España. Economia. ECON.
Categoria:
Economía
1. La Renta Nacional. Económicamente E. es un país que se encuentra al final de los desarrollados, o en cabeza de los atrasados. En 1970, su renta per cápita había superado ligeramente los 800 dólares, con un nivel próximo al de Argentina, Venezuela o Irlanda, y claramente superior al de Chile, Grecia, República Sudafricana o Portugal. Finlandia, Holanda o Alemania Occidental duplican la renta española, y mayor aún es la distancia con Bélgica, Francia, Gran Bretaña, países escandinavos, Australia, Nueva Zelanda, y, por supuesto, Estados Unidos y Canadá.La tasa media de crecimiento de la renta española por habitante para el periodo 1957-67 es de 6,8% anual acumulativo, tasa que en el mundo sólo sobrepasa Japón (8,6%) y a la que se acercan Yugoslavia (6,7%) y la Unión Soviética (5,9%). En el periodo 1940-67, el incremento en renta real per cápita es del 7,2%. En cambio, para el periodo de longitud análoga 1906-35, el incremento había sido del 0,9%. Un factor negativo es la distribución por hogar del Producto Nacional (v.) obtenido. El 6% de los hogares, correspondientes a los de más alta renta, percibe el 24% de la misma; en cambio, el 70% de los hogares, con ingresos anuales de 120.000 pesetas y menores, percibía el 62% de la Renta Nacional (v.) total. Incluso el 46% de los mismos tiene sólo un ingreso de menos de 60.000 pts. anuales.2. El desarrollo y sus consecuencias. El desequilibrio con respecto a otros países tiene su raíz en la base natural y la política económica aplicada a la misma; el avance tan rápido desde 1940 se debe a un cambio radical de la política económica, que, sin embargo, aún no logra resolver ni el problema de la distribución de lo producido, ni dos crisis importantes que pueden frenar violentamente el proceso de desarrollo: a) la derivada de que hoy se demandan en E. otros bienes y servicios diferentes a los de 1939, fruto del avance económico, acentuándose esta presión forzosamente en los próximos años, si continúa alto el ritmo de desarrollo; b) la producida por un desarrollo autofágico de la economía española. Si ésta precisa cada vez más importaciones netas para mantener el ritmo de crecimiento, forzosamente se originará una progresiva baja en el nivel de divisas extranjeras hasta llegar a una situación en la que, o se enajena el solar hispano al capital extranjero, o se frena el desarrollo, con sus consecuencias por lo que se refiere a la pérdida de las posiciones relativas conquistadas.Por esta causa conviene señalar, para conocer el comportamiento de la economía nacional española, en primer lugar, la base natural de la misma; en segundo término, la política económica que se aplicó, teniendo en cuenta además, previamente, que E. tiene una población creciente. En 1857, se censaron 15 millones de hab.; en 1900, se pasaba de los 18 millones. Los 20 millones se logran en 1910. En el censo de 1960, se registran más de 30 millones. Observando la estructura por edades, parece mostrarse que este ritmo de incremento va a mantenerse durante mucho tiempo.Esta marcha de la población comporta tres consecuencias: la primera, un aumento en el factor trabajo, que, por otra parte, se desplaza de las actividades primarias (de un 66% en 1900 se pasa a un 30% en 1968) hacia la industria (un 16% en 1900 que se convierte en un 37% en 1968), y hacia los servicios (del 18% en 1900 al 33% en 1968), y con población activa creciente: en 1900 suponía un 35% del total y a finales de los a. 60, un 38% (v. 11, 3).La segunda consecuencia es que sobre la población española se proyectan movimientos migratorios de enorme importancia: a) hacia el exterior, siendo ultramar su esencial punto de destino en el periodo 1900-35, y que absorbió más de 3 millones de españoles; en la actualidad, son los países europeos el destino fundamental de la misma, y se calcula que sólo en el periodo 1950-60 el saldo neto en esta dirección superó las 600.000 personas, cifra que ha de completarse con unos 300.000 emigrantes netos hacia ultramar; añádase que se estima residen en E. unos 100.000 extranjeros, la inmensa mayoría norteamericanos y portugueses, atraídos por los salarios españoles más altos; b) hacia las zonas urbano-industriales, y sobre todo hacia Madrid, Barcelona, Vascongadas, y en menor escala, hacia Zaragoza, Valladolid y Alicante. Como consecuencia de esto, ciertas regiones agrarias, como Castilla, se están despoblando a gran velocidad, y en las receptoras es necesario efectuar un gran esfuerzo en capitalización para que los movimientos de población no generen un alto coste social, con la creación de suburbios. Sin embargo, tales inversiones en viviendas, obras de urbanización, escuelas, centros sociales diversos, tienen una escasa rentabilidad a corto plazo, que únicamente podría mejorar una enérgica política sobre el suelo (que no ha existido), al disminuir el coste del capital-terreno. Por ello, la emigración se ha visto acompañada por el aumento del chabolismo, con todas sus derivaciones de tipo social.La tercera consecuencia del enérgico pulsar de la población española es la de hacer crecer el divisor del Producto Nacional. Como tal crecimiento no se ha visto frenado ni por la emigración al extranjero, ni por las pérdidas de la Guerra civil, del orden de medio millón de muertos, al que debe añadirse una fuerte emigración política, ni por las epidemias, para que el nivel de vida aumente es preciso que el incremento de la Renta Nacional sea mayor que el de la población. Durante el periodo 1935-50, la baja importante en la renta per cápita se debe, en buena medida, al incremento de la población en el mismo lapso de tiempo.3. Dificultades para el desarrollo. Volviendo, pues, la vista al problema de la base natural de la economía española, la polémica entre los partidarios de los Laudes Hispaniae, curiosamente vinculados tanto a la extrema derecha intelectual (Menéndez y Pelayo) como a la burguesía industrial (Fomento del Trabajo Nac. de Barcelona) y al socialismo español (Tuñón de Lara, Ramos Oliveira) y entre los miembros de la generación del 98 y sus precursores (Lucas Mallada, Huguet del Villar), se ha inclinado a favor de éstos. En resumen, señalaremos que el relieve dificulta los transportes, limita la amplitud del mercado y genera la aparición de rentas monopolísticas con desagradables consecuencias; la altitud media muy alta, 700 m. sobre el nivel del mar, dificulta los cultivos; en su mayor parte, el suelo español también es poco apto para ellos, sometido como está a una fuerte erosión; la situación geográfica del país desconecta la economía española de las rentas de situación del conjunto Europa occidental-zona atlántica de los Estados Unidos; el clima dificulta los cultivos, tanto por lo que se refiere a las precipitaciones, como al soleamiento o a las diferencias térmicas; las precipitaciones torrenciales obligan a una capitalización excesiva para lograr aprovechamientos hidroeléctricos o crear adecuadas zonas de regadío; este fenómeno de la irregularidad de las lluvias, junto con el atormentado relieve, impide emplear los ríos españoles, salvo limitadísimas longitudes, como vías de transporte; las costas ofrecen muy pocos puertos naturales, excepto en Galicia y Algeciras, pero en este último lugar la colonia militar británica de Gibraltar ha dificultado hasta fecha muy reciente que se pueda utilizar en toda su amplitud; el subsuelo español posee escaso petróleo para el ritmo del consumo interno; un carbón caro, salvo alguna variedad de no excesiva importancia, ha perdido los mejores minerales de hierro del Norte y de cobre de Huelva, existiendo ventaja importante únicamente en mercurio, potasas, piritas y, parece que en el Sahara, en fosfatos; finalmente, los grandes bancos pesqueros se encuentran muy alejados de las costas, y en la mayoría de los caladeros más visitados por las flotas españolas carece el país de las ventajas políticas que otros tienen.4. Breve historia de la política económica española. Sobre esta base natural, y para atender las necesidades de la población que en ella vive, ha existido una política económica que explica, finalmente, la economía española. Para comprenderla es preciso efectuar el análisis de un modo histórico. Mas, para ello, hay que establecer una fecha tope. A nuestro juicio, ésta es la de principios del s. xix. España, en la batalla de Trafalgar (v.), dejó de ser uila de las grandes potencias europeas. Esto se confirma al rendirse San Juan de Ulúa y perderse toda proyección sobre el continente americano. Con las tendencias liberales centradas en el llamado grupo de los doceañistas, nuevas ideas fructifican en la economía española. La burguesía, con las mismas, entra decididamente, a partir de la guerra de la Independencia (v.) en la historia contemporánea española.El movimiento intelectual de la Ilustración (v.) había ido creando una serie de posturas sobre cómo desarrollar la política económica del país. A partir, sobre todo, de las Cortes de Cádiz (v.), estos programas se convierten en disposiciones concretas. Así se ha estructurado la base material española desde principios del s. xix. Por un lado, se consideraba necesario destruir, en la mayor medida posible, las coerciones que contra la libertad de empresa habían cristalizado en un vasto régimen gremial e intervencionista, bien vivo en el s. XVIII. Los comerciantes industriales, los empresarios en general, van a disponer de un único freno en su lucha por la riqueza: la demanda de los consumidores. Pero no se considera suficientemente premiada la clase burguesa con esta enorme ventaja. E. era un país eminentemente agrícola, y su producción rural estaba controlada por unos pocos poderes, las llamadas manos muertas. La Iglesia, las comunidades de vecinos, gran cantidad de corporaciones públicas, eran los mayores terratenientes del país. Se decide, pensando con eso en el progreso de la agricultura, que es del mayor interés desposeerlos en favor de la clase burguesa. En el reinado de Isabel II dicha clase logra un fabuloso enriquecimiento con la expropiación de las manos muertas, operación denominada desamortización (v.).La obra se corona con una serie de leyes, las fundamentales: el Código Civil y el Código de comercio, de fuerte raíz liberal y con un sistema fiscal de tipo francés, debido al partido moderado bajo Isabel II (v.), que en buena parte aún pervive. Se consolida toda la estructura económica con el nuevo sistema monetario de 1868 y con el desarrollo de una red de ferrocarriles creada por capitales extranjeros, que a partir de 1848 se va extendiendo, hasta cubrir las líneas férreas, en no muchos años, sobre una longitud casi igual a la de hoy.Pero el desarrollo así logrado, por las tensiones originadas en el sistema no podía ser armónico, ni mucho menos. Una serie de políticos, sobre todo los progresistas (v.) y después los republicanos, creyeron que la senda liberal debía seguirse consecuentemente hasta el fin, y por ello chocaron con la burguesía. Creyeron que ésta se encontraría apta para luchar con la competencia exterior, que estaría dispuesta a arruinarse si a eso conducía la libre competencia. Estaban equivocados, como vamos a ver.Cataluña, sobre todo desde tiempos de Carlos III (v.), había ido desarrollándose como un pequeño emporio comercial e industrial, centrado particularmente en la producción textil. A principios del s. xix Gran Bretaña comenzó a expansionarse económicamente de manera prodigiosa. Una de las actividades en que los ingleses lograron un triunfo arrollador fue precisamente en la producción textil. En precios, calidades y cantidad tenían ventaja sobre todos los países. Según la filosofía liberal, E. debería abrir sus fronteras, permitiendo la libre entrada de paños ingleses, aunque, desde luego, ello acarrease la destrucción de la industria textil catalana. Con admirable consecuencia y mínima visión política se pretendió tal cosa con insistencia, culminando con el famoso Arancel Figuerola, de hondo matiz librecambista. La reacción catalana fue inmediata y durísima. La burguesía dejó bien claro establecido que quería la libertad económica sólo en una ocasión: cuando ésta promovía su enriquecimiento. El mundo catalán de los negocios inició así una lucha tenaz con el liberal poder central para transformar esta corriente librecambista en otra proteccionista, es decir, para que los aranceles de aduanas protegiesen a la industria nacional. Vizcaya, Guipúzcoa y Asturias secundaron pronto esta tesis catalana, que triunfó con la llegada al poder de la Restauración, traída a él, fundamentalmente, por un grupo burgués ansioso de paz para la próspera marcha de sus negocios. Con el Arancel de guerra de 1892 el triunfo se consolidó.Al propio tiempo se inicia el auge de una nueva fuerza económica: los trigueros castellanos, sostenidos por el partido liberal. La protección arancelaria los abarca también. Comienza así la etapa del llamado proteccionismo integral. E. busca la autarquía en todas las ramas de la producción. Al perderse Cuba, Puerto Rico y Filipinas, se decide proteger el azúcar nacional de remolacha. Conforme avanza la producción industrial se actúa para que se consuma, esencialmente, carbón asturiano. La maquinaria y las materias primas son españolas cada vez más. Pero todo ello dentro de un sordo panorama de luchas e intrigas que no ha sido aún estudiado a fondo. Porque el máximo negocio para los siderúrgicos sería el de producir acero caro y protegido, con carbón y maquinaria extranjeros, importados sin pagar derechos arancelarios; para los trigueros lo sería si los abonos y los tractores se comprasen en las favorables condiciones que se ofrecían en otros mercados; para los textiles, si lo propio pasase con el algodón, la lana y la maquinaria, y así sucesivamente.Por ello, cada grupo procura que las reformas protectoras le beneficien más a él y menos a los otros. Para lograrlo, actúan sobre el poder por todos los medios a su alcance, y el resultado no ha sido, como bien se ha dicho, un sistema orgánico y lógico, sino la confusa resultante de la influencia de los diversos grupos de intereses particulares en las esferas de la política. El sistema monetario y bancario que se va creando a lo largo de estos años, y en el que juega un papel esencial el engarce Hacienda pública-Banco de España-Banca privada, favorece también a los empresarios más fuertes, que pasan a actuar dentro de un núcleo especialmente cohesionado, y que eleva mucho el grado de monopolio del sistema. Por otro lado, esto significa que la falta de competencia del exterior se combina con la decisión de eliminar también la competencia del interior, y por ello esta política defensora de la burguesía desemboca después del primer cuarto del s. xx en el régimen del expediente y gremialismo que la propia burguesía había destrozado al surgir a la vida con plena fuerza, allá a principios del s. xix.De todos modos, aun con este procedimiento tan falto de ordenación, desde el s. xix el nivel de vida español, aunque lentamente, va aumentando. A primera vista parece que se origina como consecuencia total de la política económica aplicada. En realidad, se logra en parte, a pesar de ella. Por supuesto que la política monetaria inflacionista, al provocar un ahorro forzoso a costa de las clases media y obrera, preparaba una base para el desarrollo económico, aunque ello originaba una profunda irritación social. Por supuesto que la desamortización creó una base de riqueza, con importantes consecuencias en favor de los grandes terratenientes, a pesar de que esto generó el auge de la gran propiedad rural y el descontento campesino, cuyas raíces se encuentran en el s. xx en el denominado espartaquismo agrario andaluz. Por supuesto que el sistema de ferrocarriles, a pesar de su carácter radial y de la filosofía básica equivocada de verificar concesiones que revertían al Estado normalmente a los 99 años, facilitaba el progreso material del país, aunque sus tarifas procuraban esquilmar a ciertas ramas de la producción. Pero todo esto poco habría sido si E. no hubiese contado con una válvula de escape, la exportación, apoyada con otro mecanismo de seguridad: un bajo nivel relativo de salarios.5. La política económica desde 1939. Aunque con sistema autárquico, el país depende esencialmente del exterior. Éste es el resorte en que descansa todo el armazón material de E., y su mantenimiento pasa a ser esencial. La llegada de capitales extranjeros continúa en el s. xix, se paraliza en el s. xx hasta 1959, en que vuelve a activarse de nuevo, junto con otros dos elementos que mantienen una cierta capacidad de compra en el exterior: el turismo y las remesas de los emigrantes. En determinados momentos de principios del s. xx juega un papel importante la repatriación de capitales procedentes del exterior. Sin embargo, ello no limita, sino que simplemente complementa, el papel de las exportaciones, sostenidas gracias a oportunas caídas en el cambio de la peseta, que, sin embargo, no logran compensar el alza en los costes determinada por el autarquismo, lo que origina un proceso de sustitución de los productos de exportación. Pero esta sustitución cada vez es más difícil, con lo que surge el ya citado proceso autofágico de la economía española, que causará graves embotellamientos en el aparato económico hispano, a menos que se produzca una expansión en la producción y, por tanto, en la importación también, a base de fomentar la exportación agraria, de materias primas y de artículos manufacturados.Dos órdenes de medidas, finalmente, han alterado a partir de 1940 la economía española. Una se vincula con el crecimiento de la estatificación: el Inst. Nac. de Industria (INI), la Banca oficial, incluido el Banco de España, los ferrocarriles, los servicios de comunicaciones, los seguros sociales, son los aspectos esenciales de este proceso que convierte al Estado en el mayor empresario del país. Corolario final y obligado ha sido la planificación que se inaugura de modo confuso ya desde la economía de guerra 1936-39, de modo parcial y afectando a algunos sectores desde 1940, hasta llegar, en un intento de coordinar toda la política económica, a formular los Planes I, II y III de Desarrollo Económico y Social (v.).De modo contradictorio, han surgido una serie de medidas de política económica que, al mantener las viejas estructuras productivas, pero abriendo nuevas posibilidades para las mismas, han originado un enriquecimiento creciente de un grupo minoritario y han entrado en colisión con un desarrollo equilibrado. Un movimiento espasmódico de expansión inflacionista que crea una crisis en la balanza de pagos, seguida de un freno depresivo, que origina paro o emigración, se ha enquistado en la economía española por pretender remediar problemas estructurales con medios coyunturales. Sin embargo, el proceso de desarrollo es irreversible; el país demanda la persistencia de las altas tasas de crecimiento señaladas al principio. Aquí reside la seguridad de que el nudo gordiano de muchos de los graves problemas económicos enunciados acabará cortándose.V. t.: El artículo de ECONOMÍA de las distintas regiones españolas.J. VELARDE FUERTES.
BIBL.: R. CAMPOS NORDMANN, Estructura agraria de España, 2 ed. Madrid; M. GUTIÉRREZ BARQUÍN, España, en VARIOS, Estudios sobre la unidad económica de Europa, III, Madrid 1953, 201318; R. PERPINÁ GRAU, De Estructura económica y economía hispana, Madrid 1952; R. TAMAMES GóMEZ, Estructura económica de España, 4 ed. Madrid 1969; íD, Introducción a la economía española, Madrid 1967; I. VELARDE FUENTES, Sobre la decadencia económica de España, 2 ed. Madrid 1969; ID (ed.), Lecturas de economía española, Madrid 1969; I. VELARDE FUENTES y R. CAMPos NORDMANN, Lecciones de Estructura e Instituciones económicas de España, 2 ed. Madrid 1969.
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