Estados Unidos de América Del Norte. Historia Moderna y Contemporánea. HIST.
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Historia
Con la llegada de los europeos se inicia la Edad Moderna para el continente americano. La parte septentrional de Norteamérica fue alcanzada en primer lugar por los italianos Juan y Sebastián Caboto (v.; 1497), bajo el patrocinio de Inglaterra, pero las primeras exploraciones que se llevaron a cabo sobre territorios que en la actualidad forman parte de EE. UU., las realizaron los españoles que, desde México y los núcleos antillanos, emprendieron, durante todo el s. xvi, una sistemática penetración hacia el N. Entre las más importantes destacan las de Ponce de León (v.; 1512), Álvarez de Pineda (1520) y Pánfilo de Narváez (v.; 1528) a Florida (v. FLORIDA I1); Gordillo, Quexos y Gómez, que recorrieron la costa atlántica; Á. Núñez Cabeza de Vaca (v.; 1534), la del golfo de México y Texas; H. de Soto (v.), que atravesó las regiones que hoy forman los Estados de Georgia, Carolina, Tennessee y Alabama, descubriendo el Misisipí (1541); y F. Vázquez de Coronado (v.; 1539) que alcanzó Nuevo México, Texas, Oklahoma, las Rocosas, Colorado, Kansas y Nebraska; por último, Cabrillo (1542) y Ferrelo (1543) llegaron a Oregón por el Pacífico. En una posterior expedición (1565), Pedro Méndez de Avilés (v.) fundó el primer asentamiento permanente de los europeos en el territorio de los futuros EE. UU.: San Agustín de la Florida.Simultáneamente, el dominio absoluto que ejercían los lusos y españoles en las rutas meridionales, impulsó a los restantes pueblos de la Europa atlántica a buscar las suyas por el NO. Con este objeto se realizaron los viajes de Verrazano (1524) y Ribaut (1526), con el auxilio de la corona francesa.1. La génesis colonial. Aunque las exploraciones iniciales parecían abrir camino a la incorporación de toda América al Imperio español, la fuerza expansiva hispana únicamente se centró (s. xvil-xvlli) en el poblamiento de Nuevo México, Arizona y California (v.), a través de la decisiva intervención de jesuitas y franciscanos (v. v); y en Florida y Texas, mantenidos como enclaves estratégicos ante ingleses y franceses. Si los territorios españoles fueron considerados como reinos o provincias por la metrópoli, no ocurrió igual con los pueblos que colonizaron la costa atlántica. En esta zona, sir Walter Raleigh estableció (1585) una plantación, que englobaba todo el litoral al N. de Florida, a la que llamó Virginia, en honor de la reina, e impuso a los nativos leyes, usos y costumbres inglesas, exigiéndoles la transferencia de sus tierras a los colonos. Impulsada por la iniciativa de Raleigh, pese a su fracaso, Inglaterra en el s. xvti organizó de forma sistemática la colonización de la costa atlántica de EE. UU. Desde 1607 la Compañía de Virginia, de Londres, que había obtenido privilegios de lacobo I, emprendió nuevas tentativas. Disuelta la Compañía en 1622, su plantación, que se había desarrollado con rapidez gracias al cultivo del tabaco, pasó a depender directamente de la corona, aunque conservando autonomía administrativa.El segundo asentamiento, la colonia de Massachusetts, surgió de manera distinta. Sus fundadores, que pasaron a la posteridad con el apelativo de peregrinos, llegaron el 11 dic. 1620, en el Mayflower al cabo Cod, 500 millas al N de Virginia, su verdadera meta. Dieron al lugar el nombre de Plymouth en memoria del puerto del que habían zarpado. Eran en su mayoría puritanos, procedentes dae la más humilde clase media inglesa, a los que la intransigencia religiosa que existía entonces en Inglaterra empujó a buscar en América la posibilidad de una nueva vida. La prosperidad de la plantación impulsó a la corona a confirmarla (1629) bajo la denominación de Compañía de la Bahía de Massachusetts. Hacia 1640 contaba con 20.000 hab. y su vitalidad se mostraba de tal manera expansiva que pronto estuvo en condiciones de fundar nuevas colonias: Maine (1630), Connecticut y Rhode Island (1636), y Nueva Hampshire (1638). Su población se incrementó con facilidad gracias a. los éxitos conseguidos y también porque la crítica situación político-religiosa que atravesaba Inglaterra proseguía impulsando emigrantes. Quedaba así constituido el territorio de Nueva Inglaterra.La tercera zona de colonización inglesa en América del Norte surgió al sur de Nueva Inglaterra. Fundada por el noble católico Cecil Calvert en 1634, se la llamó Maryland. en honor de la reina. La personalidad de su fundador explica que en ella se diese una inicial intransigencia religiosa respecto de colonos protestantes, mas pronto se optó por una amplia tolerancia religiosa. La actividad británica no impidió el asentamiento de holandeses y franceses. La de aquéllos tuvo como consecuencia el arribo de los barcos de la Compañía de las Indias Occidentales a la isla de Manhattan (1626), en la desembocadura del Hudson, estableciendo una colonia para el comercio de pieles, Nueva Amsterdam, que con las posteriores de Fuerte Nassau (en el río Delaware) y Fuerte Nueva Esperanza (en el Connecticut) formaron una cuña entre las colonias inglesas. Los franceses, por su parte, desde Canadá, penetraron en los Grandes Lagos, el _Ohio y el Misisipí.Independientemente, la colonización inglesa siguió su curso, alcanzando su punto culminante en el reinado de Carlos II (1660-85), en cuyo honor se fundó Carolina en 1663, colonia que más adelante se dividió en dos: Carolina del Norte y Carolina del Sur. También la colonia de Pensilvania surgió en esta época. William Penn, hijo de un famoso almirante cuáquero, heredó-una gigantesca faja de tierra al SE de Nueva York. Se trataba de una tierra fértil y para darle una salida al mar se le incorporó parte de la costa de Maryland. Posteriormente, esta franja litoral se desgajó de Pensilvania, constituyendo la colonia de Delaware. Además, la rivalidad colonial y mercantil entre Londres y Amsterdam provocó una guerra (1664-67) que determinaba la derrota holandesa y con ella su desplazamiento de América del Norte, quedando los ingleses, como propietarios de sus posesiones atlánticas, rebautizando a Nueva Amsterdam con el nombre de Nueva York (1664) y subdividiéndola en dos colonias: Nueva York y Nueva Jersey. Las últimas colonias inglesas en EE. UU., Georgia y Nueva Escocia, nacieron en el s. xvict como posiciones estratégicas. Georgia, fundada por el general lames E. Oglethorpe para refugio de gentilhombres necesitados, se la consideró baluarte frente a los españoles de Florida y los franceses, asentados ya en Luisiana (región que comprendía el valle del Misisipí); Nueva Escocia, igualmente, fue el enclave inglés limítrofe a Canadá. De esta forma la situación geopolítica de Norteamérica la constituían tres grandes bloques: uno inglés a lo largo de la costa atlántica; un segundo, francés, a través del valle del Misisipí; y un último en el Sudoeste, formado por las posesiones españolas.2. Organización y administración. Si la acción de los españoles en sus territorios fue esencialmente evangelizadora y la de Francia movida por un interés comercial, no ocurrió lo mismo en las colonias inglesas. Hacia éstas no cesó la afluencia de inmigrantes (en medio siglo su población se cuadruplicó: de 360.000 hab. en 1713 a 1.600.000 en 1760) ingleses en principio y procedentes de las más diversas áreas después: hugonotes franceses, alemanes disidentes religiosos (mennonitas, hermanos moravos y pietistas) y nutridos contingentes de escoceses presbiterianos que habían sido expatriados de Irlanda (Scotch Irish). Todos ellos aportaron una profunda valoración del trabajo y, en general, una manifiesta tolerancia político-religiosa. En el Norte, una población mayoritaria de origen inglés conservó inalteradas las costumbres de la patria. Fueron éstos los auténticos yanquis (probable corrupción de una palabra india que significa inglés), con intensa religiosidad, severidad de costumbres y un profundo sentido de la independencia.Estas colonias del Norte (Nueva Inglaterra) se fundamentaron en principio sobre la agricultura, pero la baja productividad de sus tierras obligó a una economía basada en la explotación y comercio de productos pesqueros y en la construcción y armamento de naves, concentrándose de esta forma considerables capitales. En el sector central, de población mixta, la tierra lo era todo y así surgieron grandes explotaciones agrícolas, mientras la actividad comercial se centraba en torno a Nueva York y Filadelfia. Sin embargo, la zona agrícola por excelencia fue el Sur, desde Virginia a Georgia, con grandes plantaciones trabajadas por esclavos negros. Sus ciudades surgieron pequeñas y aisladas, y la estratificación social acentuó muy rígidamente las diferencias de clase. Puede considerarse un cuarto sector en la zona que se extendía por el O, unida a la cadena de los Apalaches, donde los más intrépidos (squatters) lograron establecerse libres de toda reglamentación, en continua lucha contra la naturaleza y los indios. Fueron estos hombres los que empujaron hacia el O los confines de las tierras civilizadas (así surgió el llamado Old West) y quienes tomaron contacto con la expansión colonial francesa en la encrucijada del Ohio, hacia 1754.Ll constitución política de las colonias inglesas era fundamentalmente homogénea. Un gobernador representaba a la corona y reunía en su torno a un grupo de consejeros. Ante él, los colonos eran representados por un parlamento elegido a base de un sufragio restringido en función de la propiedad. Se consideraba base constitucional el axioma según el cual todo aquello que no pertenecía expresamente a alguien era propiedad del rey; teóricamente, pues, todas las colonias. En consecuencia el rey podía gobernar las colonias por separado o cederlas a individuos o sociedades. La única excepción la constituían Rhode Island y Connecticut que poseían el derecho a elegir su administración y gobernador. Las cuestiones de naturaleza estrictamente local eran reguladas por cada colonia, manteniendo el rey el derecho de veto. Si se apelaba al monarca, su Privy Council dictaba el fallo a través del Board of Trade and Plantations, organismo residente en Londres, que entendía en todos los asuntos administrativos de las colonias. Como súbditos ingleses, los colonos poseían teóricamente todos los derechos que reportaba su ciudadanía, y aunque no disfrutaban de representantes en el Parlamento británico quedaban sometidos a sus decisiones.Por lo que respecta a las posesiones españolas, éstas se regían por las Leyes de Indias (v.), cuyos principios eran los siguientes: proteccionismo económico, patriarcalismo político, asimilación de las razas indígenas y difusión del catolicismo y de la cultura española. La monarquía hispana delegaba la administración del Imperio en el Consejo de Indias (v. INDIAS, GOBIERNO DE i), cuyas decisiones eran ejecutadas en América a través de virreyes y gobernadores. En cuanto a los territorios franceses (Luisiana), muy poco poblados, se convirtieron en colonias en 1731, con dos capitales principales: Nueva Orleáns y San Lui.3. La rivalidad colonial de las grandes potencias. La rivalidad colonial anglo-francesa se puso de manifiesto en América durante la primera mitad del s. xviii, y los colonos, en los que se cristalizaba una conciencia americana, comenzaron a sufrir frecuentemente las repercusiones. La incorporación al gobierno de París de todo el territorio al O de los Apalaches mermó las posibilidades de expansión de los colonos ingleses. Por ello, cuando grupos de Virginia y Pensilvania avanzaron hacia el valle del Ohio, se inició la hostilidad entre ambos grupos. Esta situación hizo crisis al estallar la guerra de Sucesión de Austria (v.), que en América favoreció a Francia, demostrando la ventaja de un gobierno colonial centralizado, según el modelo de la metrópoli. La paz de Aquisgrán (v.; 1748) puso fin a la guerra en Europa, pero en América, tras el congreso de Albany, en el que tomaron parte siete de las colonias inglesas con el fin de fortalecer su posición y buscar la alianza de los indios iroqueses, continuaron las hostilidades. Los británicos intentaron sin éxito tomar Fort Dunesque (actual Pittsburgh) e invadieron Acadia (1755).Estos hechos, unidos a la problemática política europea (inversión de alianzas) y a la cuestión colonial en la India, provocaron una conflagración definitiva, guerra de los Siete Años (v.), en la que Inglaterra dirigió todos sus esfuerzos al aniquilamiento del Imperio colonial francés. Once colonias inglesas entraron en la guerra (Delaware y Georgia no quisieron participar), y aunque en los primeros momentos no contuvieron el impulso francés (toma de los fuertes Edward y ïlliams), adquirieron la iniciativa con la llegada de tropas regulares, delencadenando una ofensiva hacia Canadá que les daría Fort Dunesque y Louisburg (1758), el estuario del San Lorenzo, Quebec y Montreal (1759). Estos hechos, que suponían la ruptura del equilibrio colonial, obligaron a España a intervenir en el conflicto, mas la acción hispana a favor de Francia tuvo como resultado acrecentar las posesiones británicas, a las que se incorporaba Florida (1762). Por la paz de París (1763) Francia era expulsada de América del Norte, puesto que incluso el trozo de Luisiana situado al O del Misisipí tuvo que cederlo a España en compensación por la pérdida de Florida. Desde este instante, la situación colonial quedaba reducida a la dualidad hispano-inglesa. Las posesiones británicas se extendieron entonces ininterrumpidamente desde la bahía de Hudson hasta el golfo de México, a lo largo de la costa atlántica, y por el O la frontera se estableció en el Misisipí, que a su vez marcaba el límite oriental de las colonias españolas.Los dominicos españoles conocieron en los años que corresponden al reinado de Carlos III el periodo de su mayor esplendor. A él contribuyó la creación de la Comandancia General de Provincias Internas (1769), que comprendía California, Arizona, Nuevo México y Texas, y cuyo objetivo no sólo fue constituir un núcleo defensivo frente a los ingleses, sino también impedir la penetración rusa, que desde sus puertos comerciales del norte de América amenazaba esta zona. Estas circunstancias determinaron la colonización de la Alta California, empresa en la que destacaron los religiosos franciscanos, y una serie de expediciones por el Pacífico que culminaron al alcanzar Juan Pérez la bahía de Nutka (1774), con lo que se cortaban las aspiraciones rusas de bordear la costa americana hacia el S.4. El proceso emancipador de las colonias inglesas. Ante el peligro común, la metrópoli y las colonias británicas constituyeron un sólido bloque; sin embargo, 13 años después se consumó la ruptura. Este proceso independentista era la culminación del desarrollo políticoeconómico de las 13 colonias que chocaba decididamente con el intervencionismo de la metrópoli, evidenciado a través de una escalada de medidas que acentuaban el dominio de Inglaterra en aquellas tierras. En primer lugar, la crisis del parlamentarismo que supuso la subida al poder de Jorge 111 (1760-1820), quien apoyado en el partido tory realizó. un gobierno personal, que repercutió en las colonias con una política de exigencias que se inició con medidas tales como la prohibición de extenderse hacia el O, unas tierras por las que los colonos habían luchado. En segundo lugar, el intento de aplicar estrictamente el pacto colonial para salvar el déficit financiero de la guerra de los Siete Años, reflejado en la Revenue Act (1764), por la que se ampliaba la lista de artículos que, procedentes de las colonias o destinados a ellas, deberían pasar forzosamente por los mercados de la metrópoli y ser transportados en barcos ingleses, afectaba vitalmente a los intereses de los colonos, porque incluía artículos tales como el algodón, tabaco, azúcar y manufacturas, sobre los que se basaba su economía. En tercer lugar, con objeto de hacer contribuir a los americanos en la reconstrucción de la flota, el gobierno del ministro Granville hizo votar por el parlamento la Stamp Act (1765), que imponía una tasa a todos los documentos jurídicos y que despertó una oleada de indignación en América; los colonos reunidos en Massachusetts acordaron oponerse, alegando que, como ciudadanos británicos, no estaban obligados a satisfacer ningún nuevo impuesto sin el consentimiento de sus representantes en el parlamento, de los que carecían. Por primera vez hubo violencias, especialmente en Boston, en las que tomó parte muy activa Samuel Adams, jefe de la organización Hijos de la libertad.En vista de la reacción colonial, el impuesto fue revocado (1766). Con el mismo fin que la Stamp Act, el ministro whig Townshend, que había sustituido al tory Granville, obtuvo del parlamento la imposición de varios derechos sobre el papel, el vidrio, el plomo y el té importados de América (Townshend Act, 1767). Las tarifas eran poco elevadas, pero a través de ellas se reivindicaba de nuevo el principio del derecho de la metrópoli a imponer tributos a sus colonias para contribuir a los gastos ocasionados en su propia defensa. Esta vez la reacción americana fue más violenta. La campaña de protesta, fomentada por los ricos plantadores del Sur y por los medios burgueses del Norte consiguió la anulación, en 1770, de las tasas de 1767, excepto el impuesto de tres pennies sobre el té. Sin embargo, esta vez las concesiones no fueron suficientes. Las luchas anteriores con Francia, las distensiones con la metrópoli, el alto nivel económico alcanzado y la aparición de una minoría intelectual rectora (Franklin, Adams, Jefferson, Washington), inspirados en las doctrinas de Locke, los enciclopedistas y Paine, habían contribuido a la formación de un espíritu americano, que se estaba transformando en nacionalismo. Y en un clima de abierta rebelión tuvo lugar el incidente denominado Boston Tea party (2 oct. 1773); varios vecinos de Boston disfrazados de indios, asaltaron por sorpresa tres navíos británicos anclados en el puerto y arrojaron al agua su cargamento de té. A pesar de su carácter anecdótico, este acto precipitó la ruptura definitiva, y el gobierno de lord North, con el apoyo de Jorge III, declaró rebeldes a los americanos y dispuso como represalia el cierre del puerto de Boston (1 jun. 1774) y la ocupación de la ciudad con destacamentos militares.Las restantes colonias se solidarizaron con la rebeldía de Boston, motivando la reunión de un Congreso Continental en Filadelfia (5 sept. 1774), en el que participaron 12 colonias, por la abstención de Georgia. En esta asamblea dominaron las tendencias radicales y se votó la Declaration of Rights and Grievances (Declaración de derechos y agravios), en la que se afirmaban, de modo categórico, los principios políticos en que se fundamentaba la oposición de las colonias. Un segundo congreso continental, también en Filadelfia (4 jul. 1776, fecha conmemorada como fiesta nacional en EE. UU.) acordó proclamar la Declaración de Independencia. Este documento, elaborado por Thomas Jefferson (v.), recogía todos los principios formulados en la Declaración de derechos: que los hombres han recibido del Creador unos derechos inalienables que los sitúan en un plano de igualdad; la finalidad de los Gobiernos es garantizar estos derechos; cuando el Gobierno no los garantiza, está justificada la rebelión; las colonias americanas constituyen un Estado libre e independiente, con un ejército propio, del que fue nombrado general en jefe un miembro del Congreso, George Washington (v.).5. La lucha por la independencia. Las operaciones militares se iniciaron con los triunfos americanos en Lexington y Brunker (1775), que permitieron reconquistar Boston y Nueva York. Sin embargo, el ejército inglés del general Howe se adueñó de Filadelfia, refugiándose el Congreso en Baltimore. Poco después (14 oct. 1777), los americanos, al mando del general Gates, obligaron a capitular en Saratoga a las fuerzas del inglés Burgoyne. Saratoga tuvo trascendentales repercusiones, puesto que desde el del levantamiento los americanos comprendieron que no triunfarían sin el apoyo militar y financiero de las potencias europeas enemigas de Inglaterra, en especial Francia, la vencida de 1763. Benjamín Franklin (v.) fue a París como enviado especial. El ministro Vergennes se mostró dispuesto a apoyar la revolución americana, favoreciendo el contrabando de armas, organizado por el poeta Beaumarchais (v.), y el envío de voluntarios, entre ellos un grupo de oficiales al mando de M. J. La Fayette (v.). Otras negociaciones captaron para la política americana al conde de Aranda (v.), puesto que España mantenía tirantes relaciones con Inglaterra por la cuestión de las Malvinas (v.).En estas circunstancias llegó a Europa la noticia de Saratoga, acelerando la firma de un tratado entre Francia y las colonias independizadas (febrero 1778), al que se unieron España y Holanda, desencadenándose una guerra internacional, en la que los ingleses, pese a ocupar las Carolinas y Charleston, fueron vencidos definitivamente en Yorktown (19 oct. 1781), donde capituló el ejército británico del general Cornwallis. Este fracaso quebró la voluntad de resistencia de Inglaterra, y en la paz que se firmó en París y Versalles (1783), Jorge 111 reconoció la independencia de las colonias y con ella el triunfo de la ideología revolucionaria y la voluntad nacional frente a la legitimidad. Como consecuencia de esto, Florida fue devuelta a España, que a su vez entregó Luisiana a Francia.La Ley de Confederación promulgada por el congreso en 1778 fue la primera tentativa para construir un bloque político homogéneo, pero no dio resultado, pues las 13 colonias se habían dado, como Estados independientes, Constituciones propias. Los intentos que se sucedieron para dar una forma política a los jóvenes territorios independientes se vieron obstaculizados por los antagónicos pareceres de los dos partidos constituidos: los republicanodemocráticos, partidarios de conservar la independencia política y administrativa de cada Estado; y los federalistas, que propugnaban un Gobierno centralizado. El acuerdo entre ambos grupos tomó forma en una reunión (Filadelfia 1787) a la que asistieron 55 delegados de todos los Estados, menos Rhode Island. En ella se promulgó la Constitución estadounidense, que entró en vigor el 4 mayo 1789. La carta constitucional, recogiendo los ideales de los enciclopedistas y liberales europeos, basaba sus principios en la autonomía de los Estados, en la unidad esencial de la Federación y en la completa separación de los poderes legislativo, judicial y ejecutivo (v. ic). El primer presidente fue George Washington, al que se reconoció como neutral respecto a los partidos señalados, y su Gobierno lo compusieron el general Knox como secretario de Guerra; Randolph, secretario de Justicia; Jefferson (notorio republicano-demócrata), secretario de Estado; y el federalista Hamilton, secretario del Tesoro.6. De la independencia a la democracia. En las actividades de la nueva República, desde su independencia hasta la guerra civil (1861), se pueden distinguir dos periodos. El primero, que abarca las presidencias de Washington, Adams, Jefferson y Madison, supone no sólo la reconstrucción nacional y un claro progreso interno, que permite el engrandecimiento del territorio, sino también una política internacional en la que se mantiene el neutralismo en los conflictos europeos a la vez que relaciones bélicas y de paz con Inglaterra. El segundo, desde Madison a Lincoln, está presidido por el aislacionismo, en cuanto al exterior, y por la formación de dos posiciones, basadas en diferencias socio-económicas o políticas, entre el norte y el sur, que se radicalizan a medida que la Unión incorpora nuevos Estados.G. Washington, frente a las dificultades de la posguerra y las opiniones de los partidos, se inclinó hacia la línea federalista, procuró consolidar la unidad en el interior y acometió la reconstrucción nacional con decisión. Para ello se creó el distrito de Columbia (1791) en Maryland, destinado a albergar la capital federal: Washington; un Banco federal, una moneda (el dólar); y se impusieron tarifas aduaneras con las que se impulsó la industria y el comercio interno, favorecido por el aumento de población y el reconocimiento de nuevos Estados: Vermont, Kentucky y Tennessee. En el exterior abrieron las relaciones con Inglaterra y se mantuvo la neutralidad en el conflicto que estalló en Europa tras la muerte de Luis XVI, pese a la oposición republicana encabezada por Jefferson. En 1792, la reelección de Washington supuso una continuidad política, que cobró forma al concluirse el tratado de Jay, de amistad y comercio con Londres (1795), con el consiguiente incremento del comercio de EE. UU., que alcanzó el Mediterráneo y el Báltico, y la ruptura con el Directorio francés.La oposición republicana a G. Washington no impidió que accediese a la presidencia federalista John Adams (1796), quien obligado por un estado de guerra no declarada con Francia, amplió el Gobierno creando un nuevo secretariado, el de Marina, confiado a G. Washington. En política interior, ante la creciente oleada de inmigración, apoyó ante el congreso dos leyes: la Alient Act y la Sedition Act. La primera tendía a limitar la inmigración, decretando que cada Estado podía admitir o expulsar a los inmigrantes con independencia de los demás; la segunda fijaba las penas con que se castigaría cualquier atentado al Congreso o al presidente.Las elecciones de 1801 dieron la victoria al demócratarepublicano Thomas Jefferson (v.), cuya política, durante sus dos mandatos, evolucionó, sin embargo, hacia el federalismo. Además, la neutralidad mantenida en las guerras napoleónicas supuso una fuente de prosperidad económica hasta el punto que, en 1801, pudo comprarse a Francia la Luisiana por 15 millones de dólares (en conjunto Luisiana se extendía desde el Misisipí a las Montañas Rocosas y desde el golfo de México a Canadá). Así, y tras el viaje de exploración de Lewis y Clark (1804-06), este pueblo tuvo por primera vez una exacta impresión de las gigantescas dimensiones de su patria, a la que en 1804 se sumó un Estado más: Ohio. Pero en 1806 el bloqueo continental impulsó a Inglaterra a secuestrar buques de EE. UU. asestando un golpe mortal al comercio estadounidense de ultramar. Para resolver la situación, Jefferson prohibió todo comercio exterior (Embargo Act, 1807).El presidente James Madison (1809-17) liberalizó las exportaciones excepto para Inglaterra, derogando (1811) la Embargo Act, y si bien supo frenar el belicismo de los War Hawks (ala radical del partido republicano-democrático), que aspiraban a conquistar Canadá, fue arrastrado (1812) a un conflicto con Gran Bretaña (ante la oposición de los Estados del Norte, que amenazaron con proclamar una República independiente) a causa del apoyo prestado por Inglaterra a la revuelta del jefe indio Tucusman, en Indiana. Los ingleses incendiaron Washington (agosto 1814), y la única victoria estadounidense la consiguió el general Andrew Jackson, en Nueva Orleáns, después de haberse firmado la paz en Ginebra (24 dic. 1814) sobre el statu quo ante.La paz fomentó el desarrollo del comercio, la industria y la inmigración, en tan alto grado que el Gobierno de la Unión pagó todos los gastos de la guerra con sus derechos de aduanas. También, se incorporaron a la Unión nuevos Estados: Luisiana (1812), Indiana (1816), Misisipí (1817), Illinois (1818), Alabama (1819) y Florida (1820), por la que se pagó a España 5 millones de dólares. El florecimiento económico de la época procuró a la presidencia de lames Monroe (v.; 1817-25) el calificativo de Era of good feelings (era de los buenos sentimientos). Los acontecimientos suscitados en América Central y del Sur, en los que se perfilaron evidentes intereses intervencionistas europeos, obligó a Monroe a modificar la política exterior de EE. UU., iniciándose así un periodo de aislamiento continental (doctrina Monroe, 1823). No obstante este aislacionismo (v.), continuó el progreso económico y la afluencia de inmigrantes, hechos que democratizaron la política interior. Ello puede apreciarse en el proceso de adopción del sufragio universal, que se estableció, por primera vez, en los Estados situados al O de los Alleghanys y luego se introdujo en los viejos Estados del Atlántico (Connecticut, 1816; Masachusetts, 1820; Nueva York, 1826), de forma que, a mediados de siglo, el Norte y los nuevos Estados del Oeste eran fundamentalmente democráticos, mientras que en el Sur la aristocracia terrateniente mantenía sus tradicionales prerrogativas. Esta diferencia se perfiló en los partidos políticos, cuyo problema esencial era valorar el poder del Gobierno federal y el de los Estados. El partido federalista dejó de existir, y el demócrata, que abogaba por la soberanía de los Estados, cobró nueva fuerza. A su vez, el antagonismo se hizo patente también en la estructuración económico-social, radicalizando las diferencias entre Norte y Sur.Tras la presidencia de Quincy Adams (1825-29), el gobierno de Andrew Jackson (1829-37) supuso la victoria del partido demócrata. Jackson se consagró a los ideales de su partido contra los intereses del Norte y rebajó las tarifas aduaneras, medidas favorables al Sur agrícola y librecambista, y perjudicial al Norte, industrial y proteccionista. Además, al iniciar su segundo periodo presidencial, el apoyo que concedió a los bancos de los Estados (Pet banks) motivó una depresión económica que afectó al Norte en mayor proporción que al_ Sur, convencido ya de su propia potencia. Su sucesor, el presidente Martin van Buren (1837-41), logró paliar los efectos de la crisis s y, con ello, el desprestigio del partido.Contra la política demócrata surgió el partido whig, heredero de la ideología federalista. Su éxito inicial, situando en la presidencia a Henry Harrison (1841) y a John Tyler (1841-44), fue efímero, y en 1844 salió electo el demócrata James Polk (1844-48). Durante su mandato, EE. UU. amplió su territorio con la incorporación de Oregón (1846) y Texas que, poblada por estadounidenses protestantes, se mantenía independiente de México desde 1836. La anexión de Texas a la Unión (1845) provocó la guerra con México. Vencido este país (paz de GuadalupeHidalgo, 1848) hubo de entregar a EE. UU. los territorios que hoy forman California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y parte de Colorado y Wyoming.7. La guerra de Secesión (v.). El problema políticoeconómico cristalizó en frecuentes fricciones respecto a uno de los factores más polémicos de la estructura social sureña: los esclavos negros. La primera crisis tuvo lugar en tiempos de Monroe, ante la eventualidad de introducir la esclavitud en los territorios de Luisiana. Frente a la oposición del Norte, en interés de la unidad nacional, el Gobierno consiguió que se aceptase una fórmula (compromiso Misuri, 1820), en virtud de la cual se autorizaba la esclavitud en los Estados situados al S del paralelo 36,3°. Pero la colonización del Oeste y la anexión de los territorios mexicanos rompió el equilibrio. La administración demócrata, con su clara tendencia a favorecer al Sur, había acentuado el conflicto y los whigs (Taylor, 1849, y Fillmore) no pudieron contenerlo. En 1850 se admitió en la Unión como antiesclavista a California, situada al S del paralelo 36°. Esta violación del compromiso Misuri decidió al Congreso, presionado por el Sur, a votar la anexión de Utah y Nuevo México, esclavista, y en 1854, bajo la presidencia del demócrata Franklin Pierce (1853-57), con motivo de la anexión de dos nuevos Estados (Kansas-Nebraska Act), se declaró que cualquier miembro de la Unión sería libre de admitir o no la esclavitud.En un último esfuerzo por suavizar la progresiva tensión, los whigs y algunos demócratas disidentes se unieron bajo la dirección de Summer y Steven en un nuevo partido, el republicano (1854), que tras la presidencia del demócrata Buchanan (1857-60), situó a Abraham Lincoln (v.) en la Casa Blanca. El triunfo de Lincoln supuso un fracaso demócrata y la victoria del criterio de los antiguos federalistas, cuya ideología nutría al partido republicano. Se producía así la inversión de la situación política a favor del Norte abolicionista. El endurecimiento de las relaciones Norte-Sur no se hizo esperar. El Estado de Carolina del Sur declaró en el Congreso (20 dic. 1860) que en vista de la hostilidad de la Cámara y del presidente no tenía más remedio que separarse de la Unión. La amenaza secesionista, expresada tantas veces por algunos Estados, se hizo por primera vez realidad.Al comienzo del nuevo año (1861), otros Estados siguieron el ejemplo de Carolina del Sur: Misisipí, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas, en principio, y Virginia y Carolina del Norte, Arkansas y Tennessee, después, formando una confederación independiente con capitalidad en Richmond. El problema de la esclavitud había planteado una crisis constitucional que, acentuada por el antagonismo político y económico entre el Norte y el Sur, ponía en juego la integridad de la Unión. Para evitar el desgarramiento definitivo, Lincoln estaba dispuesto a la guerra.Las hostilidades las iniciaron los sudistas (Fort Sumter, en Charleston) que contaban, a pesar de su inferioridad numérica, con cuadros militares más selectos y con el apoyo de Inglaterra y Francia, interesadas en romper el proteccionismo económico de la Unión. Las primeras etapas de lucha les fueron favorables, llegando a invadir el Norte después de la batalla de Bull Run (21 jul. 1861). Sin embargo, los propósitos del Sur de dirimir la contienda en breve plazo no se vieron cumplidos. Pronto las fuerzas se equilibraron y los Estados del Norte, reorganizando su poderosa industria y sus abundantes recursos, paralizaron la ofensiva sudista en Antietam (17 sept. 1862). La toma de San Luis y Nueva Orleáns por los unionistas incomunicó los Estados confederados del Oeste de los del Este, y en el curso de la campaña de 1863 fueron reducidos a la defensiva tras la batalla de Gettysburg (3 jul. 1863). La victoria decisiva del general Grant sobre el sudista Lee en Appomattox (9 abr. 1865) puso fin a la guerra con el triunfo de las armas de la Unión. Tres días después de la capitulación de Lee, el presidente Lincoln fue asesinado por un tal John Wilkes Booth, que quería así vengar la derrota del Sur.8. La reconstrucción y el desarrollo. Con la victoria republicana en la guerra civil, EE. UU. inauguró una larga etapa que culminó con un extraordinario esplendor económico, motivo que les indujo al control político del resto del continente americano. A la muerte de Lincoln, el vicepresidente Andrew Johnson (1865-69), que ascendía al poder en críticas circunstancias, presionado por el Congreso no logró evitar el revanchismo que sumergía al Sur en una situación humillante. Los Estados vencidos, en los que se abolió la esclavitud, no lograron su equilibrio sino con propios esfuerzos y enfrentados a toda iniciativa republicana. Sin embargo, la capacidad de recuperación de EE. UU. se puso de manifiesto una vez más al estar en condiciones de mantener, en pocos años, un vertiginoso desarrollo económico y una política expansiva. Así, inmediatamente después de la guerra civil, y actualizando la doctrina Monroe, los ejércitos de la Unión obligaron a Napoleón 111 (v.) a retirar sus tropas de México (1865), donde arraigaron intereses capitalistas yanquis. El engrandecimiento territorial culminaba al anexionarse Alaska, territorio que fue comprado a Rusia por 7 millones de dólares (1867).La plutocracia republicana del Norte halló su presidente en Ulises S. Grant (1868-76), el héroe de Appomattox. Esta burguesía, alejada ya de los ideales de Lincoln y lanzada decididamente al capitalismo, consiguió situar a EE. UU. al nivel de potencia económica mundial. Su industria conoció un desarrollo impresionante, al que contribuyó, de manera decisiva, el establecimiento de grandes vías férreas y transcontinentales (1869), que ahogaron definitivamente a los indios, v en lugar de las reservas indígenas aparecieron nuevos Estados (Nevada, Colorado, Dakota, Montana, Washington, Idaho y Wyoming). Esta pujante prosperidad se vio afectada por una crisis en 1873, que no impidió la celebración en Filadelfia de la Exposición Universal (1876). Sin embargo, la depresión económica mermó el prestigio del partido republicano, mientras que el demócrata se reconstituía en el Sur, abandonado ya el antiguo aristocratismo y propugnando la libertad de comercio. Su natural oposición a la plutocracia yanqui le dio por aliados no sólo a los pobladores del Oeste sino a los obreros del Norte, los cuales, después de la guerra civil, habían fundado poderosas asociaciones sindicales como la Knights of labor (1869).Las magistraturas de los republicanos R. B. Hayes (1877-81), James A. Garfield (1881) y Chester Arthur (1881-85) no trajeron nada nuevo al país, sino la continuidad política y socioeconómica del republicanismo anterior. La única novedad fue la política de reformas burocráticas de Hayes que trataron de poner fin al Spoil System (acumulación de cargos y sueldos) que provenía de los tiempos de lackson, y sanear la administración. Su Civil Service Reform Plan, que hubiera creado un cuerpo independiente de empleados profesionales, no se llevó a la práctica hasta que Chester Arthur firmó la Pendleton Act (1883). La aprobación de esta ley dividió al partido republicano y vigorizó al demócrata, que situó en la Casa Blanca, por dos veces, a su candidato Grover Cleveland (1885-89 y 1893-97), con lo que la plutocracia yanqui quedó eliminada del poder. Por otra parte, la actividad industrial dejó de ser un monopolio del Norte; las industrias se difundieron por todo el país, y el descubrimiento de las posibilidades del petróleo enriquecieron numerosas regiones y crearon una atmósfera de actividad, gracias a la cual se desarrollaron los negocios del gran capitalismo y las grandes agrupaciones obreras (American Federation of Labor, 1890).Con Benjamin Harrison (1889-93), el partido republicano recuperó la iniciativa, aumentó los impuestos y construyó una flota de guerra, de forma que la potencia naval de EE. UU, que del duodécimo alcanzó el quinto puesto entre las armadas contemporáneas, fue a partir de entonces el mejor instrumento de su política mundial. Pero Harrison no pudo impedir una nueva crisis económica, y los electores dieron otra vez la victoria al demócrata Cleveland. La superproducción y la creciente disminución de ventas acarrearon un desequilibrio financiero, reflejado en el cierre de fábricas, el desempleo y huelgas, hasta el extremo que el presidente se vio en la necesidad de revocar la Silver Purchase Act, de 1890, con la cual la moneda se había estabilizado sobre la base del patrón oro. La defensa de este patrón dio como resultado el ascenso del republicano William Mackinley (1897-1901), quien para solucionar la crisis dejó a un lado la doctrina Monroe e inauguró una etapa de carácter expansivo y de ilimitada prosperidad.9. Del aislacionismo a primera potencia mundial. La apertura al exterior de EE. UU. tuvo tres causas principales. En primer lugar, si toda su potencialidad económica se había dirigido hasta entonces a garantizar el consumo en su propio territorio, al alcanzar la saturación se hizo inminente una política expansionista; en segundo lugar, la propia dinámica del capitalismo que impulsaba la búsqueda de nuevos mercados e inversiones; en tercer lugar, la fiebre colonial practicada por las potencias europeas actuó como un modelo a seguir. La ocasión para llevar a cabo estos proyectos vino favorecida al proseguir los estadounidenses los trabajos iniciados por los franceses en Panamá (1889) para abrir un canal interoceánico, convirtiéndose esta República en centro de la actividad político-económica de EE. UU. en el Caribe. Pero el objetivo principal al que aspiraba EE. UU era la isla de Cuba, uno de los restos del Imperio español. Cuando en Cuba (v. CUBA III) estalló una sublevación contra la metrópoli, EE. UU., campeón teórico del anticolonialismo, intervino en favor de los cubanos, postura poco diplomática que el Gobierno de Madrid rechazó como intromisión en asuntos internos, y ante la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana, la guerra se hizo inevitable (v. CUBA, GUERRA DE). La victoria estadounidense, tras las acciones de Cavite (Filipinas) y Santiago de Cuba, supusieron la anexión de Cuba y Puerto Rico, en el Caribe; Filipinas y Guam (paz de París, 1898), además de las islas Hawai y Samoa (1899) en el Pacífico. De esta forma, EE. UU. se vio incluido entre las potencias coloniales, lo que representaba una contradicción esencial con su doctrina política.El asesinato de Mackinley elevó a la presidencia a Theodore Roosevelt (v.), su vicepresidente, que en el interior luchó por poner fin a la hegemonía del gran capital sobre el Estado, mediante una decidida política antitrust. En cuanto a las relaciones internacionales, las metas inmediatas fueron el imperio del dólar y el equilibrio en Asia. A este respecto, Cuba fue declarada independiente (1901), después de que el Gobierno de La Habana reconociera el Platt Amendment, que reservaba a EE. UU. el derecho de mantener sobre la isla vastos territorios en calidad de protectorados. También Panamá (v. PANAMÁ III), ante la ayuda recibida por EE. UU. para consolidar su independencia de Colombia, le cedió amplias zonas del canal (1903). Posteriormente, el intervencionismo yanqui, mediante el colonialismo económico (Roosevelt Collary, 1904) se extendió a toda Iberoamérica e incluso se inició respecto a Europa, al conceder a Inglaterra un préstamo de 59 millones de dólares. En Asia, donde EE. UU. intervino en la guerra de los Boxers (v.), el imperialismo japonés, que amenazaba los intereses estadounidenses en aquel continente, obligó a Roosevelt a buscar un equilibrio entre Japón, China y Rusia y, conseguida la paz en la Guerra ruso-japonesa (v.), establecer relaciones con ambas potencias como nuevos mercados para la industria estadounidense.El prestigio de Roosevelt, proyectado sobre el partido republicano, elevó a la presidencia a Williams H. Taft (1909-13), que se forzó en mantener la ruta seguida por su antecesor. Pero carente de la firmeza que caracterizó a Roosevelt, sus vacilaciones provocaron una escisión en el partido, y como consecuencia el triunfo del demócrata e idealista Woodrow Wilson (v.; 1913-21). Con éste, EE. UU. inició una etapa librecambista que permitió a los importadores extranjeros afincarse en América. Además, mediante la Federal Reserve Act se subdividió al país en 12 distritos, en cada uno de los cuales el Federal Reserve Bank mantenía una filial con el fin de controlar los créditos privados. En el exterior, EE. UU. mantuvo las directrices de magistraturas anteriores, reconoció a la República china e intervino en la revolución mexicana (v. México III, 2) frente al presidente Huerta. Sin embargo, su política internacional tuvo pronto como escenario de excepción la propia Europa, donde en 1914 estalló la I Guerra mundial (v.). Al principio, EE. UU. se mantuvo neutral. Pero la solidaridad ideológica y los vínculos económicos con Inglaterra fueron presionando la actitud pacífica de Wilson, de forma que, en 1917, aprovechando un incidente marítimo, EE. UU. declaró la guerra a las potencias centrales. La intervención estadounidense fue decisiva y aceleró el triunfo aliado. El establecimiento de una paz duradera llevó a Wilson -que en un mensaje al congreso (8 en. 1918) expuso su programa de paz en 14 puntos- a Versalles como miembro destacado del Consejo de los Cuatro que redactó el armisticio. No obstante, el Congreso estadounidense con mayoría republicana, se negó a ratificar el tratado de Versalles y el ingreso de EE. UU. en la Soc. de Naciones, e impuso una paz por separado con los países vencidos. El éxito republicano, que se manifestó en tres presidencias consecutivas -Warren G. Harding (1921-22), Calvin Coolidge (1922-29) y Herbert Hoover (1929-33)- inició una nueva reacción aislacionista.EE. UU., considerado ya como potencia mundial, salió de la guerra con una economía robustecida y los préstamos interaliados (cerca de 11 mil millones de dólares le debía Europa) le convirtieron en el principal país acreedor del mundo, alcanzando el primer puesto de la producción mundial con una sin igual corriente de prosperidad interna (v. 1, 5). Sin embargo, el clima de superabundancia presentó síntomas de desequilibrio. Las especulaciones financieras, motivadas por un sentido general de confianza en los negocios, alcanzaron proporciones incalculables, y, cuando su fuerza productiva fue mayor que su capacidad de consumo, pocas entidades pudieron hacer frente a sus responsabilidades. La baja de los valores bursátiles (19 oct. 1929) en Nueva York produjo en pocos días una depresión económica con la quiebra de 6.000 bancos, la ruina de millones de estadounidenses, 10 millones de parados y una crisis internacional.Todo el periodo presidencial de Hoover se caracterizó por esta situación. El presidente comprendió que la Administración debía impulsar la función emprendedora de la iniciativa privada, pero sin sustituirla. Así, fundó el Reconstruction Finance Cooperation, instituto destinado a impedir, por medio de créditos, la quiebra de empresas, y fomentó los trabajos públicos. No obstante, las medidas adoptadas no lograron abreviar la crisis, ni devolver la confianza en el partido republicano que, desprestigiado, vio en la presidencia al demócrata Franklin D. Roosevelt (v.), que se enfrentó a la crisis con realismo y emprendió un programa de profundas reformas sociales y nuevos conceptos económicos (Neu7 Deal), destinado especialmente a aumentar la capacidad adquisitiva del estadounidense medio. Así se inauguró el más largo periodo presidencial de la historia de EE. UU., ya que por cuatro veces (1932-36 y 1940-44) Roosevelt obtuvo la confianza de su país.La política exterior de EE. UU., que se había mantenido dentro de los tradicionales cauces aislacionistas con el republicanismo, se abrió hacia Europa y Asia al comenzar la 11 Guerra mundial (v.). Al igual que én 1914, ahora las simpatías por las democracias occidentales, especialmente Inglaterra, se manifestó en la ayuda económica y militar a las naciones sometidas a la agresión nazi, que cobró forma legal al aprobar el congreso la Ley de Préstamos y Ayudas (11 mar. 1941) y al escoltar la flota estadounidense los convoyes de aprovisionamiento para Gran Bretaña. Las relaciones culminaron con la entrevista entre Roosevelt y Churchill (14 ag. 1941) y la firma de la Carta del Atlántico, en la que EE. UU. confirmaba oficialmente su hostilidad hacia Alemania. La crítica situación degeneró en la guerra contra las potencias del Eje, tras el ataque japonés a Pearl Harbour (8 dic. 1941).10. Guerra fría y coexistencia pacífica. Su intervención decisiva en la guerra, de la que salió como primera potencia nuclear acentuó la influencia estadounidense en Europa occidental. en franca hostilidad con la política expansiva de la URSS. El presidente Truman (v.; 1945-52), que subió al poder a la muerte de Roosevelt, tuvo que asumir graves responsabilidades y hacer frente a los problemas planteados en la posguerra, sobre todo los surgidos por la nueva configuración alemana, la reorganización de Europa y el Extremo Oriente. La ayuda económica al Viejo Continente la realizó mediante el plan Marshall (v.; 1947), que facilitó el desarrollo socioeconómico de Occidente, al mismo tiempo que supuso una vinculación de las economías occidentales al capital estadounidense.El antagonismo EE. UU.-URSS (guerra fría) alcanzó su punto culminante con el bloqueo soviético de Berlín (1948-49), al que hizo frente Truman estableciendo un puente aéreo. Dentro de esta línea, EE. UU. pretendió cercar política y militarmente a la URSS, estableciendo bases militares y alianzas defensivas, que si en Europa no fueron difíciles de llevar a cabo (OTAN, 1949), en Asia no se lograron (SEATON, 1954 y CENTO, 1956) si no ante el triunfo comunista en China y tras la guerra de Corea (v. COREA iv). El intento de hallar una paz en este conflicto dio la presidencia al republicano Eisenhower (v.). Bajo su mandato, EE. UU. mantuvo la superioridad económica y militar mundial, aun cuando su influencia sufrió algunos reveses (Cuba y Oriente Medio), especialmente en determinados países del llamado tercer mundo (v.). Por otra parte, la nueva política rusa de coexistencia (v.) pacífica permitió algunos contactos diplomáticos a alto nivel, gracias a los que se ha conseguido una distensión de relaciones Este-Oeste, sin soluciones concretas. Así las relaciones con la URSS entraron en un clima de cordialidad durante la magistratura del demócrata John F. Kennedy (v.), que si fracasó en el intento de invadir Cuba, alejó el peligro ruso del Caribe, al tener Jrushchov que retirar los proyectiles soviéticos de la mencionada isla (octubre 1962). Este clima de paz culminó al firmarse en Moscú (1963) entre ambas potencias, un tratado sobre prohibición de armas nucleares.Interiormente, desde el fin de la 11 Guerra mundial, EE. UU. ha incrementado su capacidad industrial y comercial, y el capital estadounidense ha controlado la economía mundial, hasta el extremo de que su superávit presupuestario le permitió lanzarse a la carrera espacial, en permanente emulación y con escasas diferencias con los éxitos soviéticos, sobrepasados al conseguir alcanzar un hombre la Luna; y también, mantener una considerable ayuda económica al exterior como la Alianza para el progreso (v.). No obstante, bajo el mandato de Johnson (v.; 1963-68) EE. UU. conoció loss de una crisis nacional, motivada por un retroceso de su influencia económica y política en el mundo, ante la aparición de nuevos competidores. Esta crisis ha tenido como reflejo inmediato una intensa protesta social que, unida al latente conflicto racial, provocó rebeliones en numerosas ciudades de la Unión (1967). También el intervencionismo de EE. UU. en el Sudeste asiático (guerra de Vietnam), en América (República Dominicana) y en Oriente Medio (Israel) ha dividido la conciencia del país y dañado su prestigio exterior. Esto y un progresivo déficit económico, dio la victoria en 1968 al republicano Richard Nixon que cambió las directrices estadounidenses de posguerra; además devaluó el dólar e inició una política proteccionista criticada por los países occidentales. Nixon fue reelegido en 1972, pero, descubierta su implicación en el caso Watergate, dimitió (9 jul. 1974) y le sustituyó Gerald Ford. En abril 1975, EE. UU. abandona Vietnam, que cae así bajo el poder comunista. Las elecciones de 1976 dan la victoria al demócrata Jimmy Carter.V. t.: 1, 3 y 5; II.A. BRAOJOS GARRIDO.
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