de que consta el Arte militar. El Arte de la guerra ha sido objeto de las más variadas teorías. Ya en 1603 Cristóbal de Lechuga llegó a decir que "el Arte militar consiste en opiniones". Para Napoleón "la guerra es un arte sencillo y todo de ejecución". Jenofonte había señalado: "Todo el arte del estratego consiste en conservar la libertad de acción", atendiendo sólo a uno de sus principios clásicos, idea que Napoleón desdoblaba en su célebre frase: "Oficio de bárbaros, donde todo el arte consiste en ser el más fuerte en el punto decisivo". El general Almirante distinguía: "El Arte de la guerra es la parte del Arte militar que concierne a la dirección de las operaciones de un ejército en campaña..., pero el arte de la fuerza es anterior al Arte militar, como la inspiración precede a la regla y el hecho a la precaución".Durante mucho tiempo se identificó el concepto de Arte militar con el de táctica (v.) al que se daba gran alcance, hasta que en el s. xviii, con Federico 11 de Prusia, reapareció el término estrategia, olvidado desde los griegos, sustituyendo a la llamada "táctica sublime", alta táctica, que según Napoleón era "la parte divina del Arte de la guerra". A ambas añadió el general francés Jomini (1779-1869) la discutida logística (v.) y modernamente se ha querido que la orgánica y la didáctica constituyan la cuarta y quinta ramas, siendo más bien disciplinas de tiempo de paz.El Arte de la guerra se basa en unos principios fundamentales de la ciencia de la guerra, que hoy se extienden a la política, siempre que ésta se adapte a las exigencias de la preparación y ejecución de la guerra, como pedía von Bernhardi (1849-1930). Partiendo de que el fin de la guerra es "imponer la propia voluntad al adversario" (Clausewitz), y el medio para alcanzarlo "ser más fuerte en el punto decisivo", el general González de Mendoza sistematizó los principios clásicos reagrupándolos en tres: voluntad de vencer, libertad de acción y economía de fuerzas. Del primero derivan los factores de ejecución morales: impulsión, audacia y perseverancia; del segundo, los tácticos y estratégicos: secreto, seguridad y sorpresa; del tercero, los orgánicos: acción de conjunto, concentración de esfuerzos y superioridad en el punto decisivo. Todo ello se estructura así: de los principios deriva la doctrina; de ella, la organización y de ambas, la estrategia y la táctica, ésta concretada en reglamentos. Al servicio de la orgánica, de la e. y de la táctica está la logística, y como función común a todas, la didáctica, en forma de instrucción. Pero táctica y e. son los dos únicos miembros puros del Arte de la guerra, en los que hoy se agrupan y coordinan las normas de empleo de los ejércitos de Tierra, Mar y Aire. Por eso explica Juan de Zavala que el Arte de la guerra, en concreto, se funda en las teorías de una ciencia bélica para las fuerzas terrestres, marítimas y aéreas, desarrolladas según las reglas del arte de cada una de ellas y de su integración en el conjunto.Definir la e. viene siendo durante mucho tiempo empeño obligado y arduo de tratadistas de todos los países. Sus textos suelen contener al menos docena y media de definiciones de autores famosos, desde Napoleón, Clausewitz y Jomini, hasta Liddle Hart y Raymond Aron. Hasta 14 1 Guerra mundial se decía que la táctica afectaba a las acciones bajo el alcance de las armas enemigas y la e. a las que se salían de tal límite. En este sentido se expresan Clausewitz, para quien "la táctica es la teoría para emplear las tropas en el combate (o en la batalla); la estrategia, la de emplear los combates para ganar la guerra", y Villamartín, cuando afirma: "el plan general de una campaña pertenece a la estrategia; el de una batalla a la táctica". Pero la práctica ha rebasado tal elementalidad. El concepto de e. había nacido al quedarse corto el de táctica por el aumento de la distancia útil en la ofensiva, permitiendo a los mandos actuar en forma más ingeniosa que por el choque brutal de las masas. Hoy el ciclo empieza a cerrarse, pues al crecer la distancia ofensiva casi indefinidamente, otra vez van quedando pocas posibilidades de actuar fuera del alcance enemigo. Es decir, que a la dificultad de definir la e. se une la de diferenciarla de la táctica. Tres progresos técnicos sucesivos han modificado el contenido de ambos términos: la mayor autonomía de los aviones de bombardeo; los explosivos termonucleares y los misiles. Con ello, la e. no significa ya forzosamente movimientos de ejércitos, barcos y aviones, ni ocupación material de objetivos, sino capacidad de destruirlos a distancia. La e. futura se convierte así en un "catálogo de objetivos".La e. llamada orgánica, para diferenciarla de la e. política, respeta aún la esencia de su etimología griega (strategia), según la cual alude indistintamente al jefe militar supremo, el estratego, y a sus actividades, constituyendo así ciencia y arte suyos. Los progresos científicos y la totaiización social de la guerra han ido desvirtuando su significado primario. Pero aún cabe una fórmula válida dentro de su significado etimológico. De la definición de e. como "ciencia de la preparación y desarrollo de las batallas, para lograr objetivos previstos por la política, se deduce que en las actividades estratégicas intervendrá el político además del militar, ya que en la guerra moderna se emplearán todos los recursos de una nación, e incluso de una colectividad de naciones. Por ello el límite que separa la política de la e. no es rectilíneo, sino sinuoso. La decisión del objetivo de la guerra corresponde conjuntamente a los jefes supremos, político y militar, en función de objetivos geopolíticos y geoestratégicos. Para los objetivos intermedios -propios de la e. operativa- no ha de intervenir el jefe político, pues el militar está más capacitado.2. La concepción moderna de la estrategia. Así, pues, la e. moderna, en sentido amplio, comprende un tríptico de disciplinas difíciles de aislar, que se complementan: la política, para la conducción de la guerra; la e. en el sentido clásico para la conducción de las operaciones y la táctica, para la acción directa de las tropas.Los conceptos más modernos sobre e. fueron formulados por el general francés A. Beaufre en 1963. Para Beaufre, la e. no es una doctrina única, sino un método de pensamiento que permite jerarquizar los hechos para elegir los procedimientos más eficaces. A cada situación corresponde una e. particular y la mejor en una de aquéllas puede ser detestable en otras. Define la e. como "el arte de la dialéctica de las voluntades que emplean la fuerza para resolver un conflicto".El juego estratégico, según Beaufre, puede producirse según dos tonos: el tono mayor, de la e. directa, en que la fuerza representa un factor esencial; y el tono ménor, de la e. indirecta, en la que el papel de la fuerza se diluye ante el de la psicología y las conminaciones. Ambos pueden mezclarse en proporciones variables produciendo gran número de modelos, pero todos apuntan al mismo objetivo: la capitulación psicológica del adversario. El método común se basa en la lucha por la libertad de acción. Las soluciones de ambas e. se diferencian sólo en los procedimientos, cada uno de los cuales es una combinación (elegida para responder mejor a los medios o a la vulnerabilidad del enemigo); puede incluir desde la sugestión hasta el aniquilamiento físico. Esta elección es acaso lo más importante de la e.; si es acertada, permite encajar las situaciones más difíciles y, con frecuencia, concede la victoria al más débil. Tanto al decidir, como en el desarrollo de las operaciones, lo que se persigue siempre es la libertad de acción. El garantizar la propia seguridad y la actividad para privar al enemigo de la suya (por la iniciativa y la sorpresa) constituye la esencia del juego estratégico.La estrategia indirecta. Liddle Hart desarrolló una brillante teoría de la aproximación indirecta que considera como la mejor e. moderna. Consiste en no enfrentarse al enemigo "en fuerza", sin antes haberle inquietado, sorprendido y desequilibrado, con una aproximación imprevista en direcciones "desviadas". Esta maniobra es muy eficaz contra un adversario que no tiene seguridad de ser bastante fuerte en el terreno donde se le impone la batalla. Pero Liddle Hart preconiza siempre la aproximación indirecta, porque nunca se tiene la seguridad de ser bastante fuerte y, aun siéndolo, la victoria sería más costosa. La idea central de su tesis es invertir la relación de fuerzas no con el combate, sino mediante una maniobra antes de la batalla. La aproximación indirecta busca la victoria militar; sólo es indirecta su preparación, por eso se incluye en la e. directa.La e. indirecta -modo menor de la guerra totales de todos los tiempos. Sus aspectos modernos y su auge actual se deben a que hoy la guerra se ha convertido en algo impracticable. Es complemento, y en cierto modo antídoto, de la e. nuclear directa. Cuanto más se desarrolla ésta, más se empleará la indirecta.La estrategia de disuasión nuclear. En la evolución de la e. atómica se distinguen cuatro etapas bien definidas: la primera, desde 1946 a 1949, constituye la época de monopolio nuclear norteamericano. La segunda comprende desde 1949, en que la URSS produce su primera explosión nuclear, a la que sigue la primera termonuclear, cuatro años después, hasta 1957. La tercera (1957-60), supone una nueva fase de equilibrio, con el lanzamiento de los primeros misiles rusos. La cuarta, a partir de 1960, está representada por un nuevo esfuerzo estadounidense para lograr la superioridad frente a la URSS, con el cual el presidente Kennedy en 1961 reafirmó la voluntad de contención de la violencia comunista. En estas etapas se forjó la "e. de la respuesta flexible", llamada luego "e. de la escalada", en ámbito mundial.La existencia misma de las armas nucleares (v.) introdujo nuevas modalidades en las relaciones internacionales y en la forma de resolver los conflictos armados. La disuasión y la escalada son dos conceptos clave en el pensamiento estratégico actual, que sintetizan toda la doctrina basada en afirmar que el papel del arma nuclear no es hacer la guerra, sino impedirla. La e. de disuasión postula que la represalia consiguiente a un ataque nuclear podría ser tan aniquiladora como para anular las ventajas de tomar la iniciativa. El arte de la disuasión consiste en usar con eficacia una paradoja inherente a la e. nuclear: resolver el conflicto sin emplear las armas, sólo por la amenaza, apoyándose más en lo que podría hacerse que en lo que se hace. Para que la disuasión sea efectiva se requiere la coincidencia de tres factores: fuerza nuclear, voluntad de emplearla y credibilidad por parte del adversario. El primer factor es material mientras que los otros dos son psicológicos.En los últimos años se ha generalizado el empleo del término escalada, de cuyo contenido Herman Kahan, "el Clausewitz de la era atómica", desarrolla una doctrina táctica que podría llamarse de represalia nuclear proporcionada, sobre el supuesto de que ningún sistema de defensa actual es satisfactorio y que la aniquilación termonuclear no puede aparecer sin previo aviso. La teoría de la escalada parte, pues, del escepticismo sobre la posibilidad de que estalle una "guerra de pulsadores" espontánea y consiste en aumentar el peligro teniendo siempre prevista la detención en escalones prefijados.Esta teoría supone, pues, la posibilidad de incrementar progresivamente el nivel de la violencia en las crisis internacionales sin que ello pueda provocar una guerra total; viene a constituir una maniobra de la e. de la disuasión.Dentro de este orden de ideas, el general norteamericano Maxwell Taylor formuló la teoría estratégica de la respuesta flexible, que implica la necesidad de disponer de una capacidad de reacción en toda la gama de ataques posibles. Ello supone una réplica a la extrema generalización de la teoría de las "represiones masivas", que estuvo en boga al terminar la 11 Guerra mundial, para no admitir que el método estratégico sea suficiente por sí mismo para resolver todos los problemas de defensa y que el bombardeo nuclear no puede por sí solo resolver las situaciones.Por su parte, el mariscal ruso V. D. Sokolovski en su Estrategia militar soviética (en ruso), Moscú 1962 (trad. inglesa, Londres 1963), preveía que las armas nucleares no han de utilizarse forzosamente para resolver los problemas secundarios o pequeños que no sean directamente vitales para quienes poseen dichas armas. Pero la respuesta por medios clásicos a las agresiones clásicas limitadas no es aplicable en todas partes. Sólo es posible si las condiciones locales de las operaciones permiten cierta igualdad entre las fuerzas opuestas. La respuesta flexible cabe en condiciones de equilibrio, que se dan sólo en ciertos puntos del mundo, condicionados a factores políticos de distancia y de transporte.Por último cabe señalar la e. del conflicto prolongado. Es la que se ha practicado en diversos países después de la 11 Guerra mundial, con base en la guerra revolucionaria. El nombre es empleado en sus libros por Mao Tse-Tung, Ho Chi-Minh y Vo Nguyen Giap, explicándolo en el sentido de que el tiempo no cuenta para nada en cuanto al logro de sus objetivos. Es equivalente a lo que los norteamericanos llaman la guerra especial a cuyo respecto algún tratadista ha dicho que la 111 Guerra mundial se está desarrollando como una "guerra a plazos" desde que se inició en Corea.V. t.: TÁCTICA MILITAR;LOGíSTICA MILITAR;ARMASIV; NUCLEARES, ARMAS.J. M, GÁRATE CÓRDOBA.
BIBL.: B. BRODIE, Estrategia en la era de los misiles, Madrid 1959; 1. M. GAVIN, Guerra y paz en la era del espacio, Madrid 1959; F. O. MIKSCHE, El fracaso de la estrategia atómica, Barcelona 1960; P. GALLOis, Estrategia de la era nuclear, Madrid 1960; B. H. LIDDLE HART, La estrategia de aproximación indirecta, Barcelona 1946; íD, Historia mundial de la estrategia, Madrid 1962; íD, La defensa de Occidente, Buenos Aires 1961; C. MARTíNEZ CAMpos, Teoría de la guerra, Madrid 1945; A. KINDELÁN, La próxima guerra, Madrid 1945; F. BORRERO, La estrategia ante el problema político, Madrid 1947; A. PISóN, Arte militar, Burgos 1955; A. ARANDA, Arte militar, Madrid 1957; L. CANO, Introducción al estudio racional de la guerra, Madrid 1964; F. DE SALAS, Literatura militar, Madrid 1954; íD, Escritores militares contemporáneos, Madrid 1968 (estas dos últimas contienen historia y tratadistas del arte de la guerra); A. GONZÁLEZ DE MENDOZA, La paz y la defensa nacional, Madrid 1968; R. ARON, Paz y guerra entre las naciones, Madrid 1962; A. BEAUFRE, Introducción a la estrategia, Madrid 1965; íD, Disuasión y estrategia, Madrid 1966; A. GLUCKMAN, El discurso de la guerra, Barcelona 1969; L. HAMON, Estrategia contra la guerra, Madrid 1969; H. KAHAN, La escalada, Madrid 1968.
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