Esopo
Categoria:
Cultura
Vida. Originario de Asia Menor, como demuestra la semejanza de su nombre Aisopos con el río Aisepos de Frigia, la tradición lo vinculaba a la leyenda de los Siete Sabios. Vendido como esclavo en Samos al filósofo Janto, quien le prometió repetidas veces la libertad, la obtuvo al fin gracias a una intervención popular. Tanto éste, como los restantes detalles de su vida (entrevistas con Creso, viajes a Oriente, a Egipto, a la Grecia europea y su muerte en Delfos por acusación falsa de robo sacrílego) no merecen ningún crédito. Por su proverbial sabiduría, libertad de lenguaje y fealdad física, representa la encarnación misma del espíritu democrático, algo así como un Tersites sublimado o un anticipo del Sócrates-Sileno del Banquete de Platón.Obra. Las fábulas de E. nos han llegado en tres colecciones: el Corpus Augustanum que comprende 300 y se constituiría entre los s. ix-x d. C., el Accursianum, de 140 fábulas formado en el s. xiv, y el Vindobonense, algo anterior, redactado en versos bizantinos. Las más antiguas menciones a E. corresponden al s. v a. C.; Heródoto (11,134) lo presenta en Egipto como esclavo de Iadmon de Samos; Aristófanes (Avispas, 1446) menciona la acusación que le hicieron los de Delfos de robo sacrílego; el cómico Alexis escribió una pieza titulada Esopo en la que aparecía conversando con Solón (cfr. Plutarco, Solón, 28). Todo ello permite suponer que ya hacia finales del s. vi habría empezado a forjarse la leyenda de su vida. Las primeras alusiones a sus fábulas (cfr. Aristófanes, 1. c.) las ponen en relación con episodios biográficos. En Avispas, 471, se comprueba que ya en época de Aristófanes circulaban por escrito. Demetrio el Falereo (Diógenes Laercio, V,80) preparó una edición, de cuyo aspecto puede dar una idea el Pap. Ryland 493 (s. I d. C.): a la historia (ainos, mythos, apologos) le seguiría la moraleja (epimythia). La redacción estaba en prosa. En el s. ii se hicieron nuevas colecciones (p. ej., la de Nicóstrato, cfr. la Suda) que comenzaron a emplear los sofistas con fines educativos (p. ej., Hermógenes). De esta manera fue el género cristalizando en la forma en que se presenta en los manuscritos medievales.Pretender separar lo perteneciente a E. de lo espurio en los materiales conservados es tarea vana. A E. se le atribuyeron indiscriminadamente todas las consejas populares de intención moralizante que circulaban, cuyos protagonistas solían ser animales que representaban tipos humanos. Aunque en Homero (v.) no hay fábulas, sus símiles (p. ej., el del asno o el del león para visualizar la tozudez o la bravura de un héroe) contienen in nuce sus ingredientes fundamentales. En una época en que los instrumentos de análisis psicológico no se habían desarrollado, y la imagen no había sido reemplazada por la noción abstracta, la fábula era en realidad una "filosofía por medio de ejemplos", cuya eficacia, comprobada por el éxito del género hasta fechas muy recientes, residía precisamente en el arte de transmitir en un breve episodio una lección de validez universal. La epimythia exegética es, sin duda, aditamento posterior. El origen oriental o egipcio de ciertas fábulas se puede determinar gracias a las indicaciones de quienes las transmiten, o a la comparación. Sin embargo, no se puede decir que el género como tal sea de importación: la fábula pertenece al patrimonio folklórico de todos los pueblos. Desde la del ruiseñor y el gavilán de Hesíodo (v.) (Op. 202 ss.), a las de Arquíloco (v.), hemos de suponer todo un acervo de ellas a lo largo de la época arcaica, que después se atribuirían convencionalmente a E.V. t.: FÁBULA.L. GIL FERNÁNDEZ.
BIBL.: Ediciones: E. CHAMBRY, Aesopi fabulae, París 1925; A. HAUSRATH, Corpus fabularum Aesopicarum, Leipzig 1940; F. PELAYO DE BRIZ, Esopo, Fábulas escogidas, Barcelona 1957.-Estudios: B. E. PERRY, Aesopica, Illinois 1952; fD, Studies in the Text, History of the Life and Fables of Aesop, Haverford 1936; F. RoDRfcUEz ADRADOS, Estudios sobre el léxico de las fábulas esópicas, Salamanca 1948; fD, Actes du IX, Congrés International d’Études Byzantines, Salónica 1957, 207-213.
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