España. Geologia.
Categoria:
Geología
Unidades estructurales. Desde el punto de vista geológico, la península Ibérica constituye una unidad muy bien individualizada en el conjunto de Europa. En efecto, una importante línea de fracturas situada en la vertiente norte del Pirineo y en el golfo de Vizcaya, a lo largo de la cual se han desarrollado deslizamientos de bastante envergadura en varias épocas geológicas, separa la Península del resto de la placa euroasiática. Tanto por el Cantábrico, como por los demás bordes atlántico y mediterráneo, los límites de la Península siguen de cerca varias líneas de fractura importantes también.La individualidad de la Península no es incompatible con una notable variedad, tanto en terrenos representados, como en estructuras tectónicas y en los demás aspectos geológicos. Un primer vistazo al mapa geológico muestra cómo los terrenos y los tipos de estructura se distribuyen ordenadamente en grandes unidades:Meseta (v.). Mucho más extensa en sentido geológico que en el geográfico. En su parte occidental y en diversas zonas del resto (Sierra de Guadarrama, Montes de Toledo, Sierra Morena, etc.) afloran predominantemente los terrenos paleozoicos, más antiguos e intensamente plegados, mientras que en la oriental (sobre todo en la cuenca del Duero y La Mancha), afloran los de edad mesozoica y, sobre todo, terciaria, poco o nada plegados.Cordillera Ibérica (v. IBÉRICO, SISTEMA), y Cantábrica (v.) en parte, en las cuales afloran principalmente terrenos secundarios no muy intensamente plegados.Depresión del Ebro (v.). Vasto afloramiento de terrenos terciarios de estructura tabular, salvo allí donde están afectados por el diapirismo (v.).Pirineos (v.). Comprenden la zona axial formada por terrenos paleozoicos y más antiguos, plegados intensamente, y dos zonas marginales de terrenos secundarios y terciarios plegados también, que terminan por unirse en Navarra.Cordilleras Costeras Catalanas (v.). Con afloramientos de terrenos de edades variadas, afectados desigualmente por estructuras de plegamiento y de fractura.Cordillera Bética (v.). Con características bastante diferentes respecto al resto de la Península, y que constituye un segmento de las cordilleras alpinas.Depresión del Guadalquivir (v.). En ella afloran extensamente terrenos de edad terciaria reciente; está íntimamente relacionada con las Cordilleras Béticas.Evolución geológica. Estas unidades pueden agruparse en conjuntos de desigual extensión, cuyas características diferenciales responden esencialmente a las diferentes historias geológicas que se han desarrollado de unos a otros, principalmente después de la Era Primaria.La España herciniana. La Meseta, la Cordillera Ibérica, la Depresión del Ebro, las Cordilleras Costeras de Cataluña y parte de la Cantábrica, pertenecen esencialmente a la Europa herciniana. Corresponden a fragmentos de la gran Cordillera Herciniana europea (v. EUROPA ii) cuya disposición recíproca puede ser diferente de la original por la influencia (verosímil, pero difícil de calibrar ahora) de traslaciones relativas ocurridas al final de la Era Primaria. En conjunto, estas unidades tienen desde entonces fundamentalmente las características de un área cratónica (v. CRATONES). Como en otros fragmentos de la misma Cordillera Herciniana, se pueden distinguir algunos elementos que pertenecieron a otras cordilleras aún más antiguas, pero que fueron incorporados y reactivados por la orogénesis Herciniana, como son algunós bandas de terrenos cristalinos de Galicia y de diversas partes de la Meseta. Pero la orogenia herciniana salvo, posiblemente, en parte del ámbito hético, comportó deformaciones, procesos de metamorfismo y actividad magmática de singular intensidad, y con ellas quedaron notablemente enmascaradas, o borradas del todo, las estructuras de esas orogenias más antiguas, de las cuales quedan, sin embargo, trazas en parte de los terrenos precámbricos. Puede seguirse mejor la influencia de otros movimientos también prehercinianos, pero más modernos, como los plegamientos Sardos, que afectaron, aunque no con intensidad, a una parte considerable del ámbito de la Meseta.Sin perjuicio de mantener esta característica cratónica esencial, la evolución posherciniana ha sido un tanto diferente según las diversas áreas. Así, gran parte de la Meseta permaneció emergida, de modo similar a un pequeño escudo, durante todo o casi todo el lapso de tiempo transcurrido entre el pérmico y el mioceno. En cambio, hacia la periferia de la Meseta, en las áreas correspondientes a la Cordillera Ibérica, Depresión del Ebro y la mayor parte de las Cordilleras Costeras de Cataluña, se desarrollaba una cierta tendencia al hundimiento. En estas áreas se depositaron series sedimentarias típicas de plataforma, con facies terrestres y marinas de aguas someras. Estas series constituyen una cobertura discordante sobre el zócalo herciniano. En muchos sectores esta cobertera no se ha plegado, pero en otros -Cordillera Ibérica, parte de las Cordilleras Costeras de Cataluña, etc.fue afectada por plegamientos débiles o moderados en el eoceno y/o el oligoceno, a favor del juego de fallas del zócalo, y de propicias condiciones mecánicas en la propia cobertera; se trata de Cordilleras de plataforma, que no han llegado a alcanzar ni de lejos las características de cordilleras alpinas. En ciertas épocas de esta historia posherciniana se desarrollan también deformaciones mediante pliegues de gran radio, y fracturas que debieron estar en directa relación con los procesos de progresiva apertura del Atlántico y con movimientos diferenciales de deriva entre la Península y la placa europea. Parte de la línea de fractura del borde O de la Península, la actividad magmática cretácea en Portugal y el propio desarrollo de la sedimentación cretácea en el ámbito de la Cordillera Ibérica sugieren, aun de modo no totalmente descifrado, tales relaciones.Más tarde, en el neógeno, el ámbito de la E. herciniana queda afectado en amplias áreas por pliegues de gran radio, y por fracturas, sin duda en relación con el desarrollo de la tectónica de fractura que afecta también a otras extensas áreas de Europa. El conjunto de la Meseta queda basculado hacia el E y fragmentado por efecto de la individualización de bloques limitados por fallas, unos levantados (Gredos, Guadarrama, etc.) y otros hundidos (fosa del Tajo, el Bierzo, etc.). A favor de las desnivelaciones causadas por fallas y por pliegues de gran radio, se instalan cuencas de sedimentación en las partes deprimidas, entre las cuales son especialmente importantes las del Duero y del Tajo, y sólo hasta época tardía no han quedado abiertas al avenamiento exterior. También en la Cordillera Ibérica y las Cordilleras Costeras de Cataluña los pliegues de gran radio y fallas han tenido un notable desarrollo. Las depresiones de Calatayud-Teruel y las estructuras en bloques fracturados que afectan gran parte de Valencia y las Cordilleras Costeras de Cataluña corresponden a esta etapa neógena. La actividad volcánica neógena y cuaternaria de la región de Gerona es contemporánea de la de Ciudad Real, y ambas están en relación inmediata con la tectónica de fractura en cuestión.La España alpina. La mayor parte del área de la Península, según se indica, pertenece a la Europa herciniana. A la alpina corresponden las Cordilleras Béticas y, con ciertas reservas, los Pirineos.En el Pirineo, el grado de participación de los materiales hercinianos en las estructuras alpinas, el desarrollo, aunque localizado, del metamorfismo en relación con la orogenia alpina, así como otras características, impiden incluir esta cordillera en la Europa herciniana. Con diversos puntos comunes con esta última, la historia geológica posherciniana del Pirineo es diferente, aunque no tanto en lo que se refiere a la parte meridional. En ésta, la cobertera tiene aún características de plataforma salvo, hasta cierto punto, en algunos sectores y épocas (f lysch eoceno en Cataluña, y Navarra, etc.). Hay que advertir, finalmente, que en la parte norte del País Vasco se prolongan, de hecho, las estructuras de la vertiente septentrional del Pirineo; allí los terrenos muestran ya características de desarrollo geosinclinal propias ya de grandes cordilleras de plegamiento, aunque las estructuras no sean muy complejas.Las Cordilleras Béticas representan un segmento de las cordilleras alpinas, con todas las características propias de tales cordilleras. Aún, en las zonas externas, el desarrollo de la sedimentación mesozoica muestra ciertas transiciones hacia las características de plataforma, pero en parte en el tiempo y en el espacio, presenta ya las propias de geosinclinal. La estructura de los mantos de corrimiento está representada tanto como en los Alpes y en los Cárpatos, y el metamorfismo alpino, limitado en las zonas internas, tiene un grado de desarrollo intermedio entre el alcanzado en una y otra de estas cordilleras. Por su parte, la Depresión del Guadalquivir representa un área perteneciente originariamente a la periferia de la Meseta que queda, en cierto modo, incorporada al ámbito de las Cordilleras Béticas, de las cuales constituye la antefosa.Tanto el Pirineo como las Cordilleras Béticas estuvieron también, al igual que las áreas de la Península pertenecientes a la Europa herciniana, sometidas a los efectos de la tectónica de fractura neógena, que puede prolongarse aún más o menos hasta el Cuaternario. Son las áreas orientales de ambas cordilleras las más afectadas por los accidentes correspondientes (Cerdaña, Olot, Ampurdán, Campo de Cartagena, cabo de Gata; Depresiones de Granada, Guadix-Baza, Bajo Segura, etc.), y en algunos sectores (Garrotxa, Cartagena, etc.) se desarrolla también actividad volcánica.Resumen. Así, pues, las características geológicas que tiene actualmente la Península se explican esencialmente por la superposición de tres grupos de procesos que se desarrollan en tres épocas distintas. En el ciclo herciniano, que culmina en el periodo Carbonífero, el ámbito de la Península se comporta como una parte de la cuenca primero, y de la Cordillera herciniana europea, después. La individualización de dicho ámbito será más tardía. En una segunda época, cuyos límites pueden situarse aproximadamente entre el comienzo del periodo triásico y el del mioceno, se desarrolla una evolución diferenciada. En las áreas correspondientes a las Cordilleras Béticas y, hasta cierto punto, en el Pirineo, tal evolución conduce, finalmente, a la formación de sendas cordilleras alpinas. Mientras tanto, en las demás áreas del ámbito peninsular se mantiene un estado cratónico, aunque algunas partes de la cobertera posherciniana podrán ser débil o moderadamente plegadas en relación con fracturas del zócalo. En esta segunda época, el conjunto de dicho ámbito adquiere también una progresiva individualización gracias al desarrollo de las fracturas marginales aludidas al principio. Finalmente, en el neógeno, la tectónica de fractura que se desarrolla en gran parte de Europa y el Mediterráneo afecta también al ámbito de la Península y termina esa individualización. Además, origina importantes estructuras en bloques fallados en diversas áreas de la Península y contribuye poderosamente a darle sus límites y su relieve actuales.Fuera de la Península, las islas Baleares (Menorca, con reservas) representan culminaciones emergidas de la continuación oriental, sumergida en el Mediterráneo, de las Cordilleras Béticas. Las Canarias, en cambio, son islas típicamente volcánicas que corresponden a las partes altas de grandes aparatos volcánicos desarrollados sobre el fondo del Atlántico.V. t.: EUROPA Il.J. M. FONTBOTÉ.
BIBL.: INST. GEOLÓGICO Y MINERO DE ESPAÑA, Mapa Geológico de España escala 1:200.000. Síntesis de la Cartografía existente
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